El silencio es peor…

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Por Arnaldo Mirabal Hernández

En la edición pasada el mensuario Humedal del Sur, del cual soy coordinador, publicó un interesante trabajo sobre los peligros que afronta la Ciénaga de Zapata ante los embates de la modernidad, bajo el título: ¿Desaparecerá el ecoturismo en la Ciénaga?

Para nadie es un secreto que el desarrollo turístico transformó para bien la vida de miles de cenagueros, quienes vieron en esta actividad una forma de sustento.

Basta lanzar una mirada somera a Palpite, Playa Larga o Girón para notar las transformaciones de estos poblados con atractivos y pujantes hostales y paladares. Precisamente con la puesta en marcha del nuevo modelo económico cubano, el país decidió contar con el impulso de los negocios de gestión privada para dinamizar un tanto la economía nacional, golpeada por un escenario internacional en crisis.

Nuestro modelo económico siempre será inclusivo, y cada vez más, los particulares jugarán un papel determinante. No se trata de arremeter contra nadie, pero ¡ojo!, la sostenibilidad debe ser una práctica y no un slogan.

Nadie debe hacer y proteger más a su terruño que el propio cenaguero, siempre apoyado por las instancias gubernamentales y políticas del territorio, así como de instituciones científicas.
Pero resultaría iluso ignorar que a veces muchos nos hacemos los de la vista gorda, y mientras miramos hacia otro lado ocurren ciertas prácticas nocivas que atentan contra ese equilibrio que debe existir entre el hombre y la naturaleza, como puede ser la caza y la pesca indiscriminada.

Tampoco se trata de “cazar” al cazador. Prohibir la caza en la Ciénaga sería algo así como eliminar de tajo la propia esencia de los nacidos aquí. Las innumerables obras que se han escrito sobre esta región y su gente, siempre hablan de esta cualidad propia de sus habitantes: una mezcla mística entre cazador, pescador, campesino y carbonero, para brindarnos ese ser especial que es el cenaguero.

Leyendo obras como Cuatros años en la Ciénaga de Zapata, de José Antonio Cosculluela Barreras o En Marcha con Fidel, de Antonio Núñez Jiménez, se entiende que la caza y la pesca forma parte intrínseca del poblador de esta vasta y hermosa península. Esa cualidad fue heredada de generación en generación, para convertirse en patrimonio. De ahí que no pecaría de liviano si asegurase que quien no posea al menos un perro de caza, será cualquier cosa menos un cenaguero de pura cepa, o de puro pantano.

Sin embargo, a veces con nuestro propio obrar podemos dañar, irremediablemente y de muerte, a eso que tanto amamos. El panorama es complejo. Por un lado está la tradición, por el otro la conservación y sostenibilidad.

Existen normas y legislaciones que el hombre crea para persuadir la conducta, mas el estado ideal sería que el propio hombre actuara por convicción para proteger las riquezas naturales, ya protegerlas es protegerse a sí mismo y a los suyos.

En muchos países la caza es permitida pero siempre controlada por leyes, y limitada, para impedir la total desaparición de las especies de animales salvajes, y demás está decir que entre los innumerables atractivos de Zapata se encuentra su fauna, rica y diversa en aves y mamíferos.

Y de ahí entraremos de lleno al quid del asunto. Como anunciábamos al inicio, en la edición pasada el mensuario Humedal del Sur publicó un interesante material sobre cómo el Ecoturismo corre el riesgo de desaparecer en la Ciénaga.

Algunos, como siempre sucede, seguramente corrieron para empalar al valiente autor del trabajo, quien no es periodista, solo un guía motivado por un fenómeno que percibe cada día.

El autor del artículo, o más bien de la carta abierta, debería recibir un premio por su doble osadía: escribir un brillante material, y llamar la atención sobre un problema. Pero como siempre sucede, muchas veces preferimos arremeter contra el mensajero, mientras obviamos el mensaje, como bien dijo una vez un colega. O como he escrito en más de una ocasión: cuando alguien señala a la Luna, los tontos prefieren mirar el dedo.

Hemos escuchado y leído hasta la saciedad que hasta nuestro propio planeta está en peligro de desaparecer debido al Cambio Climático; y según estudios, con el derretimiento de los casquetes polares y la subida de los Océanos, la Ciénaga de Zapata dejaría de existir con la salinización de sus aguas.

Muchos cuestionarán al autor del trabajo ¿Desaparecerá el Ecoturismo en la Ciénaga?, y yo solo pienso por qué no mejor cuestionarnos todos, el que prefiere callar, al que desvía la vista del problema, el que teme buscarse problemas como bien denunciara Raúl en un discurso.

