Posteado por: arnaldomirabal | 13 febrero, 2017

Diálogo con niña junto a una ventana

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A veces uno intenta reescribir la vida con palabras, valiéndose de recursos expresivos que muchas veces edulcoran o no logran asir una emoción sincera. Es que en ocasiones las palabras no alcanzan para trasmitir un sentimiento. Algo similar nos sucedió a un grupo de colegas al llegar sin aviso a la casa de María Orquídea, una dulce niña de ocho años y un carácter especial, que habita en Guasasa, una de las comunidades más apartadas de la Ciénaga de Zapata. Para qué describir lo vivido, mejor que ella hable, aún en sus frases más cortas volaba la magia inocente de la infancia.

-Te gusta la escuela

-Sí

-Está cerquitica de aquí, sales por la ventana y ya estás en el aula.

-Yo me levanto a las 7 de la mañana.

-¿Y ese pupitre? ¿es de la escuela?

-No, mi papá me lo hizo

-¡Qué lindo! Se ve que tú papá te quiero mucho. ¿Y tú a él?

-(Suspira) No sé… me ayuda en todas las cosas y yo también lo ayudo a él. A veces friego, limpio, barro, los fines de semana tiendo la cama. Cositas así.

-Veo que llegas de la escuela y guindas el uniforme.

-Sí.

-¿Y qué te pasó en la rodilla?

-Me corté con un vidrio, un amiguito mío me empujó.

-¿Te gusta vivir en Guasasa? ¿No quisieras estar en otro lugar?

-No, yo me fui con mi mamá un tiempo, pero extrañaba mucho a mi papá.

-¿Te has ido a pescar con él?

-A pescar sí.

-¿Pero te montas en el bote? ¿No te dan miedo los tiburones?

– Los tiburones sí, pero pescar no me da miedo.

-¿Y sabes pescar?

-Sí, el sábado yo sola saqué un pez, era grande, finalmente mi papá tuvo que ayudarme.

-¿Pero tú tiras la pita?

-Tengo una barita.

-Donde vive tu mamá hay corriente, aquí no, solo par de horas al día…

-Desde las 10 de la mañana hasta el mediodía, y luego en la tarde hasta las 10 de la noche. Los fines de semana un poco más.

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-¿Aun así tú prefieres estar aquí?

-Sí.

-Pero cuando matricules cuarto grado tendrás que irte para Cayo Ramona becada. Vas a estar una semana lejos… ¿Te vas a poner triste?

-Sí, pero lo puedo llamar.

-Además a lo mejor cuando tú crezcas te enamores…

(La colega Artlety que me acompaña interviene: “no hables de novios, que dice que aquí no puede tenerlos porque todos son primos de ella”).

-¿Pero tú papá sabe que hablas de novios?

-Yo no hablé de novio, periodista, fue usted.

-Si sigues estudiando puedes hacerte doctora, periodista o veterinaria, vas a seguir viviendo aquí quizás, pero debes estudiar, porque tú que eres bonita, si sabes mucho te harás más bonita. ¿Cuál es el color que más te gusta?

-Rosado y negro.

-Y la música…

-Toda

-¿Cantante preferido?

-Mayco de Alma. Él cantó en Playa Larga y fui a verlo.

-¿Y hablaste con él?

-No

-¿Te dio pena?

-Solo vi cantar.

-Y cuando llegas de la escuela qué haces.

-Tengo una gallina. Tenía más pero me las comieron.

-¿Un maja?

-No

-¿Un hurón?

-Un hombre. Ahora me regalaron una pollona y tengo dos puerquitos.

-¿Cómo se llaman?

-No le he puesto nombre.

-?Tú sabes cocinar?

-No

Y te gusta caminar descalza por lo que veo

-Sí, es lo que más hago

(Salimos al patio y nos muestra sus cerditos)

-La más grande es la hembra y el chiquito es el macho.

-¿Y tú les echas comida?

-Sí

-¿Quién lavó esta tendera de ropa?

-Mi papá la lavó anoche porque hoy tenía que salir al monte temprano.

-¿Y aquí cómo es el agua?

-Salobre

-¿Y ya te adaptaste?, ¿no te hace nada?

-No me hace daño.

-¿Qué asignatura te gusta más?

-Las matemáticas

-María Orquídea tenemos que irnos…gracias por conversar con nosotros

-¿Volverán? El 10 de marzo es mi cumpleaños, pueden venir, mi papá siempre me hace una fiesta.

-Aquí estaremos, dalo por hecho.

Posteado por: arnaldomirabal | 10 febrero, 2017

Playa Girón en el corazón de una japonesa

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Un nombre propio poco habitual se escucha en ciertos espacios de Girón. Tan acostumbrados los cenagueros a nombrar a sus coterráneos como María, Rosa, Matilde o Pepe, desde hace algún tiempo incorporaron el de Satoko Kojima, una japonesa deslumbrada por la belleza del sur matancero.

Y fíjese si quedó prendada de esos parajes, que de los 70 países que recorre durante los seis meses del año que dedica a su afición de mochilera, Cuba y Girón, nunca quedan fuera. Basta escucharle hablar de las transparencias y el azul turquesa de Caleta Buena, o de la simpatía de la gente, para entender de su amor por ese pedazo de la Isla caribeña.

Lejos de lo que algunos piensan, Satoko, o Toko, como le llaman sus allegados, se logra comunicar en español aceptable, un gran logro para una japonesa. Antes de conocer Cuba, permaneció dos meses en Nicaragua, agregando el idioma de Cervantes a otros como el koreano, el francés y el inglés, que ya dominaba.

Aunque proviene de Tokío, una de las ciudades más modernas y agitadas del mundo, le encanta la tranquilidad de la isla y la simpatía del cubano, así como la arquitectura colonial. Todo le seduce de Cuba, hasta su sistema socialista el cual comenzó a estudiar.

Eso sí, su paladar sí ha titubeado un poco, nada se compara a su arroz japonés, pero lo que el sazón no pudo conquistar, lo lograron las frutas, sobre todo la guayaba y el mango.

En las seis ocasiones que ha visitado la nación antillano, Girón no ha faltado a su itinerario, gracias a la amabilidad de su gente.

Por tal motivo Satoko se dio a la tarea de convertirse en una especie de embajadora de Girón en Japón. Una especie de guía que le comentará a sus locales las bondades de una porción del planeta ignorada por ellos.

“Los japoneses temen viajar a América por la barrera del idioma, yo quiero ser como un puente entre mi país y esta joya caribeña, siempre les digo Cuba es hermosa, y Playa Girón también, pero sobre todo deben conocer Caleta Buena”.

Trabaja en los medios de comunicación de su país doblando dibujos animados del inglés a su lengua materna, y con cierta alegría de niña, conversa sobre la tranquilidad ciudadana que haya a dondequiera que va, incluso, más de una vez ha dejado la bicicleta olvidada y cuando regresa aún permanece en su lugar.

