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¿Marta Odalys es inocente? (¡el culpable soy yo!)


Es fácil cansarse, mandarlo todo al carajo y dedicarse a cosas de uno. Sería simple, solo tendría que asumir la postura de los tres monos sabios y evitar el saludo de mis vecinos del barrio, ellos que siempre se me acercan para exponerme aquel problema de vieja data y ninguna solución.

Es fácil cansarse, lo sé, y también es permitido el cansancio. Conozco a muchos viejos combatientes a los que les ganó la fatiga y prefirieron pasar sus últimos días ajenos a todo, otros en cambio, continúan luchando a pesar de toda la mierda que reina y apesta en muchos rincones de esta isla.

Lo peor es que abundan quienes les gusta embadurnarse mientras se tapan la nariz asegurando que nada huele mal, y en el caso de que tus fosas nasales capten la fetidez, tu rostro no puede dar muestra de repugnancia. Así pasa con la corrupción en Matanzas. Así sucedió con el caso “Marta Odalys”, la ex presidenta de la asamblea de gobierno municipal liberada de su cargo.

Todavía retumba en mis entrañas aquella frase de: “no tienes pruebas y Marta Odalys te puede demandar por difamación”. Es decir, a mí sí se me puede llevar a juicio por intentar indagar sobre la verdad, y como ya sufrí una vez, ningún argumento podrá protegerme por válido que sea: hace más de un año que estoy exigiendo en todas las reuniones en las que he participado, se den a conocer las circunstancias de la liberación de la funcionaria. Muchos honestos cercanos a mí saben que no miento.

Llevo más de un año exigiendo luces sobre el asunto, porque creo firmemente que los medios de prensa deben jugar un papel más activo en ese flagelo que hoy agobia y perturba a nuestra economía, y desmoviliza a tantos revolucionarios honestos.

Como bien escribiera Julio García Luis en su trascendental obra Revolución, socialismo, periodismo, ningún caso de corrupción ha salido a la luz mediante una investigación periodística por parte de la prensa. Los periodistas cubanos nos hemos convertido en una especie de médicos encargados de la autopsia para dictaminar las causas que llevaron al contagio del occiso, léase corrupto, mas nunca hemos podidos atajar el mal a tiempo.

Y como acabo de comprobar, en torno a los corruptos se está tejiendo en Matanzas una maraña tenebrosa que los hace intocables una vez descubiertos sus desmanes, como sucede con el caso Marta Odalys. Incluso, en este minuto, ella no es culpable de nada, sino el periodista que ose indagar sobre el asunto.

Hace pocos días supe por varios vecinos que la dirigente liberada asumía una nueva tarea como jefa de cuadro en la Empresa Municipal de Mantenimiento y Servicio a la Educación (EPASE). Así como sucedió con el cese de sus actividades como dirigente, su nueva responsabilidad se ha regado como pólvora y a pocos deja indiferente…aunque otros prefieren hacer mutis y desentenderse del asunto (los mismos que la colocaron en el nuevo cargo y silenciam sus errores, me pregunto) .

Por otra parte, me resulta patético que alguien me acuse de tener sentimientos malévolos hacia la señora. “Arnaldo, la tienes cogida con ella”, expresaron. Una frase tan infantil solo puede ser producto de la ignorancia política o el comprometimiento con Marta Odalys. Ignorancia política porque con la corrupción no debe haber medias tintas ni frases plañideras, si fue liberada por “cuestiones de métodos” deben publicarse, darse a conocer, el día que se decida realizar juicios públicos y ejemplarizantes los corruptos sabrán a qué atenerse: nada es más poderoso que el desprecio del pueblo. Y en Cuba, y en el mundo, se desprecian a los corruptos, a los malversadores.

¿Cómo entender o interpretar el silencio en torno a ese caso? Cuando escuché esas dos frases desmovilizadoras que me acusaban de difamación o malos sentimientos hacia Marta Odalys, decidí eliminar mi post. Y para colmo en Cartas desde Cuba lo habían publicado. Y no tengo que decir qué representa para un periodista que Rasberg te publique. Él, que según leo, es el culpable de muchos de nuestros males.

