Posteado por: arnaldomirabal | 23 junio, 2016

Osladio Suárez: sentimiento guajiro

20160527_113637
Cuando me hablaron de Osladio Suárez Oliva, fui buscando una historia sobre un domador de bueyes, uno de los mejores según me contaron, pero al escucharle descubrí que las palabras y emociones de este campesino son el reflejo del sentir de muchos guajiros cubanos, caracterizados por la nobleza y el trabajo arduo, y el amor inquebrantable a la naturaleza.

“¡Alabao chico! ¿A estas alturas de mi vida una entrevista? Bueno, yo me llamo Osladio Suárez Oliva, y nací aquí, en esta zona que se conoce como Santo Cristo, en el municipio de Unión de Reyes.

“Mira mis manos, manos que toda la vida tumbaron caña, carretearon bueyes y trabajaron la tierra. Siembro de todo: malanga, plátano, bejuco de boniato, frijoles. Y a pesar de los años no siento el cansancio.

“Fíjate que mi familia se trasladó para Matanzas, pero no hay quien me separe de la finca. Hace unos días vino mi hija de afuera, y fui a verla un día tempranito, y a la jornada siguiente por la mañanita, ya estaba aquí, llamando a las gallinas al aclarar.

“Voy a cumplir 81 años y sigo amarra’o al surco. Me gusta. Toda la vida este fue mi centro de trabajo. El pueblo solo me brinda aburrimiento. Al que es del campo, la ciudad nunca lo atrapa. En la finca disfruto de los animales, lo tengo todo.

“Al levantarme ordeño las vacas, alimento los cochinos, llamo a las gallinas. Luego al mediodía, cuando arrecia el sol, les doy agua a las reses.

“Siempre guataqueo la siembra, si no, crece la maleza. Cuando recorro la zona tengo la impresión a veces que los campos se han perdido de hierba mala. La manigua cierra los caminos. Hoy nadie toma en sus manos un machete o una guataca, todo lo resuelven con una mochila y el fumigo. Al menos en lo mío, hierba mala no se ve, y todo es a machete y guataca.

DOMADOR DE VACAS
20160527_113443

“Soy domador de bueyes, pero por esas cosas del destino, surco la tierra con vacas. Yo tenía una yunta y me la robaron un mal día. Entonces decidí arar con vacas y les abrí el narigón.

“Muchos me criticaron porque decían que ellas eran para dar leche. Pero hice caso omiso. Además, no tenía el dinero para comprar otra yunta. Les enseñé a trabajar. Surcaba a flor de tierra para que no se esforzaran mucho.

“Mi yunta está “adomaita”. Cuando llego a donde ellas levantan la cabeza, como si me saludaran, se quedan quietecitas. Yo nunca les doy aguijón, solo les hablo. Las llamo por su nombre. Una se nombra Primavera y la otra Villa Clara. Mis vacas son virtuosas e inteligentes, aunque enseñarles llevó tiempo y dedicación.

“Se trata de un proceso largo. No puedes colocarle el yugo con el arado de improviso. Las enyugaba durante varios días, y salía a visitar el vecindario con la yunta para que se adaptaran a caminar así. Mis vecinos dicen que cuando Osladio hace visita es porque está domando.

“Después les coloqué un arado pequeño, y les mostraba los suelos que surcarían en el futuro. También las enganchaba a un carretón para que aprendieran a tirar viandas.

“Solo te puedo decir que esas vacas no tienen un aguijonazo. Yo converso con ellas. Cómo vas a agredirlas, si mañana te inclinarás bajo sus patas. A veces uno se puede alterar, pero se me pasa rápido, siempre les hablo y ellas entienden.

“Soy muy consciente de que las vacas no son como los bueyes. Hay que tener más consideración. Ellas paren, tienen su pérdida. Además, te dan leche y te crían al ternero.

ENTENDER A LOS ANIMALES

“Los animales son inteligentes. Fíjate que tengo un caballo que le enseñé a ir a Matanzas, y cuando siente el ruido de los carros él solito se orilla a la cuneta. No se espanta, ni se pone nervioso. Hace 19 años que voy con ese caballo a la ciudad, recorriendo 25 kilómetros de distancia.

“Te seré sincero, yo me siento muy cómodo con mi alazán pero se me está poniendo viejo. No quisiera deshacerme de él, estoy seguro que ninguno será tan inteligente como este. Él tiene su andar. No es un motor, es un ser de carne y hueso, mas siempre que sale, llega a su destino.

“Yo quiero mucho a mis animales. Nunca los he maltratado. No tienes por qué agredirlos. Siempre he dicho que el que se acostumbra a respetar, con la voz le sobra. He trabajado toda la vida con ellos, y nunca me han atacado. Si les trato bien, el comportamiento será recíproco, en cambio, mientras más agresivos seas, más bravo se pondrán.

“Uno se encariña con las bestias. Recuerdo a una vaquita que debí mandar al matadero por vejez. Estuvo conmigo 20 años y le hice 12 partos. No pude mirar al camión cuando vinieron a buscarla. Se llamaba Mulata, y nunca la he olvidado.

“Mi señora tuvo que irse hace algún tiempo para la ciudad porque es diabética. Estamos casados desde 1959. Estoy solo en la finca, y dentro de poco tendré que irme también. Con eso dolor amanezco todos los días. Qué será de esto cuando ya no esté aquí, cerca de la cría, del aire puro, y esta tranquilidad que siempre bate en el campo…pero qué se le va a hacer. Por eso disfruto cada jornada como la última y trato de no ponerme triste. ¡Arriba muchacho! Dejemos tanta cháchara, para que veas cómo enyunto a mis vacas.


Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión / Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión / Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión / Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión / Cambiar )

Conectando a %s

Categorías

A %d blogueros les gusta esto: