Posteado por: arnaldomirabal | 4 mayo, 2015

Amor a la colombiana…se paga a la cubana

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Cuentan que los caminos del amor pueden resultar espinosos, pero con mi amigo W la vida se ensañó. Hombre divorciado y cuarentón, creyó encontrar la dicha al conocer a una hermosa colombiana tras visitar aquel país.

Gracias a la magia de las nuevas tecnologías se reencontraron a través de las redes sociales. Y mi amigo W, pidiendo un favor aquí, una súplica por allá, lograba conectarse una que otra vez para saber de su ansiado amor.

Como un adolescente febril leía los extensos correos de su amada colombiana, y como un niño que apenas sabe escribir le devolvía las amorosas palabras golpeando en el teclado con sus dos índices trabajosamente.

Con el paso del tiempo el sentimiento creció, y esta pareja madura decidió recomenzar su vida haciéndole frente a los detractores de ambas costas.

El día que la futura novia comentó de su relación en una reunión familiar, casi termina ahí mismo el convite. “Los cubanos son unos aprovecha’os, machistas, atrevidos, solo desean casarse con cualquiera para salir del país”, tales comentarios casi cortan las alas.

Esos calificativos se unieron a otros que hablaban de “la necesidad y pobreza de los cubanos, con un salario irrisorio que no les alcanza para comer ni comparar medicinas”. (Justo en esa mesa habían dos aquejados de una enfermedad que solo se conoce en Cuba por la TV, Chikungunya).

La amada de mi amigo no sabía si darle crédito a lo que escuchaba, porque quien más fuertemente hablaba contra Cuba era una joven que había estudiado gratuitamente en la isla.

La conversación en la mesa sufrió un punto de giro cuando la cuestionada por su “irresponsable” amor expresó que la idea de ambos no era vivir en Colombia, sino radicarse en Cuba, con todo y sus carencias. Mi amigo Waldo nada me dijo, pero estoy seguro que ante tamaña aseveración más de un colombiano se atoró en esa mesa.

Finalmente el sentimiento se concretó, la amada visitó Cuba, y durante un mes vivieron una intensa luna de miel bajo los astros matanceros. La colombiana descubrió que Cuba no es el infierno que le hicieron creer, y que los cubanos también somos humildes, sencillos y cariñosos.

Pero ahora lo que no logró la distancia, ni los comentarios dañinos quizás por desconocimiento, lo lograrán las leyes cubanas: una funcionaria de una oficina jurídica, además de maltratar impunemente a mi amigo W, le espetó en pleno rostro que para contraer matrimonio con una extranjera debe desembolsar 200 dólares.

“Esa funcionaria me trató como si yo fuera un lumpen, compadre. ¿De dónde saco 200 dólares? ¿Acaso no tenemos derecho a ser felices?”, me increpa mi socio como si yo supiera la respuesta, y siento pena por él, porque sacando cuentas, lo que el amor logra a fuerza de cariño y vicisitudes, a veces lo fastidian las leyes y las políticas de los hombres.


Responses

  1. Muy bueno el trabajo! Es una pena que pasen cosas como esas😦 y se vean rotos tanto sueños…


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