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En Cuba, para siempre

Más de cien viajes a Cuba han realizado los canadienses John y Anna Olsen, y en más de 60 ocasiones eligieron el Hotel Tropical de Varadero. Su relación con la Isla comenzó en el lejano 1986, desde entonces regresan una y otra vez.

A través de una sonrisa clara y sincera se puede descubrir el alma de las personas. Y John y Anna son de sonrisa fácil y transparente. Con ellos se puede entablar una conversación sin importar la diferencia de idioma.

Logran hablar con la mirada más que con las palabras, y entre oraciones que muchas veces resultan inteligibles al poco conocedor del inglés, llega al rescate la risa afable para demostrar que el día transcurre entre amigos, y que la comunicación en varias ocasiones no necesita de palabras. Después de un rato tal parece que se está entre viejos conocidos.

La piel blanca sin la tonalidad que brinda el sol caribeño, y los ojos muy azules nos hace pensar por un momento que estamos en presencia de dos extranjeros, pero a veces las palabras también resultan injustas, más si conocemos que la raíz etimológica de extranjero viene del francés antiguo estrangier que entre sus significados se encuentra extraño.

Si algo nunca será este matrimonio de trato afectuoso y alegría constante es precisamente extraño. Sobre todo cuando se encuentran en el lugar donde regresan una y otra vez porque se saben queridos.

Su vínculo con la Mayor de la Antillas comenzó como muchas grandes historias: por azar. En busca de un destino para vacacionar le sugirieron Hawái. Luego alguien mencionó la palabra Cuba. “¿¡Cuba !?”, se preguntaron. Poco, o casi nada conocían del país. Transcurría el año 1986. Han pasado más de tres décadas, y desde ese primer contacto no se han podido despegar del calor de la Isla. ¡Ciento una visitas desde entonces! Y cientos de amigos y emociones en cada viaje.

Recuerdan que a mediados de los 90, justo cuando el Periodo Especial estaba en su apogeo, conocieron la Ciénaga de Zapata gracias a un guía turístico. En ese entonces visitaron una escuelita en Palpite. Les sorprendió que los niños escribían con lápices pequeños, lo que en Cuba llamamos un “mochito”. Durante casi una década, en cada regreso, hacían una visita obligada al sureño municipio para entregar a la escuela material escolar para los alumnos.

También visitaron otras ciudades como Santiago de Cuba donde pasaron una navidad y escucharon que Fidel se encontraba en la misma urbe, confiesa John. Aunque no lo vieron, se sintieron dichosos. Poco tiempo después, tras del paso del huracán Andrew, viajaron con donativos para varias escuelas santiagueras.

El matrimonio vive en British Columbia. En su trayecto a la Isla deben tomar dos aviones y cada vuelo demora poco más de tres horas. A pesar de la intervención quirúrgica en una de las rodillas de John, la cual le dificulta caminar, en diciembre pasado arribaron al centenar de visitas y viajan hasta cinco veces al año.

“Elegimos a Cuba por el calor”, responde John. Durante más de 30 años ya han establecido un lazo casi sanguíneo con muchos cubanos.

En 60 ocasiones se han hospedado en el Hotel Tropical. Escogen la instalación por la playa y porque es pequeña, pero sobre todas las cosas por sus trabajadores. La experiencia de los grandes hoteles les abruma un poco. En cambio, en el Tropical se sienten más a gusto, es como si pertenecieran al colectivo de hotel.

Gustan sentarse al borde de la piscina y deleitarse con algún coctel nacional, mientras saludan a cuanto trabajador pase por su lado con un sonoro estrechón de manos “a lo cubano”. Se sienten tan cercanos en ese lugar que en cada regreso traen equipos como termómetros para medir la temperatura varias áreas de la instalación.

Anna no duda en responder si al regresar a Canadá siente nostalgia por Cuba. Pronuncia un ¡Yes!, con gran musicalidad que quiere decir mucho más que una simple palabra afirmativa. Como para que se le entienda mejor reitera la frase con un ¡Sí!, envuelto en una sonrisa casi tropical.

Una vez en British Columbia, cada pared o estante de su casa le regresa a la nación caribeña, porque conserva muchos souvenires y presentes de sus amigos cubanos: juegos de tazas de Artex, jarras, ceniceros, maracas.

