Blood Heresy: más que herejía, acto de fe (+ Fotos)


Si traducimos literalmente el nombre de la banda de rock Blood Heresy, significaría algo así como ꞌHerejía de sangreꞌ, o ꞌSangre herejeꞌ, pero a veces las traducciones literales resultan infelices como ciertas comparaciones. Y si vamos a la esencia de esa agrupación rockanrolera entenderemos que más que herejía, es la fe lo que distingue a sus músicos, porque sin dudas Blood Heresy es un acto de fe.

Cultivar el rock en Cuba, y más desde una provincia, muestra cuánto hay de valentía y resistencia en los cinco integrantes de la agrupación. Contra viento y marea han sostenido las banderas del Metalcore (subgénero del rock) durante más de una década.

Michel Marrero, guitarrista y director de la banda, recuerda los primeros ensayos de aquellas incipientes formaciones sin destino cierto ni nombre fijo, como Sacrifice, Amentis, que no duraron demasiado.

Michel Marreo, director de la banda

Cuando se incorpora Dylan Delgado como vocalista, la idea toma fuerza. Surge entonces el nombre definitivo con el cual se conocen desde hace 10 años. Mas no fue cosa de coser y cantar. Los retos y obstáculos a veces parecen infranqueables para los cultores del rock, bien lo sabe Michel:

“Para hacer una banda el primer reto consiste en conseguir los instrumentos-argumenta- que son muy costosos. Otro reto consiste en lograr presentarte en los escenarios y festivales del país”.

Si se le pregunta al joven director sobre la posibilidad de filmar algún videoclip lanzará una sonrisa, y agregará casi con sorna: “si para conseguir un juego de cuerdas o un pedal para la guitarra pasamos trabajo, ¿imagínate enfrascarnos en un proyecto audiovisual?”.

Dylan Delgado, voz líder

Por suerte, la música continuó alimentado las ganas del piquete y nada pudieron las vicisitudes. Como nota halagüeña cuentan que desde hace un año se presentan en una peña habitual en la Casa de Cultura Bonifacio Byrne, de la barriada matancera de Pueblo Nuevo.

Dylan toma la palabra y coincide con Michel: “Mantener una banda de rock a veces puede ser frustrante, en más de una ocasión hemos pensado “hasta aquí”, pero sentimos lo que hacemos, y ya ves, cumplimos 10 años de fundado”.

Mención especial merecen los festivales de rock. Para ellos representan un espacio de cita obligada a pesar de los rigores del viaje, el traslado de los instrumentos, el gasto, hospedaje, sin embargo “es una experiencia que nos nutre, nos retroalimenta”.

Lázaro Mena, baterista

Ejemplo de entrega a la banda lo representa Lázaro Mena, el baterista. El joven vive en Jagüey Grande, a unos 100 kilómetros de la cabecera provincial. Además, trabaja como radiólogo en su municipio. Así que para él pertenecer a la banda resulta un poco más complejo, pero nunca falta a los ensayos y presentaciones, y la distancia ya no resulta distante de tanto transitarla.

Sin dudas Blood Heresy es una grupo sólido, maduro, activo y a tono con los tiempos que corren. Ahora decidieron aprovechar las bondades de internet para insertarse en las redes sociales y extender su música en las diferentes plataformas digitales.

Desde hace algún tiempo también se presentan en varios hoteles de Varadero donde interpretan versiones de clásicos del género rock sin perder la esencia del grupo, ya que según uno de los integrantes esta experiencia les ha permitido entender las raíces del género y darse a conocer frente a otro tipo de público.

Al parecer Blood Heresy continuará defendiendo el género y sorteando cuánto obstáculo se les interponga a los muchachones que la integra. Una década no parecer ser mucho tiempo para quienes tanto han entregado, porque para ellos hace música rock, más que un gusto, es un acto de fe.

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¡Maestra Cira…!


Cualquiera pensaría que Cira Suárez Gener es una mujer regia, de carácter fuerte, muy poca dada a las lágrimas fáciles, pero ella es todo lo contrario. Su sensibilidad asoma nada más verle, es en su mirada donde primero se percibe la ternura.