Y aunque reitera haber quedado prendada de la alegría de los cubanos y su manera de bailar, tiene algo muy claro: serle fiel a su esposo y evitar cualquier romance porque “los cubanos son muy simpáticos, pero algo bandidos, a veces tienen chicas ¡a pululuuuu”!

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Así es el nombre de Satoko en escritura japonesa

Así es el nombre de Satoko en escritura japonesa

"Yo amo a Cuba"

“Yo amo a Cuba”

Posteado por: arnaldomirabal | 6 febrero, 2017

Carlos Ernesto y su Gente de Cocodrilo

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Carlos Ernesto Escalona, Kako para sus allegados, es un fotógrafo de alto calibre con más de una cámara en ristre dispuesto a oprimir el obturador para detener imágenes de la vida; lo mismo en las estribaciones de la Sierra Maestra, Topes de Collantes o Viñales. Allí donde haya una historia que contar parte él, raudo y feliz, a redescubrir el mundo con su peculiar mirada.

Por espacio de tres meses viajó y compartió con los pobladores de Cocodrilo, el asentamiento más oriental y apartado de la Ciénaga de Zapata. Allí entabló amistad con los pobladores, conoció los rigores de vivir sin electricidad, donde la caza, la pesca y la captura de búfalos salvajes forma parte de la cotidianidad.

Al inicio formaba parte del equipo de realización de un documental sobre los pobladores de Cocodrilo, pero poco a poco fue cobrando fuerza su proyecto fotográfico, el cual ha presentado en la Bienal de La Habana, y recientemente en la Fábrica de Arte.

-¿Cómo te enrolas en el proyecto de filmar un documental en Cocodrilo?

-Liván Magdaleno se me acercó con el proyecto en el que llevaba semanas trabajando. La idea original fue de Francisco Delgado desde su amistad con el investigador, antropólogo e historiador Adrián Álvarez Chávez. Con Liván había trabajado antes en proyectos menos ambiciosos y ya teníamos nuestra propia dinámica de trabajo en equipo.

-¿Tenías alguna referencia de la Ciénaga de Zapata y en particular del poblado de Cocodrilo?

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-No había ido mucho más allá de Caleta Buena. En otro momento sí atravesé la Ciénaga desde Cienfuegos por la carretera de Horquitas. Fue justo después del huracán Dennis y me sobrecogió la devastación. Luego regresé varias veces pero a la zona más turística, pero eso no se vale.

-¿Qué expectativas tenías?

-La aventura. Luego la cosa cambió en la medida que nos fuimos adentrando en la dinámica del pueblo, pero confieso que fui buscando aventuras. Liván ya sabe cómo entusiasmarme.

-¿Qué te pasaba por la cabeza mientras avanzabas por el extenso terraplén?

-La primera vez fue interminable. Mi lado realista se preocupaba por el polvo y los equipos. Mi lado soñador fantaseaba con las historias que me habían hecho hasta el momento: búfalos, tiburones, cocodrilos…

-¿Qué sentiste al llegar a ese lugar tan inhóspito?

-Alivio. Fueron muchas horas de viaje y cualquier lugar donde se detuviera el camión iba a ser bueno. Tengo la suerte de haber visitado tantos sitios diferentes que ya no me asombro tanto como le sucedería a alguien más habituado a la ciudad, pero aun así, confieso que pensaba encontrarme un pueblo más grande.

– Háblame sobre la filmación del documental y la estancia en Cocodrilo.

-Intensa. Cada día era algo nuevo y diferente al anterior. En la medida que fuimos sumando experiencias, la idea que teníamos inicialmente se quedó pequeña. Al final, teníamos lo que mi mentor llama “un problema feliz”: material suficiente para contar la historia de varias maneras, una tentación que chocaba con la voluntad de mantenernos fieles al proyecto inicial. Creo que al final se logró un balance aceptable.

“Tania y Bolo fueron unos anfitriones excelentes y nos trataron como si fuéramos de la familia. En sentido general, todos fueron muy colaborativos y el vínculo se fue haciendo más cordial en la medida que el pueblo fue habituándose a nuestra presencia. En el oficio de documentar la vida de la gente, lo más importante es la empatía.

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“El mero hecho de venir de la ciudad cargando cámaras y equipos raros representa ya un distanciamiento, pero uno tiene que evitar que esa brecha se haga aún mayor. Nadie se convierte en cenaguero en quince días, pero al menos puede intentar que el cenaguero deje de mirarlo como a un extraño. Con las personas hay que convivir, hay que conversar, hay que compartir, porque no eres tú el único que asimila al pueblo, sino que el pueblo también te asimila a ti, y de ese acercamiento depende que lo que muestres en el documental sea real o -por el contrario- sea una fabulación de alguien que no comprendió nada de cuanto le sucedió.

-¿Cómo estaba compuesto el equipo de realización? ¿Qué tiempo permanecieron allí?

-Liván Magdaleno fue guionista y director, pero también asumió el sonido. Francisco Delgado, autor de la idea original fue el asistente de dirección. En las cámaras Ussiel Madera y yo. Todos estudiantes o profesores de la Facultad de Arte de los Medios de Comunicación Audiovisual (FAMCA) de la Universidad de las Artes. Nos asesoró Adrián Chávez y Yandry Méndez nos ayudó con los bártulos. En la Habana esperaba para editar Michel Pascual. El tiempo en total que permanecimos fue alrededor de tres semanas en total. Viajamos en febrero, abril y agosto de 2012 para captar la Ciénaga lo mismo en la época de lluvias que en la seca.

-¿Cuándo te surge la idea de crear una serie fotográfica? ¿Por qué?

-La idea era simple: complementar desde códigos puramente visuales, la historia que contaba el documental utilizando recursos del audiovisual.

“En aquel año comencé a impartir clases de fotografía, y andaba intentando vincular en todo lo posible mis experiencias personales con la metodología de los manuales. Además, quería demostrarme a mí mismo que había aprendido cuanto iba a comenzar a enseñar y había pensado dos o tres fotorreportajes, hasta que la noche anterior al segundo viaje soñé con las imágenes de la serie. No es broma, de veras soñé con dos o tres de las imágenes y al despertar todo estaba muy claro: retratar a los personajes del documental de cuerpo entero y en gran formato para registrar tanto las expresiones de los rostros como la ropa, el calzado y las herramientas de trabajo. Mantener el mismo fondo era importante para hacer notar que esas personas compartían el mismo espacio, y porque de alguna forma la serie de retratos sería a su vez un retrato de Cocodrilos.

“Una de las virtudes que más valoro es la coherencia y lo que tenía en mi mente era algo completamente íntegro donde nada faltaba ni sobraba. El próximo paso era mostrar a los protagonistas de la forma más natural posible y eso solo lo podía logar a través de la empatía. Por esa razón no me apresuré, sino que, por el contrario, preferí dedicarle tiempo a conversar con cada uno de ellos para que me sintieran lo menos posible como un extraño. Solo les planteé la idea la última semana de la filmación, en nuestro tercer y último viaje.

