Posteado por: arnaldomirabal | 17 mayo, 2016

En contra de la homofobia, yo me incluyo

Hoy retumbó una conga matancera contra la homofobia

Hoy retumbó una conga matancera contra la homofobia


Recuerdo aquella anoche en la Universidad cuando mi amigo Osmany lloraba a lágrima suelta como todo un hombre. Yo estaba preocupado, me costaba descubrir qué le agobiaba tanto. Grande fue mi desconcierto cuando me confesó la causa: ¡Era Gay!

En ese instante no supe cómo actuar, solo atiné a decirle: “asere, seguirás siendo mi amigo, cuál es el problema”, pero seguía llorando a lágrima suelta. “¿Qué te pasa? ¿Te gusto acaso? Mientras me respetes no hay lío”, le dije yo, porque no lograba entender la situación. ¡Pa’ qué fue aquello!, aumenté su angustia, y juro que solo quería ayudarle porque era mi amigo, de los mejores.

“Ves, ese es el problema, temo el rechazo de mis amistades”, finalmente logró balbucear. Lo entendí todo. Hablé con él por espacio de una hora. Su orientación sexual nada cambiaría entre nosotros.

“Vamos a comer que hay pollo en el comedor”, le dije mientras intentaba incorporarlo sujetándolo por un brazo. Cuando avanzamos por las escaleras, para distender la tensa situación, le dije a manera de chiste: “¿me estás vacilando asere?”, y casi sobreviene otra recaída.

Hoy Osmany es feliz, vive con su compañero, dos grandes profesionales. Siempre que brota el tema gay o de la homofobia pienso en él, y tantos otros valiosos compañeros que he conocido a lo largo de mi vida, casi todos en la universidad, porque si algo me demostró el tiempo, ese viejito de gabán ajado, fue la inteligencia de esos seres, vilipendiados en el pasado, no solo en Cuba, sino en el mundo entero, y también hoy.

Recuerdo a Vin, un estudiante vietnamita, loca y feliz y muy buena gente. ¿Qué estará haciendo hoy? Estudiaba Sociología. Su Trabajo de Diploma versó sobre la problemática homosexual en su país. Me aseguró que allá en Vietnam eran discriminados duramente, aun así publicaría su tesis en forma de libro.

Es difícil ser gay, lo sé por mis amigos. Ser diferente desde niño en una sociedad machista como la nuestra debe resultar dramático; incomprensión en el seno familiar, en la escuela, burlas, comentarios hirientes, desconfianza…

Mis ansías de justicia me inclinaron a apoyar a los homosexuales desde edades tempranas. En mi barrio vivían dos hombres juntos, y mi mamá nunca me habló mal de ellos. Eduardito y su amigo eran muy queridos, siempre estaban atentos a las necesidades de los demás. Nunca escuché que nadie se refiriera a ellos de manera despectiva.

En el preuniversitario defendí a capa y espada, pese a las chanzas de algunos, a un muchachito enjuto y tímido que siempre resultaba víctima de las burlas y maldades de los demás. Me obsequió el Nuevo Testamento, gracias a él me interesé desde una postura crítica por la religión. Todavía no llego a comprender por qué muchos homosexuales se refugian en la Biblia, quizás el primer documento discriminatorio hacia la homosexualidad. De ahí estribe quizás la creciente inclinación de homosexuales incorporados a la Religión Yoruba.

Recuerdo que hace un tiempo me dirigía a mi casa luego de una agotadora jornada laboral. Siempre bordeo el río y desemboco en la bahía, posibilidad que me brinda mi hermosa y mágica ciudad. Cerca de mi habitual recorrido se halla un centro nocturno frecuentado por homosexuales, Las ruinas del Matasiete. Al pasar por allí se me acercó de improvisto tres personas, una pareja acompañada de un joven, salían del lugar discutiendo airadamente.

Yo miré al cielo y pensé que me sentía muy cansado para problemas. Además, no soy de problemas. Con mucha educación el mayor se me acercó, no sin rociarme el rostro con su aliento etílico:

– Compa´ puedo hacerte pregunta- me dijo

– Vale –respondí yo

– Mi hermano está acompleja´o, dice que la Ruina es de maricones, pero yo pienso que el lugar es normal, además, si no se meten conmigo porque voy a sentirme mal.

