Posteado por: arnaldomirabal | 25 abril, 2015

Un “Chinchalito” con corazón de gigante

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Los trabajadores del Central René Fraga están conscientes de su hazaña, los pobladores del batey también; incluso al robusto y centenario Jagüey que se erige en el centro del poblado se le nota más vivo, con un verde más intenso.

Quién duda que de tanto cobijar a los hombres y mujeres en zafra no conozca del buen ánimo cuando las cosas marchan bien. Cuentan que en el pasado, ante cada inicio de campaña los obreros se reunían alrededor de su vigoroso tronco para convocar a la buena suerte, y no faltaba quién también evocara a Oggún, el Orisha de los hierros.

Hasta el polvo que se asienta en la carretera, y que se vuelve nube que todo lo cubre tras el paso veloz de una rastra cargada de caña, irrita menos.

Durante varios años ese polvo anunciaba la llegada a una industria en desgracia. Un colectivo lastimado por decisiones erróneas, incomprensiones, y que empezó a padecer de ese mal atroz como es la falta de sentido de pertenencia, ensombreciendo el desempeño de la fábrica. Pero de la noche al día se hizo la sonrisa en el central.

De cuestionados por sus pésimos rendimientos, pasaron a referentes nacionales en la presente campaña azucarera. Desde que echaron a andar sus molinos se convirtieron en el orgullo de los matanceros, y con varias jornadas de antelación arribaron a su plan técnico económico.

Ni el cansancio logra mellar el espíritu cuando ya sobrepasan el centenar de días de molienda. Los obreros solo hablan, piensan y luchan por las 10 mil toneladas prometidas.

Y uno se interroga ante el ímpetu reinante: ¿de qué material están hechos estos hombres y mujeres? En ellos va una mezcla de hierro y melaza, de sudor y sacrificio, individuos con reservas inagotables de voluntades que ni la lluvia apaga.

Nada más traspasar el umbral del central emergen seres con el rostro cubierto de bagacillo, soportando las altas temperaturas que se incrementan con el vapor de las calderas, pero complacidos, porque del René Fraga y de su gente se habla con admiración. Y habrá hasta quién se le escape la frase cariñosa de: a ese “chinchalito” hay respetarlo por su corazón de gigante.


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