Posteado por: arnaldomirabal | 1 junio, 2015

Viaje al extremo de una isla. Parte III: Guantánamo City

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Guantánamo es una ciudad preciosa. Por esa tendencia occidental de creer que el desarrollo solo se encuentra en el oeste de Cuba, siempre me imaginé a Guantánamo como una de esos pueblecitos polvorientos que aparecen en las películas de pistoleros. “Solo falta la melodía de una filarmónica para graficar la desolación”, pensaba, y de golpe choqué con una hermosa ciudad de amplias calzadas, con edificios remozados, y establecimientos gastronómicos de lujo por su ambientación, servicio y calidad de los alimentos ¡y en moneda nacional!, para más asombro.

A falta de un bulevar tienen dos, en forma de H, según me contó una guantanamera devenida excelente guía, por el conocimiento de su ciudad y el orgullo de vivir allí.

Supe que las principales calles llevan nombres de los próceres de nuestras guerras de independencia. (Si me matan ahora no podré nombrar una sola arteria, más recuerdo la limpieza y excelente trazado de la ciudad).

Pero sí se me quedó grabada la belleza de esa urbe. Recuerdo también las noches guantanameras animadas por jóvenes trovadores que se reúnen en el Parque Martí; plaza donde se encuentra la iglesia más pequeña de Cuba, pero donde la juventud va en procesión no a rendir culto al Señor, más bien a rendirle culto a la música. Las noches guantanameras se llenan de vida, de gente, de música.

Y si bien no escuché la melodía desolada de una filarmónica, disfruté y bailé changüí. El Changüí es para los guantanameros, lo que para los matanceros la rumba y el guaguancó. Les llena de orgullo y lo regalan con ferviente entusiasmo.

En la Casa del Changüí nos recibieron con cierto recelo según supe. “¿A los chicos les gustará está música?”, se preguntó más de uno. Y nada más sonar el montuno nadie quedó indiferente. En aquella instalación conocimos la historia de ese ritmo oriental, sus primeros cultivadores. Pero nada mejor que escuchar la música en vivo. Aquella noche, la primera del encuentro, “changüizamos” de lo lindo.

Después nos fuimos al parque Martí donde late y fluye la vida nocturna guantanamera.


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