Yo quedé estupefacto ante tal razonamiento. No era un intelectual, más bien por su forma de hablar entendí que era un humilde vecino de barrio, quizás víctima y hasta reproductor del machismo ancestral.

Le confié que yo había estudiado en Santa Clara, que existía El Mejunje, un lugar parecido, que los gay se sentían bien cuando a sus espacios frecuentaban heterosexuales, era como una forma de admitirlos y respetarlos.

Parte de este texto lo escribí en el 2011, cuando comenzaba a gestarse en Cuba un movimiento en contra de la Homofobia liderado por la CENESEX y Mariela Castro Espín.

Mucho ha llovido desde entonces. Por estos días la provincia de Matanzas acoge la IX Jornada de Lucha contra la Homofobia y Transfobia. Sin embargo, pecaríamos de ilusos si creyéramos que la batalla contra la discriminación sexual está ganada, cuando apenas comienza.

Justo ayer, mientras degustaba un café en Casa de Marta, céntrica cafetería de la calle Manzano, escuché las frases más hirientes, ofensivas y discriminatorias contra los homosexuales. Lo alarmante recae en que se trataban de mujeres jóvenes quienes arremetían con más dureza por la designación de Matanzas como subsede de la Jornada.

En un ataque de pasión pensé publicar un texto con el título de Matanzas la más homofóbica de todas, pero preferí esperar que sobreviniera la calma. Entendí cuán importantes son eventos como estos, pero todo no puede quedar en una jornada de varios días, se trata de una lucha constante.

Recuerdo que años atrás, cuando estudiaba en la universidad y me dirigía de madrugada a la terminal de ómnibus de Matanzas, para anotarme en la lista de espera, presencié en más de una ocasión como los homosexuales eran hostigados por la policía, cuando la fama del centro nocturno Ruinas del Matasiete comenzó a trascender los límites provincianos. Hoy esas cosas no suceden.

Sé que la homofobia y los prejuicios, esas construcciones sociales que se reproducen, deben combatirse a diario. También sé que mis amigos gay, los que conozco, lucharán por su felicidad, seguirán haciendo del amor una locura, de su condición un orgullo y de cada jornada de este tipo una fiesta para convidar, sensibilizar y sumar a muchas más personas a que planten la bandera multicolor contra todo tipo de discriminación.

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Responses

  1. los que pretendemos que cuba sea un país mejor tenemos que apoyar toda lucha contra la homofobia… antes cuando alguien me preguntaba si estaba de acuerdo con el matrimonio gay respondía que me daba igual si lo hacían ley o no, de todos modos, conozco parejas gay que llevan 15 años juntos, o sea, no necesitan que alguien les diga que son un matrimonio… pero al profundizar en el tema uno aprende que en este momento cuando dos gays llevan tiempo juntos y uno fallece y es el propietario de la casa donde viven, se aparece la familia y despoja al otro de todo porque no tiene amparo legal… entonces pienso que los que queremos un país mejor tenemos que entender que eso es una injusticia y que hay un sector de la población desprotegido y eso no está correcto… ahora cuando me preguntan sobre el matrimonio gay digo que sí, que lo apoyo y además que es necesario para hacer que cuba sea un mejor país, un país más justo donde todos sientan que tienen igualdad ante la ley…

  2. y respecto a anécdotas universitarias… yo andaba todo el tiempo con un socio para arriba y para abajo… una vez vino un compañero de curso y me hizo la siguiente pregunta: “ven aca, compadre, fulanito es maricón?”… repito, yo andaba con él constantemente, era como preguntarme si yo era maricón… le respondí muy rápido lo que me salió pero creo que si pienso no le hubiese dado mejor respuesta… le dije: “no sé, yo nunca se lo he preguntado… pregúntaselo tú…”

    • si compa, creo que la batalla contra la homofobia es algo de todos lo días, porque el machismo y las frases discriminatorias a veces las escucho de la propias muejeres

      • es que el machismo no es exclusivo de los hombres…


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