“Estoy muy unido a la Ciénaga de Zapata”.

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Yoandi Bonachea Luis estudió magisterio y como pedagogo cumplió importantes misiones, pero su verdadera pasión siempre fue la naturaleza, sobre todo el entorno de la Ciénaga de Zapata. Quizás por ello se especializó en Biología.

Natural de Güines asegura que la sangre que corre por sus venas es cenaguera. Desde que tenía dos meses de nacido lo traían hasta el Humedal. Su familia paterna era oriunda de allí.

No había vacaciones que no visitara la zona. Le fascinaba el olor del carbón y le llamaba la atención el trato tan natural de las personas, aunque no se conociesen. También le gustaba la pesquería, bañarse en los canales, capturar biajacas, y por supuesto, la familia.

“A mí mamá no le gusta que yo lo diga, pero mis cenizas tienen que esparcirlas aquí en la ciénaga”. Por tal motivo al cumplir 20 años, y tras culminar el servicio social decidió radicarse definitivamente en la Ciénaga.

Una vez radicado en Zapata ocupó varías responsabilidades en diversos organismos. Pero se entusiasmó sobremanera cuando escuchó hablar sobre las expectativas de desarrollo del Ecoturismo, y se conviertió en operario para la conservación de áreas protegidas de San Lázaro.

“Me sentí muy bien. Reabrimos una zanja construida por los carboneros en la década del 30 del siglo pasado. Aquellos días no los olvido. Tengo una cicatriz en una rodilla de un machetazo, y el recuerdo de un cocodrilo persiguiéndome. Estuve en San Lázaro casi 4 años”.

En esa época visitó los cimientos de la vieja bodega de Guamutal, y descubrió botellas y frascos de 1913.

De la ciénaga también le gustan los paisajes naturales. Le impactaron desde que cobró conciencia de la belleza del lugar. Prefiere los menos transitados, donde siempre se corre el riesgo ante lo improvisto.

Del historiador Amorín aprendió la fascinante historia de la región, sobre todo el período de corsos y piratas, y visitó los innumerables enterramientos aborígenes. Comprendió que nunca se deben separar historia y naturaleza.
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Su sed de conocimientos le inclinaron a seguir estudiando. Ha recibido posgrados que imparten el Citma, sin embargo, tiene muy claro que el conocimiento es inabarcable, y siempre desea aprender mucho más. Por eso disfruta tanto compartir con personas de las que puede aprender mucho, como Toby El cocodrilero.

“Con Toby visité lugares inolvidables. Una vez estuvimos 12 días en la zanja del 10. Cortes de carbón que establecieron los gallegos a principios del siglo 20. Éramos cinco expedicionarios. Aprendí mucho de los cocodrilos, cómo diferenciar al Rombhifer del Acutus, cuándo están mixturados. Escasas personas han entrado a ese lugar. Recuerdo que no había mosquitos. Un ecosistema muy bien conservado, casi virgen.

Asegura que el éxito de inculcar en los habitantes la pasión por la conservación de la flora y la fauna, desde su humilde opinión, tendrá mucho que ver con no prohibir, más bien incluir al cenaguero en proyectos comunitarios que lo ubiquen como protagonista.

SALINAS DE BRITO
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Hace pocos meses comenzó a trabajar en las Salinas de Brito. Allí también iba de pequeño. Nada más llegar se quitaba los zapatos y se sentía libre. “Los puestas de sol más lindas ocurren allí, a ello súmele las bandadas de aves que llegan al amanecer”.

Le encanta descubrir lugares. Ha encontrado botellas antiguas, rieles que la antigua línea de ferrocarril. Allí pasa siete días recorriendo la zona.

Su avidez constante y su capacidad de observación le han llevado a descubrir ciertos comportamientos de las aves. “Algunas garzas, como la rojiza, emplean los dedos de las patas simulando un pez y así atraer a sus presas”.

“También descubrí como un querequeté te llama extendiendo las alas para alejarte de su zona de nidificación.

“A veces me duele estar lejos de mi madre durante varios días. Ella es natural de Güines y vino para acompañarme. Esta es la tierra de mi padre, quien falleció hace poco. Hay muchas cosas que me unen a este lugar. Nunca me iré de aquí.”