Cira narra sus recuerdos como si los reviviera nuevamente. Habla de su infancia difícil, de lo que representó ser la mayor de 14 hermanos en una familia humilde; de su pueblito La Isabel en su natal Jovellanos, y de la crianza bajo la tutela de su abuela Petrona.

A ella le debe cuánto es en la vida, de ella tomó el ejemplo a seguir. Aún la recuerda con una mocha en la mano cortando caña. La honradez y responsabilidad de su abuela fue de las primeras virtudes que asomaron en la personalidad de Cira y que le han acompañado durante toda su vida.

Nació en el año 1956, tiempos en lo que ser pobre y de piel oscura significaba quizás un estigma en una sociedad racista y explotadora, aún así, Petrona hizo lo indecible para que su nieta fuera a la escuela, porque la educación libera y fortifica.

CIRA LA MAESTRA…

Cuando triunfó la Revolución Cira contaba con apenas 4 años. Según fue creciendo, seguramente comprendió que el país cambiaba y para bien. El horizonte iluminaba los cañaverales de la Isabel, y esta vez su fututo no le depararía la mocha de su abuela. Optar por una carrera universitaria no era una realidad solo realizable para los adinerados. Ella podría estudiar…lo pensó bien y se decidió por el magisterio.

Su motivación no respondía a una vocación punsante desde su niñez, al menos así lo manifiesta ella ciencuenta años después. Deseaba estudiar, pero una carrera que le permitiría graduarse en poco tiempo para ayudar a su numerosa familia.

Fue así que manejó la idea de ser maestra, primero por premura económica, luego por vocación, porque cuando manejaba la idea recordó que en su infancia casi suspende un año escolar a por la ausencia prolongada de un maestro.

Finalmente se gradúa de Maestra Primaria en la década de los 70 y la ubican en el municipio de Cárdenas. Tiempo después regresaría a su pueblo natal a enseñar a los niños de La Isabel. Su abuela ya había fallecido, pero seguramente más de uno poblador exclamaría al verla dirigirse a la escuelita rural: ¡Ahí va la maestra, la nieta de Petrona!

EL BOLO….

Durante dos décadas Cira estuvo impartiendo clases de enseñanza primaria en el municipio de Jovellanos. A principios de los 90 decide radicarse en la ciudad de Matanzas, pero muchos le recuerdan todavía como la maestra de su pueblo. Asegura que solo el amor a su nueva pareja pudo separarla de su terruño.

Mas su llegada a la cabecera provincial no fue color de rosa. Perdió la cuenta de cuántas escuelas conoció en ese tiempo. Siempre que le llamaban para cubrir la ausencia de algún maestro, debían reubicarla cuando este regresaba.

Cuesta creer que a pesar de su vasta experiencia en la enseñanza primaria, durante algún tiempo no contó con un puesto fijo como maestra, incluso en varias ocasiones fungió como auxiliar pedagógica.

Hasta que finalmente llega a la Escuela Primaria Seguidores de Camilo y Che, en la barriada del Naranjal, y la vida le hizo justicia. Allí echó raíces, y lo más importante, ayudó a cultivar a las nuevas generaciones. Y hasta decidió matricular una maestría en su especialidad. Mas lo que sin dudas le marcó para siempre fue el período que pasó impartiendo clases a estudiantes con necesidades especiales.

Cuando repasa esa época le viene a la mente la figura del Bolo, un alumno en quien siempre piensa. A su llegada a su nuevo centro estudiantil, le proponen impartir clases a un grupo de Enseñanza Especial. Si bien no era lo que ella había estudiado decidió dar el paso al frente, ya que tenía lo primordial: la voluntad y deseos de enseñar.

Fue así que conoció al Bolo, quien asistía junto a otros estudiantes a un aula para niños con severos problemas de aprendizaje.

El primer paso de Cira fue conocer a los padres de estos niños, y pedirles que evitaran las ausencias de los alumnos, ella haría el resto, y así fue.

Con 12 años de edad, y la mente de un niño de seis, El Bolo nunca había tomado en lápiz en sus manos. Ella y su empeño lograron el milagro: El Bolo, y el resto de sus compañeros no solo aprendieron a leer y a escribir, participaron además en Forum estudiantiles alcanzando importantes resultados académicos para niños con sus características.

