EE.UU.: El regreso del viejo oeste

Pueblo de Texas permite a profesores llevar armas

get [640x480]

Los norteamericanos no necesitan sentarse frente a la pantalla para disfrutar las viejas películas del lejano oeste, cuando la ley se dictaba a punta de pistola. Basta con asomarse a la ventana, o con un nudo en la garganta enviar a sus hijos a la escuela, donde reina la pólvora y la muerte.

La única escuela del pequeño pueblo de Harrold en el estado de Texas permite que los profesores lleven armas ocultas a la institución, una medida controversial que está siendo sopesada en al menos otras cinco entidades de Estados Unidos después de una reciente masacre en una primaria de la ciudad de Newtown en Connecticut. La imagen del frente de la escuela de Harrold, que imparte cursos desde el jardín de niños a secundaria, corresponde al lunes 17 de diciembre de 2012.

En este pequeño pueblo de Texas a los niños y sus padres no les preocupa mucho la seguridad de la única escuela, principalmente porque algunos de los profesores llevan armas ocultas.

En el remoto Harrold, la oficina del alguacil más cercana está a 30 minutos por carretera, y la gente tiende a conocer y a confiar en los demás. De modo que la junta escolar efectuó una votación y decidió permitir que los maestros lleven armas a la escuela.

“No tenemos dinero para un guardia de seguridad, pero esta es una solución mejor”, consideró el director David Thweatt. “Un atacante podría suprimir a un guardia o a un policía con un arma visible y enfundada, pero nuestros maestros tienen maestrías, son adultos y han tenido una capacitación exhaustiva. Y sus armas están ocultas. Podemos proteger a nuestros hijos”.

En una secuela del ataque a tiros de la semana pasada en una escuela primaria de Connecticut, los legisladores de un número cada vez mayor de estados, como Oklahoma, Misurí, Minnesota, Dakota del Sur y Oregon, han anticipado que sopesarán leyes para permitir que los maestros y los empleados escolares lleven armas de fuego a sus centros de trabajo.

La legislación de Texas prohíbe las armas en las escuelas a menos que sea con autorización escrita. Arizona y otros seis estados tienen leyes similares, con excepciones para las personas que tienen licencia para portar armas ocultas.

La junta escolar de Harrold votó en forma unánime en 2007 con el fin de permitir que los empleados lleven armamento. Luego de obtener un permiso estatal para portar armas ocultas, cada empleado que desee portar una debe someterse a consideración de la junta con base en su personalidad y la manera en que reaccione ante una crisis, puntualizó Thweatt.

Los empleados también deben cursar un entrenamiento sobre intervención en crisis y situaciones de rehenes. Y están obligados a usar balas que minimicen el riesgo de rebotes, similares a las llevadas por los agentes vestidos de civil en aviones comerciales para impedir secuestros y otros desórdenes.

El director declinó revelar cuántos de los 50 empleados de la escuela llevan armas, pues —dijo— hacerlo pondría en riesgo la seguridad en la institución.

La escuela, a unos 241 kilómetros (150 millas) al noroeste de Fort Worth cerca de la frontera con Oklahoma, tiene 103 alumnos desde el jardín de niños a la secundaria. (Tomado de AP)

Anuncios

Figura sin nombre que nombra mis recuerdos

PlayaLosPinos.jpg

Cada mañana con los primeros bostezos del día, le veo caminar a orillas de la playa. Con pasos lentos, recorre la arena rastrillo en mano y en silencio, un silencio acompasado por la respiración del mar.

Mientras avanza, como abstraído, las olas le saludan con timidez. En lo alto un ave lanza un graznido que no consigue despertar su atención. ¿Se habrá preguntado alguna vez dónde anidan las gaviotas?

Me detengo cerca y no advierte mi presencia, quiero decirle algo, agradecerle por proteger mis recuerdos. Ignora que en ese costado húmedo de la ciudad amé a una mujer.

Pasa por mi lado y creo que su figura, el mar, las matas de coco, y aquella gaviota, siempre estuvieron ahí, son elementos indivisibles en el tiempo. Ansío preguntarle si se consigue el olvido, pero temo destruir la armonía del paisaje. Me marcho con mi recuerdo, solo somos dos intrusos.