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La flor de Casimiro

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Casimiro le teme a la noche. Él desearía que el sol nunca se ocultara, y así poder desandar su batey Santo Tomás de punta a cabo.

Casimiro es como un niño grande con cara de viejo, que siente, habla y piensa como un pequeño. Siempre será el primero en saludar al forastero que llega, quien a los pocos minutos dejará de ser un extraño para convertirse en su amigo.

Sin pensarlo mucho pedirá cigarro o algún peso, pero lo hace con tal ternura que no queda más remedio que acceder a su pedido.

La primera vez que le vi, yo recién llegaba a Santo Tomás, y se presentó sin protocolo. “Hola, soy Casimiro, ¿tienes un cigarro? Que no vean que me lo das porque me regañan”.

Conversamos bastante y me llevo a su casa. Me enseñó el cuarto donde lo encierran con candado cuando llega la oscuridad, a quien más le teme en la vida.

Su hermano, con quien vive, me explicó que nació así, pero si lo hubieran llevado a una escuela especial hoy Casimiro supiera leer, porque es muy inteligente. Algo que constaté tiempo después.

Grande fue mi asombro al llegar al poblado a las varias semanas, y descubrir que Casimiro recordaba mi nombre.

En esa nueva ocasión nos acompañaban tres entusiastas periodistas, muy jóvenes y bonitas. Casimiro quedó prendada de una de ellas y le prometió un dibujo. El equipo reporteril viajaba con la intensión de recorrer la zanja de Santo Tomás en busca de la Ferminia, ave endémica de la Ciénaga.

Ese recorrido es otra historia que contaremos después. Lo curioso del hecho es que a nuestro regreso Casimiro nos esperaba y nos pidió una hoja y un bolígrafo para acometer su obra maestra.

En pocos minutos, como si la tuviera ya preconcebida, salieron de sus manos y talento, y su cuero de hombre viejo con mirada infantil, un hermoso dibujo que regaló a nuestra colega Dunielys, quien quedó muy contenta con semejante detalle de nuestro amigo, y hasta prometió nunca desprenderse de ese dibujo, y a todos nos hizo creer que vamos un poco vacíos, y que a esos que supuestamente la naturaleza les privó de algo, les sobra sensibilidad.

“Uno llega a sentir amor verdadero por su embarcación”

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La vida de Adalberto Figueredo Gómez es la pesca, pasión que heredó por tradición familiar. Desde siempre le han dicho Piquito y eso también lo sacó de la familia. “Andaba con mi padre pa’ arriba y pa’ abajo, me crie en este medio y, como se dice por ahí: hijo de pescador termina pescando”.

Natural de Girón, en la Ciénaga de Zapata, recuerda que fue un 20 de mayo de 1983, cuando se subió a un barco como integrante de una tripulación. Comenzó como marinero de cubierta, luego se desempeñó como motorista hasta que ocupó el puesto más importante, el de patrón de barco, hace 17 años.

“Es el máximo responsable de cuanto acontece en la embarcación. Debe exigir que cada trabajador realice su función. Corrige el rumbo y está al tanto de todas las maniobras.

“Son 20 días en el mar y se dice fácil, pero es duro. A veces no tenemos las condiciones idóneas, no obstante, cumplimos la tarea”.

Cada navío posee un folio, matrícula y todos la conocen por ese número. La de Adalberto es la 320 y se ha convertido en su segundo hogar, aunque algunos pensarían que es el primero, pues pasa allí 20 días al mes. Hablamos de casi 240 jornadas marineras en un año.
Como bien asegura Piquito “uno llega a sentir amor verdadero por la embarcación y por los trajines de marinería”.

La etapa de invierno es muy difícil por las inclemencias del tiempo. El verano constituye la mejor temporada. El mar está más tranquilo por estas fechas.

“El cambio climático no es cuento de muchacho, antes en abril comenzábamos la zafra de la biajaiba, y en estos tiempos a finales de mayo todavía no aparecen”.

Son seis hombres en el barco y la tarea de dirigir nunca resulta sencilla. “Cada cabeza es un mundo. Pero lo elemental está en el respeto y escuchar la opinión de los tripulantes.

“No siempre las salidas terminan bien, el clima puede atentar y las restricciones de las áreas de pescas han influido en la disminución de las capturas.
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“No tengo una especie preferida, saco lo que aparezca por la proa. De las artes de pesca prefiero el palangre, un cordel con varios anzuelos colocados a cierta distancia unos de otros”.