– La presentaste en la Bienal de La Habana hace algún tiempo, uno de los eventos artísticos más importante de Cuba. Háblame de la acogida.

-La Bienal es un espacio abierto a todas las manifestaciones de las artes plásticas donde la serie tuvo la oportunidad de convivir modestamente con las obras de muchos de nuestros mejores creadores. “Gente de Cocodrilos” tiene más de símbolo que de concepto, y gracias a su lectura sencilla se identificaron con la serie muchas personas. También sucede que escuchar las impresiones del público es donde finalmente te enteras qué es lo que la gente comprende de lo que estás queriendo decir. Te pueden sorprender muchísimo las interpretaciones que le dan otros a tu trabajo, cosas que jamás se te hubieran ocurrido, pero que no carecen en lo absoluto de sentido.

-Recientemente la presentaste también en la Fábrica del Arte, háblame de esta nueva exposición de Gente de Cocodrilo.

-La posibilidad de exhibir en la Fábrica de Arte (FAC) fue una sorpresa incluso para mí, pues me telefonearon un día antes. Aun así todo ocurrió con una rapidez pasmosa, y al final de la tarde del día siguiente ya todo estaba listo. FAC es un sitio excelente para los creadores emergentes, pues ahí coinciden grandes cantidades de personas de todo tipo, lo cual garantiza una visibilidad enorme.

– Qué repercusión tuvo esa muestra fotográfica en tu carrera como fotógrafo.

Fue la pérdida de una inocencia que había mantenido a ultranza hasta ese día. Mi meta era mostrar mi obra y nada más. Luego descubres que más allá de ese “nada más”… hay “algo más” –mucho, de hecho- para cuyas preguntas descubres que no tienes nunca la respuesta correcta. Pero bueno, uno siempre se crece ante las dificultades, pregunta y aprende.

Has visitado muchos lugares de Cuba y el mundo, ¿qué representó en tu vida llegarte hasta ese apartado lugar cenaguero y conocer a su gente y sus costumbres?

-Uno puede viajar el mundo de dos maneras: enfatizando las diferencias o intentando encontrar las semejanzas. En mi caso me inclino por la segunda, y me resulta muy gratificante descubrir que esta humanidad tan diversa resulta que es más semejante de lo que crees, en tanto todos nos emocionamos más o menos por las mismas razones, y nos preocupamos por igual por el porvenir de nuestros hijos. Desde ese punto de vista, Cocodrilos me dice a veces más sobre la raza humana que una ciudad de millones de habitantes que viven como robots.

-¿Volverás a Cocodrilo?

-¡Por supuesto! Es un compromiso moral. Tanto más cuando la gente de Cocodrilos aún no ha visto “Gente de Cocodrilos”.

-Háblame ahora de tus nuevos proyectos.

-Tomando como punto de partida lo que planteé hace un momento, mi proyecto actual se llama “Lugares Comunes” y se trata de una serie de fotografías visualmente similares entre Cuba y los Estados Unidos que tiene como protagonistas a la gente común tanto de aquí como de allá haciendo lo mismo: una madre protegiendo a su bebé, una partida de ajedrez en plena calle, una llamada de teléfono que suena entre el gentío, un viaje en tren de vuelta a casa. Vidas cotidianas de personas comunes, imágenes que nos descubren cuanto de humano tenemos a pesar de las diferencias de cultura o de idioma.

Carlos Ernesto Escalona (Kako) Fotógrafo, documentalista y profesor. Graduado en 2008 de la Universidad de las Artes de La Habana. Colaborador de la plataforma digital “The Stand Global”. Expositor en la 12ma Bienal de la Habana con la muestra personal “Gente de Cocodrilos”. 1er Lugar en Paisaje del Concurso de fotografía “Naturaleza Digital”. Director de Fotografía de las películas documentales “Ella Trabaja” (2006), “Al sur de Matahambre” (2008) y “Hombres de Cocodrilos” (2013). Desde 2012 ha impartido el taller “Fotografía Documental” para la Universidad de las Artes, la Facultad de Comunicación de la Universidad de la Habana y la American University (Washington D.C.). Ha dictado charlas y conferencias para American University Nebraska, Lincoln University y New Jersey College, Universidad de la Habana, Universidad de las Artes, Escuela de fotografía creativa de La Habana.

Posteado por: arnaldomirabal | 6 febrero, 2017

Cuando el amor anida en Los Hondones

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Una joven pareja villaclareña decidió radicarse en un apartado paraje cenaguero desoyendo a familiares y amigos, quienes no vieron con buenos ojos la decisión de los profesionales de explorar una nueva vida en Los Hondones, un batey de la Ciénaga de Zapata.

Ana María Suárez y Yeniel Machado Rodríguez nunca sospecharon qué al aceptar aquella invitación de un viejo condiscípulo de la universidad trastocaría sus vidas para siempre.

Accedieron pasar unos días en la Ciénaga de Zapata para escapar de la rutina diaria en la que se veían sumidos desde hacía varios años. Tras graduarse en la Universidad Central Marta Abreu de Las Villas, permanecieron allí impartiendo clases, pero las cosas fueron tomando un matiz incoloro, y su existencia un sabor insípido.

Les gustaba impartir clases, el vínculo con los alumnos, mas, los días pasaban volando, y se convertían en semanas, luego en meses, y septiembre desembocaba en septiembre, y ellos apenas se daban cuenta que su existencia pasaba veloz entre papeles, reuniones y la preparación de las conferencias.

Fue aquel amanecer en Los Hondones el que les produjo un estremecimiento, una ruptura, y con la juventud y las ganas de experimentar como bandera, tomaron una decisión temeraria, que no agradó a los familiares y amigos más cercanos: se irían a vivir a La Ciénaga, donde él podría ejercer como máster en Agronomía y ella como Licenciada en Biología. Pues sí, el Humedal era el sitio predilecto para una nueva vida.

Recuerda Ana que la idea inicial aquel fin de semana del 2015 consistía en permanecer de viernes a domingo, pero les impactó tanto el lugar que decidieron quedarse hasta el lunes. “Esa fue nuestra primera vez”.

Yeniel agrega que desde el primer momento les impactó todo: “la tranquilidad, la paz. Conservo un bello recuerdo de mi primer amanecer en Los Hondones. Nos quedamos en una casa de campaña, cuando amaneció estábamos frente al bosque, fue una sensación placentera, única. Entonces, le comenté a Ana, es increíble como llevamos tan poco tiempo, y uno se aleja tanto de los problemas del día a día en una ciudad.

“Yo había realizado prácticas de silvicultura en las lomas de Jibacoa, pero los bosques son totalmente diferentes, allá ves pinares, acacias, pero nunca esta espesura”.

La joven recuerda que la primera percepción de la ciénaga fue a través de Los Hondones, “no nos movimos a otro lugar. Esto es un poblado muy tranquilo, y no sé, quizás tiene que ver con lo que cada quien aprecie en la vida, hay persona que tienen otras prioridades y ni amarrados vivirían aquí; nosotros valoramos mucho el bosque, poder entrar y ver tanta diversidad de animales”.