Empresas con pérdidas: lastres de la economía

Por Arnaldo Mirabal y Yamila Sánchez

 

Las empresas agropecuarias con pérdidas entorpecen la producción de alimento
Las empresas agropecuarias con pérdidas entorpecen la producción de alimento

Los problemas que afronta la economía matancera no son nuevos. No hay Plenaria, Pleno o Asamblea del Poder Popular donde no se analicen las causas y alternativas de aquellas empresas menos eficientes.

Una y otra vez se discute la necesidad de confeccionar adecuadamente los planes con la participación de los trabajadores, que no se apruebe nada sin contar con la garantía de esa producción: materias primas, recursos, financiamiento, fuerza de trabajo…

Sin embargo, por una u otra razón eso casi nunca se cumple, y las cadenas de impagos, baja productividad, escaso control de los costos, deficiente gestión empresarial, no ajuste de los planes, implican o la descapitalización de algunas o que caigan en pérdidas.

De acuerdo con las estadísticas de Economía y Planificación este año deben concluir con un balance ingresos-gastos negativos unas 15 empresas en la provincia, distribuidas entre SIME, Minagri, Mintur, Mitrans y los Organismos Locales del Poder Popular.

La Empresa Metalúrgica Central de Acero J. Valdés Reyes encabeza la lista, incluso resultó evaluada de mal en la VII Comprobación Nacional al Control Interno. Sus complicaciones comenzaron al no recibir la materia prima para las producciones de pintura acrílica, producciones de plástico reforzado con fibra de vidrio y las reparaciones de equipos ferroviarios como estaba previsto en el plan de importaciones. No en balde, incumple su producción mercantil.

Otras de las que no cumplirá su producción es la Empresa Agropecuaria Matanzas, aunque sus pérdidas están relacionadas fundamentalmente a errores de  contabilidad de años anteriores. Según consta en el informe de EP, “se realizó una rectificación que cuenta en un expediente de faltante y se llevó a gasto”.

Sin embargo, algunas entidades estaban destinadas a fracasar desde que se instituyeron, como es el caso de varias unidades de la agricultura constituidas sobre los restos de empresas azucareras, y de estas lo heredaron casi todo: deudas, créditos sin pagar, etc, etc, etc.     

EMPRESA QUE NACE TORCIDA…

Desde su creación, la Empresa Agropecuaria Jagüey Grande tenía el futuro comprometido. Nació sobre los restos de la granja azucarera Australia, perteneciente a la empresa azucarera Sergio González, heredando una deuda superior al millón 300 mil pesos.

Resulta preocupante que entidades prestadoras de servicios no posean recursos con que prestarlos
Resulta preocupante que entidades prestadoras de servicios no posean recursos con que prestarlos

Su objetivo principal consistía monitorear, controlar y prestar servicios técnicos a bases productivas estatales y no estatales del territorio, conformadas por 13 CCS, una CPA, dos UBPC e igual número de granjas.

Pero la prestación de servicios se  vio anulada porque “la maquinaria está muy deprimida, lo cual impide la generación de ingresos”, refiere José Manuel Santos, director general de la entidad.

Resulta preocupante que le planificaron utilidades en este concepto, cuando de un parque de 10 tractores, nueve permanecen rotos; carecen además de insumos para atender los sistemas de riego; y el taller no posee los recursos necesarios. Según las palabras de Santos, esta situación dio al traste con el cumplimiento del plan de producción mercantil.

A ello se une la paralización de un proyecto de cooperación para construir dos organopónicos, detenido por problemas de financiamiento de la parte extranjera, lo que agravó la situación. Solo lograron terminar las oficinas y algunos canteros.

El directivo entiende que cuando se crea una empresa debe contar con capital inicial. “Nosotros, en cambio, solo recibimos una deuda millonaria con el banco y la ONAT, que pertenecían al MINAZ, y tuvimos que asumirla. Nunca recibimos el capital que se nos prometió”.

El centro adoptó medidas para disminuir costos, como la reducción de plazas, aún así hay una estructura empresarial, unido a especialistas para capacitar a productores, que perciben un salario, gastos fijos que no tienen respaldo productivo.

De 20 trabajadores de la Granja Urbana, solo laboran siete, “los indispensables, redujimos la plantilla hasta donde nos fue posible pero si no recibimos el ingreso esperado, nos endeudamos”, refiere el director.

