Posteado por: arnaldomirabal | 22 marzo, 2015

Promesa junto al mar

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Siempre que viajo a La Habana me embeleso mirando la costa. Me prometí una vez que algún día me detendría para recorrer esos lugares que desde la distancia me sedujeron tanto, pero como siempre vamos raudos y veloces por la vida, incumplimos hasta las promesas que nos hacemos a nosotros mismos.

A veces todo puede resultar tan sencillo como el simple hecho de acometerlo. Aunque con frecuencia viajo a la Capital cubana, siempre me dije lo mismo: “algún día me bajaré aquí para ver este lugar de cerca”; “tiraré allí una foto”; “recorreré aquella playa”; “Me subiré en aquel muelle destruido y bello”. Esas ideas casi siempre las exclamaba en voz alta, y revotaban en ningún lugar.

Pero hace unos días, al pasar por el mismo sitio, un amigo que viajaba conmigo escuchó mis palabras y me preguntó porque no lo hacía de una vez, a lo cual respondí que de tanto desearlo se había convertido en una eterna ilusión, un deseo inconcluso, que aprendí a disfrutarlo más como a un viejo anhelo.

Mi acompañante mi miró sin entender nada, y detuvo el auto a orillas de la carretera. A lo lejos se veía la playa y el viejo muelle de cemento. “¡Dale, corre!, que la vida no espera”, me dijo.

Me invadió un fuerte sentimiento de libertad. Bajé por el costado del puente que pasa por el río Jibacoa –creo que así se llama-, y a pesar de no hallar camino prácticamente volé por encima de los arbustos, hasta descender a una carretera polvorienta.

Seguí corriendo, agitado y temeroso. Temí que la playa o el muelle no fueran gran cosa. Que las expectativas creadas sobre el lugar se hiciera añicos. Pero sucedió todo lo contrario.

El muelle, a pesar de la ira de las olas, resiste. A la playa le
atraviesa un pequeño canal, que se comunica con un río.

Un cártel prohíbe escalar el muelle, pero yo quería tomar una foto justo cuando impactaban las olas. Ni corto ni perezoso me subí en la estructura y como la playa estaba desierta, nadie me lo prohibiría.

Enseguida pensé en cuántos lugares hermosos me quedan por conocer, y también me prometí regresar.

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