“Cuando visitamos el canal fue precioso, la puesta de sol, el agua más fría y sabrosa que hemos probado, y qué decirte de las playas de aquí con su transparencia, los corales y peces. En el norte de Villa Clara ninguna playa tiene tal nivel de conservación.

“No hemos recorrido toda Cuba, pero no conozco otro lugar como la Ciénaga, posee muchas cosas diferentes desde el punto de vista natural, todas son exuberantes.

LOS INCIOS

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Acerca de cómo inició la idea de quedarse en la Ciénaga, Yeniel comentó que les gustaba la universidad “el trato con los estudiantes, a quienes extraño muchísimo, en cambio había otras cosas que nos robaban denasiado tiempo. No estaba funcionando, tenemos compañeros que le van bien pero nosotros no nos sentíamos así.

“Cuando nuestro amigo comenzó a vivir en Los Hondones nos propuso radicarnos aquí, ya que podíamos ejercer nuestros estudios. Existían posibilidades reales de trabajo”.

Ana, por su parte, admite que “al principio no lo tomamos en serio, pero después, como pareja y como personas, comenzamos a valorar diferentes opciones. Decidimos que Yeniel terminara su Maestría y cuando culminó el curso, sin dejar nada pendiente, la decisión ya había cobrado fuerza. No fue apresurada, lo conversamos con la familia”.

“Uno tiene una edad, sueños, aspiraciones que en la universidad se iban a demorar un poco más de lo que teníamos pensado. Valorando las alternativas que se nos presentaban, creo que nos sedujo el lugar, la paz y tranquilidad que reina aquí, si a ello le agregas nuestras profesiones, la Ciénaga se convirtió en el lugar propicio para nosotros. Decidimos salir de la zona de confort y arriesgarnos”, acota Yeniel.

Reconoce Ana que les recibieron con los brazos abiertos en la Empresa Forestal Integral, porque allí prevalece la visión de lo que puede dar la juventud, sobre todo la que está preparada.

La joven se desempeña como técnica de manejo de la estación San Lázaro, donde realiza innumerables tareas como inventario de fauna y peces, recorridos de reconocimiento de calidad o velar por la salud de los ecosistemas.

Por su lado, Yeniel quien funge como jefe de producción de la Unidad Silvícola de la Ciénaga Occidental, advierte que empezó a trabajar antes que Ana, “eso nos ayudó, pensamos que demoraríamos más en conseguir empleo, pero tuvimos suerte, gracias a eso el cambio fue feliz”.

“En mis dos años de servicio social, aunque estuve ligado a la producción, me dediqué a cultivos varios como agrónomo, nada que ver con la parte forestal, fue un reto, de hecho, lo es todavía.
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“Superviso el plan de 10 brigadas, distribuidas por los diferentes asentamientos encargadas de la producción de carbón tradicional y de exportación. Este grupo debe cumplir un plan anual para la empresa, debemos elegir las áreas que se puedan talar o atender desde el punto de vista silvícola.

“Tuvimos algunas dificultades de transporte que te limitan conocer de primera mano qué hace el carbonero y en cuáles condiciones trabaja, cuestiones que desde una oficina o detrás de un buró no se pueden saber.

SEIS MESES DESPUéS

A la pregunta de si a veces no extrañaban Santa Clara, una ciudad tan cosmopolita, Ana respondió: “En realidad no fue tan drástico como nos imaginábamos. Siempre hemos sido muy unidos a la familia, y pensamos que estar lejos por primera vez sería un reto, además de la nueva circunstancia de vivir solos. Sin dudas, difiere mucho de la vida universitaria, aun como profesores. Todo se mueve en otra dimensión. Pero finalmente fue menos traumático de lo que esperábamos”.

“El hecho de haber llegado aquí, conocer esto, todas las variantes que nos da la naturaleza para no aburrirnos, hay mucho potencial para la ciencia, para aprender cosas nuevas que puedes llevar inmediatamente a la práctica. Eso te brinda satisfacción personal”, expuso Yuniel.

“Nos faltan muchos lugares de obligatoria visita y que no hemos conocido. Relacionarnos con los cenagueros resulta placentero, tanto que no extrañamos mucho, por supuesto, a veces regresan con cierta nostalgia las amistades de Santa Clara, la familia, las fechas señaladas, los juegos deportivos de la universidad, el inicio de curso, cuestiones así.

Sentados frente a la casa, la pareja habla con un entusiasmo que se aprecia en el brillo de los ojos. Admiten que apenas tienen tiempo para el aburrimiento.

“Nos levantamos a las 5: 30 a.m., yo que era muy remolona, ahora me levanto a esa hora sin chistar, solo porque me siento bien. Desayunamos, y sobre las 6 y 30 tomamos la guagua en la bodega del poblado. Llegamos al trabajo sobre las 7:00 a.m., y regresamos por la tarde, para seguir atareados y entretenidos. Cada tarde vienen alrededor de 20 cotorras y permanecen en nuestro patio, es un espectáculo”.

Yeniel comenta que aún hay personas que les inquieren sobre su decisión, y hasta la ven descabellada “pero yo no he tenido tiempo para aburrirme, realmente la idea de acondicionar el patio, tenerlo limpio, contar con la posibilidad de plantar árboles que sirvan para atraer las aves, los zunzunes, las frutas, me resulta increíble.

“Yo soy ingeniero agrónomo y ver cómo crece la planta desde semilla o postura hasta que nace el fruto, es algo único. Siempre tengo qué hacer, y le pongo mucho empeño; también criamos animales. Me fascina criar gallinas, cosechar mis propios vegetales, me encantan todos los cultivos de ciclo corto pero fundamentalmente las hortalizas, rápidamente uno ve el resultado y este ambiente lo propicia.
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“Están las condiciones, simplemente hay que trabajar para ver el coco floreciendo, el mango que sembraste hace tiempo y nunca había florecido. Cuando descubres los frutos te reconfortas.

El estudio sigue siendo prioridades para ellos: “le estamos dedicando un poquito más de tiempo a estudiar otras cosas, aquí aprendemos lo que realmente nos interesa o nos despierta la curiosidad”.

Ana reconoce que extraña ciertas comodidades de la universidad, como la Internet, aunque se trajeron suficientes documentos científicos y hasta series televisivas.

“Cada noche tratamos de poner la mesa y comer juntos. Preparamos algunos traguitos, un vinito, a cada rato celebrábamos, lo mismo por nuestro primer mes de estar aquí, un nuevo aniversario de novios, un buen día en el trabajo, cualquier otro hecho, como cuando me hice guía de aves, mis primeros binoculares, la maestría de Yeniel.

“Ese tipo de cosas es lo que no podíamos hacer antes porque no teníamos tiempo para eso. El ritmo al que íbamos era muy acelerado.

LA ACOGIDA EN LOS HONDONES

Muy bien al decir de Yeniel. “El cenaguero es muy amable y solidario. Cuando llegamos aquí no conocíamos a nadie, y fueron muy atentos, respetuosos. Una noche tuvimos problemas con la electricidad, y yo entre el miedo que le tengo a la corriente y lo poco que la conozco, me vi obligado a buscar ayuda.