Dice él jocosamente que los cubanos tienen una cualidad un poco extraña, “cuando le regalas algo, ellos quieren retribuirte con otro presente”, por tal motivo siempre arriban con regalos y se regresan también colmados de obsequios.

John y Anna no responden al estereotipo de los turistas que al escuchar un son cubano mueven los hombros e intentan tirar un pasillo, sin embargo, disfrutan el ron Cuba Libre como pocos. Mientras transcurre la conversación él saboreaba una cajetilla de cigarros Cohiba.

“De aquí amo a la gente. Son muy cálidas y bien llevadas, quizás tengan carencias, pero les sobran otras muchas cosas… no ves jóvenes drogadictos en las calles”, comenta John. Nada les agrada más que observar cada mañana a los niños con uniformes camino a la escuela.

Durante muchos años John piloteó un avión y lleva un tatuaje de la fuerza área en uno de sus brazos. Anna era estilista y costurera. Con alegría y orgullo él asegura que no tiene que salir de casa para pelarse o lucir bien, ella se encarga.

Al preguntársele sobre los años de casados, como si lo recordara cada día de su vida John menciona que fue un 21 de junio hace ya 35 años. Fue un momento importante en sus vidas, solo comparado con la primera vez que llegaron a Cuba y quedaron prendados para siempre.

Desde finales de los 80 acá han visto cómo la Isla se transforma cada vez, sobre todo con los nuevos negocios, pero la esencia de los cubanos se mantiene. Para ellos, no han perdido su calidez, alegría y nobleza.

Cuando se le pregunta si algo no le agrada de la Isla, se quedan pensativos, y luego de prolongados segundos de silencio responden con otra sonrisa: “¡El avión que nos regresa a Canadá!, siempre les cuesta retornar a su patria natal.

Una vez allá, cuando se sientan a extrañar Cuba, les viene a la mente aquellas primeras frases desalentadoras que le escucharon a algunos, hablaban de una Isla comunista y por tanto, malévola.

Por ellos mismos descubrieron, y lo reafirman cada vez, que se trataba de la tierra de la libertad, de la familiaridad y de la unión. Entonces salen de compras en busca de nuevos obsequios para el viaje de retorno a Varadero.

“Aquí siempre que estamos sentados en algún lugar las personas pasan y nos saludan, nos sonríen incluso sin conocernos, algo que no siempre sucede en mi país”, dice John.

Finalmente, cuando se les inquiere si hubieran preferido nacer aquí, dicen que no, para afirmar al instante, como si hablaran de la vida eterna o de los sentimientos perdurables, que decidieron descansar definitivamente en la Isla.

Cuando les llegue el final desean que sus cenizas se depositen en una porción de rocas de Boca de Camarioca, a pocos kilómetros de Varadero. Un lugar que descubrieron hace algún tiempo donde las olas golpean suavemente para juguetear con los rayos del sol. Así permanecerán en Cuba, para siempre. (Por Arnaldo Mirabal y Dayana Lavastida)

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La angustia de Chivás (o el último post)


No se asusten, no he pensado en suicidarme, yo solo me inmolaría entre las piernas de una dama. Pero en estos días he pensado mucho en los últimos momentos de Eduardo Chivás y en su disparo. Pienso que lo que le obligó a jalar el gatillo y acabar con su vida, la decisión de dispararse a sí mismo, fue la impotencia. Y la impotencia me invade en los últimos días, sobre todo desde el viernes 6 de septiembre.

Impotencia por descubrir que todo sirvió de nada, que ya no está de moda el heroísmo, mucho menos un último aldabonazo; que todos saben pero nadie habla, y lo peor, que al parecer ya a nadie le importa.

En este minuto no me han podido desmentir, pero muchos si me pueden acallar. “No tienes suficientes argumentos”, dicen, “las redes sociales no es lugar para denunciar nuestros problemas”, dicen, y yo, realmente, ya no tengo ganas de decir más.

Me he defendido cómo he podido, me han apoyado, pero la impotencia se convierte en angustia, y tanta angustia ya me jode bastante.

Y entonces pienso en México, donde mueren periodistas por ejercer su oficio, y me pregunto si en Cuba no sucederá algo peor, o quizás existen otras formas de morir, es que te mata de a poquito…

No dejo de pensar también en las veces que este país y su gente acaricia lo extraordinario, los más grandes desprendimientos, las más sublimes hazañas, y con dolor descubro cada día que también tememos y mucho a algo tan esencial como respirar: decir lo que se piensa, defender una opinión.

