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El Yerbero del Yumurí


Aurelio Andrés Díaz Fabré se reconoce como Ossainista. Así nombran a los hijos de la deidad yoruba Ossain, dueño absoluto del monte.

A punto de cumplir los 77 años Aurelio Andrés recorre los cuatro puntos cardinales de la ciudad de Matanzas en busca de plantas para remedios medicinales o rituales religiosos.

Como hijo de Ossain tiene el don de reconocer todas las hierbas y palos del monte. La virtud la recibió de niño por esos misterios que a veces solo la religión puede explicar.

Muchas veces se le ve a orillas del río Yumurí con un machetín en la mano. Camina con cuidado por el irregular terreno, ya que sus viejos huesos acusan la fatiga de los años. Pero pese al tiempo, no ha perdido la destreza al cercenar los tallos con una sola mano.

Ni él logra enumerar todas las especies y remedios que conoce. Mientras sostiene un mazo de alacrancillo, asegura que es “muy bueno para la erupción en la piel de los muchachos. Aquella de allí- y señala a orillas del río- es garro blanco, excelente para los padecimientos del estómago”.

Aurelio habla como las personas de antaño; de él se pueden escuchar frases en desuso como “baños de asiento” o “concepción” para referirse a la gestación de las mujeres, para el alumbramiento, según dice, también existen remedios.

“Ossain me obsequió la virtud de reconocer las matas curativas del monte, y Orula, el adivino, me encomendó.

El veterano yerbero es muy conocido en la ciudad. Hasta su casa llegan personas de muchos lugares para mejorar la salud o para rituales de iniciación.

Reconoce que en la naturaleza existen plantas para lo bueno y lo malo. Como el guao, y deja escapar un “mmmmmm” de respeto. “El guao es un diablito que sirve para brujería y hacer daños”. Mas lo que Aurelio prefiere es curar a las personas, entonces comienza a cantarle a Oshún, la deidad del río, y mientras se aleja su canto se hace imperceptible.

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Los colores de Mariela

Cuando uno se va aproximando a la casa de Mariela Alemán, en el poblado de Guásimas, desde la distancia percibe la escultura de una gran tijera que descansa en su tejado, símbolo de su quehacer, y similar quizás a aquella que le tomara a la abuela en su niñez para confeccionar su primera pieza textil para una de sus muñecas.

Convertida en una diseñadora de gran prestigio y notoriedad, con disímiles premios y reconocimientos, su nombre es un referente en las principales pasarelas del país. Hoy su arte trasciende las fronteras con revolucionarias propuestas que se exhiben en ciudades de renombre como New York.

En el mundo artístico le llaman Mariela Colores, y al ingresar a su taller redescubre la niña que fue. Enseña sus piezas como si se trataran de sus juguetes más preciados, los desparrama sobre la mesa de trabajo y explica las técnicas empleadas y cómo consigue las diversas tonalidades cual si fuera un juego que disfruta a plenitud. Lo hace con júbilo, sin regodeos, ni ínfulas de grandeza, sino con una pasión patente por cuanto hace.

Hasta se llega a pensar que el trabajo del diseñador es cosa fácil, sin noches de desvelos, ni la angustia nerviosa que precede a cada exhibición.

Reconoce que cuanto es, lo debe a la influencia de su abuela, quien era costurera. Ella le veía siempre en la máquina de coser y por imitación quizás, o por vocación temprana, comenzó a elaborar las ropitas de sus muñecas. Siendo una pequeña de tercer grado, cosió un “shorcito” que fue el orgullo de su abuela, quien henchida de gozo mostró el talento de la nieta a todas las vecinas.

Mirando a su nana se adentró en ese universo de crear vestidos con sus manos. Sus inicios transcurrieron en Bolondrón. Y fue allí donde trabajó durante 14 años, en la Casa de Cultura de su pueblo natal. Luego impartiría clases de pintura, e incursionaría en el bordado y el punto crochet, siempre trabajando con niños.

