Posteado por: arnaldomirabal | 11 julio, 2017

Un “buchito” de verdad (o cuánto nos dañan los simuladores)

Escuché el chiste en el estelar programa Vivir del cuento y no me dio risa; esforcé una mueca y mis sentidos dejaron de percibir las peripecias de Pánfilo y sus vecinos cuando Facundo Correcto aseguró que ya no sería una persona confiable desde el instante en que expresara solo la verdad. Sentí entonces una sacudida potente. Esa que propinan las verdades de sopetón.

Enseguida pensé que aprendemos a mentir desde niños, que la verdad no siempre premia y que la simulación sí. Entendí que los simuladores crecen como las plantas parásitas y constriñen las esencias verdaderas de una nación que aspira a ser un conglomerado de hombres y mujeres de bien.

Si lanzamos una ojeada a nuestra historia y hurgamos un poco en las ideas y preceptos de nuestros padres fundadores, notaremos que siempre empuñaron la verdad como bandera, y la vergüenza como escudo.

Pero la simulación, ese canto disonante de la no verdad pudiera adueñarse del sistema nervioso de nuestra nación, oprimiendo cada ímpetu, cada célula. Entonces, emergen los que prefieren decir lo que otros desean escuchar, quienes edulcoran nuestra realidad, o la silencian. Vale decir, desde mi humilde opinión, que omitir un hecho, silenciarlo, es una de las formas más fragantes con que se arropa la mentira.

Pensando en Fidel, me viene a la mente aquellos años que no viví de la Zafra de los 70, cuando el estadista de talla colosal que fue dio la cara y el pecho a su pueblo para anunciarles que la hazaña de millones de cubanos no se coronaría con el éxito por innumerables factores; o cuando Cuba se ensombreció toda al conocerse los detalles del narcotráfico en el que se implicaron altos oficiales del Minint y la FAR. La verdad resultó la armadura imprescindible para conservar el alma límpida del país.

Por tal motivo me pregunto siempre en qué momento la falsedad cobró fuerza entre nosotros hasta robustecerse y querer adueñarse de nuestro futuro. Y no se trata de alarmismo, más bien de la realidad nuestra de cada día.

Muchos preferimos obviar lo obvio, callar nuestros defectos, silenciar las manchas por el qué dirán, asumir la postura de los tres monos místicos: nada oigo, nada digo, nada escucho, y afuera la sociedad bulle en contradicciones, la burocracia se traga las ansias de mucha gente, y hasta las buenas acciones, tan necesarias, dejan de ser contadas o se omiten.

“No darles armas al enemigo” se ha convertido en el pretexto de muchos para hacer mutis y no transparentar las deficiencias propias. Para que en muchas asambleas se vaya por las ramas temiéndole al tronco del problema; para que se haga habitual la perjudicial frase de: ¿para qué plantear el problema?; y es entonces cuando aprovecha el oportuno, u oportunista Plangoss, aquel personaje del Cándido de Voltaire que tanto pulula por ahí, para asegurar que vivimos en el mejor de los mundos posibles. Y en el cónclave todos se miran azorados, escuchándole disfrazar el entorno y sus matices mientras callamos convirtiéndonos en cómplices de la mentira.

El día que la verdad sea nuestro alfa y omega, que desterremos el disimulo, a la gente le costará mucho más mentir, y hasta nuestra maltrecha economía enrumbará con mayor eficiencia. Nadie lo dude, la corrupción prevalece donde la autenticidad se escurre y la mentira prolifera.

Y entonces uno quisiera, por un segundo, que el famoso experimento del café de Pánfilo desnudara la doblez moral de muchos, el arribismo de tantos, el disimulo de no pocos, para que nuestra Isla se sacuda de tanta breña, y navegue en pos de sí misma con la verdad como único destino.

Posteado por: arnaldomirabal | 10 julio, 2017

Los colores de Yanciel


Yanciel Torres Urra llevó una vida normal hasta los ocho años. Iba a la escuela, jugaba en el barrio, pero prefería ver la televisión. Con el tiempo empezó a sentir cierto malestar al caminar; recuerda que progresivamente su cuerpo comenzó a inclinarse, y le costaba mantener una postura erguida. Su padecimiento empeoró…

Luego vendrían los salones de operación, la cirugía, el infeliz desenlace. Desde entonces su vida quedaría ligada para siempre a una silla de ruedas, una extensión más de su cuerpo. En la sala de su casa recibiría las clases hasta sexto grado.

Cualquiera pensaría que el porvenir se le truncó a este joven de 18 años, pero no fue tan así. Su mente y lucidez siempre han sido sus mejores aliadas. Prefiere pasar los días en casa; evita el sol y el bullicio de la calle, mas, ha burlado las barreras invisibles que quisieron sujetarle los sueños.

Yanciel consigue volar alto, fugarse del encierro, y llenar de colores su existencia. Desde una vetusta mesa escuchar el arrullo del aquel río placentero que quizás nunca ha visto, la brisa suave del campo que entusiasma a la hojas, el canto de las aves. Todo, lleno de matices vivos, nacen de sus lápices de colores, en dibujos que luego entrega a las escuelas, al policlínico, el círculo infantil, la casa de cultura.

Desde que la pintura le llegó a través de un instructor de arte, se ha convertido en su refugio, el quehacer maravilloso que le permite reinventar el universo a su antojo, con las tonalidades que a veces se ausentan de su vida. A pesar de las carcomidas y despintadas paredes de su vivienda, el joven persigue la luz y, allí, en esos escasos metros cuadrados donde crea, la abraza y la vierte sobre las cartulinas.