Cira llora al rememorar la actitud del Bolo, corría cada vez que aprendía algo nuevo…Pero a veces las mejores intenciones chocan con la maldad en forma de muros y disposiciones que nada saben de la vida real, ni de la entrega de una maestra. Cierta vez le dijeron a Cira que no podía seguir impartiendo clases a niños con necesidades de una Educación Especial porque ella no había estudiado esa especialidad.

Ese nefasto día bien pudo terminar con la historia de Cira la Maestra. Pero no, su amor por el magisterio era mucho más fuerte que la visión obtusa de algunos. Además, los mayores sufrientes serían los alumnos.

El tiempo ha pasado, quizás los que tomaron aquella absurda decisión ya no están, pero Cira continúa frente a un aula con sus 63 años de vida. De reconocimientos habla poco, como si poco significara alcanzar la condición de Guía Vanguardia en la provincia, ostentar la condición de Educador del siglo XX, entre tantas otras.

Lo que a Cira sí le alimenta el alma es el saludo de sus alumnos, muchos convertidos en hombres y mujeres que le recuerdan con cariño, como el Bolo, que trabaja en una panadería del barrio y le grita desde lejos siempre que le ve: “¡Maestra Cira!”…

William Quintana Torres en siete actos


A veces da la impresión que va por la vida como por un gran escenario; camina con prestancia, danzante, con pasos armoniosos como si interpretara algún protagónico.

Su cuerpo robusto nunca pasa inadvertido; cuando llega a algún lugar todos voltean la mirada porque su presencia se impone, quizás sea la proyección de su voz, sus ademanes, que sin ser ficticios rebosan plasticidad, blandura, unido a su vez, a una fuerte personalidad, quizás compleja ¿cómo el teatro?, pero siempre auténtica.

Así es el actor Williams Quintana Torres, o al menos esos pueden ser unas de las tantas fisionomías con que se arropa.

ACTO 1: INFANCIA

Williams Quintana Torres nació en la provincia de Villa Clara. De niño se recuerda sobre la plazoleta de su escuela primaria escenificando un poema en cualquier fecha señalada.

En su cuadra también representaba obras de teatro en las diversas actividades vecinales. Por ello asegura que desde siempre quiso ser actor. : “¡Yo supe que sería artista! Ese era mi camino: la actuación”.

En la secundaria esa predilección por el arte fue ganando fuerza al integrar un grupo de aficionados; algo similar sucedió en el Preuniversitario.

ACTO 2: ARRIBO A MATANZAS Y A LA RADIO

El año 1986 marca un parteaguas en la vida de Williams Quintana. Alejado momentáneamente de la actuación, arriba a Matanzas y se produce un relanzamiento -esta vez en serio- de su carrera actoral.

Los primeros pasos sobre tablas yumurinas los da junto a la agrupación Arenas Libres. En ese período comenzaría una relación especial con un medio que le depararía momentos inigualables en su vida: la radio.

“A mí la radio siempre me gustó, escuchaba muchos programas dramáticos en la emisora CMHW, de Santa Clara. Me impresionaba conocer a los actores de las novelas radiales. Yo me construía a los personajes de una forma, y cuando los conocía personalmente quedaba anonadado. ¡Aquella princesa joven y de ojos azules era realmente una mujer de 50 años y mulata! Eso fue lo que más me cautivó”, comenta Williams en uno de los pasillos de Radio 26.

Quizás por eso no titubeó cuando escuchó de un casting en la emisora matancera, que en aquel entonces estaba ubicado en la calle Contreras, a pocos metros del Parque de la Libertad. Corría el año 1988, y el joven se adentraba a un mundo desconocido al incorporarse al grupo de dramatizados de Radio 26.

“A partir de ese momento comenzó mi vida profesional como actor. En ese entonces descubrí la inmensidad de la radio, la magia que la envuelve”. Con el tiempo incursionaría en escrituras de programas y en dirección.

Lejos estaba de sospechar que tres décadas después su vida estuviera tan ligada a ese medio: “la radio me atrapó un día y no me soltó nunca más”.

Sin embargo, el Período Especial significó un momento difícil en su vida cuando le cerraron el contrato como actor, dado los problemas económicos que enfrentaba el país. Mas no se separó de la radio, solo de la emisora matancera.

