Aquella vez que visité Miami

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Pues sí, allí estaba yo, en Miami, en short y camiseta. Me habían invitado a un encuentro de periodistas. ¿¡Di tú!? ¡Invitado a un encuentro de periodistas nada más y nada menos que en Miami! Pero esa no fue la única sorpresa: mi mamá había viajado conmigo. Al parecer quiso acompañar a “su niño” que ya frisa los 30, y ella estaba como si nada, como si se tratara de cualquier otro lugar, digamos, Cumanayagua. Pero no, era Miami, varias personas me sacaron de dudas. En algún instante debí preguntarme qué hacia yo allí, y sobre todo, qué hacia mi madre, mas me aclimaté a la idea, al menos intenté conservar la calma. Las sorpresas continuaron. Alexis Valdés, sí, Bandurria, o para los más actualizados, el gracioso conductor que sale en el Paquete semanal, ese mismo, me llevó a dar una vueltecita por la Ciudad nada más y nada menos que en un moscovich. Muy solícito él para conmigo, como si de un periodista importante se tratara, me dio un Tour por la urbe. Lejos de los que algunos piensen no me llevó al Versalles ni a la Calle 8, realmente ni sé a dónde carajo fuimos. Y siguieron las sorpresas. Miami no era como me la habían pintado, ¡allí también existían edificios de microbrigadas! Era un reparto como los de Cuba, con la misma montaña de basura, idéntico asere. Naaa, me están tomando el pelo, me dije, pero el rostro de Alexis Valdés estaba impasible, como si se tratara de un paisaje cotidiano. ¿Aquí también hay edificios de ese tipo? ¿De qué presumen esta gente entonces? ¿Pa’ qué emigran los cubanos? ¿Para vivir en un edificio de microbrigada? Con humedad, filtraciones y maniguas en los jardines como en Cuba. Me apeé del moscovich de Alexis y salí caminando para el hotel donde estaba mi mamá junto a un grupo de personas, quienes según creo, también participarían en el evento de periodismo. Al menos eso creo, que yo estaba allí para asistir a algún evento de periodismo, qué otra cosa iba a ser yo en aquel lugar. En eso pensaba hasta que me veo caminando por algún sitio céntrico saturado de tiendas con vidrieras bien dispuestas -confirmé que no era Cuba-, en ese instante sentí muchas miradas encima, creo que hasta me ericé. Es cuando me descubro muy orondo en short y camiseta. ¿!En short y camiseta!? Con un movimiento lento, lentííííísimo, me miré el hombro como el que no quiere las cosas, con el rabito del ojo, y allí estaba él, incólume y mirándome con mal talante ¡Qué carajos hago yo en Miami, en short y camiseta, y con un tatuaje del Che en el hombro! Y booomm, desperté….

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¡Al fin! ¡Habemus Sala White!

Foto: Yenli Lemus, periodista de ACN
Foto: Yenli Lemus, periodista de ACN

La ansiedad recorre toda la sala. Hay lleno total. Al final del salón varios asistentes permanecen de pie. Nadie quiso perderse la oportunidad de presenciar un suceso esperado durante más de 16 años: la reapertura de la Sala White.

La sala de conciertos matancera cuenta con un historial de más de 150 años vinculados a la música, sin embargon enfrentó un enmudecimiento involuntario tras una reparación que debió durar poco y se extendió hasta lo innombrable.

Pero al final se hizo la música, y los matanceros disfrutaron en la noche de este 28 de Enero, un exquisito programa cultural liderado por Frank Fernández como solista, bajo la conducción del Maestro Enrique Pérez Mesa y acompañado por la prestigiosa Orquesta Sinfónica de Matanzas.

En el rostro de los músicos, en su mayoría jóvenes, se observa la satisfacción. La sala era su local de ensayo. Al cerrar sus puertas los músicos vagaron por disímiles locales de la ciudad. Esta tambièn es su noche.

Todos se ponen de pie para reverenciar la entrada de los maestros. Suenan las cuerdas interpretando La Bella cubana de José White. Esta pieza se ha convertido en el himno de Matanzas, la suavidad con que el arco tañe las cuerdas del violín nos remite una y otra vez a la calma que brota de los ríos de la ciudad.

