Posteado por: arnaldomirabal | 12 marzo, 2017

Los reclamos de La Lanza

Por La Lanza no se pasa, se llega. No dista mucho de la Autopista Nacional que atraviesa el centro de la provincia matancera. Se trata de uno de los seis asentamientos de Plan Turquino Manatí pertenecientes al municipio de Unión de Reyes. La entrada al poblado queda a pocos metros del cartel que anuncia la bienvenida a la vecina provincia de Mayabeque.

Aunque alejada de la cabecera municipal, no hablamos de un pueblecito fantasma de una novela de Juan Rulfo, por más que los hogares permanezcan cerrados la mayor parte del día. Allí habita casi un millar de personas ubicadas a ambos lados de una carretera de más de seis kilómetros.

El encierro involuntario responde al hecho de que la carretera dejó de serlo hace mucho tiempo, ahora solo se trata de la vía principal donde se asienta el polvo. Esas molestas partículas que se adueñan de todo.

Quizás por eso en La Lanza reverencian tanto a la lluvia, porque apacigua la polvareda que se adentra por las hendijas de ventanas y puertas.

El delegado Luis Alberto ha tramitado cada uno de los reclamos de los electores.

¿Hasta cuándo el polvo alanceará nuestra existencia?, se preguntarán los pobladores, mientras esperan que el viejo reclamo regrese en forma de asfalto que ponga fin a sus disgustos diarios.

Pero la maldita circunstancia del polvo por todas partes, parafraseando al poeta, no impide que la vida transcurra. Allí más de 80 niños van a la escuela, los enfermos se atienden con un médico en un consultorio de mampostería de dos plantas, y los pobladores se dedican a la pesca, las labores agrícolas, forestales, entre otras faenas.

Mas, las partículas del infortunio impiden que la existencia transcurra con total normalidad. Porque no resulta normal que el punto de venta en divisas del poblado permanezca desabastecido desde mediados del 2016. Dicen que por el polvo…

Lo cierto es que la tablilla de los precios de las diferentes ofertas permanecía vacía el día de nuestra visita; similar panorama mostraba el gran refrigerador, a través de su puerta de cristal.

Desde junio del 2016 destacan por su intermitencia (algunos hablan de ausencia) artículos de primera necesidad como el detergente y el jabón, a lo que se suman, o se restan, refrescos, cervezas y cigarros, indicaron algunos habitantes que se encontraban allí, realidad que confirmó la dependienta.

En varias ocasiones la joven vendedora viajó por sus propios medios para surtir el puntico de venta, pero cuando le detuvo la policía con una cantidad considerable de productos pasó un gran susto, porque ciertamente, no pocas buenas acciones también pueden desembocar en ilegalidades.

El equipo de refrigeración del punto de venta en divisa solo muestra el reflejo insatisfecho de los clientes.

Y entonces surge la interrogante que servirá de tesis para este incipiente reportaje: ¿por qué Lázaro Cruz Marrero debe cargar con sus 66 años hasta Alacranes para adquirir detergente o jabón? ¿Cuándo en La Lanza algún laborioso habitante podrá degustar una cerveza que le permita carraspear el tamo en la garganta?

EL DELEGADO RESPONDE

Luis Alberto González Gutiérrez, delegado de la circunscripción, responde algunas interrogantes. Reconoce que desde hace años el mal estado de la carretera emerge una y otra vez entre los principales planteamientos de los electores.

Asegura que esa constituye la razón fundamental del desabastecimiento del punto de venta. “Los carros de Cimex se niegan a entrar al pueblo pretextando el polvo del camino”.

“Durante algún tiempo la dependienta trató de surtir la tiendecita viajando por sus propios medios, pero corría el riesgo de que le decomisaran los productos.

“Hace no sé cuanto tiempo no comercializan helado, cerveza o refresco”, sin mencionar que el salario de la vendedora depende en parte de las ventas, por lo que algunos temen quedarse también sin ella.

Según se conoció el desabastecimiento se debe al polvo del camino.

Con los medicamentos de la farmacia sucede algo similar, el vehículo de Farmacuba solo llega hasta el poblado El Estante, un asentamiento algo apartado, hacia allí debe dirigirse la farmacéutica para buscar los medicamentos.

A ello se añade el tema del transporte. Al pueblo entra una guagua desde Unión de Reyes dos veces al día, a las seis de la mañana, y retorna 12 horas después. Lo que complejiza el regreso de los alumnos que cursan la enseñanza secundaria en Alacranes.

“De las bondades del Plan Turquino Manatí solo nos llegan los productos de la canasta básica a la bodega”, comenta otro habitante, “el resto de los servicios y facilidades se diferencia mucho de la realidad de la Ciénaga de Zapata”.

Como ejemplo mencionan el arrendamiento desde hace cuatro años del Círculo Social del poblado, decisión que duplicó el precio de los productos, algo que afectó directamente el bolsillo de muchos que buscaban un tentempié durante el día.

Otros lanzan su mirada a la provincia de Mayabeque, hasta el cercano Dos de Mayo, poblado de Nueva Paz, un batey mucho más pequeño pero con mejor carretera y transporte que La Lanza, incluso, cuentan con una guagua solo para los muchachos de la secundaria.

Sin embargo, para algunos las comparaciones no siempre son felices, eso sí, en el caso particular de La Lanza abundan los reclamos y el polvo. Más que comparar, urgen respuesta y soluciones.

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