También cita como influencia determinante a su profesor Raúl Borondino, de quien recibiría clases de pintura en la escuela de arte. Así se apropió de la técnica del estarcido en óleo y acrílico.

Pero a Mariela, tanto como la pintura, le interesaba diseñar vestidos, así que eligió las telas como soporte para sus inquietudes artísticas.

Comenzó probando. Quería trasladar la técnica a los tejidos y lo intentó una y otra vez, pero el resultado final no le satisfacía. Rememora que un buen día, inmersa en su empeño, la llamaron para algo… y cuando regresó a su mesa de labores el sol había “trabajado” las telas, produciendo un efecto maravilloso en los colores. Asegura que fue de manera casual.

Por eso manifiesta con marcada modestia que muchos de sus logros son accidentales, “¡es el sol quien me ayuda!”, y aduce que también por azar el astro rey le regaló otro efecto imaginado cuando al caer sobre un tejido varias hojas de plantas, produjeron una amalgama de tonos y figuras, similar a la técnica del estarcido.

A partir de allí comenzó a experimentar, a jugar con la luz natural y los matices. Lo mismo aprovecha los granos de arroz, que plantas que cultiva en su casa, como la higuereta, y comienza a crear con una energía inusitada, casi con frenesí.

Cuando se le pregunta qué surge primero, si comienza de una idea prefijada, duda en responder, porque lo de ella es crear y disfrutar creando.

“Un día trabajo las telas en el entintado, otro, se me ocurre diseñar un vestido. En ocasiones sí sé lo que quiero conseguir y parto de un diseño preconcebido, otras veces no, y me dejo llevar por la inspiración.

Inspiración que no responde a un momento específico, ni a una musa antojadiza, si bien prefiere las mañanas soleadas, trabaja cada día de la semana.

ARTE Y MODA

Mariela siente un cariño especial por el evento Arte y Moda, entre las principales plazas del buen vestir en Cuba. Participó por primera vez en el 2012

“Arte y moda es un certamen muy bello, los diseñadores deben crear a partir de la obra de un pintor. En una ocasión me correspondió producir mis piezas a partir de la pintura Bicicleta, de Luis Enrique Camejo.

Pieza perteneciente a la colección Bicicleta

“Recuerdo que estuve una semana sin dormir. Debía confeccionar una prenda a partir de un ciclo, con todos los accesorios, timón, sillín, e incorporarlos al vestido. Pero el resultado fue favorable.

FRIDA

En la vida de Mariela, Frida Kahlo es una constante. En cada espacio de su casa uno se topa con cuadros con el rostro de cejas pronunciadas y mirada desafiante de la pintora mexicana, acompañados de esas frases ingeniosas que le caracterizaron hasta convertirla en un símbolo de rebeldía y pasión.

Esa admiración de Mariela se vio retribuida y alimentada cuando tuvo la dicha de crear varias piezas de vestir a partir de la pintura Cartas de amor a Diego, de la artista de la plástica Lesbia Vent Dumois.

La propuesta de Vent Dumois le chocó un poco porque era muy conceptual, mas Mariela no se amilanó y echó a volar su imaginación, y junto con esta, también el sueño, porque estuvo sin dormir varios días hasta que al fin logró aprisionar una idea, y cuando comenzó a elaborar sus bocetos sintió tal golpe de energía y entusiasmo, que creó una colección de 25 piezas.

Con la colección Frida la diseñadora obtuvo numerosos reconocimientos

Tal fue la reacción de la crítica que su propuesta resultó elegida entre los 10 mejores trajes de la década de existencia de Arte y Moda.

Luego le invitaron a otro certamen prestigioso en New York, la Semana de la Moda en Harlem. Una experiencia única para ella.

Recientemente resultó seleccionada para participar en el homenaje que efectuará el Fondo Cubano de Bienes Culturales para celebrar sus 40 años de creado, organización a la cual pertenece.