Yo ya no puedo vivir así, y precisamente es cuando más ganas tengo de vivir y respirar mi aire, ese que me llega de mi ancha bahía.

Quiero seguir defendiendo lo que pienso, sin tener que dar tantas explicaciones de lo que digo. Necesito ser transparente conmigo mismo y consecuente con mis palabras.

Nunca quise esta algarabía. Solo añoré la transparencia. La debida y necesaria transparencia. Iluso que soy, debo reconocer que me equivoqué, no por falta de argumentos, sino por esperar demasiado, por creer que denunciar un hecho de corrupción de dominio público, y silenciado por las autoridades de mi provincia, no lograría otra cosa que su examen y estudio, no mi empalamiento.

En este minuto nadie (me refiero a las autoridades del gobierno) se me ha acercado para hablarme del asunto. Y eso que al parecer todos están al tanto del barullo en las redes. Y me pregunto si se preocuparán con esa misma intensidad de la percepción que tiene los matanceros del nivel de corrupción en la provincia. Yo realicé un simple ejercicio, le pregunté a 28 matanceros qué pensaban del fenómeno. Todos afirmaron que sí existe, y que no se combate con firmeza.

Este es el último post que escribo en este blog Revolución. Este que fundé en octubre del 2010 con una crónica del Che Guevara. Solo me queda decir que me hago responsable de cada palabra escrita aquí, siempre me motivó contar a Cuba con sus luces y sombras, siembre busqué la luz, y hoy, a pesar de lo vivido y sufrido, aun encuentro esa luz.

Me despido de este blog sin dolor. En algún momento crearé otro porque nada ni nadie me quitará las ganas de contar. Quisiera decir más cosas, que estoy orgulloso de mi núcleo del Partido, aunque me separara de sus filas, no así de otras decisiones. Quisiera decir que al país no lo destruirán las calumnias de afuera, ni las duras verdades que replican otros medios…pero bueno, eso todos los saben o deberían saberlo.

Yo solo quiero decir, y hoy, con más seguridad que nunca afirmo, que la mayor irresponsabilidad siempre será callarse.

Moltó, el amigo


Porque uno llega a creer que a quien se quiere nunca se irá definitivamente. Por eso siempre guardé la esperanza de reencontrarme con Antonio Moltó un día de esos y conversar de tantas cosas, pero ya no será. Desde la voz dulce y triste de una amiga supe la noticia de su deceso. Por unos momentos quedé en silencio como analizando la frase, y lo que representaba para muchos, y para mí su partida, porque Moltó era mi amigo.

Como la vida obra de manera misteriosa, de niño lo conocí desde el programa de radio Hablando Claro. Sin soñar tan siquiera con ser periodista, admiraba su fuerza y convicción al hablar de nuestros problemas; y fruto del azar concurrente luego goce de la dicha de su amistad y conversación.

Era sin dudas un gran orador, uno podía escucharle horas y horas hablando de lo humano y lo divino, de la cotidianidad, los problemas de los periodistas, porque nada del sector periodístico le era ajeno.

Fue de las personas más humanas que he conocido, de las más humildes, también poseía el don de escuchar, como aquella vez que con el asombro de un niño curioso quedó conmovido antes la fuerte faena de una campesina matancera de envuelta de la Angelina. Sin protocolos, ni poses circunspectas, el Presidente de la Unión de Periodista de Cuba quiso saberlo todo, y su actitud era la de un guajiro más. Desde ese día se ganó el corazón de aquellos lugareños, quienes cayeron en cuenta de quién se trataba cuando le vieron en la televisión tiempo después.

Las ganas de trabajar, los deseos de transformar y revolucionar el sector periodístico, unido a los continuos y extensos viajes quizás le pasaron factura a su salud maltrecha. Había que ponerse fuerte con él porque muchas veces hacía poco caso a los consejos médicos. Recuerdo aquella vez, cuando no nos conocíamos aún, que me pidió un cigarrito para fumar escondido en una asamblea. Yo, que le admiraba desde antes, sentí que compartir un cigarro con Antonio Moltó, ser su cómplice en algo, me resultaba una gloria inmensa.