Pero mi intención al eliminar mi post nunca fue darle tierra y pisón. Todo lo contrario, regresé con la misma fuente para indagar sobre la posible inocencia de Marta Odalys. “Es una corrupta” me dijo. Y empezó a enumerar las irregulariades cometidas bajo su mandato en la asamblea municipal.

Y entonces me sentí cansado, cansado de la hipocresía, la falsedad, el ocultamiento de los problemas que navegan a vox populi y quienes deben combatirlo prefieren ocultarlo como ropa sucia. Así es más fácil dirigir, darle la espalda a la realidad, taparse los oídos, no escuchar los reclamos del pueblo, mientras se mira la tarjeta del combustible asignado.

A veces creo que a ciertos jefes, funcionarios y dirigentes solo les preocupa el funcionamiento de su auto. Quizás por eso cierta vez uno me puso cara de alarma cuando le dije que Jesús Menéndez viaja por ferrocarril. Jesús Menéndez es de mis paradigmas como Luchador Comunista. ¿Resulta fatigoso viajar en tren? Pues así viaja el pueblo, y aunque mi planteamientos puede resultar pueril para algunos, pienso que los dirigentes de mi país deben experimentar en carne propia todas las vicisitudes del Soberano: el pueblo.

Y para que se alarmen más, el Che Guevara compartía la idea de que los dirigentes deberían trabajar un mes en el campo para que su mente no se burocratizara, yo no pido tanto, me conformo con que viajen un mes en transporte público para que se empapen de la realidad pura y dura de los cubanos que viajan en guagua. Seguramente también se enterarán de muchos casos de corrupción y otros tantos problemas agobiantes de nuestra sociedad.

A estas alturas me importa un comino lo que piensen de mí; algunos creerán que todo se trata de necesidad de protagonismo, otros, de ansías de victimización, y habrá hasta quienes piensen que estoy luchando el viaje… Por suerte hay personas que me conocen bien y entienden de qué va todo. Ahora que saco cuenta, a lo largo de los años han cambiado poco mis argumentos y forma de pensar.

Me angustia sí, que muchas veces me exijan pruebas y contraste de fuentes sobre la corrupción cuando hay muchos deseosos de ocultarlas, y escasos, casi ningún, entusiasmado en desenmascarar el flagelo.

Sigo creyendo en una Cuba mejor, pero incluso si me doy cuenta que todo lo que he defendido es un espejismo, seguiré aferrado a mi espejismo, gustoso y militante.

Ahora que escribo escuchando el tema Testamento de Silvio, descubro que le debo muchos post en mi blog a mi Cuba de hoy, esa que quiero con el alma, pero nunca escribiré una letra sobre el desarraigo, ni la distancia, porque por muy paralizador que sea el cansancio, permaneceré, es una cuestión de principios conmigo mismo.

¿Y para terminar, exijo me expliquen también qué sucedió con el directivo de Comercio y Gastronomía de Matanzas que defalcó millones de pesos y logró escapar del país? Y nadie dijo nada….

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Esencias del buen maltratador


Pues sí, hay personas que de verlas ya sabes que te saldrán con una negativa mucho antes de escuchar tus palabras. No se trata del cuento del gato hidráulico, es pura intuición. El maltratador tiene el ceño fruncido, cara de pocos amigos, y muy pocos deseos de interactuar con las personas. Aunque su trabajo sea ese precisamente.

En el mejor de los casos te tratará con desgano, como si en cada gesto o palabra se le fuera el último hálito de vida. ¿Señora por favor? dirás tú con la dulzura que pocas veces le diriges a tus seres queridos, en cambio recibirás un apático “mjjjj”. No importa que el mundo se esté derrumbando afuera, que se aproxime un maremoto, que un volcán entre en erupción, que tu vida dependa de una simple frase, nada inmutará al ser frente a ti. ¿Solo te preguntarás si nacieron así o se convirtieron con el tiempo?

Pero al final reconocerás que de los maltratadores, es el menos severo, aunque el más exasperante. Sin embargo, los hay peores: los huraños. Esos sí son peligrosos, parecen que tienen rabia, sin ofender claro, que hasta los canes pueden ser víctimas de estos.