“Encontré a un señor que se nombra Humbe, vino, solucionó el problema y no quiso tomarse ni un café, eso no es una cosa que ves hoy en día en la sociedad cubana, a veces nos cobramos hasta la sonrisa. Ver esa gentileza nos chocó muchísimo, porque quizás, al inicio, por la falta de confianza no fueron los más conversadores, pero siempre que necesitábamos buscar algo de comida, cualquier cosa, nos han indicado solícitos”.

EL FUTURO…

“Hay ciertas y determinadas cosas que nos golpean, por ejemplo, el tema de la vivienda, que es uno de los problemas principales que golpea a nuestro país, y en especial, a la juventud. Esta casa es prestada. Hoy en día hacerse de una casa en Villa Clara, aunque sea de un cuartico, resulta difícil.

“A veces pensamos en el futuro, los niños, la lejanía de las escuelas, de los hospitales, pero queremos aprovechar al máximo nuestro tiempo aquí. El futuro se complejiza un poco, porque no tenemos la posibilidad de una casa, pero nos gustaría vivir en algún lugar de la ciénaga, tener un patio como este, tal vez aquí mismo en Los Hondones donde siembras una planta de ponasí y se arriman decenas de aves. Solo por esa imagen valió la pena nuestra feliz decisión”, comenta Ana con una sonrisa en los ojos, mientras trata de saludar a una bandada de cotorras bullangueras que se adueñan de su patio.

Posteado por: arnaldomirabal | 4 enero, 2017

¡Peligro! ¡Depredadores en la Ciénaga!

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Con estupor y azorado por la magnitud del crimen, observo un video que un amigo me enlaza a mi muro de Facebook, una de las mayores redes sociales de Internet. Me pide explicaciones sobre el triste acontecimiento: cuatro cazadores furtivos posan para un teléfono mientras transportan botes con varias decenas de ejemplares de cocodrilos.

El impacto del video no se hizo esperar, en pocas horas alcanzó más de 100 mil visitas de internautas y una larga lista de comentarios provenientes en su mayoría de la Florida.

Llama la atención que las cientos de opiniones elogiaban “la valentía” de esos cacos, quienes posan con total desparpajo ante el celular, mostrando su criminal botín.

Hablan de sobrevivencia y de lo duro de la vida en Cuba para intentar justificar su depredación. Imagínese que la pobreza en África nos impulse a aprobar la desaparición de los elefantes y los rinocerontes. Nadie en su sano juicio haría tal cosa. El mundo se estremece cada vez que se publican imágenes de cadáveres de elefantes sin colmillos, o rinocerontes sin cuernos.
UN FLAGELO QUE CRECE

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El tráfico de animales protegidos es el tercer negocio más lucrativo del mundo, solo superado por las ganancias que proporcionan las armas y las drogas, y aunque en Cuba resultan incipientes el tráfico de armas y el flagelo de las drogas, el comercio de animales amenazados se ha incrementado en los últimos años con el desarrollo del turismo. Cada año en nuestros aeropuertos son incautadas cientos de aves o huevos de especies como el Tomeguín del Pinar o la cotorra, destinadas a coleccionistas privados.

En el 2014, según el portal digital Cubadebate, la Aduana General de la República (AGR) incautó 2703 especímenes, de los cuales 348 se reportaron como contrabando. Entre enero y mayo de ese año se habían detectado seis casos de contrabando, vinculados con la detección de 39 aves, 20 huevos de aves, 2 tortugas y 70 kilogramos de pepinos de mar.

Existen en Cuba varias legislaciones contra la depredación ilegal de especies amenazadas y el comercio de maderas preciosas, como Decreto Ley 164 sobre la pesca en Cuba, o la Ley 81 del Medio Ambiente. En un reportaje del 2013 publicado por el portal digital Cubahora, se informaba sobre el decomiso de 1,696 embarcaciones junto con cientos de kilogramos de varias especies marinas y terrestres, entre ellas carne de cocodrilo y quelonios, especies en peligro de extinción.
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Pero lo infractores logran burlar las leyes. No hace mucho se hizo viral en internet un ladrón encapuchado que robó varias especies de palomas cubanas en una tienda de productos religioso de Miami. Aunque en la nota no se especifica la especie, sí se reconoce que llegaron a Estados Unidos de contrabando.
PONERLE COTO AL ASUNTO

Aún sin el seguimiento que amerita un tema tan sensible y polémico como la caza ilegal, nuestro mensuario Humedal del Sur ha abordado el tema en varias ocasiones, acudiendo a la voz y conocimientos de especialistas, y narrando historias de vida de pobladores de casi todos los rincones del vasto humedal.

Roberto Ramos Taragarona, conocido por Toby, quien funge como especialista en el órgano del Citma en la Ciénaga de Zapata, nos comentaba en una entrevista que sentía preocupación porque en otras culturas reverencian al cocodrilo como animal sagrado y en Cuba no, lo cual pudiera contribuir a su protección.
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“Pienso que debe trabajarse con las comunidades más cercanas para buscarles otras alternativas económicas. También viene gente de fuera. El desarrollo del turismo trajo aparejado la caza ilegal, ya que antes los pobladores autóctonos no lo comían”, comentaba en aquella ocasión.

“Debemos inculcar en las nuevas generaciones el amor y respeto hacia estos animales. Que las personas lo vean como un símbolo nacional, que se convierta en el orgullo del cenaguero.

“Y eso no lo hemos podido trasmitir. Nos enfrentamos a otro problema, ¿cuántos cenagueros viven actualmente en la ciénaga? Con los años se han radicados muchos habitantes que vienen de otros territorios, y se puede perder la cultura autóctona.

“Debemos crear conciencia de que se trata de una especie rara en peligro de extinción, y un símbolo para los cubanos. Benévolo
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El especialista habló, entonces, entusiasmado sobre la liberación de casi un centenar de cocodrilos a su hábitat natural, del monitoreo constante, y de la buena salud y adaptación de los ejemplares. Pero desgraciadamente tanto esfuerzo parecería en vano: hoy el mundo conoce que en la Ciénaga se depreda a un fósil viviente, amenazado y en peligro de extinción. quemarropa

Quedan muchas lagunas sobre este caso: ¿El papel de los encargados y los mecanismos para salvaguardar un área protegida? ¿Las medidas tomadas contra los infractores? Que no se trata solo de los cazadores, quienes compran esa carne son tan malhechores como el que captura al animal.

Cuatro sujetos pusieron en evidencia a la Ciénaga de Zapata ante el mundo, pero los culpables son muchos más…Sobre este tema volveremos a escribir, nos toca a todos limpiar la imagen de la Ciénaga, y lo más importante, proteger la flora y la fauna, el principal recurso del Humedal.

