Desfilar un Primero de Mayo


Por ese azar continuo que va tejiendo nuestra existencia y todo lo envuelve no asistiré a mi primer desfile como trabajador, luego de haber participado en todos los restantes desde que tengo uso de razón.
De niño iba de la mano de mi mamá. Era una fiesta para mí y una locura para ella. Seguir leyendo Desfilar un Primero de Mayo

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La cultura del socialismo criollo


Por: Rolando Julio Rensoli Medina
En abril de 1961, hace cincuenta años, se proclamó el carácter socialista de la Revolución cubana, de este acontecimiento dijera el entonces comandante Raúl Castro Ruz, que se le ponía nombre a una criatura que había nacido meses antes. Se refería a que, ciertamente con el cumplimiento del programa del Moncada el 15 de octubre de 1960, de hecho se pasaba al período de tránsito del capitalismo al socialismo pues, además de la toma del poder político por las organizaciones revolucionarias que representaban a las masas populares el primero de enero de 1959, la propiedad sobre los principales medios de producción y servicios se transformaba de privada a social. Seguir leyendo La cultura del socialismo criollo

Mujeres como Mantis religiosas


Con sobrecogimiento y compasión observé como le devoraban la cabeza mientras él perecía de placer, ante cada embestida fenecía impávido pero gustoso, y es que en ocasiones el amor sí mata, bien lo saben las Mantis religiosas. Al aparearse, el macho es devorado por la hembra. Quizás de allí surgió la frase de perder la cabeza por una mujer. Yo particularmente he perdido la cabeza más de una vez, y hasta una camisa y un reloj. Seguir leyendo Mujeres como Mantis religiosas

Matanzas cumplió


El pasado sábado 23 en la mañana, el guarapo que venden justo a la entrada del Central Jesús Rabí estaba más dulce que de costumbre, la conga de Martí que viajó hasta el parque del batey repiqueteaba con más energía de la habitual: la noche anterior Matanzas había cumplido su plan de producción de azúcar. Seguir leyendo Matanzas cumplió

Angola en mí

Ayer tuve la oportunidad de ver la excelente película Estación blanca y seca, que desnuda lo que fue el régimen del Apartheid en Sudáfrica. La propuesta  narra las peripecias de un profesor que intenta desenmascarar el terror desatado contra los negros en aquel país.

Todo comienza luego que su jardinero muere víctima de las torturas, por el simple hecho de indagar sobre la muerte de su pequeño hijo, participante en los disturbios de Soweto. Seguir leyendo Angola en mí

Parque sin sombra o alma sin parque

Lo recuerdo como hoy: era una tarde de marzo, me encontraba en una ciudad extraña y amaba a una mujer.

Me dirigía a ningún lugar mientras desembocaba en el ansiado Parque de Lennon. Quizás cerca del más grande músico del siglo XX, se me pegaría un poco de su ingenio para enamorarla.

Creía estar enamorado, aunque hasta ese instante veía al amor como un juego loco en el cual ganábamos en prudencia con los años. Manejaba la tesis de que en las relaciones humanas resultaba vital ocultar el “corazoncito”, entregarse a medias. No era cobardía, más bien una estrategia para emerger ileso.
“Amor”, nunca había entendido a quien se le había ocurrido encerrar un sentimiento tan grande en cuatros letras. “Putos poetas”- pensaba. Cuánta palabrería se habían gastado de la creación del alfabeto acá, y solo para describir un fenómeno tan sencillo descrito desde la ciencia como un fenómeno químico donde la dopamina liberada por la sinopsis, causa el  placer.
Pero quiénes eran más imbéciles, los científicos o los poetas. Ojalá todo fuera así de sencillo, Silvio sería premiado con Nóbel de Química y Mendel un juglar borracho. Entonces me inyectaría dopamina en el cerebro y pasaría la página.

Era más práctico que huir a un parque sin sombra, cerca de una estatua de bronce con una libreta de notas, y escribir la misma historia desde Cristo: “el sol sangra su despedida y yo pienso en ti”.

Mientras cavilaba sobre el “misterio amargo del amor” y me ahogaba en un pantano de cursilerías, unos turistas llegaron al parque para retratarse con el autor de Imagine.

Me vino a la mente la gran tragedia de la humanidad: los humanos somos buenos rindiendo pleitesía a lo inerte, aunque a pocos pasos un hombre languidezca.

Cerca de mí y frente a Lennon,  una pareja se besaba dándome la espalda, y peor me sentía. Ni los perros me hacían caso. Pasaban por mi lado como si yo fuera la estatua. Con la gran diferencia que hasta los canes conocen a los Beatles.

Había desandado casi un kilómetro para arribar a un parque desprovisto de follaje. Necesitaba como nunca de alguien presto a escucharme.
Esa mujer era un cisne negro. Me lastimaba, me resultaba insensible. Lo atinado sería escapar, alejarme, pero no quería hacerlo. Ella había irrumpido en mi vida sin permiso. Su risa destruía mi calma y estabilidad.
Era una especie de guerrillera sandinista y yo un soldadito de Somoza. Me neutralizaba solo con su presencia. Su nombre era musical como las olas. Con qué gusto me arrojaría a sus invernales aguas.

Minutos antes había corrido para apartarme y desterrarla de mi mente, y ya comenzaba a extrañarla. Iría donde ella, total, de amor nadie había muerto. Era preciso ser fuerte y asumir la angustia con estoicismo.

Solo me molestaba que un sentimiento tan inextricable se nombrara amor, cuatro letras, dos sílabas. Debería llamarse como una enfermedad terminal. Siderosis hepática estaba bien.
El tiempo se me antojaba un mercenario. En ese instante me rompía el alma y después se empeñaría en curarme y me haría olvidar.

De improviso solté una estruendosa carcajada que sacó de la somnolencia a un inocente viejito. Me reía de Lennon, empotrado en un banco por toda la eternidad en un parque sin sombra. Yo al menos podía levantarme y andar….

El trágico destino del Museo de Bagdad


Por: Enrique González-Manet
Para los ingleses, el famoso museo próximo al Eufrates era una prolongación del Victoria and Albert Museum, en Londres, que conserva piezas de la cultura islámica y evoca el patrimonio del Medio Oriente. Incluso, a principios del Siglo XX fue visitado por la novelista Agatha Christy, interesada en las ruinas de Mesopotamia y los Jardines Colgantes de Babilonia. Hoy todo esto ha desaparecido y sólo queda el recuerdo de las creaciones, principalmente tallas y esculturas, que dejaron los primeros artífices desde la época de los sumerios, acadios, asirios e hititas, casi 3 000 años antes de nuestra era. Esta ha sido una de las consecuencias de la invasión y conquista de Irak por el Imperio hace muy pocos años. Con eficiencia nada sorprendente, no dejaron nada de valor, excepto los leones alados de granito porque pesan 25 toneladas cada uno. Piezas que son verdaderas joyas de la antigüedad más remota han comenzado a aparecer en Los Angeles y New York. Seguir leyendo El trágico destino del Museo de Bagdad