Hoy estoy triste, y quisiera engañarme y decir que me reconfortarán los momentos compartidos, las confesiones hechas, su amistad y hombradía a prueba de todo, mas sé que seguiré triste porque con su partida se me deshizo la esperanza de volverle a ver, de escucharle una última vez. Desde este 15 de agosto los periodistas cubanos iremos un poco huérfanos, y los hombres y mujeres de bien desolados, porque partió para siempre un hombre bueno.

El dolor sincero de Giorgina Armenteros


Giorgina Armenteros ha pasado por muchos dolores en la vida, pero pocos se comparan con el aquel día innombrable cuando le trajeron a su hija inerte, sin respiración. Cuando pensaba que ya nada lograría dañar a su viejo corazón, sobrevino un día de noviembre…

También está ese otro que le sube por el pie y se asienta en su rodilla; para mitigarlo se pasa la mano suavemente, pero en su rostro no se aprecia un gesto de malestar. Y para quien le pregunte ella dirá invariablemente que se siente entera, y al parecer es cierto, si no cómo logra entonces desandar cada día los kilómetros que separan el poblado de Itabo con Martí.

Cada mañana Giorgina peina la carretera con un saco a cuesta para recorrer laticas que luego venderá a Materias Primas. Prefiere la luz del día, porque si deja su casita sola en la noche, cualquier delincuente de malas entrañas puede llevarle a su chiva Marilú, con quien se ha encariñado.

Siempre que desemboca en el parque de la cabecera municipal, ubicado a un costado de la céntrica calle Maceo, se sienta unos segundos para frotarse la rodilla y tomar fuerzas, luego lanza una mirada evitando encontrarse con aquel rostro que le provoca un nuevo dolor, agudo y penetrante, como el del ser querido que se va para siempre.

Y le invaden sentimientos contradictorios, sabe que hay una imagen nueva que adorna el pueblo, siente curiosidad, pero prefiere evitar el encuentro con la foto de aquel hombre.

Seguramente de ser él el director del Banco a nadie se le hubiera ocurrido negarle su pensión por el vencimiento de la chequera…total, se trata de un simple papel y ella es una persona que respira, lucha y sabe llevar un dolor sin lamentarse. Pero hay gentes sin alma, que le dan más importancia a una firma que a los achaques de una vieja, recuerda que sus mejores años quedaron desperdigados en los campos agrícolas, donde tanto trabajó…y a pesar de ello aun hoy no descansa…

Pero no todos son Fidel, ¡Él era único!, piensa Giorgina, por eso desde el 25 de noviembre del 2016 evita mirar su imagen porque entonces las lágrimas brotan, y ella evita llorar, prefiere llevar su dolor adentro.

La veterana se incorpora, toma el saco y se lo echa al hombro. Luego se pierde entre la gente, nadie repara en ella, como si fuera invisible; introduce las manos en un cesto metálico y saca tres latas de cerveza, me mira desde la distancia como niña pícara que encontró un juguete; a pocos metros de allí se celebra el Acto Provincial por el 26 de Julio, desde la tarima se escucha el nombre de Fidel y yo solo pienso en mi encuentro con Giorgina, porque sé que su sentimiento es verdadero, porque me dice más que las miles de palabras sosas y crónicas pueriles que intentan explicar que representó Fidel para el pueblo…el verdadero pueblo, donde habitan tantas Giorginas, esas que le sienten y no le olvidan, y tanto le necesitan todavía.

Un “buchito” de verdad (o cuánto nos dañan los simuladores)

Escuché el chiste en el estelar programa Vivir del cuento y no me dio risa; esforcé una mueca y mis sentidos dejaron de percibir las peripecias de Pánfilo y sus vecinos cuando Facundo Correcto aseguró que ya no sería una persona confiable desde el instante en que expresara solo la verdad. Sentí entonces una sacudida potente. Esa que propinan las verdades de sopetón.

Enseguida pensé que aprendemos a mentir desde niños, que la verdad no siempre premia y que la simulación sí. Entendí que los simuladores crecen como las plantas parásitas y constriñen las esencias verdaderas de una nación que aspira a ser un conglomerado de hombres y mujeres de bien.

Si lanzamos una ojeada a nuestra historia y hurgamos un poco en las ideas y preceptos de nuestros padres fundadores, notaremos que siempre empuñaron la verdad como bandera, y la vergüenza como escudo.

