Sindikalismo


Y allí estaban ellas, en un desvencijado Lada rojo de la rusa soviética. Eran las encargadas de entregar diplomas por la hombradía diaria de aquellos obreros de piel maltratada por el sol y el salitre.

Para ellas, ¿las funcionarias?, todo era una fiesta, solo me llamó la atención semejante comitiva para entregar diplomas, y su decisión irrevocable de ser el centro de atención del evento; al menos así lo reflejaban sus ademanes y atuendos.

Me detuve a analizar el tétrico cuadro que me regalaba la jornada: de un lado, los trabajadores de rostros ojerosos y cutis marchita; vestían como visten quienes no se preocupan mucho por cuál prenda llevar, y para quienes los actos son solo un acto más, eso sí, donde deben sentarse desde temprano, disciplinados y solemnes, con la mirada puesta en el local de la cerveza dispensada.

Del otro lado, la comitiva sindicalista, emperifollada como para un cabaré o asistir a una obra teatral, con sus tacones y vestidos de brillos y mangas largas a pesar del “resistero” del sol.

¡Comienza el acto! Se entona el himno nacional, y todos se ponen de pie. Todos menos la comitiva, que camina de allá para acá como buscando algo. Luego de culminar el himno todos regresan a sus asientos y un conductor, todo acto tiene un conductor, (a veces dos), que presenta la presidencia, siempre numerosa, como las comitivas designadas para entregar diplomas.

Le siguen los números musicales, la declamación de poema, los decimistas…

Mientras el acto transcurre la comitiva sindicalista abre el maletero del viejo Lada rojo, y comienzan a revisar los diplomas, en ese instante uno se pregunta si todos viajaron en el vehículo.

Luego, cuando comienza la ceremonia de entrega hacen una cadena de seis personas y se pasan los diplomas de mano en mano, como si se hallaran en una obra constructiva y trasladaran bloques o ladrillos. El trayecto, desde que sale el diploma del maletero, hasta que llega a las manos del obrero destacado, demora varios segundos.

Para alegría de los trabajadores, el reconocimiento va acompañado de una jabita con aseo personal, algo que seguramente agradecerán porque el detergente y el jabón se han tornado huidizos.

De improviso, desconcierto en la comitiva, se ausentó un obrero seleccionado para recibir el diploma y la jabita de nylon, la amplia representación que viajó en el lada Rojo lanza una mirada cómplice que solo logrará percibir quien esté atento sin perder detalle de la escena, sin embargo, por muy atento que esté no conseguirá divisar cómo la jaba regresó al maletero del Lada a la velocidad de la luz, nadie apenas lo notó, semejante maniobra y virtuosismo solo es propia de un ilusionista.

Regresa el desconcierto, largos minutos de silencio, ¿contrariedad? El director de la empresa decide entregar el diploma y la jabita a otro trabajador que no estaba en el guion del acto. Ahhh, si, porque los actos tienen guión, quizás le falta dramaturgia, coherencia, pero sí tienen una especie de libreto impreso donde se agrega con tinta los nombres de la presidencia, porque nunca se sabe quién llegará y quién no.

Aunque a manera de justificación existe un chiste muy cubano que asegura que los jefes nunca llegan tarde, se incorporan, aunque los trabajadores, los protagonistas verdaderos, (aunque a veces da la impresión que son personajes secundarios), permanezcan sentados desde horas antes, disciplinados y solemnes.

La jabita regresa sin el diploma, y los presentes aplauden al nuevo obrero estimulado, mientras alguien seguramente lamentará la mala estrella del ausente, ya que perderá la oportunidad de contar con aseo gratis, que está perdido, y cuando aparece, caro, mas podrá conformarse con un diploma con su nombre.

Se acerca el final según el programa del acto, las palabras centrales recaen en un integrante de la presidencia que vino desde lejos, al terminar, los aplausos acompasados, y con banda sonora de Silvio, ya que sus temas casi siempre marcan el final de cada acto y autoriza a ponerse de pie.

Una masa compacta sale en desbandada hacia el local donde expenden dispensada barata, “lo mejor de la jornada” dirá alguno, sobre todo para quienes les gusta la bebida. A partir de ese instante los rostros se volverán más ojerosos pero alegres.

¿Y la comitiva sindicalista? También salió en desbandada, esta vez sin glamour, quieren ser la vanguardia en la cola del suculento bufet. El Lada rojo aguarda con el maletero abierto…

Anuncios

Un comentario en “Sindikalismo”

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión /  Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión /  Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión /  Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión /  Cambiar )

Conectando a %s