El día que no me sumé a la plaza

Quizás porque ya emprendí el irremediable camino a mi madurez tardía, mis convicciones se han enraizados y cada vez más, son menos inamovibles.

Entiendo que la verdad es relativa, que la percepción que uno tiene de los fenómenos puede variar a mayor información, pero la esencia de las cosas siempre prevalece.

El Papa vino, vio y habló a los cubanos, aunque no creo que haya visto mucho desde su papamóvil de gruesos cristales a prueba de balas; tras su partida no marchó más revolucionario ni dejó a un pueblo más católico.

Ahora casi me exigen respeto, y hasta alguno me querrá excomulgar porque no reverencié su visita. Entiendo, que como sentenció Martí, si honrar, honra, hacerlo a quien no lo merece deshonra. Seguir leyendo El día que no me sumé a la plaza

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Cooperativas cañeras: vinculación que desvincula

 Los cooperativistas matanceros juegan un importante papel en la zafra cañera. Preparación de tierras, atenciones culturales, el corte y tiro, hasta la llegada de la materia prima al basculador, dependerán en gran medida de las Cooperativas de Producción Agropecuaria (CPA) y las Cooperativas de Créditos y Servicios (CCS).

Pero no todo funciona bien en las cooperativas matanceras. Y como bien dice el refrán, de buenas intenciones está plagado el camino al infierno. Pero no hablaremos de Dante y menos de la Divina Comedia, sino de los avatares de dos CPA betancureñas, luego vinculadas a la provincia de Mayabeque.

La disponibilidad de caña en la provincia es elevada, más de las que pueden moler los tres centrales del territorio. Debido a ello autoridades del grupo nacional vinculado a su producción decidieron supeditar las CPA Héroes del Moncada y Revolución de Octubre al central Héctor Molina, de San Nicolás de Bari. Seguir leyendo Cooperativas cañeras: vinculación que desvincula

Lluvia que empapa

Desde hace varios días llueve en Guantánamo. Seguramente los niños jugaron bajo el aguacero, chapoteando en los contenes; y una que otra muchacha sufrió alguna crisis respiratoria por el cambio de tiempo.

Gracias a los ojos y la voz de una amiga, descubrí a aquella provincia cual es: uno de los lugares más bellos de Cuba. Pero mi amiga es tan perspicaz, que descubrirá mi inocente estratagema de halagar su terruño.

Seguro reirá, porque su tierra no necesita de mis elogios para ser bella, y mi amiga menos…además, desde antes ella supo capturar la hermosura del paisaje, la majestuosidad de las aguas, y adueñarse de la mágica atmósfera que reina al sur.

Hoy, que lloverá en Matanzas, y los niños también chapotearán bajo la lluvia, permitiré que me sorprenda el aguacero, con la infantil ilusión de que me empape la misma nube que sobrevoló Guantánamo, para que las aguas que humedecieron su pelo caigan en mí, como ablución que purifica.

Mi respiración no sufrirá cambios, porque antes de la lluvia ya era entrecortada. Solo en las noches consigo respirar mejor, cuando viajo a ese otro oriente del mundo, donde no se inventó la pólvora, pero explotan mis deseos.

En este instante alguien especial suma otro año a su existencia. Quizás lance una ojeada al espejo, sin más preocupación que saberse bella.

Al marcharme, bajo el torrente que ha de caer, buscaré el mar como tantas veces. Observaré cuando el agua se une con el agua, como dos cuerpos de respiraciones entrecortadas en el amor.

Dichosos quienes le acompañan en este día especial, maldita la distancia, bendita la lluvia y el mar, que nos une.

Hay que arriesgarse y quemar las naves, echarse al mar, danzar bajo la lluvia, mojar los zapatos, cerrar los ojos, edificarte mediante mis ansias, beber de la lluvia, y esperar que algún día una misma nube nos empape a los dos.

 

 

 

 

Como buey de hierro que endulza la vía

Cada jornada un centenar de carros jaulas arriban al basculador del central matancero Mario Muñoz
Gracias al trabajo esclavo y al desarrollo azucarero, Cuba gozó de la primicia del ferrocarril en Hispanoamérica, incluso 11 años antes que España; y fue Matanzas la segunda provincia donde irrumpió el silbido de las locomotoras.