Pero la simulación, ese canto disonante de la no verdad pudiera adueñarse del sistema nervioso de nuestra nación, oprimiendo cada ímpetu, cada célula. Entonces, emergen los que prefieren decir lo que otros desean escuchar, quienes edulcoran nuestra realidad, o la silencian. Vale decir, desde mi humilde opinión, que omitir un hecho, silenciarlo, es una de las formas más fragantes con que se arropa la mentira.

Pensando en Fidel, me viene a la mente aquellos años que no viví de la Zafra de los 70, cuando el estadista de talla colosal que fue dio la cara y el pecho a su pueblo para anunciarles que la hazaña de millones de cubanos no se coronaría con el éxito por innumerables factores; o cuando Cuba se ensombreció toda al conocerse los detalles del narcotráfico en el que se implicaron altos oficiales del Minint y la FAR. La verdad resultó la armadura imprescindible para conservar el alma límpida del país.

Por tal motivo me pregunto siempre en qué momento la falsedad cobró fuerza entre nosotros hasta robustecerse y querer adueñarse de nuestro futuro. Y no se trata de alarmismo, más bien de la realidad nuestra de cada día.

Muchos preferimos obviar lo obvio, callar nuestros defectos, silenciar las manchas por el qué dirán, asumir la postura de los tres monos místicos: nada oigo, nada digo, nada escucho, y afuera la sociedad bulle en contradicciones, la burocracia se traga las ansias de mucha gente, y hasta las buenas acciones, tan necesarias, dejan de ser contadas o se omiten.

“No darles armas al enemigo” se ha convertido en el pretexto de muchos para hacer mutis y no transparentar las deficiencias propias. Para que en muchas asambleas se vaya por las ramas temiéndole al tronco del problema; para que se haga habitual la perjudicial frase de: ¿para qué plantear el problema?; y es entonces cuando aprovecha el oportuno, u oportunista Plangoss, aquel personaje del Cándido de Voltaire que tanto pulula por ahí, para asegurar que vivimos en el mejor de los mundos posibles. Y en el cónclave todos se miran azorados, escuchándole disfrazar el entorno y sus matices mientras callamos convirtiéndonos en cómplices de la mentira.

El día que la verdad sea nuestro alfa y omega, que desterremos el disimulo, a la gente le costará mucho más mentir, y hasta nuestra maltrecha economía enrumbará con mayor eficiencia. Nadie lo dude, la corrupción prevalece donde la autenticidad se escurre y la mentira prolifera.

Y entonces uno quisiera, por un segundo, que el famoso experimento del café de Pánfilo desnudara la doblez moral de muchos, el arribismo de tantos, el disimulo de no pocos, para que nuestra Isla se sacuda de tanta breña, y navegue en pos de sí misma con la verdad como único destino.

Juventud rima con militancia

Chileno militante interrumpe a Rosa Marìa Payá (desde aquí puedes acceder al vídeo)

Recuerdo cierta vez en la universidad cuando alguien desaprobó la combativa iniciativa de un grupo de estudiantes decididos a no silenciar los crímenes de Israel contra Palestina. Aunque la intención era noble, seguramente esa persona creyó que ciertas acciones, por justas que sean, no pueden acometerse sin el visto bueno de “arriba”.

De más está decir el malestar que provocó tal reprobación, no solo por la justeza de nuestra marcha, sino además porque se mutilaba algo tan necesario y vital en la juventud militante: la espontaneidad.

Aunque días después se llevaría a cabo otro acto con similar objetivo y más aseguramiento logístico, no fue igual, le faltaba el sentimiento que provoca lo urgente y necesario.

También debo reconocer que en ocasiones la premura desluce cualquier acción por noble que sea, aun así creo que se debe rescatar la espontaneidad, y aquí léase como sinónimo de naturalidad y frescura.

Son muchas las ideas que uno pudiera aportar en torno a los 55 años de la Unión de Jóvenes Comunistas (UJC), la vanguardia de la juventud cubana, guía que se adquiere con el ejemplo diario y el esfuerzo continuo.

En ocasiones uno pudiera pensar, como reproducen siempre ciertos medios occidentales, que nuestros jóvenes adolecen de militancia, para asumir, en cambio, cierta actitud “apolítica” hacia los retos que Cuba nos impone hoy.

Se puede cometer ese error sobre todo al observar la combatividad de los estudiantes latinoamericanos, quienes se ven obligados a exigir en las calles una mejor educación que el Estado les niega.

