Posteado por: arnaldomirabal | 28 marzo, 2017

Agricultura de sacrificio


Desde que se creó el Organopónico de Playa Larga, en Ciénaga de Zapata, el santiaguero José Torres Padilla tomó las riendas del lugar, labor a la que le ha dedicado cuerpo y alma.

Los 99 canteros del también conocido Proyecto Andalucía se mantienen en explotación la mayor parte del año. El devenido cenaguero vela celosamente por las rotaciones de los cultivos. Donde hace poco cosecho tomate, sembrará hortalizas de hoja ancha como la acelga o la lechuga para que la tierra pueda recuperarse y obtenga suficiente oxígeno.

El productor advierte sobre la complejidad del entorno para producir vegetales dada la permanencia de plagas. “Cuando se vira el aire del sur, llega mucha plaga La cercanía del bosque también afecta porque siempre atrae a los insectos.

De ahí la importancia de las plantas que sirven como controles biológicos, como el orégano y la comúnmente conocida como flor de muerto repelen a los dañinos insectos.

En los canteros se aprecia el verdor de las espinacas, la remolacha, la hierba buena, el ají pimiento, la habichuela, y plantas medicinales como la chicoria, hasta completar 12 cultivos.

Enfrentarse a esta nueva tarea no fue muy difícil porque cuando vivía en su natal Santiago dirigía una UBPC pecuaria durante 27 años. También estudió agronomía. En la Ciénaga lleva diez años, y ya se siente en parte cenaguero, aunque sin perder su esencia de santiaguero de pura cepa.

Los precios módicos caracterizan al organopónico de Playa Larga, que se suma a las bondades de consumir productos agroecológicos, sin la intervención de sustancias químicas.

Uno de los problemas que enfrenta el organopónico es la escasa mano de obra.

Ahora se hallan inmersos en la siembra de lechuga, para lo cual aprovechan la caída de la tarde. “Cuando siembras las posturas de lechuga debes hacerlo en la tarde, para que las plantas se recuperen con las bajas de temperaturas de la noche.

Entre las bondades Torres Padilla menciona el moderno y potente sistema de riego, que se alimenta de un pozo de agua dulce.

Entre las tantas prácticas sostenibles aparece el aserrín que riegan en las callejuelas que impide el crecimiento de mala hierba, con el tiempo el residuo se descomponen hasta transformarse en materia orgánica que luego distribuyen en los canteros para enriquecer el sustrato.

Para José la agricultura urbana es una especie de ciencia exacta donde todo está escrito. Cuenta con decenas de publicaciones que versan sobre las características de los cultivos, el marco de siembra y la época idónea para cada hortaliza.

Aun así, en la Ciénaga de Zapata se dificulta un poco esta práctica, porque además de las plagas, golpea el salitre cuando el viento sopla del sur, mas la estirpe de santiaguero y el compromiso con los cenaguero le impiden a José replegarse, día a día se le vera junto a su hombres tratando de hacer parir a la tierra, abonada con productos orgánicos, sudor y sacrificio.

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