Posteado por: arnaldomirabal | 4 enero, 2017

Veterano de Venezuela

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― ¡La violencia! Si me pides que te hable sobre lo que más me marcó en mis tres años como colaborador de la salud en Venezuela, diré una y otra vez que la violencia ‒ comenta Jorge en un parque céntrico de Matanzas.

Graduado como Médico General Integral, contaba 29 años cuando le llegó la tan ansiada misión a Venezuela; con el dinero ahorrado lograría reconstruir de una vez y por todas su casa. Aunque le habían advertido de los problemas a los cuales se enfrentaría, lejos estaba de imaginar la magnitud de la criminalidad en ese país.

Antes de salir de Cuba el joven sentía animadversión por los fumadores; sin embargo, durante nuestro diálogo prendió un cigarro tras otro.

― Como bienvenida, el primer día que me incorporé al Centro de Diagnóstico y Orientación (CDI) en Petare, el barrio más violento de Venezuela, me recibió una balacera que duró toda la noche. Por un momento pensé que las balas entrarían a mi cuarto y me refugié debajo de la cama. Creo que casi enfermé de los nervios. En Matanzas vivo en La Marina, un barrio humilde y famoso por la violencia, pero solo le queda la fama; eso sí, allí la gente resolvía sus desavenencias con machetes y cuchillos, pero en Venezuela los jóvenes son gatillos fáciles. Los malandros no se quieren la vida, nunca creí que pudiera existir algo así. A pesar de la llegada de Chávez, Venezuela es una sociedad enferma, herida profundamente por la criminalidad.

“Venezuela fue para mí una especie de prisión; después de las seis de la tarde no podías salir de la casa. Los ajustes de cuenta entre malandros eran la realidad cotidiana. Si los vecinos te decían: “¡Hay culebra!”, había enfrentamientos entre pandillas y tenías que encerrarte porque la cosa venía fea.

Jorge enciende otro cigarro ‒el tercero en lo que va de conversación‒ mientras revisa un mensaje en su teléfono celular.

― Tenías que ocultar bien el celular, y tampoco podías portar prendas llamativas. En una ocasión intentaron asaltarme en una buseta. Detrás de mí se habían sentado dos malandros y yo escuchaba cómo planificaban mi propio asalto. En mi cuello llevaba dos cadenitas de fantasía que mi abuela me había preparado en Cuba como resguardo. Ese sería el blanco del atraco. La palabra pánico queda pequeña. Por esas cosas de la vida, o la fuerza del ebbó de mi abuela, la policía nos detuvo en un punto de control y bajaron a todos los pasajeros. Cuando me apeé y mostré mi identificación los malandros escucharon cuando un oficial se dirigió a mí como médico cubano. Me pidió que me quitara las cadenitas porque me ponían en peligro. Yo les respondí en voz alta que eran de fantasía, solo un recuerdo familiar. Por un momento pensé en comunicarles sobre lo sucedido anteriormente, pero en un arranque de valentía o de locura, ¡qué se yo!, volví a subir a la buseta y me senté en el mismo lugar delante de los criminales. No me creerás si te cuento que se disculparon conmigo.

“Pero los había menos condescendientes. En una ocasión un cirujano cubano le salvó la vida a un baleado. Tiempo después este médico caminaba junto a una enfermera y resultó víctima de un asalto en plena vía a las 10 de la mañana. La enfermera reconoció al malandro y le dice: ¡Nosotros te salvamos la vida! Sabes qué respondió el joven: “Ese día ustedes hacían su trabajo, y lo hicieron bien, hoy yo estoy haciendo el mío”. Con los malandros que apoyaban a Chávez el trato era diferente. Cuando visitábamos los barrios más humildes y violentos, nos protegían, éramos intocables.

Jorge habla de escenas desgarradoras, como aquella vez que escuchó los gritos de una madre a quien le balearon al hijo delante de sus ojos.

― Después atendimos el cadáver en el CDI. No puedo decirte cuántos impactos de bala tenía. Le vaciaron decenas de cargadores en su cuerpo. Durante varias noches estuve soñando con los gritos enloquecidos de aquella pobre mujer. Por suerte me queda el aprecio de buenos venezolanos, aun de la oposición. Recuerdo a uno en particular. Se trataba de un paciente adinerado con insuficiencia renal. Le practicaban hemodiálisis en un hospital privado y cuando le hicimos los análisis descubrimos que sus riñones estaban sanos. Acabaron con su salud para cobrarle más dinero. Desde entonces se hizo amigo solidario y cuando un cubano debía hacer alguna gestión en la ciudad nos trasladaba sin cobrarnos un centavo. Pero a Venezuela no regreso. Creo que nunca más seré el mismo Jorge de antes. Nosotros los cubanos combatimos en Angola. Las guerras siempre dejan secuelas sicológicas, y yo me siento un veterano de guerra.

*A petición del entrevistado se evitó escribir su verdadero nombre.

Posteado por: arnaldomirabal | 29 diciembre, 2016

Sigo en desacuerdo

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¿Existe un argumento de más peso que cuestionar a un dirigente que no tiene argumentos?; ¿se imaginan a un dirigente que pierda la cabeza y los argumentos ante las cámaras de televisión en un foro internacional?; ¿se imaginan a un dirigente que pierda los estribos y lejos de ser reprendido le premien con un alto cargo?; ¿se imaginan cuánto temor infundirá ese(a) dirigente en una simple asamblea de base en el futuro?; ¿alguien me puede explicar por qué en Cuba los dirigentes que cometen errores nunca sufren el escrutinio público?.

A estas alturas desconozco quién designa a los dirigentes de mi país, pero casi nunca estoy de acuerdo. ¡Y exijo mi derecho a no estarlo!. “Todo es a dedo”, me dijo un asere de barrio con toda la razón, y al final estoy consciente que la soga reventará siempre por el lado más débil… que las miradas acusadoras se posarán en mí una vez más… que me cuestionarán… por suerte desde hace mucho decidí enjabonarme los glúteos con la desaprobación ajena.

Pregúntenle a mi mamá qué piensa del Secretario General de la CTC, y por favor, antes de cuestionarme a mí piensen en Jesús Menéndez, y no me refiero al color de la piel, el día que el Secretario de la CTC viaje en tren a sus tantas visitas, baje de peso, y decida hablar menos y lo vea con una guataca en la mano, o en una combinada entonces creeré en él, ESO PA’ MÍ ES EL COMUNISMO, yo por lo pronto sigo sin aprobar la designación de Susely Morfa como miembro del Consejo de Estado, y pregunten a los trabajadores cubanos, los humildes que viven de su salario, qué piensan de su ¿líder sindical?

Y pa’ los olvidadizos de siempre, yo seguí del pí al pá la Cumbre de las Américas en Panamá, al parecer la orden dada fue el enfrentamiento con la gentuza mercenaria, pero tanta ofuscación solo provocó que nos olvidáramos hasta de Omar Torrijos quien aseguró que “cada hora de aislamiento que sufre el hermano pueblo de Cuba, constituyen 60 minutos de vergüenza hemisférica”. Eso fue antes, mucho antes, de que Obama fuera Presidente, pero lo olvidamos.