Se deduce que el lugar que más disfruta de su hogar es el taller, y ella lo corrobora, agregando que su trabajo no termina al colgar el vestido en la percha. Para ella el momento cumbre es la pasarela, cuando las modelos defienden su trabajo.

“Yo disfruto todo el proceso, pero ver la obra terminada en la pasarela me regocija. El sentimiento debe ser semejante al del pintor que ve su obra en la galería, o al músico en un concierto, lo importante es la respuesta del público. Para un diseñador esos 10 o 15 minutos que dura la exhibición resulta la culminación de la obra y lo es todo para mí.

La mirada de Frida le observa desde cualquier rincón del taller

¿Marta Odalys es inocente? (¡el culpable soy yo!)


Es fácil cansarse, mandarlo todo al carajo y dedicarse a cosas de uno. Sería simple, solo tendría que asumir la postura de los tres monos sabios y evitar el saludo de mis vecinos del barrio, ellos que siempre se me acercan para exponerme aquel problema de vieja data y ninguna solución.

Es fácil cansarse, lo sé, y también es permitido el cansancio. Conozco a muchos viejos combatientes a los que les ganó la fatiga y prefirieron pasar sus últimos días ajenos a todo, otros en cambio, continúan luchando a pesar de toda la mierda que reina y apesta en muchos rincones de esta isla.

Lo peor es que abundan quienes les gusta embadurnarse mientras se tapan la nariz asegurando que nada huele mal, y en el caso de que tus fosas nasales capten la fetidez, tu rostro no puede dar muestra de repugnancia. Así pasa con la corrupción en Matanzas. Así sucedió con el caso “Marta Odalys”, la ex presidenta de la asamblea de gobierno municipal liberada de su cargo.

Todavía retumba en mis entrañas aquella frase de: “no tienes pruebas y Marta Odalys te puede demandar por difamación”. Es decir, a mí sí se me puede llevar a juicio por intentar indagar sobre la verdad, y como ya sufrí una vez, ningún argumento podrá protegerme por válido que sea: hace más de un año que estoy exigiendo en todas las reuniones en las que he participado, se den a conocer las circunstancias de la liberación de la funcionaria. Muchos honestos cercanos a mí saben que no miento.

Llevo más de un año exigiendo luces sobre el asunto, porque creo firmemente que los medios de prensa deben jugar un papel más activo en ese flagelo que hoy agobia y perturba a nuestra economía, y desmoviliza a tantos revolucionarios honestos.

Como bien escribiera Julio García Luis en su trascendental obra Revolución, socialismo, periodismo, ningún caso de corrupción ha salido a la luz mediante una investigación periodística por parte de la prensa. Los periodistas cubanos nos hemos convertido en una especie de médicos encargados de la autopsia para dictaminar las causas que llevaron al contagio del occiso, léase corrupto, mas nunca hemos podidos atajar el mal a tiempo.

Y como acabo de comprobar, en torno a los corruptos se está tejiendo en Matanzas una maraña tenebrosa que los hace intocables una vez descubiertos sus desmanes, como sucede con el caso Marta Odalys. Incluso, en este minuto, ella no es culpable de nada, sino el periodista que ose indagar sobre el asunto.

Hace pocos días supe por varios vecinos que la dirigente liberada asumía una nueva tarea como jefa de cuadro en la Empresa Municipal de Mantenimiento y Servicio a la Educación (EPASE). Así como sucedió con el cese de sus actividades como dirigente, su nueva responsabilidad se ha regado como pólvora y a pocos deja indiferente…aunque otros prefieren hacer mutis y desentenderse del asunto (los mismos que la colocaron en el nuevo cargo y silenciam sus errores, me pregunto) .

