Posteado por: arnaldomirabal | 1 diciembre, 2015

El silencio es peor…

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Por Arnaldo Mirabal Hernández

En la edición pasada el mensuario Humedal del Sur, del cual soy coordinador, publicó un interesante trabajo sobre los peligros que afronta la Ciénaga de Zapata ante los embates de la modernidad, bajo el título: ¿Desaparecerá el ecoturismo en la Ciénaga?

Para nadie es un secreto que el desarrollo turístico transformó para bien la vida de miles de cenagueros, quienes vieron en esta actividad una forma de sustento.

Basta lanzar una mirada somera a Palpite, Playa Larga o Girón para notar las transformaciones de estos poblados con atractivos y pujantes hostales y paladares. Precisamente con la puesta en marcha del nuevo modelo económico cubano, el país decidió contar con el impulso de los negocios de gestión privada para dinamizar un tanto la economía nacional, golpeada por un escenario internacional en crisis.

Nuestro modelo económico siempre será inclusivo, y cada vez más, los particulares jugarán un papel determinante. No se trata de arremeter contra nadie, pero ¡ojo!, la sostenibilidad debe ser una práctica y no un slogan.

Nadie debe hacer y proteger más a su terruño que el propio cenaguero, siempre apoyado por las instancias gubernamentales y políticas del territorio, así como de instituciones científicas.
Pero resultaría iluso ignorar que a veces muchos nos hacemos los de la vista gorda, y mientras miramos hacia otro lado ocurren ciertas prácticas nocivas que atentan contra ese equilibrio que debe existir entre el hombre y la naturaleza, como puede ser la caza y la pesca indiscriminada.

Tampoco se trata de “cazar” al cazador. Prohibir la caza en la Ciénaga sería algo así como eliminar de tajo la propia esencia de los nacidos aquí. Las innumerables obras que se han escrito sobre esta región y su gente, siempre hablan de esta cualidad propia de sus habitantes: una mezcla mística entre cazador, pescador, campesino y carbonero, para brindarnos ese ser especial que es el cenaguero.

Leyendo obras como Cuatros años en la Ciénaga de Zapata, de José Antonio Cosculluela Barreras o En Marcha con Fidel, de Antonio Núñez Jiménez, se entiende que la caza y la pesca forma parte intrínseca del poblador de esta vasta y hermosa península. Esa cualidad fue heredada de generación en generación, para convertirse en patrimonio. De ahí que no pecaría de liviano si asegurase que quien no posea al menos un perro de caza, será cualquier cosa menos un cenaguero de pura cepa, o de puro pantano.

Sin embargo, a veces con nuestro propio obrar podemos dañar, irremediablemente y de muerte, a eso que tanto amamos. El panorama es complejo. Por un lado está la tradición, por el otro la conservación y sostenibilidad.

Existen normas y legislaciones que el hombre crea para persuadir la conducta, mas el estado ideal sería que el propio hombre actuara por convicción para proteger las riquezas naturales, ya protegerlas es protegerse a sí mismo y a los suyos.

En muchos países la caza es permitida pero siempre controlada por leyes, y limitada, para impedir la total desaparición de las especies de animales salvajes, y demás está decir que entre los innumerables atractivos de Zapata se encuentra su fauna, rica y diversa en aves y mamíferos.

Y de ahí entraremos de lleno al quid del asunto. Como anunciábamos al inicio, en la edición pasada el mensuario Humedal del Sur publicó un interesante material sobre cómo el Ecoturismo corre el riesgo de desaparecer en la Ciénaga.

Algunos, como siempre sucede, seguramente corrieron para empalar al valiente autor del trabajo, quien no es periodista, solo un guía motivado por un fenómeno que percibe cada día.

El autor del artículo, o más bien de la carta abierta, debería recibir un premio por su doble osadía: escribir un brillante material, y llamar la atención sobre un problema. Pero como siempre sucede, muchas veces preferimos arremeter contra el mensajero, mientras obviamos el mensaje, como bien dijo una vez un colega. O como he escrito en más de una ocasión: cuando alguien señala a la Luna, los tontos prefieren mirar el dedo.

Hemos escuchado y leído hasta la saciedad que hasta nuestro propio planeta está en peligro de desaparecer debido al Cambio Climático; y según estudios, con el derretimiento de los casquetes polares y la subida de los Océanos, la Ciénaga de Zapata dejaría de existir con la salinización de sus aguas.

Muchos cuestionarán al autor del trabajo ¿Desaparecerá el Ecoturismo en la Ciénaga?, y yo solo pienso por qué no mejor cuestionarnos todos, el que prefiere callar, al que desvía la vista del problema, el que teme buscarse problemas como bien denunciara Raúl en un discurso.

El Ecoturismo puede desaparecer en la Ciénaga si no se toman medidas pertinentes, más allá de las legislaciones que prohíben la caza y la pesca. Cualquier medida debe primero contar con la participación activa del propio habitante de la Ciénaga de Zapata.

Debemos gestionar y aplicar políticas públicas que tengan al cenaguero como eje y sujeto. Mucho se hace, pero la conformidad a veces se convierte en inmovilidad, y esta en estatismo. Y como suele suceder, existirán los que prefieren hacer mutis, y combatir al valiente que habla y emite su criterio…


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