En ese tiempo probó suerte en la capital del país, incursionando en Radio Habana Cuba, Radio Progreso, entre otras emisoras. Pero los amores verdaderos perduran y son a prueba de vicisitudes: regresó a su ciudad adoptiva, y se reincorporó a emisora de la ciudad, esta vez como director del conjunto dramático.

ACTO 3: CONFLICTO: ¿DIRIGIR VS ACTUAR?

El experimentado actor disfruta dirigir y actuar, aunque reconoce que resulta difícil ambas funciones. Asegura que con los años se va ganando oficio y te permite desempeñar esa dualidad sin contratiempos.

“Me gusta mucho la dirección de radio, sueño la radio en imágenes, además, tengo la suerte de trabajar con uno de los mejores grupos dramáticos del país, lo cual me llena de orgullo y facilita mi labor.

“Por aquí pasó Xiomara Fernández, con un cúmulo de premios, gozamos la experiencia de trabajar con Magalys Bernal, premio nacional de radio, entre otros excelentes actores a los que se suman jóvenes en formación, con muchísima competencia”.

Y esa es otra de las cualidades de Williams, velador y formador del talento joven. Con todo el respeto que el siente por los maestros, se considera un formador, o al menos “hay algo de eso en mi carrera, desde que tomé las riendas del grupo dramático he tratado de aceptar a todos los actores jóvenes de la provincia. Gracias a ello contamos con elenco numeroso y con talento.”

ACTO 4: ASOCIACIÓN HERMANOS SAÍZ

Williams es una especie de hombre orquesta. A pesar de la entrega que requiere la actuación y dirección, asumió diferentes responsabilidades en organizaciones de la cultura como la Uneac, sin embargo, fue la Asociación Hermanos Saíz (AHS) la que le marcó, dedicándole 24 años de su vida.

“Soy miembro de honor de la AHS, fue un trabajo que me abrió muchas puertas y me hizo feliz. Llegó un momento en que sentí que mi trabajo en esa organización ya estaba hecho; era el momento de darle paso a otros jóvenes que llegan con ideas frescas, renovadoras, mas mantengo el contacto estrecho con los muchachos de la AHS y con el Festival Atenas Rock.

ACTO 5: TEATRO EL PORTAZO Y CCPC

Si bien siempre mantuvo el vínculo con el teatro, integrando elencos de renombre en las tablas matanceras, siente especial cariño por el grupo El Portazo y particularmente la puesta en escena CCPC.

“El portazo está cumpliendo siete años de fundado, y aunque no soy fundador, me uní al proyecto desde los inicios. Una vez alguien expresó que CCPC marcó un antes y un después en los cafés teatrales en Cuba, y creo que de alguna manera fue así. Para mí como actor representó una experiencia abrumadora. Ese grupo se renueva constantemente, es una maquinaria que te pasa por encima, te desbarata y a la vez te hace feliz. Es una escuela donde aprendes de política, economía, de actuación, te exige mucho en cada puesta. Estoy muy orgulloso de formar parte de ese proyecto.

ACTO 6: ¿RADIO O TEATRO?

Como si esperara la pregunta de un momento a otro, no duda en responder. “La radio es mi medio natural”. Pero el teatro también le tira de los sentimientos.

“Ese contacto diario con el público, sentirlo cerquita, casi respirar, los aplausos, se trata de algo indescriptible.

Como ejemplo menciona las innumerables presentaciones de CCPC, el esfuerzo físico y mental hacían mella en él, cuando el cansancio le aturdía por unos segundos, le sobrevenía una pregunta: “¡Dios mío! ¿Qué hago aquí arriba?”, pero apenas pasados unos segundos se respondía: “¡Por ego!”.

“El ego, el ego del artista nos compulsa al sacrificio. Es una verdad como un templo. Los actores somos vanidoso, pero se trata de una vanidad rara, porque no tiene que ver con el dinero, ni con la riqueza material, siendo sincero, el teatro y la radio te aportan poco económicamente. Pero al terminar una función y constatar como el público se levanta a aplaudir…eso no se compara con nada en la vida.”

“Mas sigo prefiriendo la radio. Esa posibilidad de renovarse constantemente en una mañana de grabación. Hacer cuatro personajes diferentes, poder sacarle a los actores toda la verdad que lleva adentro el personaje, eso para mí resulta vital, mi oxígeno, no podría prescindir de esa sensación”.

