En ganadería las lluvias traen la leche…y también se la llevan

Para los ganaderos cubanos las intensas lluvias de los últimos días más que afectaciones representan una bondad. En la presenta campaña lechera cuentan con el clima a su favor, porque las aguas arribaron anticipadamente.

Para que se tenga una idea, el pasado 23 de mayo se produjo 326 mil litros más, que en igual período del 2011, lo cual hace pensar a muchos que con la llegada de la primavera se pueda reducir las deudas contraídas con el estado de casi 11 millones de litros.

Los ganaderos de Occidente y Centro en representación de todo el país se reunieron enla Empresa PecuariaGenética de Matanzas para impulsar la producción de leche, y evidenciar que el potencial productivo de la campaña permite cumplir el programa y recuperar los atrasos, tomando en consideración los nacimientos reales del primer trimestre del año.

De no cumplir el Estado deberá erogar 150 millones de dólares para comprar leche en polvo en el mercado mundial, por lo cual los productores fueron convocados a no trancar animales sin agua ni comida, respetar los contratos y el horario y rutina de ordeño.

El país ha destinado cuantiosos recursos para adquirir cercas eléctricas, cantinas, cubos, coladores, estuches de Stabilak; unido a medidas como reordenamiento del acopio en puntos de frío para mejorar la calidad del producto.

Aún insuficiente, redujeron las rutas de lácteos y el tiempo de duración del recorrido.

Los largos trayectos originan que la leche a temperatura ambiente llegue a la industria con más de 5 horas, a ello se suma que el sistema de muestreo no permite el control individual del productor, quedando desprotegido en el análisis de la calidad.

Otro aspecto preocupante es el desconocimiento del total de la masa en las cooperativas, de ahí la poca seriedad en los contratos.

También se discutió sobre la importancia de la alimentación animal, que si bien sobra en primavera, no se aprovecha en la fabricación de heno ni ensilaje, y lo que con la lluvia llega, con ella se va.

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Agroecología: la probada eficiencia de los microorganismos eficientes

Fernando Doni (extremo derecho) comparte sus experiencias con plantas que emplea como abono verde y enriquecen el sustrato

Mucho se ha propagado en los últimos tiempos la frase que promulga un cambio de mentalidad, pero difícil resulta transformar conceptos enraizados y viejas prácticas casi inamovibles.

La agricultura cubana es un ejemplo fehaciente de resistencia al cambio. Aún hoy, muchos productores son abanderados de aquella Revolución Verde que prendió en los países desarrollados en los 50 del pasado siglo, y nos legó suelos envenenados e infértiles por el abuso de insecticidas, plaguicidas y equipos pesados.

Por ello la importancia que revistió la celebración en la provincia del Taller sobre Microorganismo Eficientes, celebrado en la finca del productor Fernando Doni, pionero en el empleo de prácticas agroecológicas, quien sin emplear fertilizantes de ningún tipo alcanza elevados rendimientos productivos, esta última entre las reservas señaladas por quienes abogan por la agricultura tradicional.

Los asistentes al taller, provenientes de las provincias centrales, conocieron las experiencias del campesino, y recorrieron sus predios para contrastar lo dicho con lo hecho.

Los microorgonismos eficientes se fabrican a partir de la hojarasca proveniente de lugares vírgenes, donde no haya incidido la acción del hombre, luego, en un tanque de 200 litros se deposita dos sacos de hojarasca, 46 kilogramos de polvo de arroz, rico en carbohidratos, y se mezcla con guarapo.

El producto final descontamina el suelo, lo descompacta, incrementando la capacidad de drenaje.

El suelo puede perder su vida en un instante y necesitar años para recuperarse, de ahí la pertinencia de estas técnicas que no solo enriquecen el sustrato, sino que cumplen la premisa de una agricultura sostenible y en armonía con la naturaleza.

La grandeza de Misleidis

Al principio Misleidis Aguilar solo quería criar chivos, y con ese fin adquirió una hembra y su cría. Siempre había trabajado en el campo, así que las labores no le eran ajenas del todo. Viendo la oportunidad de incrementar el rebaño solicitó tierras en usufructo y se procuró de un semental. Luego decidió acopiar.

Desde su llegada al Valle de Yumurí esta granmense ha trabajado de sol a sol. Ya no se imagina viviendo en otro lugar, quizás por la belleza del paraje, unido a las ganas de salir adelante. Seguir leyendo La grandeza de Misleidis

El tabaco matancero: un cultivo en desarrollo

Quizás los aborígenes agricultores ceramistas que habitaban las márgenes del Río Canímar, gustaban disfrutar de las noches claras, en compañía de un tubo en forma de y, del cual aspiraban  el humo de una planta que recorrería el mundo al arribar los conquistadores: el tabaco.

Pero la historia, ni la arqueología presentan evidencias que los aborígenes asentados en esta región, cultivaran la planta, esa misma que en un principio no recibiría ninguna atención por parte de los Reyes Católicos, al ser presentada por Cristóbal Colón, como una de las tantas maravillas del Nuevo Mundo.