Muchas han sido las sorpresas. La Tormenta del Siglo lo sorprendió pescando, también recuerda los ciclones Kate y Lili. Una vez no les dio tiempo llegar a la base y se vieron obligados a guarecerse en una ensenada identificada como el refugio de Diego Pérez. Allí atracaron durante ocho días.

“Uno aprende a conocer al mar, hasta como amanezca el día puede augurar si habrá mal tiempo. El comportamiento de los peces te avisa. En ocasiones cuando se pierden, prepárate que se avecina una marejada. Lo logras a través de los años y por escuchar a los pescadores viejos, que nunca vieron un GPS ni las nuevas tecnologías, pero sí le sabían un mundo a este oficio.

“El difunto Kiko Costafé, nos advirtió cuando la Tormenta del Siglo. Cerca de Batabanó nos dijo desde su embarcación: ‘Piquito no salgan mar afuera que el tiempo viene malo, esas rayas blancas y rojas del horizonte que se ven al oeste anuncian mal tiempo’. Nosotros no le hicimos caso, y alrededor de los 20 minutos el mar rugía. El motor no arrancaba, tiramos dos anclas y las perdimos. No quiero recordar aquello”.

Son tantos los años de Adalberto en esa actividad que no sabe lo que es el mareo, asegura que camina en la cubierta como si se tratara de tierra firme y hasta olvidó la palabra miedo. Al principio sí, como aquella vez que se le hundió un barco. “Nos sorprendió un mal tiempo cerca de Cayito Caga’o, y cuando intentamos retroceder, el paño se enredó en la propela, detuvo el motor y nos estrelló contra el cayo. Allí estuvimos la noche entera. Por suerte, nos rescataron”.

Considera que los jóvenes de hoy se interesan más por la informática que por la pesca, porque la faena es bastante engorrosa. De siete de la mañana a cinco de la tarde “siempre faja’o con los avíos”. A veces juegan dominó, pero duermen temprano.

Desde hace varios años vive en La Habana. Incluso estuvo un periodo como capitán de un remolcador, en el destacamento naval de Tropas Guardafronteras en ese territorio; sin embargo, nada más que supo que había una plaza en la empresa pesquera regresó para la ciénaga sin pensarlo dos veces. “Yo nací y me crie en este lugar. Aquí vivieron mis ancestros. Cuando salgo mar afuera siento una tranquilidad y una paz incomparables. No puedo alejarme demasiado, porque extraño enseguida. Lo que me quede de vida quiero pasarla arriba de un barco”.

¡La hora del cangrejo!… ¿llegará su fin? (+ Fotos)

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Con las lluvias de mayo salen los cangrejos de sus escondites para desovar y ninguna familia cenaguera queda indiferente ante la corrida del Cardisoma guanhumi.

Cayendo el atardecer, ignorando el azote de los mosquitos, hombres y mujeres se adentran a la Ciénaga para capturar al distinguido visitante, plato predilecto y sostén económico de muchos.

Desde hace varias décadas la zafra del cangrejo de tierra forma parte intrínseca de la cultura cenaguera; pero un buen día pudiera suceder que la caza indiscriminada lo extinguiera para siempre, entonces imágenes como estas serán cosas del pasado.

Dicen los viejos cenagueros que los cangrejos salen en los meses que no tiene r: mayo, junio y agosto, el período lluvioso en Cuba; aunque también refieren los más experimentados, en los últimos tiempos el clima en la isla se ha corrido.

Quizás por ello apenas se divisaron en mayo, pero tras los primeros aguaceros del mes siguiente y el azote de los truenos el Cardisoma Guanhumi, nombre científico del crustáceo, comenzó a salir de su cueva, agitando la vida de los habitantes de la más occidental porción de Zapata. ¡Nadie queda indiferente a la zafra cangrejera!

“Muchos piden vacaciones en la etapa de corrida”, expresa un habitante, a lo que otro agrega que los maestros deben ponerse fuertes en las aulas porque hasta los niños salen a cazar.

