Posteado por: arnaldomirabal | 11 octubre, 2015

Elogio a la virtud de una maestra

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Sacrificio, voluntad, grandeza, siempre desde la sencillez, son palabras que rigen la cotidianidad de decenas de héroes anónimos que como Lourdes, la maestra de Hato de Jicarita, dejan su impronta diaria en la Cuba de hoy, sin más pretensiones que saberse útiles, y recompensados en la sonrisa de un niño, o en la mirada agradecida de cualquier habitante de esta isla.

Cada mañana Lourdes Carolina Frómeta y Gómez se levanta bien temprano, cuando el resto de Bolondrón aun duerme. Con sus más de 60 años, ella siempre le lleva la delantera al sol. Se incorpora de la cama a las cuatro de la madrugada y comienza los trajines mañaneros. Luego parte hacia el punto donde tomará la guagua que la transporta hacia la escuelita ubicada en un batey distante al sur de la provincia. Allí le esperan sus alumnos.

Se abriga bien, porque la temperatura es algo fría, y todavía falta para que el Astro Rey caliente un poco. A las seis y media, con el sol todavía soñoliento, arriba a las inmediaciones de la pequeña escuela rural Reynaldo Montejo, de Hato de Jicarita.

Desciende de la guagua que pertenece a la Empresa Forestal, y que le sirve de transporte, luego respira hondo, y seguramente se le escapa una sonrisa. Desde que regresó a impartir clases, después de 11 años jubilada, nada le contenta más que estar parada frente a sus estudiantes.

Comenzó en eso del magisterio en el año 1967. Incluso tuvo una especie de escuela en su propia casa, con niños con problemas de salud. Pero los años y los achaques hicieron lo suyo, y decidió jubilarse en el 2005.
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Quizás nunca lo dijo, pero desde entonces algo le faltaba. Esa dulce sensación de educar, de formar con sus manos y palabras a las generaciones del mañana, los dueños del futuro. Sin dudas, la más compleja y hermosa obra de un educador: sentir que puede moldear al menos la conducta de los niños y niñas para que lleguen a ser hombres y mujeres nobles.

Y es que quien nace para maestro, lo será toda la vida. Un día Lourdes visitó a una vecina allá en Bolondrón, y le preguntaron si quería impartir clases otra vez. En Hato de Jicarita había un aula sin maestro. Ella no se lo pensó mucho. Siempre le gustaron los estudiantes de 5to y 6to grado. Dijo que sí, y con tal resolución se dirigió a Unión de Reyes, municipio cabecera, hizo la contrata, y desde el primero de septiembre llega cada mañanita a su pequeña aula con nuevos bríos.

Reconoce que no es tarea fácil las características de una escuela mixta, con pioneros de diferentes grados en una misma aula. Pero no se amilanó ante el nuevo reto, porque la vida es un eterno aprendizaje, y la respaldaban sus más de 40 años de experiencia en el magisterio.

“Yo estoy plena y como nueva. La casa envejece mucho. Yo me siento muy bien, y los niños también lo sienten”. Y el aula se funde en una sola sonrisa. Aunque sean pequeños y conozcan poco de los avatares de la existencia, con sus propias palabras entenderán la gran virtud que lleva en sí esta maestra.

Cuando pasen los años esos pioneros seguramente recordarán con nostalgia a su profe Lourdes, quien adornaba el aula con sus canas y alegraba los días con su dulce voz y certeras palabras, aquella mujer buena que dormía poco, para que ellos aprendieran mucho.


Responses

  1. Mira caballo, tengo un berro contigo que te voy a perdonar un día de estos, no ahora. Una de las personas que esperaba ver allí era a ti. Estoy al mandar pa la …. a toa tu unión y tu puesto de oficial B. No debiste faltar. Abrazo.


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