Gracias a personas de buen corazón que le apoyan, sus pinturas van adornando las paredes de Cayo Ramona. Su pueblo es algo así como su Vaticano, donde él va adornando su Capilla Sixtina con las ansias creativas de un Miguel Ángel.

Y como todo artista Yanciel cuenta con mecenas, el propio Kcho le hizo llegar materiales para que sus sueños continuarán bullendo como manantial inagotable. En la Casa de Cultura tiene a sus principales aliados, los más determinantes.

Pese a las estrecheces económicas, conserva la sonrisa, una sonrisa limpia de alma transparente, “aunque como todo creador tiene sus resabios”, nos dice bajo su mamá con sonrisa cómplice. Ella figura entre las principales protagonistas de esta historia de luces y sombras.

Resabio por querer quedar bien con todos, por lograr culminar a tiempo los trabajos prácticos que los niños le encargan, las láminas ilustrativas para la escuela, la escenografía para aquella puesta en escena de un grupo teatral en la Casa de Cultura; resabio porque su computadora, ese que le obsequiaron, parece que de un momento a otro no encenderá más.

Sepan que su ira es momentánea, y son más las veces que ríe que las que se exaspera. Y cualquiera diría que fue la vida la que se enojó con él. Mas, no es tan así, en su cumpleaños su casa se llena de muchachos, regalos, apoyo…solo que esto nunca será suficiente, sobre todo si se toma en cuenta que allí solo entra un salario de 162 pesos…

Pero Yanciel, y que nadie lo dude, es un joven dichoso, todos le quieren en el barrio y conocen de sus innumerables premios en concursos de pintura.

Habrá que aprender de él, porque sobran quienes con dos piernas no logran avanzar como este muchacho risueño y soñador. La propia existencia le ha de respetar por su entereza y desafío a las vicisitudes vividas; a todos nos compete que jóvenes como Yanciel no pierdan las ganas de soñar, ni se ensombrezcan sus colores.

Posteado por: arnaldomirabal | 13 junio, 2017

Amor en alta mar


La fama de Miriam Hernández Cordobés y Raúl Oquendo Alonso trasciende la Ciénaga de Zapata. Aunque en esta vasta región de pescadores y carboneros muchos pueden presumir de sus talentos en estas actividades, si de pesca se trata los nombres de Miriam y Raúl ganan notoriedad, y eso que son de naturales de San José de los Ramos, en el municipio de Colón. Pero desde que se radicaron en el Humedal, hace ya 13 años, han dominado el arte de la captura de peces.

Confiesa Miriam que en un inicio le temía el bote al punto de las lágrimas, sobre todo si un tiburón dama comenzaba a rondar la embarcación.

La afición por la pesca comenzó en las presas de Colón. Y con el tiempo decidieron radicarse al sur de la provincia, a pocos metros del mar.

Por ese entonces nunca imaginaron que adquirirían tal maestría en la pesca de altura, muchos menos lograr atrapar grandes peces como agujas y petos.

Raúl asegura que su compañero de pesca es su esposa, en quien ha depositado toda su confianza. Han hecho un equipo perfecto. “Ella rema como yo, y es capaz de apresar un gran pez y trabajarlo hasta el final”.

Sonríe al recordar el temor inicial de Miriam, temor que con el paso del tiempo se convirtió en pasión.

Sobre la captura de la Aguja asegura el pescador que no está exenta de peligro, “puede costarte la vida, debes estar atento”.

“Hay personas que piensan que pescar es lanzar un nailon y es mucho más que eso. Lo primero es llevar suficiente carnada y “engoar” (lanzar cebo al agua), y conocer tu actividad, algo que brindan los años”.

“Para pescar una aguja debes salir en las noches sin luna para capturar chicharro que servirá de carnada, al amanecer, cuando rompen los claros del día, aparecen las primeras, a veces no, y debes esperar horas encima del bote. A las personas solo les gusta pescar cuando pica, esto es cosa de paciencia. En una ocasión estuvimos 18 días, con 18 noches y no sacamos nada.

“Nos fascina. Mas, no es fácil; aquí las embarcaciones se impulsan mediante velas y remos. Hablamos de remar casi 20 kilómetros y a veces en contra del viento, para no hablarte del sol. En alta mar no tienes donde guarecerte, y el resplandor de los rayos en el agua te “come” la vista, a eso súmele el sube y baja del bote. Al regresar cuando te sientas en la sala de la casa, todavía tienes la impresión que todo se mueve”.

“Aun así, vale la pena el sacrificio, porque nada se compara con capturar una aguja. Es impresionante como sale del agua y salta una y otra vez, con el abanico levantado. Es hermoso,” comenta Raúl, y agrega “el peto en cambio se caracteriza por su velocidad, puede quemar un cordel.

Mientras el pescador conversa, Miriam enseña las cicatrices que le dejó un bonito en varios dedos de su mano.

LOS SECRETOS DE LA LUNA

Como aquellos sacerdotes de las viejas culturas precolombinas que llegaban a conocer los posibles fenómenos de la naturaleza según el movimiento de los astros, Raúl anota en un viejo almanaque los pormenores de cada jornada de pesquería, según las fases de la luna.

Por eso sabe que en los meses de enero y febrero la aguja no corre, prefiere permanecer en tierra. Atendiendo a sus registros, en un cambio de luna de principios de marzo del pasado año sí capturó varios ejemplares, lo que predijo que si en igual fecha se aventuraba al mar correría con buena suerte…y así fue.

“Además, cuando hay luna llena el chicharro no pica, porque aprovecha la claridad para agenciarse el alimento por su cuenta, y no se acerca al anzuelo”. Entonces Raúl se vale de mañas de avezado pescador. Coge mojarras y les retira las aletas, porque se encrespa cuando un pez grande se le acerca.