Tras culminar la pieza Frank Fernández se levanta y cierran la tapa al gran piano de cola que aguardó más de una década por este momento. Fue Cecilia, la directora del Teatro Sauto, otra institución deprimida por el silencio, quien resguardó con desmedido celo el instrumento.

El maestro Pérez Mesa alista a la orquesta y comienza los acordes de la obertura “Oberón” de Weber.

Un rato después regresa el pianista para deleitar a los presentes con el concierto para piano No. 23 en La Mayor, de Mozart.

Al escuchar la música del genio de Salzburgo uno cree que se trata de un niño jugueteando con un teclado por la alegría y desenvoltura con que emergen las notas, brotan como un alud. Esa es la magia de Wolfgang que hoy les obsequia Frank Fernández a los matanceros, tan ávidos de noches como estas.

En las paredes de la abarrotada sala cuelgan cuatro gigantes espejos, y desde ellos se ve la orquesta y el público como si de mundos paralelos se tratara.

Si artistas son los que deleitan a los presentes, artistas también han de ser quienes rescataron a la Sala White. Por eso el maestro Frank pide la palabra para agradecer al artesano Sergio Roque, artífice de semejante logro: devolver una hermosa sala de conciertos a los matanceros.

Y continúa la noche y la música, que llegó para quedarse al menos en este recinto. El maestro Frank interpreta un arreglo suyo de La comparsa de Lecuona. Los metales cobran protagonismo en esta nueva versión.

Causa admiración observar una orquesta sinfónica sobre el escenario como Dios manda. A un costado los violines, en el otro las violas, los contrabajos, más allá instrumentos casi desconocidos u olvidados: un fagot, una tuba…

Por suerte los yumurinos tendrán la oportunidad de reencontrarse con la música clásica, al disfrutar de un amplísimo programa de conciertos organizado por la renacida institución.

Los aplausos resuenan una vez más. Esta vez se extienden por varios minutos. El público permanece de pie, agradecido. Seguramente muchos pensarán que valió la espera, hasta pedirán en lo más hondo que este nuevo aire de renovación descienda de una vez y por todas a la comarca Yucayo, la que una vez llamaron La Atenas de Cuba por noches como estas.

Hipocresía yanki con tufito a petróleo

Una mujer es decapitada en Arabia saudía plena luz del día.
Una mujer es decapitada en Arabia saudía plena luz del día.

En el reino de Arabia Saudí dos policías religiosos pueden decapitar a una persona en plena vía por un delito común, sin embargo, las grandes potencias ni se inmutan, menos le acusan de violar los Derechos Humanos.

Algunos prefieren mantener la calma antes los nuevos aires de distensión que baten entre la isla caribeña y la gran potencia del Norte, y así obviar las décadas de guerra económica, acoso y crueldad de la que fuimos víctimas durante más de cinco décadas.

No es mi objetivo “meter el dedo en la llaga”, pero tampoco me pidan que calle o ignore la realidad que me circunda. Es cierto que la administración de Obama decidió dejar a un lado la beligerancia contra un pequeño país que nunca tuvo más pretensiones que ser soberano e independiente.

Para nadie es un secreto que el mundo se detuvo unos minutos el 17 de diciembre del 2014, y miró hacia el Caribe para escuchar los discursos de nuestro Presidente Raúl y el mandatario norteamericano, anunciando una nueva etapa en la relaciones bilaterales entre las dos naciones.

Sin embargo, aunque algunos objeten que debemos pasar de la desconfianza y las miradas de recelo ante cada gesto del vecino norteño, echando una ojeada a la política exterior de aquel país lo insensato sería no desconfiar.

Con solo lanzar una simple mirada a las históricas relaciones entre USA y nuestro hemisferio, partiendo desde aquel lejano 1898 cuando las tropas yanquis desembarcaron en Santiago de Cuba disfrazados de héroes en una contienda en la que ya quedaba poco que hacer, notaremos que cada acción norteamericana solo ha provocado muerte y desdicha en nuestra región.

La lista de invasiones, injerencias, golpes de estados y apoyo descarado a dictaduras militares sería interminable por parte del gobierno norteamericano. Basta mencionar la Operación Cóndor, que como ave siniestra sobrevoló nuestro cielo sembrando la muerte y provocando las desapariciones de miles de latinoamericanos.