Por otra parte, me resulta patético que alguien me acuse de tener sentimientos malévolos hacia la señora. “Arnaldo, la tienes cogida con ella”, expresaron. Una frase tan infantil solo puede ser producto de la ignorancia política o el comprometimiento con Marta Odalys. Ignorancia política porque con la corrupción no debe haber medias tintas ni frases plañideras, si fue liberada por “cuestiones de métodos” deben publicarse, darse a conocer, el día que se decida realizar juicios públicos y ejemplarizantes los corruptos sabrán a qué atenerse: nada es más poderoso que el desprecio del pueblo. Y en Cuba, y en el mundo, se desprecian a los corruptos, a los malversadores.

¿Cómo entender o interpretar el silencio en torno a ese caso? Cuando escuché esas dos frases desmovilizadoras que me acusaban de difamación o malos sentimientos hacia Marta Odalys, decidí eliminar mi post. Y para colmo en Cartas desde Cuba lo habían publicado. Y no tengo que decir qué representa para un periodista que Rasberg te publique. Él, que según leo, es el culpable de muchos de nuestros males.

Pero mi intención al eliminar mi post nunca fue darle tierra y pisón. Todo lo contrario, regresé con la misma fuente para indagar sobre la posible inocencia de Marta Odalys. “Es una corrupta” me dijo. Y empezó a enumerar las irregulariades cometidas bajo su mandato en la asamblea municipal.

Y entonces me sentí cansado, cansado de la hipocresía, la falsedad, el ocultamiento de los problemas que navegan a vox populi y quienes deben combatirlo prefieren ocultarlo como ropa sucia. Así es más fácil dirigir, darle la espalda a la realidad, taparse los oídos, no escuchar los reclamos del pueblo, mientras se mira la tarjeta del combustible asignado.

A veces creo que a ciertos jefes, funcionarios y dirigentes solo les preocupa el funcionamiento de su auto. Quizás por eso cierta vez uno me puso cara de alarma cuando le dije que Jesús Menéndez viaja por ferrocarril. Jesús Menéndez es de mis paradigmas como Luchador Comunista. ¿Resulta fatigoso viajar en tren? Pues así viaja el pueblo, y aunque mi planteamientos puede resultar pueril para algunos, pienso que los dirigentes de mi país deben experimentar en carne propia todas las vicisitudes del Soberano: el pueblo.

Y para que se alarmen más, el Che Guevara compartía la idea de que los dirigentes deberían trabajar un mes en el campo para que su mente no se burocratizara, yo no pido tanto, me conformo con que viajen un mes en transporte público para que se empapen de la realidad pura y dura de los cubanos que viajan en guagua. Seguramente también se enterarán de muchos casos de corrupción y otros tantos problemas agobiantes de nuestra sociedad.

A estas alturas me importa un comino lo que piensen de mí; algunos creerán que todo se trata de necesidad de protagonismo, otros, de ansías de victimización, y habrá hasta quienes piensen que estoy luchando el viaje… Por suerte hay personas que me conocen bien y entienden de qué va todo. Ahora que saco cuenta, a lo largo de los años han cambiado poco mis argumentos y forma de pensar.

Me angustia sí, que muchas veces me exijan pruebas y contraste de fuentes sobre la corrupción cuando hay muchos deseosos de ocultarlas, y escasos, casi ningún, entusiasmado en desenmascarar el flagelo.

Sigo creyendo en una Cuba mejor, pero incluso si me doy cuenta que todo lo que he defendido es un espejismo, seguiré aferrado a mi espejismo, gustoso y militante.

Ahora que escribo escuchando el tema Testamento de Silvio, descubro que le debo muchos post en mi blog a mi Cuba de hoy, esa que quiero con el alma, pero nunca escribiré una letra sobre el desarraigo, ni la distancia, porque por muy paralizador que sea el cansancio, permaneceré, es una cuestión de principios conmigo mismo.

¿Y para terminar, exijo me expliquen también qué sucedió con el directivo de Comercio y Gastronomía de Matanzas que defalcó millones de pesos y logró escapar del país? Y nadie dijo nada….

