Posteado por: arnaldomirabal | 3 junio, 2015

Viaje Al extremo de una isla. Parte VIII: Ascenso a El Yunque

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Desde el pie de la montaña el Yunque es una loma como otra cualquiera. Y como si se tratara de una loma cualquiera me sumé al ascenso. Partimos desde la base del campismo de igual nombre. Este campismo queda a unos cuantos kilómetros de la carretera asfaltada que comunica con Baracoa, y para llegar hasta la instalación el camino está en muy mal estado.

La mañana que decidimos subir El Yunque partimos casi todos los blogueros. Atravesamos el río Duaba y el agua nos daba por la rodilla. Luego nos incorporamos al trillo y seguimos loma arriba.

Durante el trayecto atravesamos varias fincas dedicadas al cultivo del cacao. El árbol del cacao es frondoso y de ramas gruesas pero no busca la altura. Para mí representaba una sensación extraña caminar bajo la sombra de esos arbustos. Supe por el guía que se cosecha cuando el fruto obtiene un color carmelita, luego las semillas se ponen a secar y se tuestan. Después se muele, y de ahí surge el maravilloso y extraordinario chocolate.

En esas cosas pensaba cuando comencé a sentir cierta fatiga y cansancio. En el ascenso estrené un par de botas nuevas que pesaban una tonelada, y cuando comencé a subir se triplicó su peso.

Por suerte a mitad del caminó apareció un ranchón rústico donde un lugareño vendía frutas de la zona. Si pagabas un CUC, o su equivalente en moneda nacional, podías degustar toronja roja, platanitos maduros, piña, naranjas, entre otras delicias con el dulzor propio del oriente cubano.
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Cuando llegamos a esa especie de oasis en plena montaña, me enfrenté de tú a tú con varios hollejos de toronja, y las piernas se me aflojaron. La fatiga se acrecentó cuando le escuché decir al guía que aún faltaba la mitad del trayecto. Ni corto ni perezoso decidí permanecer en el lugar, y vi como mis amigos estaban decididos en llegar a la cima.

En la casucha, o para ser más precisos, en el punto de venta, tuve la oportunidad de conocer más de la zona de la voz del vendedor. Este hombre vive 8 kilómetros del lugar, y cada día sube las estribaciones de la montaña con su buey colmado de frutas. Montó el negocio hace par de años, y le deja alguna ganancia al menos pa` vivir.

Sus principales clientes son los turistas que llegan acompañados de los guías de la zona. Con la baja turística el negocio se contrae, y en ese período solo llegan estudiantes que han aprendido la diferencia entre el CUC y la moneda nacional. Los visitantes foráneos se han hecho maestros en el arte de regatear el precio de las frutas, pero siempre se consigue vender algo.

guía
El ascenso al Yunque cuenta con un equipo de ocho guías, excelentes conocedores de la zona. A veces se ponen de acuerdo con el vendedor de frutas para “multar” a los incautos que cada vez son menos. Tienen un salario por el Estado, y reciben otro de mano de los turistas, “lo que deseen pagar”.

Mientras permanecía en el fresco ranchón conocí a varios de los guías, así como a un australiano que hablaba perfecto español, una holandesa que nada entendía, y un japonés, que si bien tampoco sabía español, dominaba al dedillo que un CUC eran 25 pesos cubanos.

Con mis amigos los guías supe que allá arriba los puercos se pesan por quintales, y que el ron se toma a borbotones, y que la felicidad a veces aterriza en aquel paraje apartado.


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