En aquel entonces a los cubanos no se nos acusaba de violar los Derechos Humanos, éramos simplemente un satélite de la URSS, y como en la guerra fría habíamos elegido nuestro bando también éramos enemigos.

Ya en los 90, cuando el Campo Socialista desaparece, a los Estados Unidos no les quedó más remedio que asirse a cualquier argumento para mantener su hostilidad contra Cuba, y surge entonces una nueva elucubración: el viejo cuento de los Derechos Humanos.

Durante mucho tiempo, sobre todo en las dos últimas décadas, Cuba fue acusada de violar los derechos de su gente en cuanto foro se organizaba sobre este tema.

Por supuesto, semejante embuste era azuzado por la prensa de la derecha internacional. Fue así como surgieron “personajuchos” que devinieron en supuestos luchadores por la democracia, y mientras más mentían sobre Cuba más abultaban sus billeteras.

Fuimos blanco de cuanta bazofia surgía por ahí, y se silenciaron nuestros logros de tal manera que llegamos a ser un país inexistente, envueltos en una niebla de injurias y manipulaciones.

Curioso resulta que mientras se criticaba nuestro sistema político USA estrechaba vínculo con las monarquías árabes, regímenes tan alejados al ideal democrático norteamericano. Pongamos por ejemplo Arabia Saudí, caracterizada por un régimen de monarquía absoluta.

En Arabia Saudí las mujeres sufren uno de los mayores grados de discriminación del planeta.
En Arabia Saudí las mujeres sufren uno de los mayores grados de discriminación del planeta.

Si bien debe existir un respeto hacia la cultura milenaria del Medio Oriente, preocupa que a estas alturas, aquel sea país donde las mujeres sufren uno de los mayores grados de discriminación del planeta.

Pero semejante realidad no le frunce el seño al gobierno de Obama, ni a sus predecesores. Por supuesto, la familia Al Saud mantiene estrechos lazos con Occidente, le vende petróleo y le compra armamento.

Qué importa que en Arabia Saudí a las féminas se les prohíba conducir, o que la policía religiosa arremeta contra una pareja que se tome de la mano o se bese en un espacio público.

Algunos medios informan que el rey Salmánbin Abdulaziz está batiendo récords con al menos 151 ejecuciones en 2015. Es el número más alto en 20 años. Una cada 58 horas. La aplicación de la pena capital en un solo día, el pasado 2 de enero, a 47 personas a las que el Gobierno acusa de pertenecer a grupos terroristas, entre ellas el clérigo chií Nimr al Nimr, causó estupor en medio mundo, pero como era de esperarse, el gobierno norteamericano no se pronunció. Ellos saben ser leales con sus amigos, sobre todo cuando median tantos intereses.

Por esa razón resulta válido desconfiar cada movimiento de los Estados Unidos y sus ansías de dominación, y darle poco crédito a sus críticas. Solo conseguirás sus favores si te subyugas a sus intereses imperiales, entonces podrás decapitar, violentar, discriminar y cuanto infinitivo se le ocurra…y nunca emitirán una sola critica. A buen entendedor…

El reto de ser un periodista cubano y no perecer en el intento

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Acabo de encontrarme una breve nota en un medio internacional que asegura que el oficio de periodista está entre los más estresantes, equiparado con los pilotos de aviación, un alto ejecutivo de empresa o de relaciones públicas, un policía, un bombero, un militar, y viéndolo bien, el reporte tiene algo de razón, porque el periodista lleva un poco de cada uno de esos oficios.

Somos una especie de apaga fuegos, “perros guardianes” contra lo mal hecho, como bien acuñó un teórico, dada la esencia del buen periodismo que siempre persigue sacar a la luz temas que permanecen ocultos; otros nos ven como relacionistas públicos, y en honor a la verdad llevamos de todo un poco, la diferencia quizás resida en el salario y el reconocimiento popular.

A un periodista se le quiere o se le odia, se le da palmaditas en el hombro, o una severa patada en el trasero. Lo curioso del caso consiste en que esa patada te la puedes ganar cuando precisamente decides realizar un mejor periodismo, haciéndole honor al mejor de los oficios, como dijera ese grande de la literatura y el periodismo como lo fue Gabriel García Márquez. Desde entonces, o desde mucho antes, fuimos un poco más vanidosos.