Esencias del buen maltratador


Pues sí, hay personas que de verlas ya sabes que te saldrán con una negativa mucho antes de escuchar tus palabras. No se trata del cuento del gato hidráulico, es pura intuición. El maltratador tiene el ceño fruncido, cara de pocos amigos, y muy pocos deseos de interactuar con las personas. Aunque su trabajo sea ese precisamente.

En el mejor de los casos te tratará con desgano, como si en cada gesto o palabra se le fuera el último hálito de vida. ¿Señora por favor? dirás tú con la dulzura que pocas veces le diriges a tus seres queridos, en cambio recibirás un apático “mjjjj”. No importa que el mundo se esté derrumbando afuera, que se aproxime un maremoto, que un volcán entre en erupción, que tu vida dependa de una simple frase, nada inmutará al ser frente a ti. ¿Solo te preguntarás si nacieron así o se convirtieron con el tiempo?

Pero al final reconocerás que de los maltratadores, es el menos severo, aunque el más exasperante. Sin embargo, los hay peores: los huraños. Esos sí son peligrosos, parecen que tienen rabia, sin ofender claro, que hasta los canes pueden ser víctimas de estos.

El mínimo gesto o pregunta despertarán su ira. Hasta el silencio les ofusca: “¿¡Tú quieres algo mijitooo!? Que desde hace rato estás ahí parado”. Y quisieras que te tragara la tierra, por iluso, por esperar aquellas frases mágicas que te enseñaron en la escuela: “Buenas tardes, desea algo el joven”. Ni con la varita de Harry Potter lograrás semejante encantamiento. Porque como mismo para nadie es un secreto que las buenas maneras se alejan cada vez más, resulta un hecho demostrado que los maltratadores viven de maltratar, claro está. Tal parece que sienten placer ante cada envestida o desplante.

Engrosa la lista el maltratador conversador, del cual existen distintas variantes. Está el que padece de filia telefónica. Por más que ruegues no lograrás separarlo del auricular. Mientras esperas, sin importar tus gestos de desesperación, escucharás los últimos tres capítulos de la novela, el penúltimo chisme de Cusa, y del divorcio de Yarmina, luego de casi una hora, te lanzará una pregunta inocente para abrirte el pecho: ¿deseas algo?

Esta el otro, o la otra, que también abundan las maltratadoras, que sentada sobre el buró conversa con la amiga en un diálogo ameno e imperturbable. El perturbado eres tú que ya te sabes todos los pormenores de sus vidas sin proponértelo. Y si intentas interrumpir escucharás la misma frase una y otra vez, hasta la eternidad: “un momento por favor, ¿está apurado?”. Nooo, para nada, solo llevo dos horas esperando el final de la plática.

Pero con estos últimos al menos te pondrás al tanto de varias novedades, porque existe otro: el del tick nervioso. Ese sube los hombros ante cada interrogante. No sabe nada de nada, y por más que insistas nunca recibirás respuesta.

La lista de estos sujetos sería interminable, crecen cada día y mutan a cada hora, y se resisten a desaparecer. Y uno se pregunta: ¿no habrá forma de combatirlos? Las hay, o al menos eso crees al leer un mural donde descubres que muchas veces tienes la razón como cliente, aunque no lo creas, o que la misión de ese lugar según se puede leer en un sitial con letras grandes, consiste precisamente en tu satisfacción.

Y quizás lo sepan, pero a veces cuentan con aliados plañideros: algunos directivos que muchas veces se hacen de la vista gorda.

Gracias a ellos, a su nulo enfrentamiento, se ha multiplicado esta derivación del Homo Sapiens, especie en total involución.

Pero no existen conjuros, ni remedios para su total aniquilamiento. No se eliminarán con un puñado de sal, ni dientes de ajo, menos con una escoba detrás de la puerta. El embate, si de verdad queremos una sociedad sin estos dañinos espécimen en todas sus variantes, debe ser frontal.