A 175 años de inaugurado el primer tramo de vía férrea, el transporte ferroviario, junto al marítimo, destacan entre los más económicos por los grandes volúmenes a trasegar. Por ello el país ha convocado a su mejor uso. Seguir leyendo Como buey de hierro que endulza la vía

Es tu voz como viento del nordeste

Cuando te escucho, amiga, nada importa, tu voz fortalece y emancipa, me convida a arrostrar la vida a pesar de los fracasos. Sé que con tu rítmica voz también maldices, pero de tus labios nunca salen palabras obscenas, obsceno es quien se sonroja al escucharte.

Tu voz me llega del nordeste, hacia allí quisiera izar las velas. Me llegas como la brisa, acortas las distancias, eres como un  puente de mi ciudad, quiero ser el niño temerario que desafía el miedo desde tu baranda, que es tu costado; yo seré tu parque, abriré las verjas, para que te refugies en mí, te detengas y alises tu pelo.

De tu voz, amiga, salen canciones y aves. Cuando me hablas, mujer, te descubro de niña, fresca y animosa.

Hoy conservo la calma, y no es que me amilane la distancia o el tiempo, será que tantos golpes definitivamente no nos enseñan a vivir, pero nos hace cobardes.

Tu voz es el hálito que me falta, y que llega del nordeste, hacia donde huyen las gaviotas y se erige mi patria, les seguiré el rastro, para naufragar allí, en la salvadora playa, que es el resquicio de tus piernas.

Tengo algo de fe, no en Cristo, menos en el Papa. Más bien en el poder casi místico de tu voz, que me transporta, agita, sumerge, trastoca, sosiega, arrulla, crucifica y resucita.  Así estoy niña.

El día que junto a tu voz me llegue tu aliento, y con mis dedos consiga dibujar tus labios y cejas, seré tu cautivo. Por hoy me conformo con tu arribo como viento del nordeste.

Oda a mis pantalones rotos

 Más que una oda, es un alegato a mis fieles compañeros, esos que nunca me dejarán descubierto,  y aunque el tiempo se empeñe en hacerme su presa,junto a ellos trataré de ir más ligero, hablo de mis pantalones rasgados.

Voy siempre, arropado el torso de esa curiosidad casi infantil;  como camiseta llevo la ansiedad de abarcar todo el conocimiento inabarcable;  a la cintura, la urgencia de convertirme en el eterno aprendiz;  vestido de la necesidad de preocuparme más por lo que digo y pienso, que de cuál prenda llevaré para descubrir el mundo. Seguir leyendo Oda a mis pantalones rotos

Hato de Jicarita: donde conviven leyenda y escuelita

Las sonrisas de Nestico y su amiguito también resultan legendarias

Cuando la conquista, los colonizadores se repartieron los ricos suelos de la isla mediante hatos y corrales. Así llamaban a las divisiones de tierra, y de ahí se deriva el nombre de un pequeño pueblo al sur del matancero municipio de Unión de Reyes.
Hato de Jicarita es un pueblecito de casi 800 habitantes. Se erige como una cicatriz en la abundante vegetación, con humildes casitas a ambos lados de la carretera; eso sí, cuenta con un policlínico, farmacia, bodega, círculo social, que agrupa a los bebedores del lugar, y como en todo caserío también pervive la leyenda.
Por allí corre el río Hatiguanico. Se suma a la prodigalidad de las riquezas hidrográficas con que les bendijo la naturaleza. Cuentan que en sus riberas unos piratas guardaron un tesoro, y hay quienes aseguran haber divisado un gran cofre en época de sequía, cuando las aguas bajan. Pero cuando van en su búsqueda, estas le sepulten durante décadas. El río atraviesa la Ciénaga de Zapata y desemboca al mar, y alimenta también la imaginación de los lugareños.
Pero junto a la leyenda del tesoro pirata, Hato de Jicarita disfruta de otra invención fabulosa, la escuelita donde la maestra Alina Quiñónez imparte clases a una docena de niños de diferentes grados.
Conocí a Nestico, muchachito muy vivaracho, a quien minutos antes había sorprendido orinando a la intemperie, como dueño y señor del monte; a Iliadnis y a Yurima, que juegan a las muñecas, y gustan de trepar árboles y bañarse en el canal.
Todos, niños de fáciles sonrisas, que disfrutan la vastedad de la naturaleza, y enriquecen la realidad de un pueblecito de leyenda.

Cada mañana la maestra Alina debe recorrer muchos km para que sus niños reciban las lecciones
Los niños me acogieron como si yo fuera otro más del batey
¡Nestico! ¡te sorprendí!