Y es cierto, los estudiantes cubanos no necesitan reclamar esas demandas porque las adquirieron hace mucho, pero sería pecar de ilusos y, hasta dañino, el pensar que tienen todo resuelto y no hay por qué luchar.

Creo que es ese el principal reto que tiene hoy la UJC: lograr que la lucha sea atractiva, (y no me refiero a esa lucha que muchos entienden por agenciarse el sustento diario, en ocasiones subrepticiamente), no, hablo de la otra, la que dignifica y ennoblece, ese combate diario contra las imperfecciones propias, para después eliminar las que nos rodean.

En Cuba existen más de 2 millones de personas que engrosan ese sector etario, un refuerzo de una valía inconmensurable capaz de transformar un país con solo proponérselo. Y de más está decir que muchos lo logran. Basta recorrer la provincia para descubrir a miles de ellos en la entrega permanente, lo mismo en un centro científico como la Estación Experimental de Pastos y Forrajes Indio Hatuey; en un hotel de Varadero, o regalando su arte en el Conjunto Artístico Korimakao.

En estas más de cinco décadas, los jóvenes han estado en la vanguardia: desde aquella Campaña de Alfabetización, pasando por los gloriosos días de Girón y el significativo papel de los bisoños artilleros, casi niños; hasta los internacionalistas en Angola.

Larga es la lista que demuestra la entrega y valía de nuestra juventud, la que ha ofrecido no solo el sudor, sino lo más preciado que podía dar: su propia vida.

De ahí el peligro del anquilosamiento. La historia se construye día a día, y si bien es importante rememorar cada hazaña y llevarla siempre presente, hay que destacar, que cada Generación tiene su propio Moncada donde demostrar su valor.

Hoy no se trata solo de dominar los fusiles y plantar una efectiva emboscada al enemigo. En nuestros días la batalla se dirime en el campo de las ideas como bien dijera Fidel, y hacia allí hay que dirigir las energías.

Pero ¡ojo!, las ideas no pueden relegar a las acciones, deben ir hermanadas. El pensamiento resulta útil para saber qué se quiere, y la praxis para su efectivo acometimiento.

Siempre he compartido la idea de que los jóvenes deben lucir, hablar y luchar como lo que son, desterrar el formalismo, las frases prefabricadas que a veces hacen mella en algunos mayores. La frescura, franqueza, la actitud sin doblez debe caracterizar su accionar allí donde estén. A la UJC le toca liderar esa masa juvenil, para ello la militancia debe salirse del marco cerrado y a veces excesivamente formal de una asamblea, ir muchos más allá de los acuerdos que se anotan en un acta.

Discutir, proponer, ser artífice y protagonista, esa es la misión verdadera. Donde la juventud se imponga una nación reverdece. No es tarea fácil. No son pocos los que desoyen y hasta temen a la sangre joven, desconociendo que en nuestra historia Patria los de menor edad siempre estuvieron en la primera línea, dispuestos a eliminar las injusticias y transformar un país. Es la historia quien pone cada cosa en su lugar, eso sí, siempre que se luche por alcanzarlo. De los jóvenes será el espacio que decidan ocupar.

Karla


Desde el pasado miércoles un nombre me viene dando vueltas en la cabeza: Karla, la joven estudiante expulsada de la Universidad Central Marta Abreu de Las Villas.

En un principio sentí el latigazo que siempre me golpea cuando estoy frente a una injusticia. Por unos instantes pensé en escribir sobre el tema, y en mi auxilio vinieron aquellas palabras que me dirigiera un avezado periodista: “equilibrio Arnaldo, puedes escribir de todo, siempre con equilibrio”. Entonces dejé que pasara la noche, mas el nombre de Karla seguía golpeando.

Y junto con Karla otros casos similares de expulsados, defenestrados, vilipendiados, esos que muchas veces sufren el silencio de los otros, un silencio no siempre cómplice. Es muy fácil azuzar desde fuera, pero si algo tengo más que claro es que quienes más cuestionan, y hasta ofenden el mutismo de algunos, o de muchos, también callaron más de una vez o siempre… y los defenestrados abundan en las dos orillas.

Para mí todos los actos de injusticias son deplorables, sin embargo, seré sincero, en el caso de Karla desde el principio tuve sentimientos encontrados.

Primero pienso en la joven y el mal rato que debió pasar. Yo sé de esos procesos de purgamiento, lo sufrí en carne propia y aún llevo las heridas.