TIBURÓN

Aunque el matrimonio ha sacado varios tiburones de tamaño considerable, no olvidan el susto que pasaron una vez.

En esa ocasión tenían un gran tiburón sujeto al bote por la cola. Miriam aconsejó acercarse a la orilla para trabajarlo mejor, en ese instante el temido pez hace un brusco movimiento y consigue lanzar a Raúl, quien cae al agua a pocos metros del bicho.

En su nerviosismo Miriam solo consiguió gritar: “te lo dije, te lo dije”. En el sobresalto consiguió subir al bote y finalmente se dirigieron a la orilla y todo quedó en el susto. Una vez cerca de una playa treparon el tiburón a bordo.

Si bien el océano les fascina lo respetan, reconocen que un error les puede costar la vida. Como bien dice una canción, hasta el mar más azul esconde peligros. Pero como la vida misma, los riesgos siempre van implícitos ante cada obra que se acomete. La grandeza está en superarlos, como bien hizo este matrimonio.

Seguramente hasta el propio mar les extraña cuando pasa el tiempo y el bote Crucero no se aventura en sus aguas. Entonces Caletón y Buenaventura se quedan sin asombros ante cada captura de Miriam y Raúl, y hasta el amor se pone ceñudo, sin el sabor del agua salada y las peripecias en alta mar.

Posteado por: arnaldomirabal | 19 mayo, 2017

Hombres de fuego (+ Fotos)


-¿Dónde es el incendio?- le preguntamos a Pedro Bouza al conocer que desde hace días la candela consume una porción de la Ciénaga.

-En los Arroyones, salgo para allá en unos segundos. Solo vine para puntualizar algunas cosas en la empresa -responde.

Los segundos se vuelven minutos. Transcurrido algún tiempo aparece un vehículo a gran velocidad. En él viaja Pablo Bouza, director de la Empresa Forestal Integral Ciénaga de Zapata (EFI).

Desde hace varios días intenta sofocar un incendio que daña la zona occidental del Humedal, próximo a Santo Tomás. La cuadrilla de hombres de la EFI y el destacamento de Guardabosque no cejan en sofocarlo, pero el combate no es nada fácil, se trata de uno de los flagelos más destructivos que azotan al Parque Nacional, y de los más traicioneros.


“¡Imagínate! Hace 138 días que no llueve en esta parte del territorio. Podemos decir que la actual etapa no ha sido de las más intensa, pero tampoco de las más leve”, comenta desde la camioneta. Acto seguido nos convida a montarnos para constatar con nuestros propios ojos cómo se enfrenta este tipo de catástrofe.

“Hace solo unos días nos complicamos con otro en áreas de hierbazales de ciénaga, logró avanzar poco más de 400 hectáreas. Esa área no nos preocupa porque son espacios catalogados, según la literatura científica, como hijos del fuego. Desde el 2001 se ha quemado en siete ocasiones. A los pocos meses la vegetación se vigoriza”.

De las hectáreas afectadas, solo dos pertenecen a bosques naturales, precisa el directivo, mientras avanza por el pedraplén que comunica con el asentamiento Santo Tomás.

Un chofer advenedizo se “engulliría” más de un bache por mucha atención que preste a la vía, pero Bouza, como si tuviera una especie de GPS en la cabeza, logra burlar las protuberancias del terreno y conversar, lo que muestra los conocimientos del mismo.

Con satisfacción reconoce que desde ayer en la tarde controlaron el actual siniestro con la construcción de una trocha manual. Mas, corren el riesgo de que recupere la intensidad, ya que queda mucha materia orgánica en la zona, producto de los embates del huracán Michelle. Otro enemigo acérrimo de la Ciénaga, porque siempre que pasa un fuerte huracán, trae aparejado incendios más intensos.

Se puede asegurar que un ciclón es directamente proporcional a estos fenómenos. Siempre deja a su paso muchos árboles que con el tiempo se descomponen acumulando mucho material combustible.

“Hemos tratado por todos los medios de hacer la trocha sin el auxilio de equipos pesados, porque en los últimos años las brasas han entrado por los cordones que dejan los buldócer”, comenta Bouza, mientras el vehículo dobla por un estrecho camino de árboles frondosos. Justo en la bifurcación, una turbina extrae agua de un pozo para llenar una pipa.

LA TROCHA

Al llegar a la zona del siniestro, el olor a madera quemada se adueña de todos los contornos del bosque. El lugar semeja un gran horno de carbón. En el cielo vuelan varias tiñosas, lo que presagia animales muertos que no lograron escapar de la calcinación.


El primer paso para enfrentar un incendio, afirma Bouza, consistirá en construir una vía de acceso para el movimiento de hombres y recursos, y a su vez lograr controlar el efecto de la candela. “Una obra maestra y de sacrificio de muchos hombres. Hablamos de más de un kilómetro a machete y motosierra. A través de esa misma vía avanzarán las pipas”.

Por lo intrincado del terreno y el difícil acceso, en el 2003 crearon una red de pozos a una distancia de 4 kilómetros cada uno, donde se conectan turbinas que permiten llenar un camión cisterna en pocos minutos. Esta estrategia permite acortar la distancia en el trasiego de agua.

Los hombres llegan desde temprano. Pero al mediodía deben tomarse un descanso por la fatiga que producen las altas temperaturas y las cenizas que se adentran por las fosas nasales.