El Ecoturismo puede desaparecer en la Ciénaga si no se toman medidas pertinentes, más allá de las legislaciones que prohíben la caza y la pesca. Cualquier medida debe primero contar con la participación activa del propio habitante de la Ciénaga de Zapata.

Debemos gestionar y aplicar políticas públicas que tengan al cenaguero como eje y sujeto. Mucho se hace, pero la conformidad a veces se convierte en inmovilidad, y esta en estatismo. Y como suele suceder, existirán los que prefieren hacer mutis, y combatir al valiente que habla y emite su criterio…

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¿Desaparecerá el Ecoturismo en la Ciénaga?

Este trabajo circula por la Ciénaga de Zapata como especie de carta abierta, por su importancia decidimos compartirlo

Por Felipe Rodríguez Alonso*

pesca
En los últimos años se ha venido registrando un acelerado crecimiento del desarrollo urbano, social y económico en las comunidades del municipio Ciénaga de zapata, en especial Playa Girón y Playa Larga.

Con las nuevas e ilimitadas oportunidades que se abren en el ejercicio del trabajo por cuenta propia, los atractivos turísticos de la Península de Zapata comienzan a colocarse cada día más al servicio directo de los particulares. Los consumidores esenciales de estos recursos naturales, o sea, los ecoturistas, disfrutan además de la observación de aves, el senderismo, las playas, el buceo y la pesca deportiva, disfrutan también, y lo reitero con intencional énfasis, de la convivencia con familias cubanas, la interacción con las comunidades y el intercambio de culturas y tradiciones.

Como se sabe, el ecoturismo es una modalidad que se separa del turismo tradicional de sol y playa, sin dejar de disfrutarlos, pero lo mueven motivaciones muy especiales relacionadas con la protección y conservación del medio ambiente así como el uso sostenible de los recursos naturales. Ellos se dirigen a cualquier parte del mundo donde perciban el cuidado y manejo de esos recursos de manera ordenada y son capaces no solo de disfrutar, sino de colaborar con las comunidades e instituciones para mantener valores y las riquezas que la naturaleza posee.

En mi opinión muy personal, el humedal Ciénaga de Zapata perdurará por muchísimos años, perdurarán sus herbazales, sus manglares, sus innumerables especies de insectos, arácnidos, pero ¡Cuidado!, ya no me atrevo a decir desde una posición realista, que contamos con el mejor conservado humedal del caribe Insular.

A partir de esta apreciación, me dirijo con el más estricto respeto a todas aquellas personas honestas y sensibles que hoy pueblan los más recónditos espacios de Zapata, a toda esa gente hermosa, laboriosa y emprendedora que asume con entusiasmo y cargada de sueños el trabajo por cuentapropia, a los adolescentes y jóvenes que asumirán la responsabilidad de cuidar y conservar lo que nuestra generación les entrega y que tendrán que enmendar los errores que hoy estamos cometiendo.

El ecoturismo es una fuente de ingresos locales y nacionales que no tiene comparación por su apenas perceptible impacto en los ecosistemas.

Una idea debemos tener clara: el ecoturismo tiende a desaparecer cuando desaparecen las causas y condiciones que lo atraen.

Los cenagueros deben tener bien claro este precepto. Si desaparecen las aves endémicas de nuestro entorno, desaparecerán de inmediato los observadores de aves o, lo que es igual, desaparecerá una parte importante de nuestros clientes.

En los últimos años ha ido en aumento el número de pescadores bajo la modalidad de pesca a mosca, práctica conocida como flyshing. Solamente al municipio de Ciénaga de zapata se está ingresando casi un cuarto de millón de pesos convertibles son contar gastos de transportación y otros de bolsillo en diferentes bares y tiendas.

Algunos de estos ingresos se irán moviendo hacia el sector privado paulatinamente dada la interacción entre agencias de viajes y las casas de renta cuyos servicios personalizados y atención esmerada mejoran cada día.

En las Salinas el peso promedio por Macabí es de 1.3 kg, lo cual nos lleva a concluir que una tonelada contiene unos 770 peces. Cada uno de ellos puede ser capaz de atraer un apersona que paga unos 240 CUC por día, pero si sabemos que la captura promedio ha descendido de 9 en 2005 a 3 en nuestros días entendemos que los que pagan una semana de pesca por 2 mil 700 USD lo hacen por solo capturar y devolver al medio 18 macabíes.

El uso de artes prohibidas dentro de zonas de parque Nacional comienza a competir con la pesca ecoturística, aumentan la dificultad de captura de los pescadores a mosca y disminuyen los índices de captura de estos. El aumento de los precios del pescado como consecuencia de la ley de oferta-demanda estimula tales acciones.