No lo había dicho, pero nuestro silencio los robustece y disemina. Ese es su principal alimento, y debemos cortar su savia de raíz. ¡Exigir! ¡Reclamar! ¡Llamar las cosas por su nombre! ¡Combatirlos en el momento preciso! Tenemos derecho a vivir en un mundo sin maltratadores.

Unos minuticos con Leo Vera

Cuando mi amiga Jessica me dijo que Leo Vera cantaría en el espacio nocturno El bolerazo, me dije: “¡esta es la mía!”, porque llevo años deseando escuchar en vivo uno de las voces más prestigiadas de la música popular cubana. Era un adolescente cuando el cantante irrumpió en la escena nacional como integrante de la Charanga Habanera, y aunque han pasado dos décadas aún todos recuerdan sus interpretaciones.

Por eso aguardé hasta el final, y como el adolescente que se dirige torpe y nervioso a su ídolo, le pedí una breve entrevista, “solo unos minuticos”, y sin pensarlo mucho Leo Vera accedió.

En la noche del sábado Leo Vera se reencontró con un público matancero ávido de escucharlo. Los asiduos al espacio El Bolerazo, que se celebra en la sede provincial de la Uneac aplaudieron cada interpretación del cantante capaz de moverse con soltura y presteza en géneros como la Vieja Trova, el bolero y el Pop. Al terminar el concierto accedió a conversar con la prensa.

Uno de los íconos indiscutibles de la revolución timbera de los 90, con la interpretación de éxitos como Mi Estrella y Me sube la fiebre, regresará al género que lo hizo famoso en Cuba y parte del mundo con la grabación de un disco de salsa, entre otros proyectos que lo tendrán ocupado en el 2017.

– Leo, marcaste a una generación como integrante de la Charanga Habanera. ¿Cuánto queda de la Charanga en Leo Vera?

-(Sonríe) Siempre recuerdo a la Charanga porque fue la orquesta que me lanzó a la luz y me dio a conocer en Cuba y en parte del mundo, todavía se mantiene en mí ese vigor y vitalidad que caracteriza a la agrupación.


-Eres de las mejores voces de Cuba, sin embargo no eres tan asiduo en los medios ¿se debe a una decisión personal?

-Yo realmente no dedico tiempo a promocionarme como artista, he participado en varios proyectos exitosos como la Charanga Habanera, Irakere, Klímax, pero no le dedico mucho tiempo a promocionarme. No me preocupo tanto por eso.

-Colaboraste con la agrupación de reggaetón los Cuatro. ¿Fue algo ocasional o incursionarás en algo más contemporáneo?

– Hace algunos meses me invitó Jorgito, director de los Cuatro, a interpretar un tema de Juan Gabriel, el tema pegó pero no pienso dedicarme enteramente al género urbano, aunque siempre que me inviten estoy abierto a colaborar con otros músicos.

-Proyectos inmediatos…

-Acabo de terminar una producción discográfica con el título Te tengo y no, el disco posee 10 temas de pop, baladas, es muy amplio, dentro de poco llegará a las emisoras. El 19 de mayo salgo hacia Perú para una gira”.

Aunque no se presenta en lugares habituales de la Capital, adelantó una sorpresa que seguramente gustará a sus seguidores:

“Estoy preparando un disco de salsa romántica, estará incluido el tema Mi estrella de la Charanga Habanera”.

Al interrogársele sobre la calidad de su voz que se mantiene pese a los años, aseguró que no posee secreto alguno o método extraordinario “solo me cuido y estudio mucho, realizo vocalizaciones, es todo. Eso sí, la vida de un cantante consiste en una carrera de resistencia no de velocidad, algo que le digo siempre a los jóvenes.

Sobre su inclusión en el proyecto Sonando en Cuba comentó que fue una linda experiencia, “algo que necesitaba el público, emerge mucho talento joven.