Pablo Bouza Rodríguez explica que sobre el mediodía se dificulta la faena por el calor unido a la velocidad del aire, lo cual impide que se interactúe con las llamas. “Las hemos desviado para que no afecten los bosques naturales con una técnica que se denomina manejo de fuego. Combatir estos siniestros es casi una ciencia, y de las más sacrificadas.

UN ENEMIGO TRAICIONERO

En la Ciénaga existen dos tipos de incendios, el superficial y el subterráneo, siendo este último el más peligroso y devastador. Para muchos, la voz de alarma surge cuando observan una columna de humo en el horizonte, lo que sin duda anuncia que las lenguas ardientes azotan la floresta destruyéndolo todo. Sin embargo, en la Ciénaga existe un enemigo mucho más letal y traicionero: la combustión subterránea.

Las características topográficas del lugar favorecen este tipo de ignición por la presencia de cavernas con 30 o 40 centímetros de capa vegetal acumulada durante cientos de años. Uno pudiera creer que la deflagración se extinguió, pero continúa arrasando soterradamente.

Aunque no se observen las llamas, los hombres toman las mangaras desplegadas a lo largo de 600 metros y lanzan una chorro de agua a un espacio de terreno con varias casimbas. A flor de tierra solo se ve un tronco que parece apagado sobre un cayo de ceniza muy blanca. Al contacto del agua el sonido resulta perturbador: el fuego ruge como bestia, una nube de humo brota con fuerza, la candela estaba allí, oculta, amenazante, destructiva.

Solo queda la silueta de que lo sería un árbol convertido ahora en fina y clara ceniza, un poco más allá varios carapachos de jicoteas carbonizados, en todo el lugar además del humo y la destrucción, prevalece la voluntad de un grupo de hombres decididos a eliminar la amenaza.

Este es el onceno incendio al que se enfrentan en la actual temporada, con más de 500 hectáreas afectadas. Según los modelos de pronósticos le quedan varios días de batalla, porque hasta mediados de mayo no se esperan precipitaciones de consideración en la parte sur de la provincia.

Pero nada amilana a estos guerreros, ni el calor, ni el peligro de resultar lastimados por el fuego. Salvar al bosque es su premisa, y con tal arrojo van tras la candela.

Posteado por: arnaldomirabal | 10 mayo, 2017

Esencias del buen maltratador


Pues sí, hay personas que de verlas ya sabes que te saldrán con una negativa mucho antes de escuchar tus palabras. No se trata del cuento del gato hidráulico, es pura intuición. El maltratador tiene el ceño fruncido, cara de pocos amigos, y muy pocos deseos de interactuar con las personas. Aunque su trabajo sea ese precisamente.

En el mejor de los casos te tratará con desgano, como si en cada gesto o palabra se le fuera el último hálito de vida. ¿Señora por favor? dirás tú con la dulzura que pocas veces le diriges a tus seres queridos, en cambio recibirás un apático “mjjjj”. No importa que el mundo se esté derrumbando afuera, que se aproxime un maremoto, que un volcán entre en erupción, que tu vida dependa de una simple frase, nada inmutará al ser frente a ti. ¿Solo te preguntarás si nacieron así o se convirtieron con el tiempo?

Pero al final reconocerás que de los maltratadores, es el menos severo, aunque el más exasperante. Sin embargo, los hay peores: los huraños. Esos sí son peligrosos, parecen que tienen rabia, sin ofender claro, que hasta los canes pueden ser víctimas de estos.

El mínimo gesto o pregunta despertarán su ira. Hasta el silencio les ofusca: “¿¡Tú quieres algo mijitooo!? Que desde hace rato estás ahí parado”. Y quisieras que te tragara la tierra, por iluso, por esperar aquellas frases mágicas que te enseñaron en la escuela: “Buenas tardes, desea algo el joven”. Ni con la varita de Harry Potter lograrás semejante encantamiento. Porque como mismo para nadie es un secreto que las buenas maneras se alejan cada vez más, resulta un hecho demostrado que los maltratadores viven de maltratar, claro está. Tal parece que sienten placer ante cada envestida o desplante.

Engrosa la lista el maltratador conversador, del cual existen distintas variantes. Está el que padece de filia telefónica. Por más que ruegues no lograrás separarlo del auricular. Mientras esperas, sin importar tus gestos de desesperación, escucharás los últimos tres capítulos de la novela, el penúltimo chisme de Cusa, y del divorcio de Yarmina, luego de casi una hora, te lanzará una pregunta inocente para abrirte el pecho: ¿deseas algo?

Esta el otro, o la otra, que también abundan las maltratadoras, que sentada sobre el buró conversa con la amiga en un diálogo ameno e imperturbable. El perturbado eres tú que ya te sabes todos los pormenores de sus vidas sin proponértelo. Y si intentas interrumpir escucharás la misma frase una y otra vez, hasta la eternidad: “un momento por favor, ¿está apurado?”. Nooo, para nada, solo llevo dos horas esperando el final de la plática.

Pero con estos últimos al menos te pondrás al tanto de varias novedades, porque existe otro: el del tick nervioso. Ese sube los hombros ante cada interrogante. No sabe nada de nada, y por más que insistas nunca recibirás respuesta.

La lista de estos sujetos sería interminable, crecen cada día y mutan a cada hora, y se resisten a desaparecer. Y uno se pregunta: ¿no habrá forma de combatirlos? Las hay, o al menos eso crees al leer un mural donde descubres que muchas veces tienes la razón como cliente, aunque no lo creas, o que la misión de ese lugar según se puede leer en un sitial con letras grandes, consiste precisamente en tu satisfacción.

Y quizás lo sepan, pero a veces cuentan con aliados plañideros: algunos directivos que muchas veces se hacen de la vista gorda.

