Posteado por: arnaldomirabal | 6 agosto, 2016

Un campeón sobre ruedas

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Cerca de la Empresa de Servicio Comunales de la Ciénaga de Zapata Noel Betancourt García aguarda por un alma caritativa que le traslade hasta Palpite. Mientras espera, quizás pasen por su mente sus glorias de antaño, cuando arribaba a la meta de primero. En 11 ocasiones revalidó su condición de campeón nacional de atletismo, dominando las distancias de 800, 1500 y 5000 metros.

Hace pocas horas salió de su natal Cayo Ramona. Coger botella no es problema. Siempre lo ha hecho. El escollo se presenta cuando los vehículos le niegan el aventón y siguen de largo.

La primera vez que salió de casa para desafiar un largo trayecto era penas un adolescente. Visitaría a su hermana en Jagüey Grande. Hoy todo es más fácil. Posee una silla plegable que cabe en cualquier automóvil.

Su padecimiento se debió a una malformación congénita, mas asegura que su infancia fue normal, jugaba a las bolas, pelota, bailaba trompo, hasta ayudaba a un amigo en los planes de carbón. Durante su niñez y adolescencia se desplazó gateando.

Es entonces cuando en su vida aparece una trabajadora social para cambiarlo todo. Gracias a ella obtuvo su primera silla de ruedas a los 11 años. “Muchachoooo, imagínate tú, aquello fue una maravilla”, y sus ojos resplandecen.

“Otro día llegó a mi casa y me dijo que alguien me quería conocer en Playa Larga. Se trataba de Julio Caballero Socorro, presidente provincial en aquel entonces de la Asociación Cubana de Limitados Físicos Motores (Aclifim). Por él empecé en el deporte. Yo tenía unos 16 años.

“Comencé a practicar atletismo. Cada día recorría los once kilómetros que separan Cayo Ramona de Girón en mi silla. Luego me bañaba en la playa y regresaba a la casa realizando el mismo esfuerzo físico.

“La resistencia resultaba primordial para la disciplina, y un buen sillón claro, ya que las ruedas son mis piernas. Yo mismo las arreglaba, porque nadie la conocía mejor, tenía en cuenta la capacidad de aire de las gomas, el rodamiento.

Conserva sus medallas y asegura que pudieron ser muchas más, pero no contó con el apoyo suficiente, el cual le privó de una silla de carreras. Ese es un dolor lo lleva adentro, ya que le provocó la separación del deporte cuando aún estaba en plenas facultades.

Hoy su reto es tan grande como enfrentarse a una pista de carreras. Desde hace muy poco preside la Aclifim en el territorio cenaguero. Tratará de dar lo mejor de sí pero el reto es enorme, porque debe recorrer el municipio más extenso de la provincia cogiendo botella para visitar a sus 55 discapacitados. Al menos los discapacitados de la Ciénaga contarán con alguien que sabe como nadie lo importante del apoyo, y cuánto duele cuando falta.


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