El mínimo gesto o pregunta despertarán su ira. Hasta el silencio les ofusca: “¿¡Tú quieres algo mijitooo!? Que desde hace rato estás ahí parado”. Y quisieras que te tragara la tierra, por iluso, por esperar aquellas frases mágicas que te enseñaron en la escuela: “Buenas tardes, desea algo el joven”. Ni con la varita de Harry Potter lograrás semejante encantamiento. Porque como mismo para nadie es un secreto que las buenas maneras se alejan cada vez más, resulta un hecho demostrado que los maltratadores viven de maltratar, claro está. Tal parece que sienten placer ante cada envestida o desplante.

Engrosa la lista el maltratador conversador, del cual existen distintas variantes. Está el que padece de filia telefónica. Por más que ruegues no lograrás separarlo del auricular. Mientras esperas, sin importar tus gestos de desesperación, escucharás los últimos tres capítulos de la novela, el penúltimo chisme de Cusa, y del divorcio de Yarmina, luego de casi una hora, te lanzará una pregunta inocente para abrirte el pecho: ¿deseas algo?

Esta el otro, o la otra, que también abundan las maltratadoras, que sentada sobre el buró conversa con la amiga en un diálogo ameno e imperturbable. El perturbado eres tú que ya te sabes todos los pormenores de sus vidas sin proponértelo. Y si intentas interrumpir escucharás la misma frase una y otra vez, hasta la eternidad: “un momento por favor, ¿está apurado?”. Nooo, para nada, solo llevo dos horas esperando el final de la plática.

Pero con estos últimos al menos te pondrás al tanto de varias novedades, porque existe otro: el del tick nervioso. Ese sube los hombros ante cada interrogante. No sabe nada de nada, y por más que insistas nunca recibirás respuesta.

La lista de estos sujetos sería interminable, crecen cada día y mutan a cada hora, y se resisten a desaparecer. Y uno se pregunta: ¿no habrá forma de combatirlos? Las hay, o al menos eso crees al leer un mural donde descubres que muchas veces tienes la razón como cliente, aunque no lo creas, o que la misión de ese lugar según se puede leer en un sitial con letras grandes, consiste precisamente en tu satisfacción.

Y quizás lo sepan, pero a veces cuentan con aliados plañideros: algunos directivos que muchas veces se hacen de la vista gorda.

Gracias a ellos, a su nulo enfrentamiento, se ha multiplicado esta derivación del Homo Sapiens, especie en total involución.

Pero no existen conjuros, ni remedios para su total aniquilamiento. No se eliminarán con un puñado de sal, ni dientes de ajo, menos con una escoba detrás de la puerta. El embate, si de verdad queremos una sociedad sin estos dañinos espécimen en todas sus variantes, debe ser frontal.

No lo había dicho, pero nuestro silencio los robustece y disemina. Ese es su principal alimento, y debemos cortar su savia de raíz. ¡Exigir! ¡Reclamar! ¡Llamar las cosas por su nombre! ¡Combatirlos en el momento preciso! Tenemos derecho a vivir en un mundo sin maltratadores.

Unos minuticos con Leo Vera

Cuando mi amiga Jessica me dijo que Leo Vera cantaría en el espacio nocturno El bolerazo, me dije: “¡esta es la mía!”, porque llevo años deseando escuchar en vivo uno de las voces más prestigiadas de la música popular cubana. Era un adolescente cuando el cantante irrumpió en la escena nacional como integrante de la Charanga Habanera, y aunque han pasado dos décadas aún todos recuerdan sus interpretaciones.

Por eso aguardé hasta el final, y como el adolescente que se dirige torpe y nervioso a su ídolo, le pedí una breve entrevista, “solo unos minuticos”, y sin pensarlo mucho Leo Vera accedió.

En la noche del sábado Leo Vera se reencontró con un público matancero ávido de escucharlo. Los asiduos al espacio El Bolerazo, que se celebra en la sede provincial de la Uneac aplaudieron cada interpretación del cantante capaz de moverse con soltura y presteza en géneros como la Vieja Trova, el bolero y el Pop. Al terminar el concierto accedió a conversar con la prensa.