Pese a los malos vientos que baten, los trabajadores de la empresa se muestran optimistas. Aseguran que próximamente arribarán dos tractores y una cosechadora.

En enero retomarán el proyecto trunco de los organopónicos, con lo cual producirán más alimentos para el pueblo, y más ingreso para fortalecer la parte productiva de la empresa y obtener sostenibilidad económica.

Sin embargo, muchos cooperativistas opinan que una empresa con pérdidas y poca solvencia económica no puede servir de intermediaria entre las unidades de producción y la Empresa de Suministros Agrícolas.

Los campesinos creen que la Empresa Agropecuaria Jagüey Grande más bien es un impedimento para incrementar la producción en el territorio, porque muchas veces no posee capital para obtener los insumos a tiempo.

En los Lineamientos se explicita que las empresas estatales o cooperativas que muestren pérdidas en sus balances financieros, serán sometidas a un proceso de liquidación.

La Empresa antes descrita resultó víctima de la mala planificación y promesas incumplidas, por lo cual no ha podido enderezar su economía, y representa un lastre para la provincia que le dificulta el despegue.

Diciembre huele a chicharrón…

Cachirulo me mira como si yo fuera un asesino a sangre fría
Cachirulo me mira como si yo fuera un asesino a sangre fría

Criar un cerdo en Cuba tiene su maña y su cosa. Debes comprarlo al destete, con apenas 45 días de nacido por un valor de 500 pesos. Lo duro viene después: la limpieza diaria, para evitar protestas de los vecinos, quienes a la larga se volverán tus cómplices al suministrarte salcocho, algunas veces con la esperanza de que el día del sacrificio le obsequies al menos un chicharrón.

Desde que tengo uso de razón en mi casa siempre criaron puercos. Cada año empezaba el ritual: comprarlo, desparasitarlo, alimentarlo, para en el último mes del año acabar con su vida, y hacer más placentera la nuestra.

“Un cerdo es una alcancía”, aseguran en mi barrio, y creo que sí, porque la carne de cerdo es muy cotizada en Cuba, aun más en los últimos tiempos. Por eso no tener que comprar carne, y además vender, nos hará un poco más felices al menos por unos días, porque ya sabemos que la felicidad en casa del pobre dura poco. Pero mientras el palo va y viene, al menos durante un tiempo, nos empacharemos con carne.

En mi casa antes se mataban y se vendían en piezas. Siempre me gustó levantarme en la madrugada, y apilar la leña para hervir el agua con que se afeitaría el puerco, porque un chicharrón con pelo resulta desagradable.

En todos los barrios cubanos siempre hay un matarife experimentado. En mi cuadra se llama Felo. Cuando le introduce el cuchillo el animal apenas sufre, de una sola puñalada le perfora el corazón y ni chilla.

Hay cerdos chillones que avisan a todo el barrio cuando tienen hambre, otros son más discretos. En el Período Especial, cuando la necesidad obligaba a criarlos hasta en los baños de edificios multifamiliares, hubo quien les operó las cuerdas vocales para que no emitieran sonido alguno.

En Cuba sacrificar un puerco es casi una fiesta. Mientras lo limpias, y separas los perniles, las paletas, el lomo, vas friendo chicharrones acompañados de tragos de ron o cerveza, y risas, y chistes picantes. Yo no cambio ese ambiente por ninguna navidad anglosajona.

Entonces te das cuenta que valió la pena haber pasado un año limpiando el corral, transportando comida, bañándolo, si al final puedes asar un pedazo de carne con carbón, y es que nada se compara a la carne asada con carbón, y al olor, ¡Ese olor que desprende! Un cerdo asado es un sitio sagrado, una especie de tótem donde se reúne la familia y los amigos, para rendir pleitesía.

Este año aprendí que lo que nunca puede hacer un criador de cerdo,  es encariñarse con el animal, menos ponerle nombre. Así que me las veré muy mal este diciembre. Debo acabar con la vida de Cachirulo, un puerquito que disfruta mi presencia y que aprendí a querer.

Sé que no solo ve en mí a quien le alimenta. Cuando le baño, recuesta la cabeza en el muro del corral y se queda quietecito para que le restriegue las orejas y el lomo con una vieja escoba. Luego se echa en el suelo para que le haga cosquillas en la barriga, y me embarga un gran sentimiento de culpa.

