Posteado por: arnaldomirabal | 23 septiembre, 2016

Cuando ya no se premie a los incapaces obedientes

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Si eres obediente, de los que nada cuestionas, puedes llegar lejos y hasta ser premiado con un cargo de dirección. Si eres cuestionador al principio se te premiará, y hasta puedes ocupar un cargo, pero una vez allí, en el olimpo de los miopes, siempre correrás el riesgo de convertirte en un incapaz obediente.

Los cuestionadores, los desobedientes, nunca la pasarán bien, al mínimo tropiezo caerá sobre ellos todo el odio reprimido de los dioses; si eres un incapaz obediente, aunque seas un corrupto, no importara que tus errores dañen hasta la economía de un país, no haber llamado las cosas por su nombre te ganará ciertas simpatías, que te permitirán salir ileso de ciertas meteduras de pata.

Pero ¡ay! de ti si te tomas las cosas muy en serio, si tus ojos nunca se cansan de mirar en derredor las injusticias que crecen junto al silencio cómplice, o la indolencia de algunos dirigentes, si frunces en ceño anta cada acto humano desfavorable y hace mella en ti, si decides pedir la palabra y alzar la voz, a la larga, un buen día, quedarás en el camino. Serás una víctima colateral de los nuevos tiempos que corren.

El desobediente nunca entendió que cuando alguien retomaba aquella frase de cambiar todo lo que debe ser cambiado, la expresión quedaba tan abierta, tan inabarcable, que al parecer algunos interpretaron que lo sensato sería no cambiar nada. Y al insensato lo pisotearán como insecto fastidioso.

Eso lo sabe el incapaz obediente, un autómata sin criterio propio, y sin el valor para emitir su opinión cuando resulte divergente. “Flotar como un corcho”, es una de sus premisas, emerger a toda costa, más aun cuando la marea está embravecida.

En estos tiempos de disquisiciones filosóficas, de enrevesados mamotretos tratando de entender a un país, no serán mártires de las circunstancias quien aprenda cómo asentir a todo, esa obediencia ciega e inútil que solo le es útil a otros incapaces.

Pero pasan algo por alto, la gente piensa, actúa y decide. La gente cuestiona, critica y se ofusca. La realidad, por suerte, nunca germina en las asambleas, allí mutilan la vida real y solo reina lo ficticio, ese otro país sin problema alguno que nadie reconoce.

Los defensores de los incapaces terminarán aislados por indignos, por empoderar la ineptitud que agobia y lacera a un país; mientras, los propios incapaces serán olvidados y defenestrados por convertir en palabras bíblicas las tonterías de otros.

Más temprano que tarde la verdad se abrirá paso, y no habrá lágrimas aunque en el camino hayan quedado hombres y mujeres justas que solo intentaron decir lo que pensaban. La verdad para avanzar, necesita hacerlo sobre el camino allanado con el cuerpo inerte de los honestos. Mas llegará un día donde felizmente la incapacidad obediente será el peor de los defectos…


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