Uno de los íconos indiscutibles de la revolución timbera de los 90, con la interpretación de éxitos como Mi Estrella y Me sube la fiebre, regresará al género que lo hizo famoso en Cuba y parte del mundo con la grabación de un disco de salsa, entre otros proyectos que lo tendrán ocupado en el 2017.

– Leo, marcaste a una generación como integrante de la Charanga Habanera. ¿Cuánto queda de la Charanga en Leo Vera?

-(Sonríe) Siempre recuerdo a la Charanga porque fue la orquesta que me lanzó a la luz y me dio a conocer en Cuba y en parte del mundo, todavía se mantiene en mí ese vigor y vitalidad que caracteriza a la agrupación.


-Eres de las mejores voces de Cuba, sin embargo no eres tan asiduo en los medios ¿se debe a una decisión personal?

-Yo realmente no dedico tiempo a promocionarme como artista, he participado en varios proyectos exitosos como la Charanga Habanera, Irakere, Klímax, pero no le dedico mucho tiempo a promocionarme. No me preocupo tanto por eso.

-Colaboraste con la agrupación de reggaetón los Cuatro. ¿Fue algo ocasional o incursionarás en algo más contemporáneo?

– Hace algunos meses me invitó Jorgito, director de los Cuatro, a interpretar un tema de Juan Gabriel, el tema pegó pero no pienso dedicarme enteramente al género urbano, aunque siempre que me inviten estoy abierto a colaborar con otros músicos.

-Proyectos inmediatos…

-Acabo de terminar una producción discográfica con el título Te tengo y no, el disco posee 10 temas de pop, baladas, es muy amplio, dentro de poco llegará a las emisoras. El 19 de mayo salgo hacia Perú para una gira”.

Aunque no se presenta en lugares habituales de la Capital, adelantó una sorpresa que seguramente gustará a sus seguidores:

“Estoy preparando un disco de salsa romántica, estará incluido el tema Mi estrella de la Charanga Habanera”.

Al interrogársele sobre la calidad de su voz que se mantiene pese a los años, aseguró que no posee secreto alguno o método extraordinario “solo me cuido y estudio mucho, realizo vocalizaciones, es todo. Eso sí, la vida de un cantante consiste en una carrera de resistencia no de velocidad, algo que le digo siempre a los jóvenes.

Sobre su inclusión en el proyecto Sonando en Cuba comentó que fue una linda experiencia, “algo que necesitaba el público, emerge mucho talento joven.

Obsequió a los matanceros un saludo especial, donde siempre lo reciben con cariño, aunque el regalo mayor fueron sus interpretaciones de temas como Loco por tu amor, Cartas amarillas y Longina.

Desfilar un Primero de Mayo


Para entender en qué consiste un Primero de mayo en Cuba lo primero es participar en uno, sumarse a la fiesta, zambullirse en el mal de pueblo, estar atento a cada palabra, cada risa, cada imagen.

Descubrirás que tal festividad ya forma parte intrínseca de la cultura cubana. Y los niños son un ingrediente especial. Si a ellos les entusiasma, es porque la fiesta cautiva y atrae. Si no cómo entender los desvelos de la abuela que desde días antes le confecciona el uniforme a su nieta, similar al de la mamá pero diminuto, que le quedará entallado para el desfile.

O los obreros buscando cartulinas y telas para marchar con un gran cartel que anuncie a cuál centro laboral pertenecen.

¿Las iniciativas para el desfile? Quedarás sorprendido al descubrir que el mismo ingenio cubano que le ayudó a subsistir en los duros 90, está vez se pone al servicio del desfile: constructores que recorren la festiva arteria colmada de colores con grúas en miniaturas fabricadas de cartón, o con pequeñas maquetas de edificios; los gastronómicos exhiben majares exquisitos y el olor de un pernil asado se adueña de la marcha, los técnico de Radiocuba instalaron una gran antena a una bicicleta, y que nadie se asombre si en un futuro cercano un invento similar permite captar la señal wifi.

