Posteado por: arnaldomirabal | 26 julio, 2016

La flor de Casimiro

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Casimiro le teme a la noche. Él desearía que el sol nunca se ocultara, y así poder desandar su batey Santo Tomás de punta a cabo.

Casimiro es como un niño grande con cara de viejo, que siente, habla y piensa como un pequeño. Siempre será el primero en saludar al forastero que llega, quien a los pocos minutos dejará de ser un extraño para convertirse en su amigo.

Sin pensarlo mucho pedirá cigarro o algún peso, pero lo hace con tal ternura que no queda más remedio que acceder a su pedido.

La primera vez que le vi, yo recién llegaba a Santo Tomás, y se presentó sin protocolo. “Hola, soy Casimiro, ¿tienes un cigarro? Que no vean que me lo das porque me regañan”.

Conversamos bastante y me llevo a su casa. Me enseñó el cuarto donde lo encierran con candado cuando llega la oscuridad, a quien más le teme en la vida.

Su hermano, con quien vive, me explicó que nació así, pero si lo hubieran llevado a una escuela especial hoy Casimiro supiera leer, porque es muy inteligente. Algo que constaté tiempo después.

Grande fue mi asombro al llegar al poblado a las varias semanas, y descubrir que Casimiro recordaba mi nombre.

En esa nueva ocasión nos acompañaban tres entusiastas periodistas, muy jóvenes y bonitas. Casimiro quedó prendada de una de ellas y le prometió un dibujo. El equipo reporteril viajaba con la intensión de recorrer la zanja de Santo Tomás en busca de la Ferminia, ave endémica de la Ciénaga.

Ese recorrido es otra historia que contaremos después. Lo curioso del hecho es que a nuestro regreso Casimiro nos esperaba y nos pidió una hoja y un bolígrafo para acometer su obra maestra.

En pocos minutos, como si la tuviera ya preconcebida, salieron de sus manos y talento, y su cuero de hombre viejo con mirada infantil, un hermoso dibujo que regaló a nuestra colega Dunielys, quien quedó muy contenta con semejante detalle de nuestro amigo, y hasta prometió nunca desprenderse de ese dibujo, y a todos nos hizo creer que vamos un poco vacíos, y que a esos que supuestamente la naturaleza les privó de algo, les sobra sensibilidad.


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