Obsequió a los matanceros un saludo especial, donde siempre lo reciben con cariño, aunque el regalo mayor fueron sus interpretaciones de temas como Loco por tu amor, Cartas amarillas y Longina.

Desfilar un Primero de Mayo


Para entender en qué consiste un Primero de mayo en Cuba lo primero es participar en uno, sumarse a la fiesta, zambullirse en el mal de pueblo, estar atento a cada palabra, cada risa, cada imagen.

Descubrirás que tal festividad ya forma parte intrínseca de la cultura cubana. Y los niños son un ingrediente especial. Si a ellos les entusiasma, es porque la fiesta cautiva y atrae. Si no cómo entender los desvelos de la abuela que desde días antes le confecciona el uniforme a su nieta, similar al de la mamá pero diminuto, que le quedará entallado para el desfile.

O los obreros buscando cartulinas y telas para marchar con un gran cartel que anuncie a cuál centro laboral pertenecen.

¿Las iniciativas para el desfile? Quedarás sorprendido al descubrir que el mismo ingenio cubano que le ayudó a subsistir en los duros 90, está vez se pone al servicio del desfile: constructores que recorren la festiva arteria colmada de colores con grúas en miniaturas fabricadas de cartón, o con pequeñas maquetas de edificios; los gastronómicos exhiben majares exquisitos y el olor de un pernil asado se adueña de la marcha, los técnico de Radiocuba instalaron una gran antena a una bicicleta, y que nadie se asombre si en un futuro cercano un invento similar permite captar la señal wifi.

Pero encontrarás también quien no se perderá la oportunidad de patentizar su doble compromiso, marchará dispuesto, pero antes comprará un cartón huevo y sin importar la fragilidad de las posturas recorrerá las calles entonando consignas y bailando las congas espontáneas.

¿Las congas? Ahí si hay melodía. Centro de trabajo que posea trabajadores con dotes artísticas y lleve una conga, tiene garantizada la alegría desbordante; el ritmo frenético de los tambores secundado por los metales hechizará a todos los participantes y con pasos cadenciosos avanzarán hasta la tribuna.

La belleza de las mujeres con sus uniformes, los niños alegres agitando las banderas desde los hombres de sus padres, ¡es tal la celebración que hasta las mascotas de casa se suman al convite!

Un primero de mayo es de las mayores fiestas que se celebran en Cuba, algunos advenedizos aseguran por ahí que los trabajadores cubanos asisten obligados… ¡habráse visto semejante bobería!, ¿cómo se logra imponer la alegría espontanea? Por eso cada año son más los hermanos de otras tierras que deciden sumarse a la mayor fiesta del proletariado mundial, que no quepa dudas.

A los escépticos solo nos queda decirles que participen, entenderán de qué va un desfile del Primero de Mayo en Cuba, entusiasmo que absorbe cada rincón del archipiélago, seguramente después no querrán perderse uno más.

Veterano de Venezuela

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― ¡La violencia! Si me pides que te hable sobre lo que más me marcó en mis tres años como colaborador de la salud en Venezuela, diré una y otra vez que la violencia ‒ comenta Jorge en un parque céntrico de Matanzas.

Graduado como Médico General Integral, contaba 29 años cuando le llegó la tan ansiada misión a Venezuela; con el dinero ahorrado lograría reconstruir de una vez y por todas su casa. Aunque le habían advertido de los problemas a los cuales se enfrentaría, lejos estaba de imaginar la magnitud de la criminalidad en ese país.

Antes de salir de Cuba el joven sentía animadversión por los fumadores; sin embargo, durante nuestro diálogo prendió un cigarro tras otro.