Él ignora que a veces, cuando le veo sus perniles, calculo las libras que tendrá y los bistec que les extraeré. Este año decidí no acabar con su vida…..que lo mate otro. En honor a la verdad nunca he matado un puerco, lo mío es comérmelo, y las costillas fritas son mi porción predilecta.

¿Qué es lo que pasa en las redes? ¿eh, asere?

mimismo

De un tiempo acá, noto cierta agitación en la red de redes, relacionada con el silencio -voluntario o impuesto- del blog La Joven Cuba.

Hasta Israel Rojas, integrante del dúo Buena Fe, abordó el tema en una plaza pública matancera. Yo que estaba allí, nada escuché; es que prefiero tomar distancia de los tumultos, algo que a veces me pasa la cuenta, porque a la periferia los mensajes o no llegan, o llegan cercenados, como sucedió esa noche.

Lo cierto es que solo ayer me enteré de las palabras del cantante; con anterioridad había leído algo sobre La Joven Cuba en el sitio de Cubainformación, y me cuentan que en los últimos días la blogosfera se ha visto agitada por la suerte de los blogueros matanceros.

Una vez escribí sobre ellos. Retomando las palabras de un intelectual cubano, creí pertinente expresar en ese entonces que fe que no duda es fe muerta.

En estos tiempos en que muchos afirman no meter las manos en la candela por nadie, yo me hago responsable de mis palabras, porque creo conocer a Harold, al Jimmy y a Roberto como para entender que no son enemigos. Ahora, eso no quiere decir que los apoye en todo lo que dicen, y lo que hacen.

Pero si mi suerte está en juego por afirmar que no se fue transparente me importa un comino. No puede suceder que un buen día organicen un encuentro de blogueros a nivel nacional, y un mal día decidan tomarse un descanso, así sin más.

Debemos aprender de una vez que con omisiones no se gana la batalla, todo lo contrario, se da paso a la desinformación, y se aviva el avispero.

Quizás va y mañana los chamas con los que ascendí la Loma del Pan, se reincorporan a esta importante batalla de combatir al enemigo en sus predios, para como aquella vez, desde lo más alto de Matanzas, hablar sobre el papel de la juventud dentro de la Revolución Cubana.

Yo, que no tengo esto ni lo otro, y me falta aquello, pero de vez en vez pienso y escribo, creo, en mi humilde opinión, que esta escisión que se viene generando al interior de la blogosfera cubana no favorece a nadie, más bien perjudica.

No quiero ser un mediador, pero si alguien piensa que persigo ese objetivo me importa un carajo. Creo que esta batalla no llegará a ningún lugar. En el preciso instante que gastamos proyectiles dirigidos hacia nosotros mismos, en Miami hablan de refundar el Partido Revolucionario Cubano.

Mientras esos truenos intentan oscurecer mi cielo, veo gente valiosa desgastándose en la bobería. Yo por lo pronto miraré pa’l campo donde vive la gente más pura y trabajadora de Cuba, como dijo martí, con ellos quiero mi suerte echar. Allí no hay cizaña ni medias verdades.

Y cuando la cosa se ponga más tensa me iré al mar, no para atisbar el horizonte, más bien para purificar las vías respiratorias y continuar en esta mi batalla por Cuba, que siempre ha sido a pulmón limpio.

Al menos hoy tengo bien claro quiénes son mis enemigos, y qué debo hacer con ellos.

La triste historia del alegre Jau

Pastorbelga.jpg

Cuando niño me gustaba comer frente al televisor, mientras disfrutaba las aventuras de turno; recuerdo con agrado y cierta nostalgia, una serie canadiense de los 80, protagonizada por aquel perro vagabundo llamado London, que aparecía de la nada y siempre hacía el bien, para luego continuar su camino.

Desde que Jau llegó al barrio, me hizo recordar aquella serie televisiva. Jau es un hermoso pastor belga de abundante pelaje y agradable presencia, que apareció siendo un cachorro, y de la noche a la mañana se transformó en un apuesto can.

He llegado a pensar que sus dueños, gente adinerada, le compraron porque tener un pero de raza denota alcurnia y poder adquisitivo.

