Posteado por: arnaldomirabal | 25 agosto, 2015

Los trajines de una cenaguera

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Temprano en la mañana sorprendemos a Dulce María García ataviada con una gorra verdeolivo, una camisa de mangas largas y un recio pantalón de mezclilla. Viaja de regreso junto a su esposo en un carretón caballo. Recolectaron la yagua necesaria para construir un horno de carbón.

Luego del saludo nos convida a su casa, en Los Hondones, para una buena colada de café. Al llegar a su hogar nos sorprendemos un poco ante el cambio radical de la sexagenaria mujer. Ya no luce la gorra ni la vestimenta de trabajo lo cual acentúa su feminidad.

Asegura que toda la vida se ha dedicado a trabajar, y aunque ya es jubilada sus jornadas siguen igual de intensas como cuando se desempeñaba al frente de una vaquería, o a chapeaba monte y cortaba leña.

Todos los días se levanta a las cinco de la madrugada, prepara el desayuno, y luego comienza los trajines de la casa. Para cualquier mujer los trajines de la casa significarían fregar la cocina, preparar el almuerzo, lavar o planchar, para Dulce maría también pero ella hace un poco más.

Dulces junto a su esposo después de recoger yaguas para construir un horno de carbón

Dulces junto a su esposo después de recoger yaguas para construir un horno de carbón


Acomete las labores agrícolas de la huerta junto a su casa, cultivada con innumerables vegetales como habichuela, ajo, tomate, pepino.

Más tarde alimenta a los cerdos y las jutías. A veces acompaña a su esposo al monte los mismo a pescar que a cazar cangrejos. Con los años aprendió a desempeñar disímiles faenas, desde capar un verraco, hasta curarlo si se le infesta una herida.

Pero lo que más le gusta es cocinarle a la familia, sobre todo cuando se reúnen a finales de año. Siempre en la hornilla de carbón porque la comida queda con mejor sabor, aunque en su cocina bellamente azulejada descansan varios equipos electrodomésticos.

Conserva una energía envidiable como si el calendario no le pesara, todo lo contrario, le insuflara fuerzas.

Con orgullo sano asegura que todo lo que se consume en su casa se cosecha en su patio, y que nada se compara a consumir el fruto maduro de la mata.

Entre sus pasiones menciona a la familia, cocinar dulces y levantarse en la mañana y disfrutar el verdor de su finquita. Mientras la escuchamos Dulce María se nos hace inmensa, y vemos en ella la esencia misma de la mujer cenaguera, siempre hacendosa y atareada.


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