DEL PERIODISMO Y OTROS DEMONIOS

Es cierto que el quehacer reporteril lleva mucho de entrega y de estrés. Si lanzamos una mirada en derredor apreciaremos que si bien en Cuba aun no hemos enfermado de ese periodismo de “mercachifles” que uno se encuentra en ciertos sitios de farándulas que abundan en Internet, no estamos exentos de la superficialidad.
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No hace mucho leí en un medio digital cubano, la rabieta de cierta periodista porque Naomi Campbell, la famosa modelo, también conocida por sus desplantes a los periodistas, se negó tajantemente a ser entrevistada. La joven reportara quiso ser la protagonista de la noticia. A veces creo que somos como niños en pañales incapaces de aclimatarnos a los nuevos tiempos que se avecinan, cuando Cuba se ha convertido en la Tierra Prometida de muchos, una especie de Nuevo Mundo donde recalan los famosos ansiosos de descubrir una islita que siempre estuvo a pocos minutos de distancia, pero que parecía algo lejano y desconocido.

¿PERIDISMO SIN RIESGO EN CUBA?

Aunque los detractores de Cuba digan lo contrario, sí se puede asegurar que el ejercicio del periodismo en la isla quizás sea el más seguro del planeta. Nunca he escuchado que un periodista resultó asesinado por sacar a la luz un hecho oculto, como sucede en nuestro propio continente, sobre todo en América Latina, donde las tasas de asesinatos a profesionales de la prensa rondan lo inconcebible, por el simple hecho de hacer su trabajo.

En países como México y Honduras ejercer el periodismo se puede pagar con la vida
En países como México y Honduras ejercer el periodismo se puede pagar con la vida

En Cuba difícilmente una fuente que vea dañada su imagen arremeta contra la integridad física de un reportero, pero también es cierto que ningún caso sonado de corrupción salió a la luz gracias a la prensa cubana, como bien advirtiera el maestro Julio García Luis en su memorable libro Revolución, Socialismo, Periodismo. Libro que se editó en Cuba y que los más optimistas pensaron que transformaría la prensa, pero no fue así.

Los medios cubanos más bien practican un periodismo de autopsia, se da el hecho, desconcierta a muchos, y a los periodistas solo le queda explicar qué pasó y cómo.

Lo triste del caso recae en que muchas veces se pudo evitar el hecho con un buen reportaje de investigación, porque cuando el problema explota prácticamente era del conocimiento público de muchos. Pero los periodistas se ven maniatados por las rutinas productivas y las mediaciones que obstaculizan el buen desempeño de los profesionales de la prensa.

SECRETOS A VOCES

Pongamos un ejemplo: para nadie es un secreto que cuando un chofer debe someter su vehículo a una revisión técnica, lo que se ha dado en llamar “pasar el somatón”, desembolsará una alta suma de dinero o determinada cantidad de combustible, hecho que en Cuba se ha convertido en un negocio lucrativo y prácticamente ante la mirada de todos, pero preferimos obviar el problema “porque no hay pruebas suficientes” aunque todo el mundo hable del fenómeno.

De casos así, situaciones que se escuchan y se perciben a simple vista está llena nuestra Isla pero pocas veces salen a la luz pública, o mejor dicho, publicadas.

Siempre he sido de la opinión que cuando los problemas no se abordan a tiempo se convierten en problemones que luego nos engullen. Ya deberíamos pasar de los temas tabúes en la prensa cubana. A la discriminación racial hay que llamarla como tal porque el fenómeno existe, si no nada más recorra una universidad para que vea que la frase del Che nunca se concretó, los mulatos y los negros apenas son minorías en esos centros de altos estudios.

Sobre este tema haga un simple ejercicio, visite una Escuela Vocacional de Ciencias Exactas, se percatará que los jóvenes de raza negra son un ínfimo número en esos centros que cada vez más se vuelven más elitistas.

La lista sería interminable de asuntos que debieran abordarse en los medios para suscitar el debate, pero no salen a la luz, aunque estén allí creciendo y enquistándose, enfermando a la sociedad.

