Posteado por: arnaldomirabal | 28 marzo, 2017

La Pasión del Biajaca


Aunque nació en Alacranes, Anastasio Rodríguez Toledo se conoce la parte occidental de la Ciénaga de Zapata como la palma de su mano. Su padre dirigía la empresa forestal del sureño territorio, y de niño Anastasio recorría cada recoveco de la Ciénaga.

En un brazo lleva una gran cicatriz que se hizo a muy temprana edad al caer de un caballo en Maniadero. Así que no resulta ocioso asegurar aunque nació en Alacranes, la Ciénaga marcó su vida para siempre.

Hoy se desempeña como patrón de barco en la Empresa Pesquera Pablo Prado Rodríguez, a varios kilómetros de La Lanza, en una zona conocida como San Agustín.

Tiene bajo su mando a tres hombres. Aunque se apartó de esa faena durante algún tiempo, decidió regresar porque realmente le fascina la pesca.

Con su barco Damují, como el nombre de un río cienfueguero, recorre estrechos canales hasta salir al mar, aunque en ocasiones se encalla y debe lanzarse al agua para empujarle, sobre todo cuando hay secante y las precipitaciones escasean.

Permanecen 10 días lejos de casa, y descansan cinco. Realizan la pesca de orilla, a pocas millas de la costa, donde capturan cangrejos, tiburones, cuberetas y biajaibas.

El barco de Biajaca, como también conocen a Anastasio, es mucho más pequeño que las grandes embarcaciones de fibrocemento de la Empresa Pesquera de La Ciénaga de Zapata. De ahí que al salir de pesca remolquen tres botes, uno con la nevera donde almacenan la captura, y en los dos restantes trasportan los avíos de pesca.

Llevan vida de marinos. En el camarote hay dos literas, y los otros dos tripulantes pernoctan en la cubierta donde tienden colchonetas. Con los años el mareo desapareció. Pero el mar a veces se muestra furioso y no siempre pueden conciliar el sueño. Sin ser demasiados devotos, con ellos siempre viaja una Virgen de la Caridad que se observa en el camarote.

La pesca no es tarea fácil, siempre están propensos a cualquier susto producido por las inclemencias del tiempo o la captura de un gran pez. “El miedo siempre está presente pero debes reponerte a él”, asegura El Biajaca. “En cada salida vas en busca de lo incierto”.

“El mar es duro, mucho más que el trabajo en el campo”, sentencia. “Nada se compara a una marejada. Además, el campesino duerme en su casa, y nosotros cuando nos hallamos en alta mar dormimos en la cubierta, pensando en la llegada repentina de una tempestad. En esos diez días siempre duermes con preocupación.

Sin embargo, cuando está en tierra firme, también permanece atento al cambio de los vientos y a las fases de la luna, propiciadores de una mejor pesca.

Desde niño recorre esos contornos, por eso asegura que conoce al mar como a una mujer, le sabe todos sus secretos: los mejores pesqueros, donde puede fondear y pasar la noche a buen resguardo, si bien su familia es lo más importante de su vida, si la faltara el mar y la pesca sería un hombre incompleto.

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