Pero encontrarás también quien no se perderá la oportunidad de patentizar su doble compromiso, marchará dispuesto, pero antes comprará un cartón huevo y sin importar la fragilidad de las posturas recorrerá las calles entonando consignas y bailando las congas espontáneas.

¿Las congas? Ahí si hay melodía. Centro de trabajo que posea trabajadores con dotes artísticas y lleve una conga, tiene garantizada la alegría desbordante; el ritmo frenético de los tambores secundado por los metales hechizará a todos los participantes y con pasos cadenciosos avanzarán hasta la tribuna.

La belleza de las mujeres con sus uniformes, los niños alegres agitando las banderas desde los hombres de sus padres, ¡es tal la celebración que hasta las mascotas de casa se suman al convite!

Un primero de mayo es de las mayores fiestas que se celebran en Cuba, algunos advenedizos aseguran por ahí que los trabajadores cubanos asisten obligados… ¡habráse visto semejante bobería!, ¿cómo se logra imponer la alegría espontanea? Por eso cada año son más los hermanos de otras tierras que deciden sumarse a la mayor fiesta del proletariado mundial, que no quepa dudas.

A los escépticos solo nos queda decirles que participen, entenderán de qué va un desfile del Primero de Mayo en Cuba, entusiasmo que absorbe cada rincón del archipiélago, seguramente después no querrán perderse uno más.

Veterano de Venezuela

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― ¡La violencia! Si me pides que te hable sobre lo que más me marcó en mis tres años como colaborador de la salud en Venezuela, diré una y otra vez que la violencia ‒ comenta Jorge en un parque céntrico de Matanzas.

Graduado como Médico General Integral, contaba 29 años cuando le llegó la tan ansiada misión a Venezuela; con el dinero ahorrado lograría reconstruir de una vez y por todas su casa. Aunque le habían advertido de los problemas a los cuales se enfrentaría, lejos estaba de imaginar la magnitud de la criminalidad en ese país.

Antes de salir de Cuba el joven sentía animadversión por los fumadores; sin embargo, durante nuestro diálogo prendió un cigarro tras otro.

― Como bienvenida, el primer día que me incorporé al Centro de Diagnóstico y Orientación (CDI) en Petare, el barrio más violento de Venezuela, me recibió una balacera que duró toda la noche. Por un momento pensé que las balas entrarían a mi cuarto y me refugié debajo de la cama. Creo que casi enfermé de los nervios. En Matanzas vivo en La Marina, un barrio humilde y famoso por la violencia, pero solo le queda la fama; eso sí, allí la gente resolvía sus desavenencias con machetes y cuchillos, pero en Venezuela los jóvenes son gatillos fáciles. Los malandros no se quieren la vida, nunca creí que pudiera existir algo así. A pesar de la llegada de Chávez, Venezuela es una sociedad enferma, herida profundamente por la criminalidad.

“Venezuela fue para mí una especie de prisión; después de las seis de la tarde no podías salir de la casa. Los ajustes de cuenta entre malandros eran la realidad cotidiana. Si los vecinos te decían: “¡Hay culebra!”, había enfrentamientos entre pandillas y tenías que encerrarte porque la cosa venía fea.

Jorge enciende otro cigarro ‒el tercero en lo que va de conversación‒ mientras revisa un mensaje en su teléfono celular.

― Tenías que ocultar bien el celular, y tampoco podías portar prendas llamativas. En una ocasión intentaron asaltarme en una buseta. Detrás de mí se habían sentado dos malandros y yo escuchaba cómo planificaban mi propio asalto. En mi cuello llevaba dos cadenitas de fantasía que mi abuela me había preparado en Cuba como resguardo. Ese sería el blanco del atraco. La palabra pánico queda pequeña. Por esas cosas de la vida, o la fuerza del ebbó de mi abuela, la policía nos detuvo en un punto de control y bajaron a todos los pasajeros. Cuando me apeé y mostré mi identificación los malandros escucharon cuando un oficial se dirigió a mí como médico cubano. Me pidió que me quitara las cadenitas porque me ponían en peligro. Yo les respondí en voz alta que eran de fantasía, solo un recuerdo familiar. Por un momento pensé en comunicarles sobre lo sucedido anteriormente, pero en un arranque de valentía o de locura, ¡qué se yo!, volví a subir a la buseta y me senté en el mismo lugar delante de los criminales. No me creerás si te cuento que se disculparon conmigo.