ACTO 7: CUBA, MATANZAS

Con doble membresía en la Unión de escritores y Artistas de Cuba, y Presidente de la Filial de Artes Escénicas en la provincia, el actor continúa con las mismas ganas de aprender y hacer que la primera vez.

Lleva en su haber decenas de premios y reconocimientos que responden a lo que él sencillamente llama trabajo. A eso se debe cuánto ha logrado y de lo que verdaderamente se siente orgulloso: “de lo mucho que he trabajado”.

Dos cosas tiene claras en la vida Williams Quintana: su amor por Cuba a pesar de sus complejidades, porque para él no tendría sentido vivir fuera de la isla, y morir lejos mucho menos.

De Matanzas tiene poco que decir, porque siente mucho. Cuando visita Santa Clara algo le falta, ya no la reconoce como su tierra natal, necesita sentir la brisa, el mar, que sus ojos se pierdan en la bahía yumurina. Y es que los hombres nacen más de una vez, en los diversos escenarios que les presenta la vida. Quizás sean mucho más los actos que Williams ha escenificado en su existencia, quizás existieron quebraduras, desgarramientos, pero la plenitud y el crecimiento constante como artista van consigo, como las tatuajes grabados en su piel.

Amor entre aroma y humareda


Hace 12 años que Yarilda Blanco Madera y Boris López Sarrá comparten sus existencias como pareja; comparten además, la pasión por un arte que dominan y les apasiona, a pesar de sus contratiempos, claro. Mas se entregan en cuerpo y alma por que el amor hacia su oficio es puro, como el tabaco que tuercen.

Ambos nacieron en Pinar del Río, tierra del mejor tabaco del mundo, y de sus manos nacen robustos habanos. No podía ser de otra forma, como bien advierten, ya que crecieron rodeados de vegas, y desde jóvenes no conocieron de otras labores que las vinculadas a ese cultivo, como la recolección y escogida.

“En Pinar se nace en estrecha relación con el mundo del tabaco, desde que abres los ojos ves a tu padre o a tu abuelo fumando un puro, y quien no lo fuma lo mastica”, comenta Boris mientras sostiene uno torcido por él. Se trata de otras de las tantas pasiones que ambos comparten, ya que según Yarilda el tabaco que más se saborea es el que uno mismo tuerce.

Desde que decidieran ingresar a aquel curso para torcedores, y tras nueve meses de estudio, se adentraron en el universo de términos como capote, moldes, prensa, casquillos, chavetas, gomeros…

En la terraza de la Asociación Cubana de Artesanos y Artistas de Matanzas transcurre la amena charla con la pareja pinareña. Ya son asiduos en el importantísimo evento Puro Arte, que entre las tantas actividades, efectúa una competencia de maridaje, ganado por Yarilda en la pasada edición.

Mientras ella enciende otro puro salido de sus manos, mira al esposo con mirada cómplice y asegura, como si hablara por los dos, que “a veces uno trata de buscar un oficio en la vida, y cuando logras hacer lo que te gusta rozas la felicidad, al menos eso nos sucede con nuestra labor”.

Boris va un poco más allá, y entre el humo uniforme que desprende tras una boconada, expresa, cual manifiesto de torcedor, que “debes sentir amor por el trabajo que haces, si no lo sientes cambia hasta el sabor del tabaco por muy buena materia prima que tengas. El estado de ánimo de un artista se refleja en su obra, y el tabaco es un arte”.

Cualquiera pensaría que no hay nada más aburrido que el proceso de elaboración en una fábrica, quizás por ello existe la figura del lector de tabaquería quien les lee a los obreros inmersos en sus faenas. Y si bien la labor es mecánica y repetitiva, como reconocen ambos, el torcedor debe sumergirse “trabajar con desenfado y disfrutar cada paso del proceso de torcedura”.

Algo que quizás poco conozcan, y que el matrimonio atestigua con conocimiento de causa y de fatiga, es lo agotadora que resulta cada jornada. En ocho horas deben culminar un centenar de puros de diferentes vitolas, como se nombra a los diferentes formatos que puede adoptar un puro según su longitud, grosor y figura.