No guardo resentimiento, y como bien dije, no hay nada mejor que un día tras otro. En esos procesos mientras unos prefieren callar (¿los más sinceros?) otros hablan de más. Al final yo no fui a la Oficina de Intereses a pedir asilo como alguien pensó y me soltó en la cara; ni me convertí en otra cosa que lo que soy desde chama.

En cambio la joven Karla al parecer no defiende lo que yo defiendo. Ella milita en un Movimiento contrario al proceso cubano que yo apoyo. No sabía más nada, si era activa militante, hacía proselitismo, o escribía para algún sitio… solo conocía que después de un proceso seguramente fastidioso determinaron expulsarla de la UCLV.

Si en un inicio no escribí, estoy seguro que esa decisión de no hacerlo bajo la calentura inicial que propicia el latigazo, fue de las pocas determinaciones más acertadas que he tomado en mi vida. Porque mi visión hacia el caso de Karla está lastrada por la defensa de ciertas personas y medios calumniadores que se aprovechan de su situación para montar la payasada de siempre. Y no me refiero a Siro Cuartel, me refiero a otros, quienes ya cuentan con su “víctima del Castrismo” para desatar su show.

Hasta donde había leído ya a la joven cienfueguera le esperaban otras universidades en el exterior. ¿Sería esto lo que perseguían? Un escándalo, pensaba yo.

Al saberlo, y conocer de algunas personas que están tras este nuevo circo, mi decisión inicial fue callar. Yo no iba a escribir ni pío, porque tengo la seguridad que se trata de otra atracción de circo, del show del momento, ¿quién menciona hoy a Pantoja? ¿Alguien sabe lo que es de su vida? Ya no forma parte de la función, se olvidaron de él.

Yo entrevisté a Pantoja y nunca me arrepentiré de eso… pero por Karla… no sé. Quizás si un día me topo con ella, pensaba yo, digamos que en el Muelle Real de Cienfuegos, y si para ese entonces todavía permanece en Cuba, le preguntaría algunas cosas, sin más pretensiones que entender algunos detalles que no aparecen en la declaración emitida por la UCLV, ni en el sitio de Somos+.

Y aunque algunos sé pregunten qué pinta Pantoja en este cuento, creo con total convencimiento, que se merece una disculpa. Pantoja nunca se fue de Cuba, y hoy tiene muchas más ganas de permanecer en la Isla inmerso y entusiasmado con su Maestría, incluso ha publicado en varios medios de su provincia. Las dudas que otros sembraron sobre su persona solo fueron una calumnia.

Karla en cambio tiene amigos que me causan estupor, y me da tristeza que una joven talentosa como dicen, carezca de visión suficiente para darse cuenta que se puede no creer o militar en la UJC o en la FEU, muchas veces lastradas por el inmovilismo, pero de ahí a no entender que Somos + es más de lo mismo va un largo trecho.

Si me preguntaran a mí, alguien que estuvo a punto de ser expulsado en más de una ocasión de varias escuelas por indisciplina, y salvado por el tino y sensatez de varios directores, le hubiese dado la oportunidad de descubrir con sus propios ojos la falsedad de una organización que se pretende democrática y al final no tiene idea de lo que significa realmente el respeto al pensamiento del otro. Allí la intolerancia también prevalece sobre el diálogo inteligente. Yo lo comprobé una vez cuando fui blanco de la ira desproporcionada de varios integrantes de ese ¿movimiento? por emitir mi opinión.

Sin embargo, mientras más leía sobre Karla y sus defensores comenzaba a creer que la joven agradecería la expulsión, porque si era sincera su militancia, cómo pudo tolerar entonces las clases de marxismo-leninismo, de historia, cómo aguantó más de un minuto sentada en un aula donde todo gira en torno a conservar el proyecto socialista cubano.

Yo no iba a escribir de Karla, reitero, iba a dejar pasar del tema, hasta que leí la carta de su señora madre y quedé estupefacto, y me parece, desde mi humilde opinión, que no es solo la UCLV quien ha cometido un error. (Escribo las siglas con total cariño porque mi segundo nacimiento ocurrió en ese centro estudiantil).

Simplemente iba a seguir mirando el show desde mi asiento, aguardando por el arribo de la muchacha al aeropuerto de Miami de un momento a otro, y escuchar sus declaraciones, y el revuelo, las luces, hasta pasado el tiempo en que todo se olvidara. Hoy nadie menciona a la madre del fallecido Zapata después de colmar titulares de prensa.