“Pero los había menos condescendientes. En una ocasión un cirujano cubano le salvó la vida a un baleado. Tiempo después este médico caminaba junto a una enfermera y resultó víctima de un asalto en plena vía a las 10 de la mañana. La enfermera reconoció al malandro y le dice: ¡Nosotros te salvamos la vida! Sabes qué respondió el joven: “Ese día ustedes hacían su trabajo, y lo hicieron bien, hoy yo estoy haciendo el mío”. Con los malandros que apoyaban a Chávez el trato era diferente. Cuando visitábamos los barrios más humildes y violentos, nos protegían, éramos intocables.

Jorge habla de escenas desgarradoras, como aquella vez que escuchó los gritos de una madre a quien le balearon al hijo delante de sus ojos.

― Después atendimos el cadáver en el CDI. No puedo decirte cuántos impactos de bala tenía. Le vaciaron decenas de cargadores en su cuerpo. Durante varias noches estuve soñando con los gritos enloquecidos de aquella pobre mujer. Por suerte me queda el aprecio de buenos venezolanos, aun de la oposición. Recuerdo a uno en particular. Se trataba de un paciente adinerado con insuficiencia renal. Le practicaban hemodiálisis en un hospital privado y cuando le hicimos los análisis descubrimos que sus riñones estaban sanos. Acabaron con su salud para cobrarle más dinero. Desde entonces se hizo amigo solidario y cuando un cubano debía hacer alguna gestión en la ciudad nos trasladaba sin cobrarnos un centavo. Pero a Venezuela no regreso. Creo que nunca más seré el mismo Jorge de antes. Nosotros los cubanos combatimos en Angola. Las guerras siempre dejan secuelas sicológicas, y yo me siento un veterano de guerra.

*A petición del entrevistado se evitó escribir su verdadero nombre.

“Solo soy un artesano con buen gusto” (+ fotos)

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En más de una ocasión, le han preguntado a Lázaro Israel de León Sosa si proviene de una familia de artistas. Y es que cuando se aprecian sus obras de artesanía, no queda duda de los dotes de creador de este artesano. Él responde que no, pero rápidamente piensa en su padre zapatero y su madre costurera. Quizás de ahí provenga su destreza con las manos, de donde emergen disímiles piezas.

En su casa se respira una atmósfera creativa. Mientras conversa, un sonajero de ágata deja escapar su música que sirve de banda sonora al diálogo con uno de los artesanos más premiados y fecundos de Matanzas.

En la sala de su hogar descansan varias obras de las más de 50 que han recibido premios en las diferentes exposiciones que ha participado. Asegura que descansan allí, porque no pudo desprenderse de ellas. “Son irrepetibles, por lo difícil de su creación, y por supuesto, por el cariño que les tomo”.

LA EDAD DE BRONCE

Si bien el descubrimiento de la edad de bronce marcó un estadío superior en la historia de la humanidad, también logró marcar y transformar para bien la vida de Israel.

Cierta vez, en los ya lejanos 90, el hasta ese momento contador, deseaba impresionar a su esposa con un obsequio, idea que le daba vueltas en la cabeza: “¿qué le regalo?”.

Fue entonces que visitó a un amigo artesano, y este le prometió unos aretes de carey con el inconveniente de no estar terminados.

“Debí pulirlos. Cuando terminé, me gustó esa faena, le pedí que me diera diez más. Así empecé a trabajar el carey. En el año 92 me llega una convocatoria de la Asociación Cubana de Artesanos Artistas (ACAA) para participar en una exposición, presenté un collar y unos aretes, y alcancé el primer lugar. Ese fue el punto de partida”.

Tiempo después, en una exposición de la Feria Internacional de Artesanía (Fiart) descubriría el bronce.

