Retos de un cuentapropista en la Ciénaga de Zapata

La primera paladar de Playa Girón comenzó como una pequeña cafetería que vendía comida a domicilio. Cuando inició el despegue hicieron un ranchón, poco después un bar restaurante. En los comienzos se llamó Lucero, el tiempo pasó, y cuando se mira hacia atrás han transcurrido siete años y hoy se conoce como Restaurante Cocodrilo.

Pero todo no ha sido color de rosa. Juan Carlos Silvera Elías reconoce que para llevar un negocio de este tipo debes tener condiciones, porque los clientes son muy exigentes, y la obtención de la materia prima se dificulta, lo cual puede atentar contra la calidad del servicio.

En un municipio con las características de Ciénaga de Zapata se hace más difícil, según Juan Carlos. “Como no vivimos en un municipio agrícola, acceder a las verduras se dificultan mucho, debes buscarlas en otros lugares. A veces te la traen y no presentan la mejor calidad.

Aun así trabajamos con mucha seriedad, preparamos al personal con cursos de capacitación organizados en la escuela de Formatur de Playa Girón.

Con capacidad para 50 personas en el restaurante los comensales encontrarán lo mejor de la comida tradicional cubana y productos del mar. La aceptación es tal el nivel de repitencia de los comensales aumenta cada año.

Destaca Juan Carlos que la calidad responde al sentido de pertenencia, “cada producto tiene un costo y un sacrificio, pero sales a buscar lo que necesites para brindar un buen servicio, a diferencia del sector estatal que muchas veces tiene que conformarse con lo poco que tiene.

Con un mercado mayorista el joven propietario asegura que tendrían más ganancias porque los precios serían accesibles y venderían más. A veces escasean productos elementales como el detergente. “Hace varios días no hay vinagre en la Ciénaga. He tenido que ir a buscar mercancías hasta la Capital del país.

A veces se dificulta hallar productos frescos y de buena calidad, mas esa es la premisa del restaurante El Cocodrilo.

Con el constante crecimiento del turismo internacional en la región sur de Matanzas, cada temporada aumenta el número de comensales. Pero para ellos no existe diferencia entre los clientes. Le brindan el mismo servicio a nacionales y extranjeros, la diferencia radica más bien en la época del año. “Existen dos temporadas, la de turismo foráneo y la de verano, en la etapa estival el número de cubanos también muestra un incremento.

Además, en los últimos años los cubanos han ganado en cultura en los servicios gastronómicos y por ende son más exigente.

Crecer y mantener los estándares de calidad es el mayor deseo de este joven que decidió un día vender alimentos en la cocina de su casa, hoy ya cuenta con su propio restaurante y el empeño de trazarse nueva metas.

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