Pero comprar algo no siempre significa quererlo, algunas cosas se dejan de desear en el mismo instante que se obtienen, y las personas pudientes pueden sentirse aturdidas o desapegadas entre tantas posesiones.

Pero Jau conoció el amor de las humildes personas de mi barrio, tan dados a amar siempre, a pesar de la estrechez.

En las tardes, cuando lo liberan para que ejercite los músculos y realice las necesidades biológicas, su mayor necesidad es buscar cariño.

Por eso sale como loco, y con movimientos atolondrados y saltos frenéticos, se adentra como perro por su casa en el hogar de Ofelia, vecina curiosa y bullanguera, pero de buenos sentimientos, quien atareada en la cocina lanza un grito, mezcla de susto y alegría.

El siempre dispuesto Fidel también es su compinche; a veces le pasea sujeto a una correa porque el animal es muy hiperactivo, y no le hace mucho caso, “me tiene cogida la baja”, asegura mi vecino, quien debe correr toda la cuadra para lograr asirlo.

Sus mejores amigos son los niños del barrio. Le acarician la panza, le jalonean las orejas, y Jau se tumba al suelo, patas arribas, jadeante y gozoso, como si se sintiera dichoso por tanto cariño.

El hombre que amaba los cerdos

Andrés Jiménez observa el fruto de su trabajo
Andrés Jiménez observa el fruto de su trabajo

Lo que bien se aprende nunca se olvida, quizás por eso para Andrés Jimenez Torres, la química y la cría de cerdos van de la mano, se entrelazan, lo mismo a la hora de determinar la dosis para inyectar a un animal, que cuando mezcla los alimentos para aumentar su valor nutritivo.

Se licenció en Química y desde niño “le sabe” a los puercos, según dice, porque es hijo de guajiro. Hace cinco años aproximadamente, pidió tierras en usufructo para producir carne porcina, para ello el Estado le asegura el 70 por ciento de la alimentación.

El otro 30 % lo suple con yuca cultivada en áreas de un edificio deshabitado, donde también erigió la cochiquera, custodiada por San, un perro de recio carácter que salvó de un incendio y devino en fiel guardián del lugar.

Andrés pertenece a la Cooperativa de Créditos y Servicios (CCS) Féliz Duque, de Agramante, entre las unidades productoras del territorio matancero en arribar a las 300 toneladas; la contribución de Andrés fue significativa para poder alcanzar tan difícil proeza productiva.

Difícil porque los animales llegan con apenas 33 días de nacido. Desde las primeras jornadas comienza una batalla sin cuartel contra la mortalidad, caracterizada por un riguroso manejo de la masa, la estricta dieta de alimentación y la higiene.

“El cerdo es muy sensible a los cambios, de ahí la importancia de la estabilidad del pienso, se estresan con mucha facilidad y pierden peso”, comenta el criador.

El trabajo es rudo y diario. Llega sobre las seis de la mañana, limpia las canoas, les alimenta; luego, en el campo extrae varios cangres de yuca para la dieta complementaria; sobre el mediodía limpia todo el corral, les alimenta de nuevo, operación que repite al caer la tarde.

Con las manos apoyadas en el muro del corral, Andrés observa los robustos animales de casi 100 libras, con apenas tres meses de vida.

Disfruta observarles, pero no con aires de vanidad, más bien como la mirada del hombre que se siente recompensado por el sacrificio del trabajo honrado.

“Llegan muy pequeños, cada día ves como crecen y crecen, hasta que se convierten en puercos así de grandes”, hace un gesto y se lleva la mano a la cintura.

Los cerdos aprenden solos a beber agua de la titina, diminuta tubería empotrada en la pared
Los cerdos aprenden solos a beber agua de la titina, diminuta tubería empotrada en la pared

Mientras habla, no deja de mirar a los cerdos, que desentendidos de la conversación hociquean en la canoa o absorben agua de una titina, diminuta tubería empotrada en la pared.

Le pregunto cómo los cerdos aprendieron a succionar el líquido, a lo que él me responde que es algo instintivo, desde que llegan saben que allí pueden beber.

No me sorprende, porque existen cosas en la vida que se dan así sin más, por instinto, como la necesidad de agua de los seres vivos, o de sentirse útiles los hombres buenos.