“La mesa donde trabajamos se llama vapor, y no es por gusto– confiesa Boris- ¡el calor es insoportable!, padeces dolores de cervical. Al finalizar el día terminas con mareos, problemas con la vista, deseos de vomitar…el tabaco desprende una sustancia que te provoca ese malestar.”

“Las fábricas poseen extractores que disminuyen esa sustancia, pero siempre queda algo, pero estamos dispuesto a eso, uno termina adaptándose y lo importante es que disfrutamos cuánto hacemos.

Y luego de una demostración en la mesa, o vapor, según el argot de los tabacaleros cubanos, va terminando la conversación. En su puesto de trabajo sus manos alisan la hojas luego de prensada, sus dedos se mueven con soltura, toman la tripa y la revisten, y va quedando una preciosa obra de arte, fruto del amor más puro, signado por el aroma del tabaco, y una tenue y uniforme humareda.

El olvido………

Y sí, quisiera olvidarte, ni imaginas qué bien me siento cuando no te sueño, o cuando descubro que he pasado más de dos horas sin evocarte. Y trato de fingir que no te necesito, que puedo vivir sin tu presencia, sin nombrarte a toda hora. A veces me derrumbo y mis añicos claman tu nombre, y crecen las ganas de gritarlo, así de cursi sigo…

Y me da miedo caminar por aquellos lugares que te mostré y que ya perdieron su magia y belleza, porque tu no los habitas, aun así, de vez en vez los recorro. Anclado en el pasado vivo, amor, rememorando aquellas tardes luminosas donde nos construíamos un mundo ficticio donde seríamos felices, sin las sombras impertinentes de los intrusos… cuando el único intruso era yo.

Y quiero arrancarme el sentimiento de cuajo, pero permanece, a veces se hace tan fuerte que no atino a nada, descubrí hace mucho que lo eres todo, que no puedo escapar, que este amor ganó (o perdió) la batalla, entonces decidido a entregar mis armas melladas de tanto guerrear, me hinco en el suelo pidiendo clemencia y suplicándole a la memoria que se olvide de una vez…y las muy putas no llegan…ni la clemencia, ni la desmemoria …ni…

Sindikalismo


Y allí estaban ellas, en un desvencijado Lada rojo de la rusa soviética. Eran las encargadas de entregar diplomas por la hombradía diaria de aquellos obreros de piel maltratada por el sol y el salitre.

Para ellas, ¿las funcionarias?, todo era una fiesta, solo me llamó la atención semejante comitiva para entregar diplomas, y su decisión irrevocable de ser el centro de atención del evento; al menos así lo reflejaban sus ademanes y atuendos.

Me detuve a analizar el tétrico cuadro que me regalaba la jornada: de un lado, los trabajadores de rostros ojerosos y cutis marchita; vestían como visten quienes no se preocupan mucho por cuál prenda llevar, y para quienes los actos son solo un acto más, eso sí, donde deben sentarse desde temprano, disciplinados y solemnes, con la mirada puesta en el local de la cerveza dispensada.

Del otro lado, la comitiva sindicalista, emperifollada como para un cabaré o asistir a una obra teatral, con sus tacones y vestidos de brillos y mangas largas a pesar del “resistero” del sol.

¡Comienza el acto! Se entona el himno nacional, y todos se ponen de pie. Todos menos la comitiva, que camina de allá para acá como buscando algo. Luego de culminar el himno todos regresan a sus asientos y un conductor, todo acto tiene un conductor, (a veces dos), que presenta la presidencia, siempre numerosa, como las comitivas designadas para entregar diplomas.

Le siguen los números musicales, la declamación de poema, los decimistas…

Mientras el acto transcurre la comitiva sindicalista abre el maletero del viejo Lada rojo, y comienzan a revisar los diplomas, en ese instante uno se pregunta si todos viajaron en el vehículo.

Luego, cuando comienza la ceremonia de entrega hacen una cadena de seis personas y se pasan los diplomas de mano en mano, como si se hallaran en una obra constructiva y trasladaran bloques o ladrillos. El trayecto, desde que sale el diploma del maletero, hasta que llega a las manos del obrero destacado, demora varios segundos.

Para alegría de los trabajadores, el reconocimiento va acompañado de una jabita con aseo personal, algo que seguramente agradecerán porque el detergente y el jabón se han tornado huidizos.

