La angustia de Chivás (o el último post)


No se asusten, no he pensado en suicidarme, yo solo me inmolaría entre las piernas de una dama. Pero en estos días he pensado mucho en los últimos momentos de Eduardo Chivás y en su disparo. Pienso que lo que le obligó a jalar el gatillo y acabar con su vida, la decisión de dispararse a sí mismo, fue la impotencia. Y la impotencia me invade en los últimos días, sobre todo desde el viernes 6 de septiembre.

Impotencia por descubrir que todo sirvió de nada, que ya no está de moda el heroísmo, mucho menos un último aldabonazo; que todos saben pero nadie habla, y lo peor, que al parecer ya a nadie le importa.

En este minuto no me han podido desmentir, pero muchos si me pueden acallar. “No tienes suficientes argumentos”, dicen, “las redes sociales no es lugar para denunciar nuestros problemas”, dicen, y yo, realmente, ya no tengo ganas de decir más.

Me he defendido cómo he podido, me han apoyado, pero la impotencia se convierte en angustia, y tanta angustia ya me jode bastante.

Y entonces pienso en México, donde mueren periodistas por ejercer su oficio, y me pregunto si en Cuba no sucederá algo peor, o quizás existen otras formas de morir, es que te mata de a poquito…

No dejo de pensar también en las veces que este país y su gente acaricia lo extraordinario, los más grandes desprendimientos, las más sublimes hazañas, y con dolor descubro cada día que también tememos y mucho a algo tan esencial como respirar: decir lo que se piensa, defender una opinión.

Yo ya no puedo vivir así, y precisamente es cuando más ganas tengo de vivir y respirar mi aire, ese que me llega de mi ancha bahía.

Quiero seguir defendiendo lo que pienso, sin tener que dar tantas explicaciones de lo que digo. Necesito ser transparente conmigo mismo y consecuente con mis palabras.

Nunca quise esta algarabía. Solo añoré la transparencia. La debida y necesaria transparencia. Iluso que soy, debo reconocer que me equivoqué, no por falta de argumentos, sino por esperar demasiado, por creer que denunciar un hecho de corrupción de dominio público, y silenciado por las autoridades de mi provincia, no lograría otra cosa que su examen y estudio, no mi empalamiento.

En este minuto nadie (me refiero a las autoridades del gobierno) se me ha acercado para hablarme del asunto. Y eso que al parecer todos están al tanto del barullo en las redes. Y me pregunto si se preocuparán con esa misma intensidad de la percepción que tiene los matanceros del nivel de corrupción en la provincia. Yo realicé un simple ejercicio, le pregunté a 28 matanceros qué pensaban del fenómeno. Todos afirmaron que sí existe, y que no se combate con firmeza.

Este es el último post que escribo en este blog Revolución. Este que fundé en octubre del 2010 con una crónica del Che Guevara. Solo me queda decir que me hago responsable de cada palabra escrita aquí, siempre me motivó contar a Cuba con sus luces y sombras, siembre busqué la luz, y hoy, a pesar de lo vivido y sufrido, aun encuentro esa luz.

Me despido de este blog sin dolor. En algún momento crearé otro porque nada ni nadie me quitará las ganas de contar. Quisiera decir más cosas, que estoy orgulloso de mi núcleo del Partido, aunque me separara de sus filas, no así de otras decisiones. Quisiera decir que al país no lo destruirán las calumnias de afuera, ni las duras verdades que replican otros medios…pero bueno, eso todos los saben o deberían saberlo.

Yo solo quiero decir, y hoy, con más seguridad que nunca afirmo, que la mayor irresponsabilidad siempre será callarse.

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