“Fue una fascinación. Al inicio esculpí varias espadas. Recuerdo que mi primera pieza seria, resultó un jarrón, que terminó siendo blanco de la crítica de un amigo. “Le falta volumen”, me dijo y yo no sabía de qué hablaba.

“Comencé a estudiar escultura entonces. Me bebí toda la obra de Agustín Dreke. Recuerdo que mi primera exposición con este material se nombró “Parafraseando a Dreke. Fue un gran aliciente para mí escuchar los elogios del maestro, quien aseguró que yo tenía un estilo propio. Luego recibí clases de diseño de Rolando Estévez, y aquello fue una transfusión en sangre de arte puro”.

En esa época, compartía su gusto por la artesanía y los metales con el trabajo de un grupo de ambientación de interiores. Hasta que un buen día decidió dedicarse exclusivamente a su pasión: el bronce.

“Recopilaba viejos fragmentos de ese material, lo mismo de una cama antigua, el marco de un cuadro, un mueble, una lámpara. Luego los recortaba y los unía con un punto de soldadura. Así iban naciendo mis obras”.

Su maestría radica en desaparecer los puntos de soldadura. De sus manos surgen jarrones, peces, cachimbas, ceniceros, puertas, como las que sorprenden a quien visite su casa, y que él nombró “Puertas a mi edén”.

Siempre está creando. Lleva 20 años de trabajo continuo. Ahora incursiona e investiga en la pátina, especie de barniz que le brindará al metal diferentes tonalidades, lo que lo embellecerá más.

“Recientemente participé en FIART y allí tuve la oportunidad de dialogar con la maestra Flora Fong. Le encantaron mis piezas e intercambiamos mucho sobre la pátina. A la maestra plástica también le cautiva el trabajo con bronce.

Sus obras integran colecciones privadas de varios países, como Estados Unidos y México. Por este último país siente un cariño especial.

“Con cierta frecuencia me invitan a la nación país azteca para participar en muestras de artesanía. Aprendo mucho allí, ya que tengo la oportunidad de disfrutar el quehacer artesanal de una veintena de países.
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EL ARTE DEL BONSAI

Los bonsáis también cobraron protagonismo en la vida de Israel. Posee una gran colección de estos diminutos árboles. “Este es mi otro mundo”, comenta en la terraza de su casa, donde el verde de más de 300 especies de plantas acaricia la vista, un hobby que le fascinó desde niño. Ese es su paraíso, asegura.

“Me encanta trabajar los laureles de parque porque son muy flexibles, y se dejan moldear. Pasas años podándolo, atendiéndolo. Es el arte de la paciencia.

Sobre sus logros expresa que si bien se siente realizado aun le falta mucho por lograr. “Mi mejor pieza está por nacer. Algunos críticos aprecian cierto barroquismo en ellas, mas para mí es algo más simple: hacerla bella, que me agrade y sea una especie de colirio a la vista de los demás. No tengo más pretensiones. Eso, y trabajar mucho, nunca me detengo, siempre estoy ideando nuevos proyectos. Nunca me consideraré un orfebre, respeto mucho esa disciplina, más bien soy un artesano con buen gusto”.

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El manantial de los sin techos

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El Flaco y El Niche hicieron buena yunta quizás por aquello de que la adversidad compartida golpea menos fuerte. Un buen día llegaron a la zona residencial de La Playa, en Matanzas, quién sabe de dónde. Dicen que son matanceros, y como muchos venidos a menos, aseguran que manejaron grandes fortunas en el pasado pero la mala estrella, o la envidia, les golpeó duro y ahora se ven en la calle, durmiendo a la intemperie, o en los portales del vecindario.

Con el tiempo se han ido ganando el afecto de los vecinos de la zona, quienes les permiten realizar algunos trabajitos de jardinería, o botar escombros, por lo que se ganan un dinerito extra y hasta un plato de comida.

Desde que comenzaron a manejar un bicitaxi su suerte ha cambiado un tanto asegura El Flaco. “A veces ganamos hasta 200 pesos al día, duermes con las piernas adoloridas pero con algo caliente en el estómago”.