Gracias a ellos, a su nulo enfrentamiento, se ha multiplicado esta derivación del Homo Sapiens, especie en total involución.

Pero no existen conjuros, ni remedios para su total aniquilamiento. No se eliminarán con un puñado de sal, ni dientes de ajo, menos con una escoba detrás de la puerta. El embate, si de verdad queremos una sociedad sin estos dañinos espécimen en todas sus variantes, debe ser frontal.

No lo había dicho, pero nuestro silencio los robustece y disemina. Ese es su principal alimento, y debemos cortar su savia de raíz. ¡Exigir! ¡Reclamar! ¡Llamar las cosas por su nombre! ¡Combatirlos en el momento preciso! Tenemos derecho a vivir en un mundo sin maltratadores.

Posteado por: arnaldomirabal | 8 mayo, 2017

Unos minuticos con Leo Vera

Cuando mi amiga Jessica me dijo que Leo Vera cantaría en el espacio nocturno El bolerazo, me dije: “¡esta es la mía!”, porque llevo años deseando escuchar en vivo uno de las voces más prestigiadas de la música popular cubana. Era un adolescente cuando el cantante irrumpió en la escena nacional como integrante de la Charanga Habanera, y aunque han pasado dos décadas aún todos recuerdan sus interpretaciones.

Por eso aguardé hasta el final, y como el adolescente que se dirige torpe y nervioso a su ídolo, le pedí una breve entrevista, “solo unos minuticos”, y sin pensarlo mucho Leo Vera accedió.

En la noche del sábado Leo Vera se reencontró con un público matancero ávido de escucharlo. Los asiduos al espacio El Bolerazo, que se celebra en la sede provincial de la Uneac aplaudieron cada interpretación del cantante capaz de moverse con soltura y presteza en géneros como la Vieja Trova, el bolero y el Pop. Al terminar el concierto accedió a conversar con la prensa.

Uno de los íconos indiscutibles de la revolución timbera de los 90, con la interpretación de éxitos como Mi Estrella y Me sube la fiebre, regresará al género que lo hizo famoso en Cuba y parte del mundo con la grabación de un disco de salsa, entre otros proyectos que lo tendrán ocupado en el 2017.

– Leo, marcaste a una generación como integrante de la Charanga Habanera. ¿Cuánto queda de la Charanga en Leo Vera?

-(Sonríe) Siempre recuerdo a la Charanga porque fue la orquesta que me lanzó a la luz y me dio a conocer en Cuba y en parte del mundo, todavía se mantiene en mí ese vigor y vitalidad que caracteriza a la agrupación.


-Eres de las mejores voces de Cuba, sin embargo no eres tan asiduo en los medios ¿se debe a una decisión personal?

-Yo realmente no dedico tiempo a promocionarme como artista, he participado en varios proyectos exitosos como la Charanga Habanera, Irakere, Klímax, pero no le dedico mucho tiempo a promocionarme. No me preocupo tanto por eso.

-Colaboraste con la agrupación de reggaetón los Cuatro. ¿Fue algo ocasional o incursionarás en algo más contemporáneo?

– Hace algunos meses me invitó Jorgito, director de los Cuatro, a interpretar un tema de Juan Gabriel, el tema pegó pero no pienso dedicarme enteramente al género urbano, aunque siempre que me inviten estoy abierto a colaborar con otros músicos.

-Proyectos inmediatos…

-Acabo de terminar una producción discográfica con el título Te tengo y no, el disco posee 10 temas de pop, baladas, es muy amplio, dentro de poco llegará a las emisoras. El 19 de mayo salgo hacia Perú para una gira”.

Aunque no se presenta en lugares habituales de la Capital, adelantó una sorpresa que seguramente gustará a sus seguidores:

“Estoy preparando un disco de salsa romántica, estará incluido el tema Mi estrella de la Charanga Habanera”.

Al interrogársele sobre la calidad de su voz que se mantiene pese a los años, aseguró que no posee secreto alguno o método extraordinario “solo me cuido y estudio mucho, realizo vocalizaciones, es todo. Eso sí, la vida de un cantante consiste en una carrera de resistencia no de velocidad, algo que le digo siempre a los jóvenes.

Sobre su inclusión en el proyecto Sonando en Cuba comentó que fue una linda experiencia, “algo que necesitaba el público, emerge mucho talento joven.

Obsequió a los matanceros un saludo especial, donde siempre lo reciben con cariño, aunque el regalo mayor fueron sus interpretaciones de temas como Loco por tu amor, Cartas amarillas y Longina.

Posteado por: arnaldomirabal | 1 mayo, 2017

Desfilar un Primero de Mayo


Para entender en qué consiste un Primero de mayo en Cuba lo primero es participar en uno, sumarse a la fiesta, zambullirse en el mal de pueblo, estar atento a cada palabra, cada risa, cada imagen.

Descubrirás que tal festividad ya forma parte intrínseca de la cultura cubana. Y los niños son un ingrediente especial. Si a ellos les entusiasma, es porque la fiesta cautiva y atrae. Si no cómo entender los desvelos de la abuela que desde días antes le confecciona el uniforme a su nieta, similar al de la mamá pero diminuto, que le quedará entallado para el desfile.

O los obreros buscando cartulinas y telas para marchar con un gran cartel que anuncie a cuál centro laboral pertenecen.

¿Las iniciativas para el desfile? Quedarás sorprendido al descubrir que el mismo ingenio cubano que le ayudó a subsistir en los duros 90, está vez se pone al servicio del desfile: constructores que recorren la festiva arteria colmada de colores con grúas en miniaturas fabricadas de cartón, o con pequeñas maquetas de edificios; los gastronómicos exhiben majares exquisitos y el olor de un pernil asado se adueña de la marcha, los técnico de Radiocuba instalaron una gran antena a una bicicleta, y que nadie se asombre si en un futuro cercano un invento similar permite captar la señal wifi.

