Oficio de cangrejero

Cangrejeros de la Ciénaga
Quien recorra Caletón, poblado cenaguero ubicado al sur de la provincia de Matanzas, notará a simple vista que la modernidad arribó al humedal para quedarse.

En cualquier punto del asentamiento se erigen lujosas casa de rentas y restaurantes de excelente confort. Los habitantes lo mismo pueden llevar consigo en más moderno celular, que un Tablet, sin embargo, hay tradiciones tan enraizadas en la comunidad que ningún adelanto puede arrinconar, la captura del cangrejo de tierra es una de ellas.

Cuando las aguas de la primavera inundan el pantano, el cenaguero se cubre con camisas de mangas largas y se adentra al mangle. Intentará burlar los persistentes mosquitos, atento a la corrida del cangrejo, entre sus alimentos preferidos, y sustento de la familia.

COMIENZA LA CORRIDA

Cangrejos
La quietud envuelve el poblado. Pero si se observa bien, entre los mangles se apreciará cierto movimiento sigiloso de seres camuflados entre la tupida vegetación del humedal. Miles, quizás millones de cangrejos buscan el mar para darle continuidad a su ciclo reproductivo. Desde abril, cuando comienza la arribazón del Cardisoma guanhumi, más conocido como cangrejo de tierra, a los habitantes se les verá imbuidos en su captura.

Desde siempre esta región se ha aficionado a su caza. Hombres y mujeres salen en la madrugada, y madero en ristre les golpean el carapacho y los introducen en un saco.

Conscientes de la necesidad de conservar la especie -y su sustento- los pobladores ya no montan trampas o tranques, dispositivos de capturas que casi aniquila la población de crustáceos.

Hoy permiten que circulen libremente, y que las hembras fresadas desoven en el mar. Batirán a los machos, según su tamaño. Preferirán a los ejemplares de más de 8 centímetros, diámetro que marca su mayoría de edad.

EXTRACCIÓN DE LA MASA
captura del cangrejo

Si le preguntan a cualquier cenaguero dedicado a la zafra del cangrejo, expresará que atravesar el intrincado mangle plagado de mosquitos es solo la primera etapa, quizás la más sencilla. Lo difícil viene después.

Es un trabajo agotador. Luego de capturarlos en el monte, deben retirarle el caparazón, hervirlo, y extraerle la masa.
La fiesta cangrejera se extenderá hasta finales de julio, y quien recorra Caletón, Los Hondones, o cualquier otra comunidad de Playa Larga, observará a familias enteras dedicadas a esta labor.
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Aunque la captura del crustáceo forma parte intrínseca de la cultura popular, el Estado fomenta la comercialización de ejemplares vivos o su masa, que se envían a un centro de acopio y procesamiento capaz de producir hasta 126 toneladas en un año. Incluso han exportado ejemplares vivos a países como República Dominicana y Puerto Rico.

Pero para los pobladores más que un trabajo, es una fiesta, por eso cuando sobrevienen las aguas mirarán al pantano, porque allí, camuflados con la vegetación, emergerán los crustáceos para reanimar al poblado.

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Jonder Martínez: Un cazador entre Cocodrilos

Jonder Martínez

Por Guillermo Rodríguez Hidalgo-Gato Periodista de Radio 26

La noticia sorprendió a los matanceros. ¡Jonder jugará con los Cocodrilos! Esta expresión salta de boca en boca en la Atenas de Cuba. Al estelar lanzador artemiseño Jonder Martínez Martínez, lo autorizaron a vestir los colores de Matanzas en la 54 Serie Nacional de Béisbol.

“El Director Provincial de Deportes de Artemisa me dio la noticia de la liberación para venir para acá. La acogí con mucha alegría porque podré estar junto a mi esposa”, declaró a Radio 26 el destacado serpentinero.

Jonder vistió durante 18 temporadas los colores, primero del Habana y luego de Artemisa. De ahí que sienta nostalgia por salir del terruño donde se formó y ha hecho toda su vida como atleta. “Va a ser un reto duro para mí, allá tengo a mis dos hijas y mi mamá. La vida te pone obstáculos y hay que superarlos. Trataré de que el público matancero me apoye en cada salida al terreno, como siempre lo hicieron la gente de mi tierra”.

Jugar con el subcampeón nacional conlleva una pasión adicional. Sin embargo Jonder confía que lo puede hacer bien y darle su aporte para que los Cocodrilos peleen por el título. Además reconoce la combatividad de sus nuevos compañeros. “Tienen tremendos deseos de jugar a la pelota, el profesor Víctor Mesa los ha enseñado a entregarse al máximo, independientemente de cual fuera el resultado”.