ALGARABÍA CON MUELAS

A Iris Cabello todos le llaman La cangrejera mayor por su destreza en la limpieza del crustáceo
A Iris Cabellos todos le llaman La cangrejera mayor por su destreza en la limpieza del crustáceo

Desde que se sobrepasa el peaje que marca la entrada al Parque Nacional se observan ciclistas con sacos en sus bicicletas que regresan en dirección a Jagüey Grande, y un poco más allá, a ambos lados de la vía aguardan en la oscuridad personas ataviadas con camisas de mangas largas y botas de gomas. Todos persiguen un objetivo común: el cangrejo de tierra.

A orillas de la carretera de Palpite, Iris Cabello, la cangrejera mayor, como le llaman algunos, se enfrasca en la limpieza de un gran caldero abarrotado de muelas y carapachos. Comenzó a las ocho de la mañana, y rozando el mediodía asegura que le queda poco por hacer.
Su hijo adolescente Carlos Rafael es el encargado de obtener la presa en el monte.

“Él siempre me ayuda. Cuando hay corrida hasta los niños salen a buscar, no hay cenaguero que quede indiferente”, asegura Iris.
“Salgo con gorra por las matas de zarza, planta espinosa, y los ramajos que te tumban el sombrero, llevo además un capucha para los mosquitos y guantes, pero aun así me marcan las manos, pero lo disfruto”, comenta Carlos con una amplia sonrisa.

Lucía Rodríguez Venegas limpia cangrejos en Buenaventura. Precisa que antes no se sacaban, al menos no con la magnitud de hoy en día. Hace algo más de 20 años comenzó la fiebre y cuando llegan los meses de lluvia todos se ponen en vilo y se adentran al monte. Es una actividad sin límites de edad, ni sexo.

Ella los limpia después de hervirlo. Vivo les tiene miedo. Mientras conversaba golpea las muelas para sacar la masa que luego extrae con un pincho. “El carapacho es mucho más fácil de trabajar”. Luego hace paqueticos para venderlos. Aprovecha la zafra hasta septiembre, cuando empieza a escasear.

CANGREJO SIN TIEMPO MUERTO

De sus 43 años, Anayris Bouza Fernández lleva más de la mitad cazando. Natural de Palpite, se apasionó por el monte desde pequeña cuando iba con su padre. Desde entonces no ha podido desligarse. Aprendió a caminar con los mayores de su familia, porque recorrer la inhóspita ciénaga es un arte difícil y riesgoso, ya que uno se puede perder.

Cada día sale al anochecer y regresa a la medianoche. Anayris es de las pocas cazadores que extraen crustáceo durante todo el año, lo cual denota las mañas y maestría que ha adquirido con el tiempo.
La labor no es cosa fácil. Debe caminar el enrevesado terreno con un jolongo a cuesta, mientras un saco aguarda con una linterna encendida como punto de referencia. Caminan a la redonda y sin perder de vista la luz.

Desde muy pequeños los cenagueros aprenden a capturar cangrejos
Desde muy pequeños los cenagueros aprenden a capturar cangrejos

Tiene marcas de las muelas en sus manos, pero nunca ha sentido miedo. Además, los guantes aminoran un tanto el dolor.
Si bien es cierto que lo hace por la retribución monetaria, disfruta mucho todo el quehacer vinculado a la zafra, desde la captura hasta el proceso de recolección de la masa.

CANGREJERA MARIO LÓPEZ

En el centro de Proceso de Mario López se hace evidente el ajetreo. En cada campaña de cangrejo la empresa procesa más de 100 toneladas; y aunque la actual temporada empezó con cierto atraso por la ausencia de lluvias, esperan cumplir el plan técnico económico si el clima favorece, y la inversión programada que renovará la industria no arranca en el verano.

Varias mujeres limpian el crustáceo con un equipo creado por los trabajadores del centro. Un poco más allá de divisan grandes calderos donde se hierven antes de comenzar el proceso.

Poseen contratos con los cenagueros, quienes se encargan de suministrarles ejemplares vivos y masa limpia, como una forma eficaz de los regular la zafra, y favorecer a las familias de la zona.

Carlos Miguel Hernández Cabello, jefe de producción de la unidad, espera que la actual campaña marche bien, aunque al paso de los meses las capturas disminuyen en tamaño, lo que también atenta con el cumplimento del plan.

¿ZAFRA INDISCRIMINADA?

Los habitantes de Jagüey Grande y otras regiones de la provincia no quieren perderse el convite. Quizás no conozcan los rincones ocultos que solo el cenaguero domina, pero temprano en la mañana se le observa de regreso con los morrales atestados.