¿Y LA CULPA QUIÉN LA TIENE?

A lo largo de estos años de periodismo revolucionario muchos colegas han enfermado de cinismo. Prefieren hacer el periodismo que les mandan sin meterse en camisa de once varas, como dicen los viejos. Basta recorrer la vista por la prensa de tirada nacional, léase Granma o Juventud Rebelde, para sospechar por unos instantes que vivimos en el mejor de los mundos posibles. Solo de vez en vez aparece un que otro reportaje que sacuda a la opinión pública. Pero muchas veces adolecen de profundidad.

También vale destacar que lo peor que le puede suceder a un periodista es denunciar un problema y constatar que al paso del tiempo todo sigue igual…o peor.

Soy de la opinión que los periodistas cubanos llevamos en parte culpa de las tantas críticas de la población, siempre con sed de ver sus problemas reflejados en los medios de prensa. También es cierto que existen por ahí buenos intentos. Pero la generalidad del periodismo en Cuba está colmada de trabajos sosos, que nada dicen, plagados de una retahíla de datos y frases vacías.

Sin embargo, esa situación no refleja la verdadera calidad de los profesionales de la prensa en la Isla. El periodista cubano es un profesional competitivo, como lo son los informáticos, los doctores, pero muchas veces sus ganas de hacer se ven maniatadas por las circunstancias que les rodean.

Circunstancias que van desde el acoso feroz de una gran potencia, a pesar de la distensión en las relaciones bilaterales entre la isla y USA, hasta nuestra tendencia de querer omitir nuestros propios errores.

Más de una vez he escuchado a nuestros máximos dirigentes expresar que la decisión de qué publicar o no, recae en el director del medio, una gran responsabilidad que todos no están preparados para asumir, ni todos desean asumir.

De ahí las tantas incongruencias que se observan en nuestra política informativa. Cuando se sobreviene un fenómeno como la Crisis de los cubanos en Costa Rica, algunos directivos de medios se atrevieron a publicar el Vía Crucis en el cual se hallaban nuestros paisanos, otros, la gran mayoría, prefirieron callar o esperar el visto bueno de arriba.

Y es que fueron tantos años caminando con las manos sujetadas, que son pocos los atrevidos a caminar por sus propios pies, por miedo a caer, claro está. Temor del cual nadie escapa, ni este gris bloguerito que ahora redacta estas líneas sin más pretensiones que dialogar consigo mismo.

¿INCONGUENCIAS?

Hace poco escuché de la propia voz de un alto dirigente del país que nadie prohibió entrevistar a los peloteros cubanos que viajaron a la isla integrando la delegación de Grandes Ligas que nos visitara no hace mucho. Hasta allí llegan las incongruencias en nuestra política informativa, son los jefes inmediatos quienes se llevan el descrédito y las malas caras de los periodistas.

Al final, quien da una orden prohibitiva, después se escurre entre la niebla. A estas alturas nadie dio la orden de no mencionar la visita de Leonardo Padura a Matanzas, figura central en un evento cultural, tampoco nadie prohibió entrevistar a Pito Abreu, pero la orientación sí seasumió cabalmente, lo que ahora no se sabe quién la emitió. Después es el periodista quien paga los platos rotos, quedando indefenso ante tal dislate, y hostigado por la población que le acusa de ciego, o mentiroso, porque omitir una noticia también es una forma de mentir.

Y así vamos los periodistas cubanos, por momentos muriendo de a poquito, con muchas cosas que decir, pero cansado de las plenarias donde siempre se abordan los mismos problemas sin soluciones, solo salen ilesos quienes de verdad aman el ejercicio de la prensa, esos que logran encontrar la luz cuando más oscuro parece el túnel.

Tales periodistas son como esos peces raros de las inmensidades del océano que llevan una especie de bombilla que produce luz desde su propio cuerpo. Son criaturas bioluminiscentes. Las ganas de hacer nunca les abandonarán, a pesar de las incongruencias, las erróneas políticas informativas, los silencios impuestos por “nadie”, y toda la bazofia que reina por ahí. Solo les salvará las palabras honestas que por suerte la población aun sabe apreciar. Esa será en ocasiones, su única tabla de salvación.