Históricamente siempre llevó el número 27 en los conjuntos en que participó. “En Matanzas pienso utilizar el 18, debido a que es el día del cumpleaños de mi esposa”.

El derecho, natural del municipo Mariel, tiene a los XXVIII Juegos Olímpicos de Atenas como uno de los momentos más felices de su carrera. “Ser campeón olímpico es la mayor satisfacción que puede tener un deportista. También participar en el I Clásico de Béisbol fue algo inolvidable para mí.

“Pero sin dudas mi actuación más importante se produjo en la Copa Intercontinental de Taipei de China en el 2010, cuando tuve la oportunidad de relevar con bases llenas en la novena entrada y me apunté el juego salvado”.

Jonder sabe que el apoyo de los aficionados es vital. “Sigan apoyando a los Cocodrilos, que si siguen esforzándose y con la combatividad que los caracteriza, van a lograr ser campeones”.

¿Funcionarios o parricidas del arte?

burocracia
Mientras escribo estas letras escucho a Silvio Rodríguez y me vienen muchas cosas a la mente: Haydeé Santamaría extendiendo sus emplumadas manos, como gallina protectora, para resguardar a unos vilipendiados jóvenes con guitarras; Domingo del Monte gestionando con los burócratas de La Habana la presentación de la obra de un desconocido: su ahijado Milanés.

¿Qué sería de la Cuba de hoy y la Nueva Trova sin las alas protectoras de Teté? ¿Qué sería de Matanzas, y la Isla toda, sin las tertulias y la actitud Del Monte? Ambos resultaron excelentes funcionarios del arte.

Pero quiso la vida que esa palabra, funcionario, se arropara de lo peor de ese extenso y empinado camino que significa el necesario Socialismo: la abulia de los burócratas.

¿Desconocen acaso que la esencia misma del término resulta revolucionaria por excelencia? Un funcionario debería ser gestor de lo imposible: ¡lograr que las cosas funcionen!, a pesar de los bloqueos (el de afuera y los de adentro), la escasez de recursos, el visto bueno de arriba, etc, etc, etc…

Me alcanzarán escasos párrafos para demostrar que la palabra funcionario también significa rémora, lastre, bloque que hunde, que ahoga.

Hace pocos meses el emblemático grupo de rock cardenense Malas Noticias festejó su aniversario. Al convite asistieron varias agrupaciones de la cabecera provincial, entre ellas la banda Blood Heresy, y por supuesto, un que otro entusiasta periodista.

No hay que trabajar en un medio de prensa para entender que la noticia buena era Malas Noticias, sin embargo, a los periodistas y al resto de quienes viajaron desde la Ciudad de Matanzas, les fue imposible apreciar el arte de los agasajados, porque simplemente la funcionaria de cultura designada para el viaje decidió partir antes de tiempo, “y quien no estaba en la guagua se quedó”.

Vale destacar que en ese instante el ómnibus solo estaba ocupado por dos profesionales de la prensa, gracias a estos, los restantes, es decir, los músicos protagonistas de la actividad, contaron con transporte de regreso.

Y la vida transcurre, y caen los días como gotas en el hombro, y Rey Montalvo, el trovador y sufridor de una gran peña, ya no sabe qué hacer porque los funcionarios del arte existen… y acechan…

Antes de caer en el relato anterior debo hacer un aparte, porque la garganta me pica y le lanza impulsos nerviosos a mis dedos, que alzan la voz contra el teclado, deseosos de contar otra historia en tercera persona: el día que Fernando- uno de los Cinco Héroes- salía de prisión, un grupo de jóvenes matanceros nos vimos obligados atrasar la alegría pactada en el Parque de la Libertad, porque una funcionaria decidió dormir un poco más, adormeciendo los tambores de un conjunto de rumba decidido a sumarse al convite que siempre procura toda liberación.

Los batá de Rumberos de Matanzas velaron por el sueño de “alguien”, y hasta que ese “alguien” no apareció con la llave para liberarlos del encierro en la casa de Cultura Bonifacio Byrne, de La Ciudad de Matanzas, no repiquetearon los cueros por Los Cincos.

Lástima que el sueño se extiende, y la mencionada institución de la calzada de Tirry se empeña en hacer bostezar a una comarca, porque otro funcionario decidió que la Peña de Rey Montalvo debe durar una hora y media, ni un minuto más.

Aunque la noche cuente con un invitado de lujo como Vicente Feliú, y traiga una retahíla de canciones en su mochila con muchas ganas de cantarlas; aunque Feliú tenga cosas que decirnos de su hermano muerto que vivirá eternamente: ¡el espacio cuenta con hora media! Pero los funcionarios seguramente no conocen a Bárbara o Créeme, y muchos menos a Aurora, la esposa de Vicente. Una hora y media es lo estipulado: ¿por quién?

Matanzas a veces da la impresión que languidece en un bostezo. Desgraciadamente los intentos de despabilamiento no solo deben combatir contra la soñolencia de una ciudad, también han de enfrentarse a la conjura de los burócratas.

Ignorantes al fin, olvidan que pueden darle “clip” a una noche mágica, mas la posteridad les juzgará, y siempre habrá ojos, oídos y dedos que cuestionen sin son funcionarios o parricidas del arte.

Un muelle, un bote, un framboyán…

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Un muelle siempre conservará el recuerdo de los arribos y despedidas. Desde allí se partirá hacia lo inesperado. Como puente inconcluso comunica con el infinito, ese punto inabarcable en el horizonte.

Un bote prolongó la vida tras el diluvio, es la sobrevivencia, sinónimo del bregar por la turbulenta vida, y también el último pedacito firme con que cuenta el pescador en alta mar.

Un muelle y un bote se nos antojan las obras humanas que persiguen aquel milagro de caminar sobre las aguas. Aunque el hombre los hizo a su antojo, la Naturaleza les embellece con limos y conchas, y cuando los mortales dan la espalda en su desmedida ingratitud, la madre natura les regala flores.

En esas cosas pensé al encontrarme en Caletón, poblado cenaguero, un viejo muelle, que tal parecía mitigaba su soledad junto a un bote abandonado, agonizante de no navegar.

Como no soy del lugar, la tranquilidad me hizo creer que sitio tan singular permanece en el olvido, (o quizás no, y aún goce el ir y venir de los pescadores).

Pero prefiero construirme historias: como que ya nadie se arrima por esos lares; que para muchos el muelle está maldito desde que un hombre regaló un adiós sin retorno y enloqueció de amor; y que el bote, inseparable compañero de un pescador, quedó en el olvido tras la captura de un gran pez, desde entonces la embarcación languidece en la orilla sin manos que le echen al océano.

Puede suceder- en este mundo todo es posible- que el framboyán, conociendo de las penas de sus acompañantes les salude con sus pétalos, como extendiéndole un abrazo de consuelo en el constante suspiro por las glorias pasadas. O a lo mejor quien suspira es el mar, por sus innumerables historias engullidas.

Esta escena pasará inadvertida a los ojos de muchos de nosotros, siempre sordos y ciegos a los quejidos y cosquilleos de la naturaleza.

Yo que visité el lugar, entiendo que la estrecha relación entre un framboyán, un bote y un muelle, nos remitirá a la esperanza debida, allí donde la soledad nunca es absoluta, porque los pétalos en el tablado siempre tirarán de los ojos de quienes saben mirar. Hacia allí, hacia la belleza, alguien dirigirá sus pasos…y a pesar de tanta quietud, se sentirá acompañado.
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José Jacinto Milanés: ¿un poeta socialista?

jose-jacinto-milanesEs tan poderosa la fuerza de la costumbre, que de manera inconsciente casi incurro en el mal extendido de reducir la existencia de José Jacinto Milanés a los pormenores y avatares de su enfermedad, ignorando, miserablemente, sus logros y aportes como poeta, dramaturgo y periodista.

La posteridad nos legó a un poeta loco y atribulado. Muchos cubanos conocen el final de la vida de aquel bardo enloquecido por el amor. Hasta le mencionan con simpatía, porque como bien observara Juan Clemente Zenea: era muy querido, porque fue muy desgraciado.

Por suerte Zenea va al rescate de sus otras tantas cualidades. No titubea al afirmar que de no haber existido Heredia, José Jacinto de Jesús Milanés y Fuentes sería el primer poeta lírico de Cuba, porque “su poesía es la poesía de todas las épocas”.

Necesitó solo diez años para plasmar su nombre en el parnaso cubano. Precisamente en eso estriba su grandeza. Como bien señala Salvador Aria en su Antología Lírica, la madurez del bardo yumurino apenas pudo extenderse una década. Tiempo suficiente para rendir una ciudad a sus pies y granjearse el respeto de toda la Isla.

De formación autodidacta aprendió latín, francés e italiano, idiomas que dominó a la perfección. Su hermano Federico le describe siempre en compañía de libros, fieles amigos en su serena infancia. Los clásicos del Siglo de Oro español le orientaron el camino. Lope de Vega, entre otros.

La exigua economía familiar no le permitió realizar estudios regulares y superiores. Pero su continua sed de conocimientos enriqueció su cultura.

La llegada de Domingo del Monte a la ciudad de Matanzas, en 1833, marcó un antes y un después en la vida de Pepe, como le llamaban a Milanés sus allegados. Gracias a aquel, logra publicar y estrenar la pieza teatral El Conde Alarcos en la capital cubana, con éxito de público y crítica.

Justo ese acontecimiento anunciará su posterior enfermedad, tras no poder asistir a su estreno por la crisis nerviosa que le produce. Esto ocurre en 1838. Cinco años más tarde desembocará en un mutismo intelectual que lo silenció durante 20 años.

Regresando a Del Monte, para algunos especialistas, este vínculo va en detrimento de la obra de Milanés. Quienes dividen su trayectoria poética en tres etapas, advierten que la influencia demontina le insufla “un moralismo filantrópico que convierte a su verso en algo seco y enteco”. En esta época emergen de su pluma temas sociales como el ebrio, la cárcel, la ramera o el hijo del rico.

Por su parte, Salvador Aria, cree injusto el enjuiciamiento que cataloga este periodo poético de filosófico-moral, duramente criticado. Arias defiende composiciones sublimes como El mendigo o Invierno en Cuba.

A este periodo antecede su primer ciclo creativo con poemas de gran sencillez y delicadeza. La Madrugada, La ilusión, representan para los estudiosos el momento idílico del poeta.

Hacia 1840 retornará a su prístina inspiración con obras como De codos en el puente, El alba y la tarde, y la tan popular La fuga de la tórtola. Apenas tres años después sobreviene la enfermedad, con escasos momentos de lucidez.

ANTIESCLAVISTA, INDEPENDENTISTA, ¿SOCIALISTA?

Es cierto que Milanés le debe mucho a la influencia de Del Monte. Pero este vínculo no siempre fue de dócil resignación ante las opiniones del intelectual venezolano llegado a la ciudad. También existieron discrepancias de criterios.

Cintio Vitier señala que en varias ocasiones José Jacinto se defendió agudamente de los juicios delmontinos, como refleja la correspondencia entre ambos.

El matanceronunca se ocultó a la hora de criticar la onerosa situación de los africanos en poemas como el Negro alzado, abiertamente abolicionista.

Según advierte Aria, su actitud ante el problema negro marca un distanciamiento con las limitadas moderaciones de su mentor. Para el bardo yumurino los negros son “el minero de nuestra mejor poesía”, adelantándose, incluso, a Nicolás Guillén y Ballagas.

Vale señalar que en una época donde florece el reformismo y el anexionismo, Milanés permaneció independentista, arremetiendo contra los indecisos, lo cual se pone de manifiesto en la Epístola a Ignacio Rodríguez Galván, donde muestra una lucidez política nada común en aquel momento. Tres décadas antes de que Carlos Manuel de Céspedes decidiera alzarse, mientras otros pedían esperar un poco más.

Para sus contemporáneos una actitud tan radical como la suya asustaba. No por gusto Ramón de Palma le endilga el término socialista por su continuo encono contra el rico, y todo lo que representaba la riqueza. Y habrá que investigar un poco más, para conocer si el silencio de su familia en torno a su enfermedad, guardó relación con el desenlace funesto de la Conspiración de la Escalera.

ADELANTADO A SU TIEMPO

Lo que llama poderosamente la atención en el quehacer literario de este creador, es su idea clara del papel que debe jugar el arte en la sociedad. Tema sobre el que aún hoy existen posiciones encontradas.

En cierto momento Milanés le pide a Ramón de Palma que recuerde más la sociedad que llora, y olvide su lamentar de artista.

En su artículo Walter Scott y la novela histórica expresará que “el pueblo no debe ignorar nunca cómo y para quién existe”. Tesis que se entrelaza, desde mi humilde y atrevida opinión, con una idea expuesta en la novela de Alejo Carpentier El reino de este mundo, cuando al final el narrador asegura que “el hombre nunca sabe para quién padece y espera. Padece y espera y trabaja para gentes que nunca conocerá…”.

Esa percepción de la necesidad de educar al pueblo, para que sepa “cómo y para quién existe”, y el papel determinante del arte, la encontramos otras veces en su obra publicada, como en los incisivos versos de El Mirón Cubano, que se le escaparon a la censura de la época:

Los colegios, esos claustros/donde debiera aprenderse /la sacra ley del trabajo/no pueden estar seguros/de este apestoso contagio/que la esclavitud derrama/por todo el suelo cubano.

¡Tales palabras se redactaron en la primera mitad del siglo XIX! Dicen que las escribió un loco. El mismo poseso que me grita hoy, cuando mis amigos emigran, cuando hay voces que nos incitan a desmovilizarnos:

…nunca comiendo el pan del emigrado/ pensé cumplir con mi adorada Cuba/ Hijo de Cuba soy: a ella me liga/un destino potente, incontrastable:/con ella voy: forzoso es que la siga/ por una senda horrible o agradable.

Con ella voy sin rémora ni traba/ya muerda el yugo o la venganza vibre/ Con ella iré mientras la llore esclava/ con ella iré cuando la cante libre/…mas siempre voy contigo ¡oh Cuba hermosa!/y apoyado al timón espero el día.

Fueron necesarios 117 años para que un Enero convirtiera en realidad tales palabras; pero a 172 junios transcurridos, aún comunican y despiertan sentimientos.

Si bien al hablar del poeta nacido en la antigua calle Gelabert que hoy lleva su nombre, debemos defender el carácter intimista de su poesía, su criollismo, superior al de Heredia, o la peculiar manera de sentir la naturaleza, Milanés representa mucho más.

Su obra brota anunciadora de la necesaria e ineludible independencia cubana, abiertamente abolicionista, anticolonialista, incluso, tildada por sus contemporáneos de socialista.

Muchas de sus preocupaciones e ideas permanecen vigentes, patentizando la lucidez que le acompañó en una etapa de su vida, breve, pero decisiva. Ese es el otro José Jacinto Milanés que sin dudas también debemos rescatar.

 

Un playa al sur de la isla (+Fotos)

20140604_115752 [640x480] Hay quien dice que a los isleños la isla nos queda estrecha, mas esos que nacieron cerca del mar no necesitarán un avión para alejarse, hallarán la inmensidad desde una playa. Aprendieron a atisbar el universo desde la orilla. La mirada insondable del horizonte, donde el cielo y el mar se abrazan, les facilitó la evasión.

En una playa siempre aflorarán los recuerdos como olas: tras la respiración sosegada del mar surgirá el pasado y los ausentes, más presentes que nunca, que como delfines retozarán en la cresta de la ola.

A orillas de una playa siempre se amó, se leyó un libro o se mitigó una pena.

Dicen que Adán y Eva nacieron en el Paraíso, pero nadie dijo si fue cerca de una playa. Porque a orillas del mar, sin dudas, surgió el mundo, donde emergieron los primeros habitantes de la tierra. Allí fue el comienzo, y también el final de muchos: en una playa se aprende a nadar y a morir.

Existen playas donde la muerte pretendió señorear un abril, y la vida, valiente, se irguió. Dice la historia que 72 horas fue suficiente para vencer, pero a 50 años aún aparecen bombas sin detonar. Sin embargo, en días calmos, tal parece que la serenidad nunca abandonó sus orillas.

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Cuando la Ciénaga florece (+ Fotos)

1 [640x480]El visitante, siempre que llega a la Ciénaga de Zapata, preguntará por las esquirlas de las granadas, los impactos de bala, los restos de aviones enemigos, los cascos de barcos, el tanque, las heridas abiertas… ¿no le bastará acaso con las tarjas que le reciben a ambas orillas de la carretera interminable, con los nombres de los caídos?

Desconocerá, sin embargo, que cuando las aguas inundan la Ciénaga, además de alimentar el pantano, florece la tierra. Los colores descienden, como si el arcoíris decidiera sentarse en uno de los tantos bancos que aguardan por el reposo del cenaguero, extendiera sus manos y dotara al universo -a ese constreñido universo en forma de zapato- de colores primarios.

Y algunos dirán que abril se corre para germinar en junio, que la primavera se asienta y prefiere prolongarse, allí donde la muerte pretendió plantar bandera, y agujereó unos zapaticos blancos.

Llega a destiempo el visitante, después de abril, deseoso de encontrar historias, y solo hallará flores en cada rincón. Flores vivas. Pujantes. Que reverencian la muerte, celebran victorias, y saludan la vida. Flores que hacen guiños, entusiastas. Y miran a la cara, hermosas y desafiantes. Flores que advierten que la Ciénaga también florece.

 

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