Posteado por: arnaldomirabal | 29 marzo, 2016

Obama ¿qué bolero?

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Evidentemente a Obama no le gusta el bolero. De qué otra forma puedo entender esa obsesión del mandatario estadounidense por olvidar el pasado. Y pienso que si aquellos juglares de victrola que tanto le cantaron al desamor, hicieran del olvido su bandera, hoy no contaríamos con un excelso Tejedor, y mucho menos con temas como Fantasma del ayer, Por qué fracasamos, Tú no mereces perdón o Estamos en paz.

El pasado también nos ayuda a vivir. Nos permite sacar enseñanzas para el presente y enrumbar el futuro evitando cometer los mismos errores. Si malo es ser rehén del pasado, no muy bien la han de pasar los olvidadizos, tropezando una y otra vez con la misma piedra.

Me llama la atención esa oda a la desmemoria de Barack Obama. Recuerdo que al poco tiempo de asumir el poder, en el año 2009, visitó una Universidad del Cairo, en Egipto, donde impartió un esplendoroso discurso. Entonces escribí en mi blog sobre el tema. En aquel tiempo el mandatario norteamericano también abogaba por olvidar el pasado.

Hablando de olvidos, casi se me pasa que muy poco tiempo después de recibir el premio Nobel, el hombre hizo caso omiso (¿olvido?) de lo que significaba semejante reconocimiento y ordenó la invasión a Libia. País hoy desmembrado donde la muerte señorea y los niños se ahogan en las playas de Europa. Por suerte algunos se imponen la mala memoria, si no el cargo de conciencia les provocaría insomnio.

Confieso que me causa cierto malestar tener que escribir mal de Obama. Recuerdo sus primeras elecciones presidenciales. Yo estudiaba en la universidad y nunca olvidaré la algarabía de los estudiantes extranjeros, sobre todo los de raza negra, en su gran mayoría africanos. El jubiló me contagió. Rápidamente descargué su discurso de un sitio digital y lo leí. Recuerdo que en aquel entonces mencionó la historia de Estados Unidos en más de una ocasión, evocando a los padres fundadores de la nación norteña una y otra vez.

En aquel entonces le di margen a la duda, sobre todo desde que leí la frase de Descartes que decía algo así como: “dudo de todo, pero al dudar estoy pensando, y si pienso existo”. Hice mía aquella sentencia.

Algunos dirán que el exceso de desconfianza puede anular cualquier relación, y bien lo sabe Obama cuando le habló al pueblo de Cuba en el Gran Teatro Alicia Alonso. Él reconoció que existe desconfianza, y cómo no tenerla….Quizás por su cara bonachona y su mesura al hablar nos inspira cierta familiaridad, pero él representa a una nación que se ha forjado en el despojo y la guerra, y las últimas son muy recientes como para olvidarlas.

El día que Obama le habló al pueblo de Cuba, al desembocar en mi barrio me sorprendió un vecino con la frase: “¡Vaya, qué bien habla el mulato!”. Y es cierto, el presidente norteamericano es excelente orador. Nadie puede negar sus dotes de comunicador eficaz. Si a ello le sumas que se vale, al menos en la sala del Gran Teatro Alicia Alonso, de un moderno teleprompter, una pantalla que transmite sus palabras, entenderemos por qué logra hilvanar las ideas sin titubear.

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Yo, para ser sincero, casi me trago el cuento del Obama sincero si él mismo no mete la pata y antes de irse de Cuba se reúne con varios representantes de la llamada “oposición cubana”. Personajillos desprestigiados y descaracterizados por el propio Departamento de Estado de aquel país en varias ocasiones.

Pero todo no queda ahí, volviendo al tema preferido de Barack, el olvido, resulta que cuando llegó a Argentina, todavía con el aroma del salitre habanero, hizo gala de remembranzas pasadas, y hasta decidió visitar, el Parque de la Memoria, colosal monumento a los más de 30 mil desaparecidos argentinos víctimas de la dictaduras, que vale recordar, desaparecieron gracias al apoyo de Estados Unidos, promotor de la Operación Cóndor.

Un apunte más: cuando un periodista argentino le preguntó sobre la implicación y apoyo de su nación a las dictaduras militares titubeó unos segundos, para después responder que él no era presidente en aquel entonces, luego divagó desviándose de la pregunta.

Al final Obama quizás sea un tipo chévere, familiar, y hasta honesto, pero creo que quien nos pide que no seamos rehenes del pasado, es esclavo del poder oscuro, invisible y desmedido de una gran potencia mundial. Al final, llegué a la conclusión que a Obama no le gusta el bolero, y los cubanos no podemos olvidar la buena música, ni otras tantas cosas más.


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