Si se continua la pesca descontrolada del macabí, la Palometa y los Sábalos en Las Salinas, San lázaro y Rio Hatiguanico, así como su comercialización desenfrenada en el mercado local, desaparecerán los pescadores deportivos procedentes en su mayoría de una clase media alta. A modo de ejemplo, podemos informar que más del 50% del Producto Interno Bruto de las Bahamas está relacionado con el Macabí. Sus lujosas estructuras turísticas y casas de descanso privada se han montado por las atracciones de la pesca deportiva del Macabí y la Palometa.

En la Florida, son los innumerables campamentos de pesca los que aportan bimillonarias cifras a la economía local, de un modo u otro casi toda la industria turística de los cayos del Sur de esa península gira alrededor de la pesca de las tres especies mencionadas, además del Robalo y otros. En Montana ocurre exactamente lo mismo aunque con otras especies, sobre todo la trucha.

Hay que poner los pies sobre la tierra, todos somos cubanos y no estamos al margen de las necesidades y carencias generadas a partir del Periodo Especial. No todos tenemos un trabajo que nos genere suficientes ingresos para enfrentar la vida cotidiana, pero no hay que exagerar sacrificando lo poco que nos queda a cambio de un futuro incierto.
cocodrilo
El cambio climático ya es de por sí una amenaza a la que tendrán que enfrentarse nuestros hijos y nietos, sabemos que las especies de la fauna que nos rodean hoy podrán sobrevivir gracias a su poder de adaptación, pero ninguno de ellos sobrevivirá a la impunidad con que hoy los atacamos, convirtiéndonos, de simples miembro de una pacífica comunidad, en los depredadores más crueles de cocodrilos, jutías, manjuaríes, etc, que aun viven en nuestro entorno.

No creo que debamos sentirnos tocados ni acusados, todos tenemos una cuota de responsabilidad en el asunto. No se puede hablar de ecoturismo, ni mucho menos de conservación en una comunidad donde florecen los vertederos por todas partes. Un ecoturista disfruta caminar por caminos y senderos contemplando la biodiversidad, pero se espanta de ver latas, plásticos y todo tipo de residuos vertidos por los habitantes locales y las instituciones estatales sin el más mínimo pudor y siempre ante la impunidad y dejadez de quienes tienen que preocuparse y ocuparse del problema.

Un ecoturista disfruta caminar por caminos y senderos contemplando la biodiversidad, pero se espanta de ver latas, plásticos y todo tipo de residuos.

Las casas de rentas y los restaurantes y bares son un ejemplo de limpieza, higiene y orden, pero solo desde las cercas perimetrales hacia adentro. Se ha avanzado mucho en algunas cosas, pero otras están poniendo en peligro la prolongación y desarrollo en el tiempo y el espacio, de un ecoturismo que puede ser saludable y creciente.

El manatí es una verdadera joya de nuestra fauna. Su nombre incluso se asocia a uno de los más florecientes proyectos de nuestra Revolución: el Plan Turquino-Manatí. En la Laguna del Tesoro se contaron en el año 2006 unos nueve ejemplares que era orgullo de nuestros trabajadores y pueblo cenaguero en general. Hoy solo quedan las historias de quienes tuvimos el privilegio de verlos cada día jugando en la superficie.

Hace solamente un año en el rio Hatiguanico se contaban más de 15 ejemplares, algunos de los cuales jugaban con los ecoturistas y hasta se dejaban tocar, hoy apenas se cuentan cinco o seis asustados. Ya no se fían de nosotros.

Reflexionemos todos. No hace falta denunciar a nadie, no hace falta castigar a nadie. Todos somos responsables y aun estamos a tiempo. Debemos educar y concientizar a nuestras familias. Debemos tener sentido de la importancia de la supervivencia pacífica de todas las especies que además de embellecer y engrandecer nuestro entorno, gracias a ellas la economía cenaguera crece.

Por otra parte, tenemos uno de los países mejor institucionalizados de Latinoamérica. Resulta contradictorio que en nuestra Ciénaga de Zapata se concentren en menos de cinco kilómetros cuadrados más de 10 instituciones y organizaciones en cuyos consejos de Dirección deben tocar de manera directa o indirecta la situación medio ambiental y el turismo. Si una vez por semana camináramos de la mano todos juntos, y recorriéramos cada pedacito de nuestro entorno con una mirada crítica y civilizada, sin prejuicios ni triunfalismo, muchas cosas cambiarían.
*Guía del Parque Nacional Ciénaga de Zapata