Al olor desagradable que se asienta en el aire por los restos desperdigados en el entorno se suman otras preocupaciones. Si en campañas pasadas instituciones como la Delegación Territorial del Ministerio de Ciencia, Tecnología y Medio Ambiente (CITMA), inculcaron en los habitantes la importancia de la conservación de la especie, y el peligro de extraer a las hembras sin desovar, resulta difícil creer que quienes vienen de fuera del municipio tengan en cuenta estos requisitos.

Muchos en afán de adquirir el necesario dinero pocas veces piensan en el futuro. El “hoy” y el “ahora” rigen sus pasos.

Aseguran los especialista que la corrida del Cardisoma Guanhumi engrosa la lista de las migraciones más grandes y asombrosas de la naturaleza, pues cada año más de un millón de ejemplares recorren varios kilómetros para prolongar la vida.

Llama la atención que aparezca entre las especies amenazadas, y ante los ojos de todos, cazadores improvisados se sumen a la fiesta, que un buen día pudiera transformarse en luto en memoria de un ejemplar desaparecido.

Carlos Rafael disfruta ir al monte a cazar cangrejos, y hasta construyó un corral en su casa donde almacena parte de las capturas
Carlos Rafael disfruta ir al monte a cazar cangrejos, y hasta construyó un corral en su casa donde almacena las capturas

Cuando comienza la zafra Lucía Rodríguez aprovecha para hacer un dinerito extra
Cuando comienza la zafra Lucía Rodríguez aprovecha para hacer un dinerito extra
Anayris Bouza domina todos los secretos de la ciénaga, y aun fuera de campaña  captura cangrejos todo el año
Anayris Bouza domina todos los secretos de la ciénaga, y aun fuera de campaña captura cangrejos todo el año
En la procesadora de Mario López laboran decenas de mujeres en la extracción de la masa
En la procesadora de Mario López laboran decenas de mujeres en la extracción de la masa
Muchos habitantes de la zona occidental de Zapata se dedican a la zafra del cangrejo, algunos los cazan, otros los procesan para vender la masa
Muchos habitantes de la zona occidental de Zapata se dedican a la zafra del cangrejo, algunos los cazan, otros los procesan para vender la masa

Cuando algunos intentan hablar de ética y solo hablan bobería

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Alguien pretende hablar de ética y periodismo desde un blog (me arrogaré el derecho de no mencionarlo) pero solo intenta estigmatizar con una diatriba insulsa a los colaboradores de On Cuba y El Toque. Incluso, la joven que firma ese trabajo, llega a la posición antiética de dudar de la condición revolucionaria de quienes decidieron escribir para esos medios digitales. Habrase visto semejante bobería. Prefiero no tomar en serio ese post, pero lo que sí me tomo en serio es mi condición de cubano, revolucionario y comunista, y mi derecho a publicar dónde me de mi reverenda gana.

Al final no es un delito criticar a Cuba aunque intenten estigmatizar a quienes lo hacen. Si arremeten contra On Cuba porque critica la realidad cubana, yo critico a muchos blogs por no hacerlo. Si malo es ensañarse, peor es callar.

Hace apenas unas horas una colega que respeto se me acercó criticando un post que publiqué en mi blog Revolución recientemente, sobre los Sin Techos que han surgido en mi ciudad. No ahondaré en el tema. Solo fue un simple ejercicio que decidí llevar a cabo para demostrar que lo de On Cuba o El toque bien puede ser un pretexto, simplemente le tememos a la realidad.

Volviendo al tema central de mi perorata, en el escrito de aquel blog que no nombraré, firmado por una joven periodista, se intenta hablar de ética pero para mí la ética va mucho más allá, como bien dijo Fidel se trata sobre todo de no mentir jamás, y vuelvo sobre lo mismo, callar también es falsear la verdad. El texto me parece muy reduccionista y malintencionado ante algo tan complejo.

Yo colaboré con El Toque no solo por dinero, lo hice por realización profesional. Quería, y quiero medirme con los talentos que allí publican, en su mayoría periodistas jóvenes que como yo luchan por una Cuba mejor.