De improviso, desconcierto en la comitiva, se ausentó un obrero seleccionado para recibir el diploma y la jabita de nylon, la amplia representación que viajó en el lada Rojo lanza una mirada cómplice que solo logrará percibir quien esté atento sin perder detalle de la escena, sin embargo, por muy atento que esté no conseguirá divisar cómo la jaba regresó al maletero del Lada a la velocidad de la luz, nadie apenas lo notó, semejante maniobra y virtuosismo solo es propia de un ilusionista.

Regresa el desconcierto, largos minutos de silencio, ¿contrariedad? El director de la empresa decide entregar el diploma y la jabita a otro trabajador que no estaba en el guion del acto. Ahhh, si, porque los actos tienen guión, quizás le falta dramaturgia, coherencia, pero sí tienen una especie de libreto impreso donde se agrega con tinta los nombres de la presidencia, porque nunca se sabe quién llegará y quién no.

Aunque a manera de justificación existe un chiste muy cubano que asegura que los jefes nunca llegan tarde, se incorporan, aunque los trabajadores, los protagonistas verdaderos, (aunque a veces da la impresión que son personajes secundarios), permanezcan sentados desde horas antes, disciplinados y solemnes.

La jabita regresa sin el diploma, y los presentes aplauden al nuevo obrero estimulado, mientras alguien seguramente lamentará la mala estrella del ausente, ya que perderá la oportunidad de contar con aseo gratis, que está perdido, y cuando aparece, caro, mas podrá conformarse con un diploma con su nombre.

Se acerca el final según el programa del acto, las palabras centrales recaen en un integrante de la presidencia que vino desde lejos, al terminar, los aplausos acompasados, y con banda sonora de Silvio, ya que sus temas casi siempre marcan el final de cada acto y autoriza a ponerse de pie.

Una masa compacta sale en desbandada hacia el local donde expenden dispensada barata, “lo mejor de la jornada” dirá alguno, sobre todo para quienes les gusta la bebida. A partir de ese instante los rostros se volverán más ojerosos pero alegres.

¿Y la comitiva sindicalista? También salió en desbandada, esta vez sin glamour, quieren ser la vanguardia en la cola del suculento bufet. El Lada rojo aguarda con el maletero abierto…

Inauguran establecimiento gastronómico de alto estándar en viaducto matancero


Cuando restaban pocas horas para la inauguración del café Caribe, hermoso establecimiento gastronómico ubicado a orillas del viaducto matancero, los trabajadores aún se hallaban inmersos en los toques finales lustrando pisos y cristales para engalanar el local.

Según la obra fue avanzando ningún transeúnte quedó indiferente dado la belleza del lugar, marcado por una moderna estética donde prevalecen motivos naúticos en su decoración como sogas y nudos marineros, carretes, cartas náuticas, faros, velas entre otros elementos relacionados con el mundo de la marinería.

Esa fue la premisa que siguió el grupo Medium, encargado de la decoración interior y exterior del local, que aglutina a artistas con vasta experiencia en el sector turístico, según palabras de Irasel Ulasia Torriente, arquitecto del citado grupo.

Destacar la presencia del mar fue la premisa del grupo, que aprovechando los espacios abiertos permita el paso de la brisa, aunque también cuenta con un local cerrado con cristales por donde pasa la luz y se alcanza una hermosa vista de la bahía.

Por su parte, Salvador Lavielle Laugart, director de la Sucursal Palmares de Matanzas, comentó a Girón Digital que el establecimiento pertenece a ese grupo extrahotelero y abrirá sus puestas de 7:00 a.m. a 10: 30 p.m.

Los comensales podrán disfrutar de una variada oferta gastronómica con entrepanes, pizzas, batidos, cafés, sin faltar platos a partiendo de mariscos y otros productos del mar.

El establecimiento marca la diferencia con un confort de alto estándar con capacidad para 160 comensales, sumándose así a la ola de trasformación constructiva que vive en la ciudad de Matanzas por el 325 aniversario de fundación. En el lugar funcionó durante muchos años un cabaret nocturno conocido por varias generaciones matanceros como El Caribe.

No he estado enumerando las manchas en el sol, Pues sé que en una sola mancha cabe el mundo. He procurado ser un gran mortificado, Para, si mortifico, no vayan a acusarme…

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