Posteado por: arnaldomirabal | 4 noviembre, 2016

Salinas de Brito: El vuelo infinito de las aves (I parte)

Por Arnaldo Mirabal Hernández

Fotos: Dany Hernández

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Regresar a las Salinas de Brito cuando sobrevienen los últimos meses del año es estar en presencia de una de las escenas más encantadoras y misteriosas de la naturaleza: la migración de las aves. Allí llegan, procedentes del norte de nuestro continente, miles de ellas en busca de alimento y para guarecerse de las altas temperaturas que traen los últimos meses del año.

Algunas seguirán rumbo al Sur, otras permanecerán en ese remanso de aguas calmosas de esta porción occidental de la Ciénaga de Zapata, mientras dure la etapa invernal.

El concierto que emana de los mangles hace pensar que llegamos al paraíso de las aves; unas prefieren descansar en las ramas, y a los lejos asemejan flores que adornan el paisaje; otras remueven con sus picos el fondo de la laguna mostrando sus diferentes estrategias para capturar los alimentos. Asombra, además, la danza estilizada de los flamencos, el andar nervioso de los sarapicos, la pose tranquila y amenazante del gavilán Batista, que acecha a sus presas desde lo alto de un árbol.

LAS NODRIZAS DE LOS FLAMENCOS

Para recorrer gustoso la Salinas no solo se necesita cargar en la mochila las ansias inconmensurables de la aventura, o el gusto por el descubrimiento, primero que todo debes estar bien escoltado por la sabiduría de un guía amante de su quehacer, como es el caso del joven Yoandi Bonachea.

El joven guía Yoandi Bonachea

El joven guía Yoandi Bonachea

Su pasión por la observación de aves se pondrá de manifiesto en cada palmo de la laguna. Escucharle enriquecerá la escasa cultura que uno pueda tener sobre la Madre Natura, con la angustia de entender de antemano que nunca se llegará a aprehender del todo.

“La madre de la ciencia es la experimentación y la observación, rasgos que distinguen a un buen observador. Luego la necesaria bibliografía”, explica con sencillez el joven mientras muestra a un grupo de flamencos que se dejan ver a orillas de la carretera.

“Los flamencos no nidifican en Las salinas de Brito, a pesar de varias expediciones, nunca hemos encontrado nidos. Se reproducen en la reserva natural de río Máximo, en Camagüey. Una vez que los pichones están altos para volar, los grupos de nodrizas son los adultos encargados de traerlos a las áreas de alimentación.

Las nodrizas les enseñan a forrajear en la laguna en busca de pequeños crustáceos. Los flamencos juveniles se distinguen por su coloración grisácea. Con el tiempo van adquiriendo el peculiar color rosado a partir de su dieta. Una vez que se encuentran aptos para la reproducción regresan al río Máximo.

En esta nueva temporada varios especialistas del parque reconocen un incremento de la presencia de flamencos juveniles. Según explican, las causas pudieran ser disímiles, desde los azotes del cambio climático, hasta la incidencia directa del factor humano en su hábitat. Sin corroborar aún, entre las explicaciones se conjetura la entrega de tierras para el cultivo en zonas cercanas del río camagüeyano.

El gavilán Guincho alza el vuelo mientras sostiene un jurel capturado

El gavilán Guincho alza el vuelo mientras sostiene un jurel capturado

EN BUSCA DEL GAVILÁN GUINCHO

El fondo de las Salinas de Brito es fangoso, mas se puede avanzar un largo trecho a través de las aguas. Allí no existen arenas movedizas que se tragarían a una persona. Otro temor latente, los cocodrilos, según explicó nuestro guía Bonachea, son escurridos y se asustan ante la presencia del hombre.

Sin embargo, en algunas porciones existen rocas bajo agua que pueden provocar serias heridas, pero uno pasa por alto esas circunstancias atraído por la idea de observar de cerca un nido de gavilán Guincho.

Se trata de la mayor ave rapaz del archipiélago cubano. Aunque la bibliografía no la recoge entre las especies endémicas de Cuba, nos referimos a nuestra águila pescadora por excelencia. Su dieta principal es el pescado.

Llama la atención la dimensión de sus nidos, construidos con ramas, con un diámetro superior a los 50 centímetros en su cono. Por lo general, cría de dos o tres pichones.

Sigilosamente atravesamos las aguas y llegamos a un pequeño cayo. El fotógrafo Dany Hernández es el encargado de detener el instante en que el águila arribará a su nido; para mayor sorpresa, la descubrimos en una rama alimentándose de un jurel capturado.

Nido del gavilán Guincho, el ave rapaz de mayor envergadura en Cuba

Nido del gavilán Guincho, el ave rapaz de mayor envergadura en Cuba

El águila, recelosa, impide que el equipo periodístico, logre retratarla posada en su nido pero conseguimos en cambio otra imagen inolvidable: alza el vuelo con un pescado en sus en sus garras, escena que solo se puede obtener adentrándose en las Salinas de Brito, allí donde se aprecia el vuelo infinito de las aves.


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