Posteado por: arnaldomirabal | 3 abril, 2015

Vientos de cuaresma

viento fuerte
No, no se trata de la novela de Leonardo Padura. Mucho antes de publicada la obra ya escuchaba la frase en la voz de los curtidos pescadores de mi barrio.

La cuaresma para mí siempre encerró una dualidad extraña: de un lado, mis vecinas devotas la recibían con beneplácito y recogimiento, de otro, los pescadores la maldecían por los constantes vientos que perjudicaban la pesca.

Lo cierto es que hasta hace muy poco la Semana Santa en Cuba pasaba inadvertida para muchos. La cuaresma no. De la primera, solo recuerdo escasas referencias de algunas señoras asiduas a la Iglesia, que por estas fechas hablaban de La liturgia de la Pasión del Señor, la resurrección, u otros temas religiosos que en aquel entonces se comentaban en voz baja; en cambio, la palabra cuaresma sí me resulta familiar. Los pescadores de mi zona se quejaban constantemente del tenaz viento que batía en esta época del año.

Un periodo caracterizado por una brisa persistente y molesta que comenzaba a finales de marzo, y se extendía hasta las primeras semanas de abril, coincidiendo con las celebraciones de Semana Santa.
La Cuba de hoy ha cambiado mucho para bien. Acabo de ver en la televisión esa liturgia de la que hablaban mis vecinas. Incluso, gracias a esta conmemoración disfruto de un viernes en casa, porque lo instituyeron como día feriado.

Dicen los religiosos que la Cuaresma antecede a la Semana Santa, que dura 40 días, y que es además el tiempo de convención ideal para arrepentirse de los pecados, pero hasta hoy para mí solo significaban días de mucho aire.

Mientras escribo estas notas la cortina de mi cuarto no deja de batir, violentada por una insistente corriente que agita a la ciudad desde hace días. Cuenta otra vecina que dejará de azotar el seis de abril, cuando se celebre el Domingo de Resurrección.

Y vuelven a mí aquellos recuerdos de niño, con esa dualidad rara que llega con la Cuaresma: los pescadores lanzando improperios por el excesivo viento que venía del mar y dificultaba la pesca, mientras las veteranas de mi cuadra limpian sus hogares con mucha más frecuencia por el continuo polvo que introduce el aire, a la vez que lanzan alabanzas a Jesús.


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