Hicimos el papelazo del año e ignoramos el barrio El Chorrillo, ¡concho!, se sabía desde nucho antes que la falsa escena de la sociedad civil estaba preparada, y caímos en el juego; y eso que escribí el 30 de marzo del 2015 ¡Ay Cumbe de Panamá! Tremendo papelazo yanqui, pensando que sabíamos cómo actuar ante las provocaciones, una especie de crónica de una muerte anunciada; el 7 de abril escribí en mi blog otro trabajo con el título Cumbre de Las Américas: Sociedad Civil vs Sociedad Servil; pero después, al percibir con qué facilidad caímos en la provocación de los mercenarios publiqué: Cumbre de Panamá: Con la mesura de Fidel.

Como sucede cada vez que escribo en Facebook lo que pienso, y pido la palabra (todavía) en cualquier escenario, y no en el que algunos elijan, metieron en el mismo saco a mercenarios y revolucionarios, fuimos culpables tanto quienes cuestionamos a la falsa sociedad civil de la cual Obama habló, como quienes cuestionamos el feo papel, iracundo e irascible, de quienes supuestamente representaban a los revolucionarios cubanos. Entonces escribí Dispénseme los encumbrados…

A mí pocos o nadie me representó en la Cumbre de Panamá, nadie mencionó a los muertos civiles panameños por la Invasión Norteamericana; tan enfrascados como estábamos en desacreditar a los mercenarios cubanos olvidamos hasta a nuestro amigo Omar Torrijos.

Al final solo quedamos expuestos, sin argumentos y con furia tonta, la misma que me critican a mí cada vez que digo lo que pienso… pero nunca me arrogaré el derecho de hablar en nombre de Cuba, muchos menos en nombre de la sociedad civil, solo soy el hijo de Caridad, y eso, por suerte no me retribuye económicamente, pero me da un valor del carajo, algo sí sé, no apruebo ni aprobaré la actitud de la nueva miembro del Consejo de Estado en la Cumbre de Panamá. Esa es mi humilde opinión.

Posteado por: arnaldomirabal | 24 noviembre, 2016

¿Vocación humanista?

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Siempre escuchamos que la Revolución Cubana es en esencia humanista, y no se trata de mera consigna, basta realizar un sencillo recorrido por estos más de 50 años de proceso socialista para entender que siempre ha prevalecido el humanismo y respeto al individuo por encima de todas las cosas.

A veces uno se sobrecoge cuando descubre que un sinnúmero de países expulsan a un enfermo de un hospital si su seguro médico no cubre el tratamiento, se criminaliza la simple y hermosa imagen de una madre cuando amamanta a su hijo en un parque; o que a un policía nada le importa la vida de un hombre contra quien puede desfundar su arma y vaciarle el cargador en su cuerpo por “cometer el delito” de ser afrodescendiente.

Cuba es vanguardia en muchos frentes de luchas que ponderan y dignifican al hombre y la mujer, al niño y la niña; tomemos como punto de partida aquella campaña de alfabetización, o la Reforma Agraria, donde se trazó el camino justo al lado de los más humildes de esta tierra, donde miles de jóvenes impulsados por el amor dejaron sus hogares para enseñar a leer a los más humildes. La lista sería interminable de cuánto han hecho los hijos de nuestra nación por el prójimo, poniendo su vida en peligro, y dejando atrás a los suyos, muchas veces separándose de lo que más se ama: los seres queridos.

En este minuto que escribo, en alguna selva del mundo habrá una madre cubana de bata blanca mirando una foto donde su hijo le sonríe desde la distancia; o un padre que se perdió el alumbramiento de su primogénito, mas en agradecimiento, otra madre le pondrá su nombre propio al recién nacido, y esto ocurre cada día lo mismo en una ciudad venezolana, que en la jungla amazónica. Siempre he dicho que el cubano es noble por naturaleza, y el mundo lo sabe y nos lo agradece.

Por eso sueño y apelo cada día desde que abro los ojos y salgo a mi ciudad, porque se mantengan nuestros logros sociales, pero a veces no sabemos cómo defenderlos, necesitamos un vuelco en nuestro discurso cotidiano, muchas veces chato, superficial, y falto de sentimientos.

Por otro lado, si bien es cierto que Cuba debe alcanzar la prosperidad económica, a veces me pregunto a qué precio. Sería un error que el pragmatismo le ganara la batalla a los nobles sentimientos y las buenas intenciones. A las ganas de ayudar al prójimo, y que triunfe finalmente el individualismo, a veces creo que hacia allí vamos, irremediablemente.

He conversado con turistas que me aseguran que cuando lleguen los norteamericanos dejarán de visitarnos, y que temen sobremanera que los cubanos perdamos nuestra más bellas virtudes por un poco de dinero, esa alegría desenfadada y humanismo que nos caracteriza.

No olvido que hace algunos meses algunos lectores me cuestionaron cuando no me sumé al entusiasmo ante la visita de Obama. Sé que muchos vieron en su llegada una mejora económica in situ, que no será tan así, sin dejar de reconocer la valentía del mandatario norteamericano saliente. Pero mucho más que Obama me entusiasmaron las palabras del Papa Francisco en La Habana: “Quien no vive para servir, no sirve para vivir”. Y de estas últimas, no todos hablan.

Era un niño cuando Frei Beto entrevistó a nuestro Comandante en aquella colosal obra titulada Fidel y la Religión. A partir de aquel momento se publicaron varios textos que mostraban cuán estrecha era la semejanza entre un cristiano y un comunista.

Hace pocos días el propio Papa Francisco volvió a hacer referencia a ese paralelismo: “son los comunistas los que piensan como los cristianos…luchan por una sociedad en la que decidan los pobres, los débiles y los excluidos. Para obtener igualdad y libertad debemos ayudar al pueblo”.

Pero lastimosamente no siempre consigo ver ese sentimiento de bondad en derredor mío; a veces la ciudad se satura de caras adustas, maltratos, abandonos, nos urge un sacudimiento que nos regrese la ternura que se ausenta en ciertos lugares, y ojalá mis palabras llegaran a cada persona que presta un servicio a la población, que tramita una gestión y entendiera de una vez que una sonrisa y un buen trato lo hará mejor persona, y le hace un bien inconmensurable a nuestro proyecto humanista.

medico-cubano-trata-a-pacientes-de-colera-haiti2Y si algunos ven en mi tono un acento espiritual, está en lo cierto, pocos hombres leí con más espiritualidad y vocación de sacrificio que el Che Guevara con quien terminaré mi reflexión: “déjenme decirle, a riesgo de parecer ridículo, que el revolucionario verdadero está guiado por grandes sentimientos de amor”.

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Por Arnaldo Mirabal Hernández

Foto: Dany Hernández

Las guerras siempre dejan su huella perenne en el alma de los pueblos. A más de 55 años de la Invasión a Playa Girón permanece en el recuerdo de muchos habitantes aquellas 72 horas las horas signadas por la metralla y el olor de la muerte.

