Posteado por: arnaldomirabal | 18 abril, 2017

Lo de Munda es la pesca


Al parecer, a María Victoria Ramírez no le duelen ni los callos, muchos menos los brazos. Con sus 73 años todavía se le puede sorprender remando como una quinceañera por la ensenada de Caletón para desembocar en la Bahía de Cochinos. Es que lo suyo es la pesca.

Más conocida como Munda, nada le relaja mejor que salir mar afuera y tirar la pita en busca de peces. Afición que aprendió de niña en su natal Cienfuegos cuando salía con su padre.

Con 19 años conoció el amor en la Ciénaga y allí ancló su destino en el lejano 1963, por tal motivo, se
siente también natural de Zapata. Desde su llegada se radicó en Caletón y allí ha visto pasar 54 años de su vida. Recuerda que al llegar solo había una veintena de casas.

Para pescar prefiere los días de calma, así evita los vaivenes de la embarcación, que dificultan la captura. Cuando el viento viene del norte y la bahía asemeja un cristal, el tiempo no existe para ella, solo la pesca.

Siempre que el clima acompaña toma el carné de patrón, prepara los avíos, la carnada, y lanza el botecito al mar. Le gusta salir porque desconecta; a veces sale del muelle sobre las 10 de la mañana y no regresa hasta entrada la tarde. Habiendo calma, cuando está en el bote se olvida del mundo.

Para pescar solo tiene que tener deseos, no necesita un día en específico, siempre y cuando la brisa favorezca.

Su edad no impide que reme varias millas, ejercicio que aprendió de aprendió joven. Remando llega hasta Playa Larga o Buenaventura.

Lo mismo captura un parguete, una cubereta, que un cajisote, pero más que comerlo disfruta el sacarlos. Eso sí, nada se compara en sabor a una rabirrubia o un cají. La especie que más le regocija apresar es la primera que se enganche en el anzuelo.

El amor por el mar se lo inculcó a su nieta Yairí quien le acompañaba desde niña. Una vez les sorprendió una turbonada que le destruyó la cala, soga que sirve de ancla; pasaron un buen susto pero por suerte llegaron sanas y salvas a la orilla, aunque el acontecimiento no pasó de la impresión inicial.


Como buena pescadora asegura que el mar es peligroso si le tienes miedo.

Con su nieta tenía que ponerse dura porque aun embarazada le quería acompañar. El día que Yairí dio a la luz, Munda conoció la noticia cuando llegó después de atracar el bote.

Su vida gira en torno a la pesquería. Cuando no se adentra en el gran azul, custodia las embarcaciones, ya que su casa queda justo al frente del muelle. Quizás por eso conoce el nombre de cada bote anclado en la ensenada.

Cualquiera pensaría que su afición es un pretexto para no aburrirse, pero asegura que tampoco tiene tiempo para eso. Sus seis hijas le han concedido 18 nietos y 11 bisnietos.

Quién sabe y a lo mejor más de uno adquiera la devoción de la abuela, y cuando pasen los años le sirvan de brazos que impulse su bote, y también amen la pesca, porque hay pasiones que se trasmiten casi genéticamente.

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