Posteado por: arnaldomirabal | 27 marzo, 2015

Menstruación

Cuando la mujer tuviere flujo de sangre, y su flujo fuere en su cuerpo, siete días estará apartada; y cualquiera que la tocare será inmundo hasta la noche. (Levítico 15:19-29).

“Sangro cada mes para ayudar a que la humanidad sea posible. Mi vientre es el hogar de lo divino. Una fuente de vida para nuestra especie, tanto si yo elijo crearla como si no”.
Rupi Kaur, poetisa paquistaní

menstruación
Cuando era un chama, y comenzaba a descubrir ese maravilloso y adictivo mundo que son y serán las mujeres – o la mujer en singular, que se degusta mejor- reconozco que la palabra menstruación me sonaba a puñetazo en los sentidos.

En mis tiempos de Pre en el campo, al escabullirnos en la oscuridad naranjal adentro, nada me importaba ese Pssss que emitían los bichos nocturnos que se parapetaban en los arbustos. De sorprenderme ese sonido solo en el monte, hubiera roto el record de Usain Bolt, pero me encontraba acompañado, y mi pareja siempre me soltaba esa frase reconfortante quizás para estimular mi gallardía: “no temo a la noche oscura porque estás tú”. Frase quizás poética, pero ella no sabía que si aparecía un babujal, un espectro, o un simple gracioso me hubiera tocado en el hombro, iba a correr más que aquel soldado romano llamado Filípides que partió de Maratón a Atenas.

Pero el temor a la oscuridad se apaciguaba cuando mis manos rozaban su piel, durante unos minutos nada más existía, solo mis ganas y la fuente insaciable de mis deseos, y ese temblor insistente que se adueñaba de mis piernas.

Mis ganas, esas que me acompañaban durante todo el día las saciaba en escasos segundos. Al menos en ese tiempo me inculcaron la idea errónea de que la hombría radicaba en tener sexo con una mujer. Nada más. Y yo iba feliz porque me creía hombre.

Esa felicidad solo era empañada cuando me susurraban al oído aquella palabra maldita, justo cuando más entusiasmado estaba en concretar mi “acto de hombría”. Aquella frase de “no puedo hoy, tengo la regla” jorobaba mi noche y me provocaba cierta rabia. Existían otras alternativas placenteras, pero la palabra menstruación empezó a ganarme antipatía.

Fui creciendo, y siempre la menstruación femenina fue para mí una gran molestia. No solo porque anulaba el contacto sexual, sentía repulsión ante ese fenómeno de las mujeres. No era para menos, según los socios del barrio “un macho no podía caer en esas cosas de mancharse de sangre o tocar una almohadilla sanitaria. Mucho menos palpar un blúmer ensangrentado”.

Solo con el tiempo mi percepción cambió. Paso a paso, error tras error, fui aprendiendo lo que era una mujer y cómo tratarla, aprendizaje que lleva toda la vida.

Entendí y gané en comprensión cuando cada mes el periodo provoca un cambio en el carácter de mi compañera; en esos días me aprestaba a apoyarla en sus dolores y malestar, aunque me enloquecía algunas veces con sus constantes cambios de carácter, que viajaban del decaimiento a la euforia, o de la inapetencia sexual a unas ganas insaciables.

Me familiaricé con ese rasgo tan femenino, incluso, más de una vez recé por escuchar la palabra bendita, condición inequívoca de que no afloraría un alumbramiento sorpresivo.

Tan comunes como la jaqueca o la gripe, resultan para mí esos días de menstruación. Incluso, cuando me toca ir a la bodega en busca de los mandados, pido las almohadillas sanitarias de mi pareja sin sonrojarme. Aunque corra el riesgo de ser acusado de machista por mis amigas por el solo hecho de mencionarlo como una hazaña.

Pero si bien no es una hazaña, la regla femenina continúa siendo una tabú. No por gusto Instagram retiró la foto de la propuesta artística que publicó en ese sitio la poetisa paquistaní Rupi Kaur, quien decidiera mostrar el incómodo momento femenino en una serie de fotografías bajo el título de Period.

Y es que de nuestras tantas imperfecciones, somos herederos directos de esa cultura judeo-cristiana que estigmatizó todo lo concerniente a la sexualidad. La Biblia hizo lo suyo, no solo relegando a la mujer a una posición desventajosa ante el hombre, sino dotando a ese rasgo biológico en algo inmundo y negativo.

El Viejo Testamento asegura que la mujer con “flujo de sangre” sería apartada, y quien la tocara sería inmundo hasta la noche.

Pero no le echemos toda la culpa al catolicismo, hasta bien entrado el siglo XX las bodegas y destilerías liberaban a las obreras de trabajar durante la regla porque estaban convencidos de que agriaban el vino o la cerveza. De qué asombrarse entonces.

Pensándolo bien, mejor terminar aquí, porque quizás alguien estruje el rostro si digo que hasta resulta más placentero el acto cuando sobrevienen esos días de…bueno, ustedes saben; iba a escribir ensangrentados, pero el término tiene una onda medio criminal, teñido de rojo tampoco lleva a ninguna parte. Toda esta perorata anterior solo ha servido para que al final no sepa como terminar. Solo se me ocurre decir: !Viva la menstruación femenina!


Responses

  1. Genial, sencillamente genial y hermoso Naldo!! Te admiro por como nos admiras!!!


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