Posteado por: arnaldomirabal | 7 abril, 2015

El caprichoso amor de Osito Rodríguez

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Osito Rodríguez no es un mamífero temerario de filosas garras y potente rugido. Se trata de un perrito Pekinés que apenas levanta una cuarta del piso, y que con sus gruñidos solo se vuelve más simpático. Quizás la decisión de su nombre responda a su abundante pelaje.

Pero lo llamativo de este pequeño can consiste en el amor incondicional que profesa hacia una vieja prenda de vestir que viaja con él desde días de nacido: un ajado pullover de raya que nadie puede tocar.

A Osito se le observa siempre junto a su compañero textil. Lo acaricia a todo momento, como para demostrarle cuán importante es para su vida. A veces le cuesta demostrarle ese mismo cariño a sus dueños, en cambio, no se lo piensa mucho para lamer la vetusta pieza de vestir.

No hay Dios que lo separe de su trozo de tela. Cuando su dueña decide lavarla, deben encerrar al perro en el baño, y desde lejos se escuchan sus gemidos de tristeza quizás pensando en que lo torturan o que nunca más contará con su compañía.

Después de horas de sufrimiento, al retornar a sus patas el compinche de siempre, siente extrañeza por su olor a limpio, pero bastarán par de lamidas y dos o tres revolcones y quedará como viejo, con ese tufillo propio de los perros que han vivido mucho. Y reverdece la amistad incondicional, que ya data de seis años, entre Osito y su prenda.

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