Por suerte, no todos los europeos poseían tan cortas miras, y el tabaco en forma de rapé cobró fuerza entre la aristocracia, mientras mayor era su consumo en aquellos lares, en las regiones del Naranjal y El Valle de Yumurí se comenzaba a cultivar la variedad Verdín. Seguir leyendo El tabaco matancero: un cultivo en desarrollo

En mi barrio se apagó una sonrisa

Escribir sobre la muerte siempre es difícil, más aún cuando se trata de un niño; porque hasta ayer pareciera que en mi barrio los niños no morían.

A ellos solo se les permitía ser felices, jugar descalzos a las bolas en el contén del barrio; lanzar los trompos embrollados en una pita; empinar papalotes; reír y correr; impedir mi siesta vespertina los fines de semana con su bullicio alegre, pero a un niño se le impidió crecer porque la muerte existe en mi barrio, y aunque me parezca irreal, le sobrevino la muerte. Seguir leyendo En mi barrio se apagó una sonrisa

A mi Mamá le gustan los huesitos de pollo

Cuando niño no entendía como a mi mamá le podrían gustar los huesitos de pollo. Ni tampoco cómo en pleno Período Especial se las agenciaba para darme de comer cada noche, en muchas ocasiones muslos de pollo, porque solo esa porción me gustaba.

La ignorancia puede inclinarnos a cometer malas acciones, hoy, a la distancia de los años, no puedo entender cómo hacía ella para alimentarme, excedente de una empresa de la construcción y reubicada como custodio en una obra inconclusa. O sí lo recuerdo: en aquellas largas horas recolectaba almendras para añadirlas a dulces que luego vendía en el barrio.

Nunca olvidaré la alegría compartida por el primer dólar que entró a mi casa. En aquellos años un dólar equivalía a 140 pesos cubanos, es decir, 14 pudines y varios días recogiendo almendras.

Con aquel dinero mi mamá me compró una short reversible, el grito de la moda entonces. A pesar de las hazañas de mi madre para darme de comer y vestirme, me molestaba que chupara los huesitos del pollo.

Cada vez que mi mamá llegaba del trabajo, antes del beso siempre le lanzaba la misma pregunta a manera de saludo: ¡Mami! ¿Qué me trajiste? Si le daban helado, dulces, o pollo, lo guardaba en su bolso para mí. Ella decía que no podía comer nada pensando que quizás yo tendría hambre.

El tiempo ha pasado y pude darme cuenta de muchas cosas. El sacrificio de tantas madres y lo difícil que la pasamos los cubanos, y cómo la mía nunca criticó al gobierno, ni a Fidel. Me inculcó siempre buenos sentimientos, y nunca, pero nunca me pidió que hiciera algo indebido, ni permitió que trajera a la casa algo ajeno, vaya, ni las rojas cerezas de la viejita Maruja ¡que en paz descanse!

Con los años pude resarcir mi incomprensión infantil ya que en Cuba toda celebración, acto o reunión que se respete se hace acompañar de arroz congris y pollo frito; siempre que dan cajita la guardo, y en el trayecto hasta mi casa me embarga una sensación de felicidad, porque sé que mi madre recibirá lo que le llevo como niña chiquita, porque lo que le hace feliz, más que la comida en sí, es el hecho de que pensé en ella.

Y entonces me siento a disfrutar como chupa los huesitos del pollo, uno a uno, y se me antoja el sonido más sublime y hermoso de todos.

Gobernadores del rocío

Aguerreberre, uno de los tantos amigos que he hecho en estos años

Nunca olvidaré el momento que el director me asignó atender la producción de alimentos. En su rostro había un poco de incertidumbre, quizás porque intuía que como joven, el campo no me entusiasmaría mucho.

Posiblemente se sorprendió cuando en el mío se dibujó una sonrisa afirmativa. Ese sector me venía como anillo al dedo, porque me gusta el campo como el mar, ambos me proporcionan sosiego.

En un principio, con humildad de aprendiz, quise refundar el periodismo evocando a Samuel Feijóo; de los campesinos me interesaba todo: giros lingüísticos, supersticiones; también indagar sobre esa sapiencia guajira de la que hablaba Onelio Jorge Cardoso.

Descubrí que los campos cubanos se parecen más a los cuadros de Manuel Hernández. Disfruté de una colada de café reclinado en taburete; conocí a Ramón y Severino, dos hermanos en eterno triángulo amoroso con la tierra.

Ya los campesinos no son aquellos seres famélicos e iletrados de la seudorepública. En un campo de habichuela en el Valle de Yumurí, disfruté una discusión sobre geopolítica y el creciente interés de Estados Unidos por el Medio Oriente. En las montañas del Escambray conocí a un viejito que aguardaba el regreso de su hijo médico.

Si me pidieran que describiera a los campesinos destacaría su sencillez, humildad y desprendimiento. En la casa de un guajiro uno puede arribar sin previo aviso, y siempre será convidado a almorzar.

Sin el concurso y apoyo de estos seres la historia dela Sierra Maestrasería diferente, por ello un 17 de Mayo se firmó enla Platala Primera Ley dela Reforma Agraria; en ese mismo día pero de 1946 el campesinado había ofrendado un mártir ala Patria, Niceto Pérez; y en 1961 se crearíala AsociaciónNacionalde Agricultores Pequeños.

Si me pidieran una crónica dudaría, porque los hombres y mujeres del campo la escriben cada día con sus manos encallecidas, ellos son los gobernadores del rocío.