A mí en honor a la verdad me molesta tanta estupidez reinante, y me surgen las preguntas: ¿se trata solo de On Cuba y El Toque, o meterán en el saco a los todos los medios extranjeros? Me refiero a los de la izquierda, porque si es así, unos cuántos que conozco están publicando en sitios argentinos, mexicanos, y de medio mundo, pero contra esos nada se ha dicho. (Si bien no soy envidioso, ni practicaré nunca ese axioma cubano de sacarse un ojo para ver al otro ciego, si vamos a chapear que sea parejo).

Y ahora que hablan de silencios y omisiones, y de la Batalla de los Cinco silenciada por On Cuba; seamos serios por favor. A mí ya me repugna nuestro silencio sobre los 43 estudiantes de Ayotzinapa en nuestros medios oficiales. Pero la cosa no se queda ahí. ¿Sabían que a este redactor intentaron halarle las orejas por cuestionar a Arabia Saudita? Así de incoherentes somos. Volviendo a México, mi país nada dijo cuando el gobierno de Peña Nieto reprimió una protesta que le costó la vida a varios docentes.

Por eso me parecen hipócritas los argumentos que encontré en aquel blog. La joven reportera, y quien decidió publicar el trabajo, ignoraron de cuajo el estudio emprendido por la Unión de Periodistas de Cuba (UPEC) que profundiza sobre el sentir de los cientos de jóvenes graduados de la carrera de periodismo a lo largo del país. Desconocieron que justo antes de recibir el título ya se sienten desanimados, dada la precaria realidad a la cual se enfrentarán. Sin mencionar el alto por ciento de los que emigran, una tendencia creciente en nuestros medios.

Por otro lado, tratar de contrarrevolucionarios y vendepatrias a los que prefirieron quedarse me parece una maldad extrema, tengo más adjetivos, pero no vale la pena.

Hace poco yo arremetí contra el gobierno de Argentina por sacar del aire a las televisoras Telesur y Rusia Today. Me parece un craso error que Cuba saque del aire a On Cuba o el Toque; como me parece una injusticia que se hable de expulsar a los jóvenes que colaboran con esos medios, y más preocupante aun, sin nada reglamentado, autocráticamente, y dejándole la papa caliente a los directivos. (aahh, otro estudio de la Upec arrojó que la mayoría que ocupan cargos de dirección en los medios de prensa no son periodistas de academia).

Yo, no tanto por disciplina, más bien por resignación, evitaré publicar en ellos, pero los seguiré leyendo hasta el cansancio. Solo allí encuentro el verdadero periodismo y la Cuba real que conozco, la que palpita con sus luces y sombra. Hace no sé qué tiempo ya dejé de leer Juventud Rebelde y Granma por aburridos y somnolientos. (Y esto lo dije en una asamblea provincial de la UPEC pa’ que nadie se asuste, solo por aclarar aquello de decir las cosas “en el momento y lugar apropiados”).

“Solo soy un artesano con buen gusto” (+ fotos)

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En más de una ocasión, le han preguntado a Lázaro Israel de León Sosa si proviene de una familia de artistas. Y es que cuando se aprecian sus obras de artesanía, no queda duda de los dotes de creador de este artesano. Él responde que no, pero rápidamente piensa en su padre zapatero y su madre costurera. Quizás de ahí provenga su destreza con las manos, de donde emergen disímiles piezas.

En su casa se respira una atmósfera creativa. Mientras conversa, un sonajero de ágata deja escapar su música que sirve de banda sonora al diálogo con uno de los artesanos más premiados y fecundos de Matanzas.

En la sala de su hogar descansan varias obras de las más de 50 que han recibido premios en las diferentes exposiciones que ha participado. Asegura que descansan allí, porque no pudo desprenderse de ellas. “Son irrepetibles, por lo difícil de su creación, y por supuesto, por el cariño que les tomo”.

LA EDAD DE BRONCE

Si bien el descubrimiento de la edad de bronce marcó un estadío superior en la historia de la humanidad, también logró marcar y transformar para bien la vida de Israel.

Cierta vez, en los ya lejanos 90, el hasta ese momento contador, deseaba impresionar a su esposa con un obsequio, idea que le daba vueltas en la cabeza: “¿qué le regalo?”.

Fue entonces que visitó a un amigo artesano, y este le prometió unos aretes de carey con el inconveniente de no estar terminados.