Sus verdaderos nombres son una incógnita. El flaco, el más comunicativo de los dos, asegura que tenía casa, buena vida y familia, pero tras un negocio fallido con un familiar no tuvo más remedio que irse a vivir a la calle, “sin sobresaltos ni sentimientos negativos”.

Sus edades también son un misterio, aunque las arrugas en el cuerpo del Flaco hace creer que frisa los 40. En su abdomen lleva un tatuaje apenas inteligible donde solo se puede leer la palabra traición; la tinta del tatuaje es artesanal, similar a los que hacen en prisión derritiendo un cepillo de lavarse los dientes.

“Estuve guardado por carne de caballo pero “al tanque” no regreso. La libertad no tiene precio. No quiero problemas, aunque los problemas me persiguen. Cada vez que hay un robo en el barrio me detienen varios días”.
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Mientras El Flaco conversa, azuza el fuego en un fogón improvisado. A poca distancia, El Niche descuartiza una cabeza de cerdo. Fue el pago por una corrida en el bicitaxi. No sabían qué hacer con ella y decidieron cocinarla a orillas del viaducto matancero, a un costado de la bahía, justo donde brota un manantial de agua dulce. En ese manantial, cada tarde lavan su ropa y se bañan decenas de gentes sin casas como ellos.

Cuenta El Niche que ese manantial surgió hace millones de años tras las fracturas del sistema cavernario del cual surgieron las Cuevas de Bellamar. Esas fueron sus únicas palabras. Pero al parecer solo se trata de una tubería rota.

El Flaco, más desenvuelto, asegura que cada día por esos manantiales pasan decenas de recogedores de latas, de bronce, vendedores de anillos de oro falso, carretilleros, que tratan de ganarse la vida durante el día en lo que aparezca, todos con algo en común: personas sin hogar que duermen donde la noche les sorprenda.

Pero la intemperie tiene sus premios, presenciar los que otros ni imaginan mientras reposan placenteramente en sus lechos. “Hace unos días estaba con El Niche y una botella de ron, nos quedamos dormidos a orillas de la playa Los Pinos, y de madrugada me despertó el ruido de un camión que entró casi hasta el agua. Bajaron una lancha, un tumulto se montó encima de la embarcación ¡y tunturuntu! pasaron a mejor vida, y nadie vio nada, solo nosotros”.

El Flaco bien pudiera comprarse una casita de esas que venden en el “llegaypon” de la Raspadora, barrio insalubre en la periferia de la ciudad, donde van a carenar los recién llegados de fuera de la provincia, en su mayoría provenientes del centro y oriente, o los salidos de prisión.

“Una casa puede costarte allí cerca de 8 mil pesos cubanos, con el visto bueno del presidente del CDR a los pocos días te dan la libreta de la Oficoda y pasas a la legalidad”, y El Flaco roza el dedo índice con el pulgar de su mano izquierda en un gesto que en Cuba se traduce como pago en efectivo.
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Aunque le nombra casa, nada tiene que ver con la idea que muchas personas puedan tener de lo que significa un hogar. En la Raspadora la mayoría de las casas son de cartón y techo de cinc, y muchas veces el baño (un tibor) queda a pocos centímetros de la cocina.

El flaco sigue conversando mientras un comerciante de la cercana cafetería estatal viene en busca del cuchillo que le prestara para descuartizar la cabeza de cerdo.

La carne mantecosa bulle en el interior del cardero, también en préstamo de otra vecina. El olor del cerdo domina el lugar. Entre las uvas caletas que crecen a orillas del viaducto aparece un hombre, recogedor de latas sin hogar que también hizo su refugio cerca del manantial. “Yo estaba cocinando arroz, lo comparto con ustedes si me invitan a la fiesta”.

En apenas un giro de vista se quitan la ropa y se quedan en short ¿o calzoncillos? y comienzan a lavar sus ropas para desprenderse del sudor de la dura jornada. Las personas que pasan por el viaducto se quedan mirando la escena. Algunos ríen, otros quedan azorados. Todos desconocen que a orillas del viaducto matancero brota un manantial de agua dulce…