Posteado por: arnaldomirabal | 7 marzo, 2016

¡Ay! ¡La belleza!

Frank Fernández-Sala White
“Reivindico el espejismo, de intentar ser uno mismo,
ese viaje hacia la nada, que consiste en la certeza
de encontrar en tu mirada: la belleza”.
Luis Eduardo Aute

El 14 de febrero pasado una amiga me obsequió un regalo especial: toda la discografía de Silvio Rodríguez. Antes que terminara el día escuché esos temas que han musicalizado cada circunstancia de mi vida.

“Anda, corre donde debas ir/ que te espera el porvenir/ vuela, que los cisnes están vivos/ mi canto está conmigo/ no tengo soledad”. Esos versos de mi compinche Silvio, es el Réquiem perfecto para subsanar las rajaduras que siempre propina el adiós.

Desde hace mucho sus letras son como algo como mi Biblia personal, y que me perdonen los creyentes, pero en ellas encuentro la energía para seguir cuando me embargan las dudas o la desazón o, simplemente, cunado ansío reafirmarme. No me ocultaré para aseverar que su tema Testamento me conmueve más, porque también le debo una canción a los pecados, “a los pecados que no gasté, los que no pude”.

Más que textos sagrados, su obra se me revela como el Popol Vuh de la izquierda latinoamericana. Sus canciones tratan de explicar nuestra realidad y sentimientos, no siempre luminosos, y origen de las cosas. Para mí, Silvio es el juglar exquisito que va regalando su arte en las plazas callejeras. Se trata, sin desvarío alguno, de la esencia misma de lo bello.

Confieso que me preocupa escuchar cada vez menos en los medios de comunicación cada vez al poeta de San Antonio de los Baños, y más a la retahíla de exponentes del mal gusto. Lo grotesco se adueña de nuestros sentidos, y hasta le hacemos culto. Azorados o indiferentes, apreciamos cómo se propaga ese raro padecimiento que es la deformidad del gusto estético, o su total desaparición.

Creo que si la belleza nos abandonara, nada nos diferenciaría del resto de los seres vivos del reino animal, que no poseen esa capacidad única de disfrutar extasiados las transparencias de un cuadro de Ernesto García Peña, o un concierto para piano de Mozart.

Los humanos somos ese rara avis de encéfalo desarrollado, donde la parte frontal del cerebro, que se conoce como la corteza orbitofrontal medial, se activa cuando escucha una pieza musical excelsa u observan una imagen atractiva. Mas, al paso que vamos, serán quienes aún reverencien la hermosura.

Por suerte, no todo está perdido. El pasado 28 de enero los matanceros asistieron a uno de esos momentos inolvidables que quedan para siempre: la reapertura de la Sala White con un programa de altura. El maestro Frank Fernández al piano, bajo la conducción de Enrique Pérez Mesa y acompañado por la prestigiosa Orquesta Sinfónica de Matanzas cautivaron los oídos, logrando conmover el alma a más de un espectador. Aún no me recupero de ese magistral arreglo de La Comparsa de Lecuona, que nos legara Fernández para la posteridad.

Ese jueves en la noche se dieron cita cientos de cultores de lo bello para reverenciar al buen arte, y que para dicha todavía son muchos. La Sala White, al menos en Matanzas, deviene como el epicentro de las beldades de la música.

Pero para rendirle pleitesía a la belleza se necesita conocimientos e información, de ahí la importancia de revitalizar ideas geniales como es el caso del trabajo de los Instructores de arte, capaces de instruir y moldear el gusto estético de los alumnos.

No se trata de aspirar a que proliferen los genios musicales, se trata de que los jóvenes se entusiasmen con la suite No. 1 en G mayor para Cello, del alemán Johann Sebastian Bach, como hoy lo hacen con el último tema de reguetón. Pero primero necesitan conocer que existe lo sublime en el arte.

Solo así apreciar la belleza no se resumirá solo al rostro centelleante de una mujer, se trata de perseguir lo exquisito, de saber discernir qué enriquece el alma y qué no; de esa forma artistas de la talla de Silvio Rodríguez seguirán retozando en nuestro espíritu como duende juguetón, mostrando el sendero donde refulge la hermosura.

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Responses

  1. “toda” quiere decir que te regalaron también el disco “amoríos” que es el último?… si es así, guárdamelo que lo ando buscando…


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