“Debí pulirlos. Cuando terminé, me gustó esa faena, le pedí que me diera diez más. Así empecé a trabajar el carey. En el año 92 me llega una convocatoria de la Asociación Cubana de Artesanos Artistas (ACAA) para participar en una exposición, presenté un collar y unos aretes, y alcancé el primer lugar. Ese fue el punto de partida”.

Tiempo después, en una exposición de la Feria Internacional de Artesanía (Fiart) descubriría el bronce.

“Fue una fascinación. Al inicio esculpí varias espadas. Recuerdo que mi primera pieza seria, resultó un jarrón, que terminó siendo blanco de la crítica de un amigo. “Le falta volumen”, me dijo y yo no sabía de qué hablaba.

“Comencé a estudiar escultura entonces. Me bebí toda la obra de Agustín Dreke. Recuerdo que mi primera exposición con este material se nombró “Parafraseando a Dreke. Fue un gran aliciente para mí escuchar los elogios del maestro, quien aseguró que yo tenía un estilo propio. Luego recibí clases de diseño de Rolando Estévez, y aquello fue una transfusión en sangre de arte puro”.

En esa época, compartía su gusto por la artesanía y los metales con el trabajo de un grupo de ambientación de interiores. Hasta que un buen día decidió dedicarse exclusivamente a su pasión: el bronce.

“Recopilaba viejos fragmentos de ese material, lo mismo de una cama antigua, el marco de un cuadro, un mueble, una lámpara. Luego los recortaba y los unía con un punto de soldadura. Así iban naciendo mis obras”.

Su maestría radica en desaparecer los puntos de soldadura. De sus manos surgen jarrones, peces, cachimbas, ceniceros, puertas, como las que sorprenden a quien visite su casa, y que él nombró “Puertas a mi edén”.

Siempre está creando. Lleva 20 años de trabajo continuo. Ahora incursiona e investiga en la pátina, especie de barniz que le brindará al metal diferentes tonalidades, lo que lo embellecerá más.

“Recientemente participé en FIART y allí tuve la oportunidad de dialogar con la maestra Flora Fong. Le encantaron mis piezas e intercambiamos mucho sobre la pátina. A la maestra plástica también le cautiva el trabajo con bronce.

Sus obras integran colecciones privadas de varios países, como Estados Unidos y México. Por este último país siente un cariño especial.

“Con cierta frecuencia me invitan a la nación país azteca para participar en muestras de artesanía. Aprendo mucho allí, ya que tengo la oportunidad de disfrutar el quehacer artesanal de una veintena de países.
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EL ARTE DEL BONSAI

Los bonsáis también cobraron protagonismo en la vida de Israel. Posee una gran colección de estos diminutos árboles. “Este es mi otro mundo”, comenta en la terraza de su casa, donde el verde de más de 300 especies de plantas acaricia la vista, un hobby que le fascinó desde niño. Ese es su paraíso, asegura.

“Me encanta trabajar los laureles de parque porque son muy flexibles, y se dejan moldear. Pasas años podándolo, atendiéndolo. Es el arte de la paciencia.

Sobre sus logros expresa que si bien se siente realizado aun le falta mucho por lograr. “Mi mejor pieza está por nacer. Algunos críticos aprecian cierto barroquismo en ellas, mas para mí es algo más simple: hacerla bella, que me agrade y sea una especie de colirio a la vista de los demás. No tengo más pretensiones. Eso, y trabajar mucho, nunca me detengo, siempre estoy ideando nuevos proyectos. Nunca me consideraré un orfebre, respeto mucho esa disciplina, más bien soy un artesano con buen gusto”.

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El manantial de los sin techos

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El Flaco y El Niche hicieron buena yunta quizás por aquello de que la adversidad compartida golpea menos fuerte. Un buen día llegaron a la zona residencial de La Playa, en Matanzas, quién sabe de dónde. Dicen que son matanceros, y como muchos venidos a menos, aseguran que manejaron grandes fortunas en el pasado pero la mala estrella, o la envidia, les golpeó duro y ahora se ven en la calle, durmiendo a la intemperie, o en los portales del vecindario.

Con el tiempo se han ido ganando el afecto de los vecinos de la zona, quienes les permiten realizar algunos trabajitos de jardinería, o botar escombros, por lo que se ganan un dinerito extra y hasta un plato de comida.