Aún hoy aparecen bombas y torpedos sin detonar. Muchos habitantes aseguran que en el Humedal seguirán asomando proyectiles de los mercenarios, quienes escondieron parte de su armamento al saberse derrotados.

Y tras cinco décadas, parte de ese armamento apareció en la Finca Los Cocos, ubicada en el poblado de Bermeja de la Ciénaga de Zapata. ¡Gran susto se llevaron Eduardo Ramírez Lence y Aliuska Labrada Díaz!

Proyectiles encontrados por el matrimonio

Proyectiles encontrados por el matrimonio

El matrimonio escarbaba la tierra para cultivar semillas de calabazas, y del suelo, casi a flor de piel, asomó medio centenar de proyectiles y un medallón que, sin dudas, perteneció a algún integrante de la fallida Brigada 2506.

“Nos disponíamos a sembrar calabazas y a los primeros golpes de la guataca emergieron decenas de balas. ¡Imagina el asombro!”, rememora Aliuska.

“El parque estaba compuesto por 57 proyectiles de ametralladora Thompson y de revolver Colt 45. Solo ocho balas estaban en mal estado”, comenta Eduardo, militar retirado y dedicado hoy a las labores agrícolas.

Junto al alijo descasaban un medallón de bronce que pertenece a una vieja marca de automóvil.

Medallón encontrado junto a los proyectiles

Medallón encontrado junto a los proyectiles

Después del susto inicial decidieron no hurgar más en el terreno porque bien podría tratarse de un “cazabobo”, especie de trampa que explota al moverse un objeto, (muchas veces puede ser un arma) que funciona como detonador de una granada.

Según Eduardo, su padre le comentó que en la zona de Bermeja y San Blas desembarcó por aire el grueso de los paracaidistas.

Los proyectiles permanecen en poder del Ministerio del Interior para su posterior revisión técnica, aunque el deseo del matrimonio es que lo descubierto en su finca descanse finalmente en el memorial Playa Girón como parte de la memoria histórica de la Ciénaga de Zapata.

Posteado por: arnaldomirabal | 4 noviembre, 2016

Salinas de Brito: El vuelo infinito de las aves (I parte)

Por Arnaldo Mirabal Hernández

Fotos: Dany Hernández

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Regresar a las Salinas de Brito cuando sobrevienen los últimos meses del año es estar en presencia de una de las escenas más encantadoras y misteriosas de la naturaleza: la migración de las aves. Allí llegan, procedentes del norte de nuestro continente, miles de ellas en busca de alimento y para guarecerse de las altas temperaturas que traen los últimos meses del año.

Algunas seguirán rumbo al Sur, otras permanecerán en ese remanso de aguas calmosas de esta porción occidental de la Ciénaga de Zapata, mientras dure la etapa invernal.

El concierto que emana de los mangles hace pensar que llegamos al paraíso de las aves; unas prefieren descansar en las ramas, y a los lejos asemejan flores que adornan el paisaje; otras remueven con sus picos el fondo de la laguna mostrando sus diferentes estrategias para capturar los alimentos. Asombra, además, la danza estilizada de los flamencos, el andar nervioso de los sarapicos, la pose tranquila y amenazante del gavilán Batista, que acecha a sus presas desde lo alto de un árbol.

LAS NODRIZAS DE LOS FLAMENCOS

Para recorrer gustoso la Salinas no solo se necesita cargar en la mochila las ansias inconmensurables de la aventura, o el gusto por el descubrimiento, primero que todo debes estar bien escoltado por la sabiduría de un guía amante de su quehacer, como es el caso del joven Yoandi Bonachea.

El joven guía Yoandi Bonachea

El joven guía Yoandi Bonachea

Su pasión por la observación de aves se pondrá de manifiesto en cada palmo de la laguna. Escucharle enriquecerá la escasa cultura que uno pueda tener sobre la Madre Natura, con la angustia de entender de antemano que nunca se llegará a aprehender del todo.

“La madre de la ciencia es la experimentación y la observación, rasgos que distinguen a un buen observador. Luego la necesaria bibliografía”, explica con sencillez el joven mientras muestra a un grupo de flamencos que se dejan ver a orillas de la carretera.

“Los flamencos no nidifican en Las salinas de Brito, a pesar de varias expediciones, nunca hemos encontrado nidos. Se reproducen en la reserva natural de río Máximo, en Camagüey. Una vez que los pichones están altos para volar, los grupos de nodrizas son los adultos encargados de traerlos a las áreas de alimentación.

Las nodrizas les enseñan a forrajear en la laguna en busca de pequeños crustáceos. Los flamencos juveniles se distinguen por su coloración grisácea. Con el tiempo van adquiriendo el peculiar color rosado a partir de su dieta. Una vez que se encuentran aptos para la reproducción regresan al río Máximo.

En esta nueva temporada varios especialistas del parque reconocen un incremento de la presencia de flamencos juveniles. Según explican, las causas pudieran ser disímiles, desde los azotes del cambio climático, hasta la incidencia directa del factor humano en su hábitat. Sin corroborar aún, entre las explicaciones se conjetura la entrega de tierras para el cultivo en zonas cercanas del río camagüeyano.

El gavilán Guincho alza el vuelo mientras sostiene un jurel capturado

El gavilán Guincho alza el vuelo mientras sostiene un jurel capturado

EN BUSCA DEL GAVILÁN GUINCHO

El fondo de las Salinas de Brito es fangoso, mas se puede avanzar un largo trecho a través de las aguas. Allí no existen arenas movedizas que se tragarían a una persona. Otro temor latente, los cocodrilos, según explicó nuestro guía Bonachea, son escurridos y se asustan ante la presencia del hombre.

Sin embargo, en algunas porciones existen rocas bajo agua que pueden provocar serias heridas, pero uno pasa por alto esas circunstancias atraído por la idea de observar de cerca un nido de gavilán Guincho.

Se trata de la mayor ave rapaz del archipiélago cubano. Aunque la bibliografía no la recoge entre las especies endémicas de Cuba, nos referimos a nuestra águila pescadora por excelencia. Su dieta principal es el pescado.

Llama la atención la dimensión de sus nidos, construidos con ramas, con un diámetro superior a los 50 centímetros en su cono. Por lo general, cría de dos o tres pichones.

Sigilosamente atravesamos las aguas y llegamos a un pequeño cayo. El fotógrafo Dany Hernández es el encargado de detener el instante en que el águila arribará a su nido; para mayor sorpresa, la descubrimos en una rama alimentándose de un jurel capturado.

Nido del gavilán Guincho, el ave rapaz de mayor envergadura en Cuba

Nido del gavilán Guincho, el ave rapaz de mayor envergadura en Cuba

El águila, recelosa, impide que el equipo periodístico, logre retratarla posada en su nido pero conseguimos en cambio otra imagen inolvidable: alza el vuelo con un pescado en sus en sus garras, escena que solo se puede obtener adentrándose en las Salinas de Brito, allí donde se aprecia el vuelo infinito de las aves.

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