― Como bienvenida, el primer día que me incorporé al Centro de Diagnóstico y Orientación (CDI) en Petare, el barrio más violento de Venezuela, me recibió una balacera que duró toda la noche. Por un momento pensé que las balas entrarían a mi cuarto y me refugié debajo de la cama. Creo que casi enfermé de los nervios. En Matanzas vivo en La Marina, un barrio humilde y famoso por la violencia, pero solo le queda la fama; eso sí, allí la gente resolvía sus desavenencias con machetes y cuchillos, pero en Venezuela los jóvenes son gatillos fáciles. Los malandros no se quieren la vida, nunca creí que pudiera existir algo así. A pesar de la llegada de Chávez, Venezuela es una sociedad enferma, herida profundamente por la criminalidad.

“Venezuela fue para mí una especie de prisión; después de las seis de la tarde no podías salir de la casa. Los ajustes de cuenta entre malandros eran la realidad cotidiana. Si los vecinos te decían: “¡Hay culebra!”, había enfrentamientos entre pandillas y tenías que encerrarte porque la cosa venía fea.

Jorge enciende otro cigarro ‒el tercero en lo que va de conversación‒ mientras revisa un mensaje en su teléfono celular.

― Tenías que ocultar bien el celular, y tampoco podías portar prendas llamativas. En una ocasión intentaron asaltarme en una buseta. Detrás de mí se habían sentado dos malandros y yo escuchaba cómo planificaban mi propio asalto. En mi cuello llevaba dos cadenitas de fantasía que mi abuela me había preparado en Cuba como resguardo. Ese sería el blanco del atraco. La palabra pánico queda pequeña. Por esas cosas de la vida, o la fuerza del ebbó de mi abuela, la policía nos detuvo en un punto de control y bajaron a todos los pasajeros. Cuando me apeé y mostré mi identificación los malandros escucharon cuando un oficial se dirigió a mí como médico cubano. Me pidió que me quitara las cadenitas porque me ponían en peligro. Yo les respondí en voz alta que eran de fantasía, solo un recuerdo familiar. Por un momento pensé en comunicarles sobre lo sucedido anteriormente, pero en un arranque de valentía o de locura, ¡qué se yo!, volví a subir a la buseta y me senté en el mismo lugar delante de los criminales. No me creerás si te cuento que se disculparon conmigo.

“Pero los había menos condescendientes. En una ocasión un cirujano cubano le salvó la vida a un baleado. Tiempo después este médico caminaba junto a una enfermera y resultó víctima de un asalto en plena vía a las 10 de la mañana. La enfermera reconoció al malandro y le dice: ¡Nosotros te salvamos la vida! Sabes qué respondió el joven: “Ese día ustedes hacían su trabajo, y lo hicieron bien, hoy yo estoy haciendo el mío”. Con los malandros que apoyaban a Chávez el trato era diferente. Cuando visitábamos los barrios más humildes y violentos, nos protegían, éramos intocables.

Jorge habla de escenas desgarradoras, como aquella vez que escuchó los gritos de una madre a quien le balearon al hijo delante de sus ojos.

― Después atendimos el cadáver en el CDI. No puedo decirte cuántos impactos de bala tenía. Le vaciaron decenas de cargadores en su cuerpo. Durante varias noches estuve soñando con los gritos enloquecidos de aquella pobre mujer. Por suerte me queda el aprecio de buenos venezolanos, aun de la oposición. Recuerdo a uno en particular. Se trataba de un paciente adinerado con insuficiencia renal. Le practicaban hemodiálisis en un hospital privado y cuando le hicimos los análisis descubrimos que sus riñones estaban sanos. Acabaron con su salud para cobrarle más dinero. Desde entonces se hizo amigo solidario y cuando un cubano debía hacer alguna gestión en la ciudad nos trasladaba sin cobrarnos un centavo. Pero a Venezuela no regreso. Creo que nunca más seré el mismo Jorge de antes. Nosotros los cubanos combatimos en Angola. Las guerras siempre dejan secuelas sicológicas, y yo me siento un veterano de guerra.

*A petición del entrevistado se evitó escribir su verdadero nombre.