Posteado por: arnaldomirabal | 7 marzo, 2016

Bloqueo a Cuba: Cercando nuestra esencia musical

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En estos días el grupo cubano Gente de Zona recorre la isla movilizando a miles de adeptos de su propuesta musical, de las más coherentes y serias en la escena del reguetón en nuestro país.

Comparten con los suyos después de recorrer los principales escenarios del mundo y colocar su repertorio en las listas de éxitos más prestigiosas del panorama internacional.

Entre los innumerables reconocimientos que el dúo ostenta se encuentran varios Grammy, premios Lo nuestro, así como un Billboard Music Award a la Mejor Canción Latina del 2015.

Sin demeritar el talento y los logros de la agrupación, uno llegaría a pensar que Gente de Zona colocó la música cubana en mapa. Es cierto que antes de ellos muy pocos intérpretes nacionales alcanzaron semejante notoriedad. Eso sin obviar que la fama internacional llegó gracias a la inclusión de Enrique Iglesias en el tema Bailando, cuando ya en Cuba era un éxito.

No pretendemos adentrarnos en los tejemanejes de la industria musical, ni tampoco analizar cómo artistas que cuentan con más recursos –léase dinero- muchas veces se adueñan de éxitos establecidos, que no lograron insertarse en los grandes medios de difusión.

Solo queremos mostrar cómo la popularidad de Gente de Zona guarda relación con esa otra arista del bloqueo que pocas veces se aborda, y que, durante medio siglo, trató de licenciar la cultura siempre exuberante de la isla caribeña.

Durante años los músicos nacionales vieron cómo se les cerraban las puertas en el mercado más influyente del mundo, por supuesto, nos referimos al norteamericano.

UN MURO CONTRA LA MÚSICA

Parafraseando al poeta, los hombres no siempre consiguen distanciar lo que la vida une en su azar concurrente. En materia musical mucho le debe Cuba a Norteamérica y Norteamérica a Cuba. Ambas naciones tienen un elemento en común que determinó lo que sobrevino después: lo africano.

Por esas circunstancias fortuitas del destino, gracias a la música cubana el vecino del Norte incorporó los cueros a su sonoridad. A los esclavos del sur se les prohibía interpretar los tambores africanos en sus cantos litúrgicos y festividades. aquí sucedía todo lo contrario.

Gracias a Chano Pozo, el Jazz del aquel país introdujo la tumbadora. En el Nueva York de 1947, surgía el tema Manteca de las manos callosas del cubano. Después grabaría la pieza junto al reconocido jazzista Dizzy Gillespie.

En ese período el cantante Nat King Cole amenizaba las noches en Tropicana. Y Marlon Brando tomaba un avión para almorzar en La Habana, y de paso comprar una tumbadora. En esa etapa no existía el bloqueo, claro está.

Las sanciones vinieron después, y lo que bien nació, ese estrecho vínculo entre los artistas de ambas naciones, un mal día dejo ser. Con el tiempo se hicieron casi desconocidos, aunque en la isla el talento continuó creciendo, abonado por una red de escuelas e institutos superiores de artes.

Sin embargo, en las emisoras de Estados Unidos y en el resto del mundo, la música cubana quedó detenida en los años 40 y 50 del pasado siglo.

Fenómenos como el Mozambique o los comienzos de los Van Van no lograron insertarse en aquel mercado. Qué decir del Grupo de Experimentación Sonora y los exponentes de la Nueva Trova.

Pero el talento a veces derriba los muros que construye la irracionalidad. El grupo dirigido por Chucho Valdés, Irakere, se alzó con un Grammy en los años 70; y aunque la vida le hizo justicia a los Van Van tres décadas después, no consiguió ni tan siquiera provocarle una pequeña hendidura al bloqueo.

En el 2000 el gobierno norteamericano le negó la visa a Juan Formell para recibir su Grammy anglosajón por el disco Llegó Van Van. Algo similar sucedió en las cuatro ocasiones que resultaron nominados. Pero todo no quedó ahí. El disco ganador apenas pudo comercializarse porque la disquera era norteamericana.

El bloqueo ha intentado empequeñecer el talento cubano, sim embargo, no siempre lo ha conseguido. Ejemplos como el Buena Vista Social Club lo demuestran. Los noveles tampoco se quedan atrás. Justo cuando los veteranos soneros recorrían medio mundo, el filme Habana Blues alcanzaba un Goya por su banda sonora que mostraba el nuevo talento de la isla, donde destacaban nombres como X Alfonso y Roly Berrío.

Detrás de la explosión de Gente de Zona hay una historia de silencios, omisiones e intolerancias, como la de las aplanadoras de la extrema derecha de Miami triturando discos, que vale la pena recordar, aunque nunca lograron menoscabar del todo nuestra esencia musical.


Responses

  1. […] Y ya hemos abordado del tema, de cómo ese siniestro engendro cercó nuestra esencia musical durante décadas, y a veces pienso que de suceder lo contrario, me refiero a una mayor difusión de nuestra música, quizás hubiera acelerado el colapso del muro que el Departamento Norteamericano construyó con el apoyo incondicional de la Extrema Derecha de Miami. Y nadie duda que los Estefan jugaron un papel determinante en ese silencio provocado, y en la permanencia del bloqueo. […]


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