Pero encontrarás también quien no se perderá la oportunidad de patentizar su doble compromiso, marchará dispuesto, pero antes comprará un cartón huevo y sin importar la fragilidad de las posturas recorrerá las calles entonando consignas y bailando las congas espontáneas.

¿Las congas? Ahí si hay melodía. Centro de trabajo que posea trabajadores con dotes artísticas y lleve una conga, tiene garantizada la alegría desbordante; el ritmo frenético de los tambores secundado por los metales hechizará a todos los participantes y con pasos cadenciosos avanzarán hasta la tribuna.

La belleza de las mujeres con sus uniformes, los niños alegres agitando las banderas desde los hombres de sus padres, ¡es tal la celebración que hasta las mascotas de casa se suman al convite!

Un primero de mayo es de las mayores fiestas que se celebran en Cuba, algunos advenedizos aseguran por ahí que los trabajadores cubanos asisten obligados… ¡habráse visto semejante bobería!, ¿cómo se logra imponer la alegría espontanea? Por eso cada año son más los hermanos de otras tierras que deciden sumarse a la mayor fiesta del proletariado mundial, que no quepa dudas.

A los escépticos solo nos queda decirles que participen, entenderán de qué va un desfile del Primero de Mayo en Cuba, entusiasmo que absorbe cada rincón del archipiélago, seguramente después no querrán perderse uno más.

Posteado por: arnaldomirabal | 24 abril, 2017

Juventud rima con militancia

Chileno militante interrumpe a Rosa Marìa Payá (desde aquí puedes acceder al vídeo)

Recuerdo cierta vez en la universidad cuando alguien desaprobó la combativa iniciativa de un grupo de estudiantes decididos a no silenciar los crímenes de Israel contra Palestina. Aunque la intención era noble, seguramente esa persona creyó que ciertas acciones, por justas que sean, no pueden acometerse sin el visto bueno de “arriba”.

De más está decir el malestar que provocó tal reprobación, no solo por la justeza de nuestra marcha, sino además porque se mutilaba algo tan necesario y vital en la juventud militante: la espontaneidad.

Aunque días después se llevaría a cabo otro acto con similar objetivo y más aseguramiento logístico, no fue igual, le faltaba el sentimiento que provoca lo urgente y necesario.

También debo reconocer que en ocasiones la premura desluce cualquier acción por noble que sea, aun así creo que se debe rescatar la espontaneidad, y aquí léase como sinónimo de naturalidad y frescura.

Son muchas las ideas que uno pudiera aportar en torno a los 55 años de la Unión de Jóvenes Comunistas (UJC), la vanguardia de la juventud cubana, guía que se adquiere con el ejemplo diario y el esfuerzo continuo.

En ocasiones uno pudiera pensar, como reproducen siempre ciertos medios occidentales, que nuestros jóvenes adolecen de militancia, para asumir, en cambio, cierta actitud “apolítica” hacia los retos que Cuba nos impone hoy.

Se puede cometer ese error sobre todo al observar la combatividad de los estudiantes latinoamericanos, quienes se ven obligados a exigir en las calles una mejor educación que el Estado les niega.

Y es cierto, los estudiantes cubanos no necesitan reclamar esas demandas porque las adquirieron hace mucho, pero sería pecar de ilusos y, hasta dañino, el pensar que tienen todo resuelto y no hay por qué luchar.

Creo que es ese el principal reto que tiene hoy la UJC: lograr que la lucha sea atractiva, (y no me refiero a esa lucha que muchos entienden por agenciarse el sustento diario, en ocasiones subrepticiamente), no, hablo de la otra, la que dignifica y ennoblece, ese combate diario contra las imperfecciones propias, para después eliminar las que nos rodean.

En Cuba existen más de 2 millones de personas que engrosan ese sector etario, un refuerzo de una valía inconmensurable capaz de transformar un país con solo proponérselo. Y de más está decir que muchos lo logran. Basta recorrer la provincia para descubrir a miles de ellos en la entrega permanente, lo mismo en un centro científico como la Estación Experimental de Pastos y Forrajes Indio Hatuey; en un hotel de Varadero, o regalando su arte en el Conjunto Artístico Korimakao.

En estas más de cinco décadas, los jóvenes han estado en la vanguardia: desde aquella Campaña de Alfabetización, pasando por los gloriosos días de Girón y el significativo papel de los bisoños artilleros, casi niños; hasta los internacionalistas en Angola.

Larga es la lista que demuestra la entrega y valía de nuestra juventud, la que ha ofrecido no solo el sudor, sino lo más preciado que podía dar: su propia vida.

De ahí el peligro del anquilosamiento. La historia se construye día a día, y si bien es importante rememorar cada hazaña y llevarla siempre presente, hay que destacar, que cada Generación tiene su propio Moncada donde demostrar su valor.

Hoy no se trata solo de dominar los fusiles y plantar una efectiva emboscada al enemigo. En nuestros días la batalla se dirime en el campo de las ideas como bien dijera Fidel, y hacia allí hay que dirigir las energías.

Pero ¡ojo!, las ideas no pueden relegar a las acciones, deben ir hermanadas. El pensamiento resulta útil para saber qué se quiere, y la praxis para su efectivo acometimiento.

Siempre he compartido la idea de que los jóvenes deben lucir, hablar y luchar como lo que son, desterrar el formalismo, las frases prefabricadas que a veces hacen mella en algunos mayores. La frescura, franqueza, la actitud sin doblez debe caracterizar su accionar allí donde estén. A la UJC le toca liderar esa masa juvenil, para ello la militancia debe salirse del marco cerrado y a veces excesivamente formal de una asamblea, ir muchos más allá de los acuerdos que se anotan en un acta.

Discutir, proponer, ser artífice y protagonista, esa es la misión verdadera. Donde la juventud se imponga una nación reverdece. No es tarea fácil. No son pocos los que desoyen y hasta temen a la sangre joven, desconociendo que en nuestra historia Patria los de menor edad siempre estuvieron en la primera línea, dispuestos a eliminar las injusticias y transformar un país. Es la historia quien pone cada cosa en su lugar, eso sí, siempre que se luche por alcanzarlo. De los jóvenes será el espacio que decidan ocupar.

Posteado por: arnaldomirabal | 18 abril, 2017

Playa Girón: Graduado en el combate


El batallón recobra su formación inicial. Ante la arremetida del B-26 con su vómito de fuego los milicianos se vieron obligados a replegarse. Nada se compara a la metralla desde el cielo. Las balas de los fusiles apenas rozan al avión y los hombres no siempre consiguen guarecerse.

“Pero al menos ese pájaro asesino ya no disparará más. Yace en el suelo desperdigado en mil pedazos humeantes. Hasta aquí, en el central Australia, vino a cazarnos cuando todo ha acabado para los mercenarios. Como si se tratara de los últimos jadeos de una bestia herida”.

En esas cosas piensa el joven Edilio Santiago Rodríguez Plasencia desde una formación de milicianos. Acaba de experimentar su primer bautizo de fuego en un combate real. Aunque en el pasado se jugara la vida en la lucha clandestina nada se comparara a una guerra de verdad. Quizás nunca estuvo preparado para ese lunes nefasto.

-¡Soldado 1057!- lanza una voz marcial a la formación.

En el pasado también sufrió riesgos. Pero se aseguraba de ocultar bien los bonos del 26 de julio y medicamentos recolectados para la Sierra Maestra en aquel plantón de malanga, en la finca de su padre. Solo cursó hasta sexto grado, lo suficiente para entender que era necesario transformar el estado de cosas que sufría el país.

Resultaba peor si se trataba de un guajiro pobre de familia numerosa y con tierra arrendada. Cierto que con el sudor de la frente y el filo de la mocha se agenciaba el sustento diario sembrando arroz, boniato, cortando caña o quemando carbón. Sin embargo, “la vida se te consumía lentamente y nunca eras dueño de nada, menos de la tierra que tanto trabajabas. Solo malvivías”.

A ello súmele la persecución de la Guardia Rural. Cada vez que llegaban a la finca San Pablo, allá en su natal Carlos Rojas, pasaban lista para saber cuáles de sus nueve hermanos no estaban en casa. Aquello era una presión constante, revisaban el bohío indagando quién faltaba y por qué. Por eso se sumó al Movimiento 26 de julio, a pesar de que el jefe del puesto de la Guardia Rural, conocido por Macario, siempre amenazó a su familia con ahorcarlos a todos.

-¡Soldado 1057!- se vuelve a escuchar el llamado militar.

Por eso Edilio disfrutó tanto ese primero de enero de 1959. Por eso con tanta decisión dirigió sus pasos hasta la Estación de Policías de Carlos Rojas. Nada impediría que los guerrilleros llegaran a La Habana.

Con 24 años tenía toda una vida por delante para entregarle a la Revolución. No lo pensó mucho para organizar las Milicias en su pueblo, ni meditó apenas cuando le designaron junto a otro compañero para pasar el segundo curso de la Escuela Nacional de Responsables de Milicias.

El joven intuía que sucedería algo grande en su vida y en el país ese 1961. El tal Eisenhower, presidente norteamericano, no engañaría a nadie. Nada bueno auguraba las continuas tensiones con Estados Unidos. Algo muy adentro le decía que de un momento a otro ocurriría una invasión.

Por tal motivo, regresó a la Unidad antes de tiempo. No necesitaba un aviso previo para incorporarse. Todo anunciaba un potencial ataque: los continuos actos terroristas, el asesinato de varios milicianos en el cumplimiento de su deber, el incendio a la tienda El Encanto, hasta el momento culminante cuando bombardearon los aeropuertos cubanos el 15 de abril. Estaba más que seguro que se trataba del preludio de una invasión. Kennedy heredó la papa caliente de su predecesor.

-¡Soldado 1057!

Después de tres meses de preparación militar se creía listo para la guerra. Mas, para una guerra nunca se está preparado lo suficiente. A pesar de que la Escuela de Responsables de Milicias eran de las fuerzas más capacitadas para contrarrestar los ataques. No por gusto el Comandante en Jefe le da la orden a José Ramón Fernández, director del centro, de dirigir las tropas al lugar de conflicto.

“Sé que la tensión e incertidumbre se apoderó de muchos de mis compañeros. ¿Miedo? Miedo no. Un poco de temor tal vez. Atrás quedaba la familia, aquella muchachita. Lo cierto es que esa madrugada del lunes 17 de abril nunca la olvidaré: el batallón formado junto a varios morteros de 82 milímetros, los camiones, la carretera central, pero carecíamos de artillería antiaérea para contrarrestar la aviación enemiga.

“Solo teníamos los fusiles FAL, nuestra juventud y el corazón. ¡Ahhh!, y bastante entrenamiento. Confieso que me embargó un sentimiento de orgullo cuando pasamos por Jagüey Grande entre los vítores de la población.

“Minutos después, al apearnos en el Central Australia, se podían escuchar el bombardeo persistente de la aviación enemiga. ¡Era la guerra!

“Cuánta metralla. Los árboles volaban en pedazos, las piedras, los primeros muertos. Era un infierno lo que caía del cielo. Los B-26 arreciaban el fuego. Y a lo lejos se veía el Napalm ardiendo. Y yo me preguntaba cuándo llegaría la defensa antiaérea.

“Aun sin ella avanzamos por toda la carretera entre el castigo de la aviación y la arenga de nuestro jefe, el Gallego Fernández. ¡Ahí sí había jefe! Iba a nuestro lado. “¡Pa’lante muchachos! ¡Pa’lante!”. Y uno sin chistar, sin miedo, y si asomaba te lo tenías que tragar. Solo eras tú y tu valor, apretando fuerte el fusil FAL. Avanzando por una carretera que saltaba en pedazos…había que llegar a Palpite.

“Si los mercenarios llegan a establecerse en Palpite la historia sería diferente. Lo tomamos nosotros sobre la marcha. Fidel, clarividente siempre, sentenció: ¡Ahora sí ganamos la guerra! Ya no habría cabeza de playa, ni gobierno provisional.

“La aviación enemiga se dio gusto asesinando a milicianos y civiles. En palpite mataron a Claudio Arguelles. Gran compañero. Otra fue la historia cuando las antiaéreas entraron en acción. Ya contábamos con una cobertura que nos protegería. Los mercenarios comenzaron a recular.

“Si una guerra es cosa fea, mucho más lo será en la noche. Aunque las balas trazadoras te dejan cierta sensación extraña. No desagrada del todo verlas como atraviesan la oscuridad con su luminiscencia”.

En todas esas cosas piensa el joven Edilio desde su formación. Ayer, martes en la noche, 18 de abril, le dieron la orden de retirada del teatro de operaciones. Llegaban fuerzas frescas. Su batallón había perdido a muchos hombres. “Girón se cuenta cortico, pero esas 72 horas marcarán toda una vida, y todo un país. Estoy seguro”.

-¡Soldado 1057!

-¡Aquí!-, responde finalmente Edilio Santiago- concho, están pasando revista, ese es mi número en el Batallón. No lo había escuchado. Ese maldito B-26.

“Es triste cuando pasan revista después de un combate y notas que no están todos. Murieron 22 de mis compañeros. Aquellos amigos que conociste en el transcurso de tres meses y avanzaron contigo en el fragor del combate. Pensar que aún no nos hemos graduado oficialmente como responsables de milicias….”.

Posteado por: arnaldomirabal | 18 abril, 2017

Lo de Munda es la pesca


Al parecer, a María Victoria Ramírez no le duelen ni los callos, muchos menos los brazos. Con sus 73 años todavía se le puede sorprender remando como una quinceañera por la ensenada de Caletón para desembocar en la Bahía de Cochinos. Es que lo suyo es la pesca.

Más conocida como Munda, nada le relaja mejor que salir mar afuera y tirar la pita en busca de peces. Afición que aprendió de niña en su natal Cienfuegos cuando salía con su padre.

Con 19 años conoció el amor en la Ciénaga y allí ancló su destino en el lejano 1963, por tal motivo, se
siente también natural de Zapata. Desde su llegada se radicó en Caletón y allí ha visto pasar 54 años de su vida. Recuerda que al llegar solo había una veintena de casas.

Para pescar prefiere los días de calma, así evita los vaivenes de la embarcación, que dificultan la captura. Cuando el viento viene del norte y la bahía asemeja un cristal, el tiempo no existe para ella, solo la pesca.

Siempre que el clima acompaña toma el carné de patrón, prepara los avíos, la carnada, y lanza el botecito al mar. Le gusta salir porque desconecta; a veces sale del muelle sobre las 10 de la mañana y no regresa hasta entrada la tarde. Habiendo calma, cuando está en el bote se olvida del mundo.

Para pescar solo tiene que tener deseos, no necesita un día en específico, siempre y cuando la brisa favorezca.

Su edad no impide que reme varias millas, ejercicio que aprendió de aprendió joven. Remando llega hasta Playa Larga o Buenaventura.

Lo mismo captura un parguete, una cubereta, que un cajisote, pero más que comerlo disfruta el sacarlos. Eso sí, nada se compara en sabor a una rabirrubia o un cají. La especie que más le regocija apresar es la primera que se enganche en el anzuelo.

El amor por el mar se lo inculcó a su nieta Yairí quien le acompañaba desde niña. Una vez les sorprendió una turbonada que le destruyó la cala, soga que sirve de ancla; pasaron un buen susto pero por suerte llegaron sanas y salvas a la orilla, aunque el acontecimiento no pasó de la impresión inicial.


Como buena pescadora asegura que el mar es peligroso si le tienes miedo.

Con su nieta tenía que ponerse dura porque aun embarazada le quería acompañar. El día que Yairí dio a la luz, Munda conoció la noticia cuando llegó después de atracar el bote.

Su vida gira en torno a la pesquería. Cuando no se adentra en el gran azul, custodia las embarcaciones, ya que su casa queda justo al frente del muelle. Quizás por eso conoce el nombre de cada bote anclado en la ensenada.

Cualquiera pensaría que su afición es un pretexto para no aburrirse, pero asegura que tampoco tiene tiempo para eso. Sus seis hijas le han concedido 18 nietos y 11 bisnietos.

Quién sabe y a lo mejor más de uno adquiera la devoción de la abuela, y cuando pasen los años le sirvan de brazos que impulse su bote, y también amen la pesca, porque hay pasiones que se trasmiten casi genéticamente.

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