Desde que comenzaron a manejar un bicitaxi su suerte ha cambiado un tanto asegura El Flaco. “A veces ganamos hasta 200 pesos al día, duermes con las piernas adoloridas pero con algo caliente en el estómago”.

Sus verdaderos nombres son una incógnita. El flaco, el más comunicativo de los dos, asegura que tenía casa, buena vida y familia, pero tras un negocio fallido con un familiar no tuvo más remedio que irse a vivir a la calle, “sin sobresaltos ni sentimientos negativos”.

Sus edades también son un misterio, aunque las arrugas en el cuerpo del Flaco hace creer que frisa los 40. En su abdomen lleva un tatuaje apenas inteligible donde solo se puede leer la palabra traición; la tinta del tatuaje es artesanal, similar a los que hacen en prisión derritiendo un cepillo de lavarse los dientes.

“Estuve guardado por carne de caballo pero “al tanque” no regreso. La libertad no tiene precio. No quiero problemas, aunque los problemas me persiguen. Cada vez que hay un robo en el barrio me detienen varios días”.
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Mientras El Flaco conversa, azuza el fuego en un fogón improvisado. A poca distancia, El Niche descuartiza una cabeza de cerdo. Fue el pago por una corrida en el bicitaxi. No sabían qué hacer con ella y decidieron cocinarla a orillas del viaducto matancero, a un costado de la bahía, justo donde brota un manantial de agua dulce. En ese manantial, cada tarde lavan su ropa y se bañan decenas de gentes sin casas como ellos.

Cuenta El Niche que ese manantial surgió hace millones de años tras las fracturas del sistema cavernario del cual surgieron las Cuevas de Bellamar. Esas fueron sus únicas palabras. Pero al parecer solo se trata de una tubería rota.

El Flaco, más desenvuelto, asegura que cada día por esos manantiales pasan decenas de recogedores de latas, de bronce, vendedores de anillos de oro falso, carretilleros, que tratan de ganarse la vida durante el día en lo que aparezca, todos con algo en común: personas sin hogar que duermen donde la noche les sorprenda.

Pero la intemperie tiene sus premios, presenciar los que otros ni imaginan mientras reposan placenteramente en sus lechos. “Hace unos días estaba con El Niche y una botella de ron, nos quedamos dormidos a orillas de la playa Los Pinos, y de madrugada me despertó el ruido de un camión que entró casi hasta el agua. Bajaron una lancha, un tumulto se montó encima de la embarcación ¡y tunturuntu! pasaron a mejor vida, y nadie vio nada, solo nosotros”.

El Flaco bien pudiera comprarse una casita de esas que venden en el “llegaypon” de la Raspadora, barrio insalubre en la periferia de la ciudad, donde van a carenar los recién llegados de fuera de la provincia, en su mayoría provenientes del centro y oriente, o los salidos de prisión.

“Una casa puede costarte allí cerca de 8 mil pesos cubanos, con el visto bueno del presidente del CDR a los pocos días te dan la libreta de la Oficoda y pasas a la legalidad”, y El Flaco roza el dedo índice con el pulgar de su mano izquierda en un gesto que en Cuba se traduce como pago en efectivo.
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Aunque le nombra casa, nada tiene que ver con la idea que muchas personas puedan tener de lo que significa un hogar. En la Raspadora la mayoría de las casas son de cartón y techo de cinc, y muchas veces el baño (un tibor) queda a pocos centímetros de la cocina.

El flaco sigue conversando mientras un comerciante de la cercana cafetería estatal viene en busca del cuchillo que le prestara para descuartizar la cabeza de cerdo.

La carne mantecosa bulle en el interior del cardero, también en préstamo de otra vecina. El olor del cerdo domina el lugar. Entre las uvas caletas que crecen a orillas del viaducto aparece un hombre, recogedor de latas sin hogar que también hizo su refugio cerca del manantial. “Yo estaba cocinando arroz, lo comparto con ustedes si me invitan a la fiesta”.

En apenas un giro de vista se quitan la ropa y se quedan en short ¿o calzoncillos? y comienzan a lavar sus ropas para desprenderse del sudor de la dura jornada. Las personas que pasan por el viaducto se quedan mirando la escena. Algunos ríen, otros quedan azorados. Todos desconocen que a orillas del viaducto matancero brota un manantial de agua dulce…