“Solo soy un artesano con buen gusto” (+ fotos)

20160625_162213
En más de una ocasión, le han preguntado a Lázaro Israel de León Sosa si proviene de una familia de artistas. Y es que cuando se aprecian sus obras de artesanía, no queda duda de los dotes de creador de este artesano. Él responde que no, pero rápidamente piensa en su padre zapatero y su madre costurera. Quizás de ahí provenga su destreza con las manos, de donde emergen disímiles piezas.

En su casa se respira una atmósfera creativa. Mientras conversa, un sonajero de ágata deja escapar su música que sirve de banda sonora al diálogo con uno de los artesanos más premiados y fecundos de Matanzas.

En la sala de su hogar descansan varias obras de las más de 50 que han recibido premios en las diferentes exposiciones que ha participado. Asegura que descansan allí, porque no pudo desprenderse de ellas. “Son irrepetibles, por lo difícil de su creación, y por supuesto, por el cariño que les tomo”.

LA EDAD DE BRONCE

Si bien el descubrimiento de la edad de bronce marcó un estadío superior en la historia de la humanidad, también logró marcar y transformar para bien la vida de Israel.

Cierta vez, en los ya lejanos 90, el hasta ese momento contador, deseaba impresionar a su esposa con un obsequio, idea que le daba vueltas en la cabeza: “¿qué le regalo?”.

Fue entonces que visitó a un amigo artesano, y este le prometió unos aretes de carey con el inconveniente de no estar terminados.

“Debí pulirlos. Cuando terminé, me gustó esa faena, le pedí que me diera diez más. Así empecé a trabajar el carey. En el año 92 me llega una convocatoria de la Asociación Cubana de Artesanos Artistas (ACAA) para participar en una exposición, presenté un collar y unos aretes, y alcancé el primer lugar. Ese fue el punto de partida”.

Tiempo después, en una exposición de la Feria Internacional de Artesanía (Fiart) descubriría el bronce.

“Fue una fascinación. Al inicio esculpí varias espadas. Recuerdo que mi primera pieza seria, resultó un jarrón, que terminó siendo blanco de la crítica de un amigo. “Le falta volumen”, me dijo y yo no sabía de qué hablaba.

“Comencé a estudiar escultura entonces. Me bebí toda la obra de Agustín Dreke. Recuerdo que mi primera exposición con este material se nombró “Parafraseando a Dreke. Fue un gran aliciente para mí escuchar los elogios del maestro, quien aseguró que yo tenía un estilo propio. Luego recibí clases de diseño de Rolando Estévez, y aquello fue una transfusión en sangre de arte puro”.

En esa época, compartía su gusto por la artesanía y los metales con el trabajo de un grupo de ambientación de interiores. Hasta que un buen día decidió dedicarse exclusivamente a su pasión: el bronce.

“Recopilaba viejos fragmentos de ese material, lo mismo de una cama antigua, el marco de un cuadro, un mueble, una lámpara. Luego los recortaba y los unía con un punto de soldadura. Así iban naciendo mis obras”.

Su maestría radica en desaparecer los puntos de soldadura. De sus manos surgen jarrones, peces, cachimbas, ceniceros, puertas, como las que sorprenden a quien visite su casa, y que él nombró “Puertas a mi edén”.

Siempre está creando. Lleva 20 años de trabajo continuo. Ahora incursiona e investiga en la pátina, especie de barniz que le brindará al metal diferentes tonalidades, lo que lo embellecerá más.

“Recientemente participé en FIART y allí tuve la oportunidad de dialogar con la maestra Flora Fong. Le encantaron mis piezas e intercambiamos mucho sobre la pátina. A la maestra plástica también le cautiva el trabajo con bronce.

Sus obras integran colecciones privadas de varios países, como Estados Unidos y México. Por este último país siente un cariño especial.

“Con cierta frecuencia me invitan a la nación país azteca para participar en muestras de artesanía. Aprendo mucho allí, ya que tengo la oportunidad de disfrutar el quehacer artesanal de una veintena de países.
20160625_161258
EL ARTE DEL BONSAI

Los bonsáis también cobraron protagonismo en la vida de Israel. Posee una gran colección de estos diminutos árboles. “Este es mi otro mundo”, comenta en la terraza de su casa, donde el verde de más de 300 especies de plantas acaricia la vista, un hobby que le fascinó desde niño. Ese es su paraíso, asegura.

“Me encanta trabajar los laureles de parque porque son muy flexibles, y se dejan moldear. Pasas años podándolo, atendiéndolo. Es el arte de la paciencia.

Sobre sus logros expresa que si bien se siente realizado aun le falta mucho por lograr. “Mi mejor pieza está por nacer. Algunos críticos aprecian cierto barroquismo en ellas, mas para mí es algo más simple: hacerla bella, que me agrade y sea una especie de colirio a la vista de los demás. No tengo más pretensiones. Eso, y trabajar mucho, nunca me detengo, siempre estoy ideando nuevos proyectos. Nunca me consideraré un orfebre, respeto mucho esa disciplina, más bien soy un artesano con buen gusto”.

20160625_161156

20160625_161941

20160625_161926

20160625_161551

20160625_161952

20160625_161952

20160625_162017

20160625_162131

Anuncios

Un comentario en ““Solo soy un artesano con buen gusto” (+ fotos)”

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión / Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión / Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión / Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión / Cambiar )

Conectando a %s