Sin embargo, después de toparme con la carta que la madre de Karla publicó en el sitio de Somos + sentí otro golpe seco…el mismo latigazo.

Más que dolor ante la injusticia, Lizet, como se nombra su madre, destilaba odio visceral hacia quienes no piensan como ella. Es el mismo sentimiento enrevesado y torpe que dicen combatir. Al leerla no me quedaron dudas que en una universidad dirigida por integrantes de Somos + no habría cabida para comunistas como yo.

No espero nada bueno de alguien que asegure que : “si Usted es “un fan” de la dictadura castrista, es decir, un lame botas, un sicario ideológico, un comunista, un oportunista, un “quítate tú pa’ ponerme yo”, un envidioso social, un mediocre improductivo, entonces la tiene fácil porque nada más tiene que decir que (la salud) es gratis, la instrucción pública regalada y con el mismo derecho para todos, la canasta básica subvencionada, las oportunidades iguales para todos, y no puede falter (sic) el: “¡cómo te extraño, comandante! O “yo soy Fidel”. Puede agregar otras bellaquerías (sic) pero en esencia este es el discurso maniqueo de la tropa de vikingos tropicales o luchadores por la independencia de la dependencia ¿Eso seremos los cubanos bajo esa cruel dictadura?”.

A pesar de esas duras palabras, del mismo guion manido de los intolerantes de la derecha, quise creer, y lo digo con total honestidad, que Karla era al menos un tilín diferente, porque los hijos no siempre se parecen a sus progenitores.

Entonces quise salir de dudas y traté de conversar con la joven, y lo conseguí. La cosa fue simple: chateamos por Facebook. Sus palabras me parecieron sinceras, en oraciones breves me comunicó que se sentía mal, preocupada, pero a la vez tranquila por el apoyo de la comunidad nacional e internacional. (En esa oración fruncí las cejas, y recordé que tengo más de una cana).

Sobre su relación con Somos + me aseguró que su militancia era simbólica, ya que no recibía ninguna orientación, lo más que hizo fue publicar tres o cuatro artículos en el blog del movimiento.

Me aseguró que llegó a él a través de los videos clandestinos de Eliecer Ávila que muchas personas consumen.

Y la conversación continúo, si se le puede llamar así a un diálogo donde conspira una conexión defectuosa, pero de su boca, o sus dedos para ser más exactos, aclaré algunas dudas que tenía a la hora de redactar este post.

Según Karla, nunca hizo proselitismo ni habló con nadie de su Movimiento, eso sí, solo lucha por una Cuba inclusiva, donde comunistas puedan compartir con personas que piensen como ella.

En lo que sus palabras llegaban a mi chat pensé que si la joven Karla compartía el mismo pensamiento de su madre, seguramente le habrían hecho un favor al expulsarla.

Entonces me aseguró que no pretendía echar por tierra “los notables logros en materia de justicia social alcanzados en el 59”, así lo escribió.

Evadió otras preguntas y no quise insistir. Nada dijo sobre las palabras de su madre publicadas bajo el título Cuando las madres hablan; que lejos de ayudarla demuestran el fanatismo familiar que, quizás, abonó su decisión de militar en esa agrupación.

Uno cosa si me dejó claro la joven, apelará la decisión de la Universidad Central de Las Villas, para regresar. SOLO QUIERO ESTUDIAR PERIODISMO, así enfatizó, con letras mayúsculas. Y pensé en la dirigencia de la FEU de ese centro, y en la UJC.

Porque corremos el riesgo de que surjan más Karlas, y Carlitos también. ¿Cuál será la vía? ¿Expulsarlos a todos? Yo veo mucho más fácil demostrarles que Somos + es una mentira, y que la verdadera inclusión puede llegar solo con el socialismo, porque seamos sinceros, y olvidando a toda esa gente que se aprovecha del show, la intolerancia, la mentira, la doblez moral, la corrupción crece cada día en nuestras filas, no dudo entonces que los jóvenes contestatarios se multipliquen. Lástima que Karla no sea comunista…pero si su militancia es sincera la perdimos nosotros, y como hicieron conmigo en el PRE en más de una ocasión, el verdadero magisterio educa y rescata, no expulsa. Es mi humilde opinión.