Posteado por: arnaldomirabal | 2 febrero, 2015

La inmensidad silenciosa de Dianelis

productor

Existen personas que desde una simple mirada, o gesto, te revelan su esencia. No sucede a menudo, pero ocurre. Me bastó cruzar algunas palabras con Dianelis Álvarez García en un encuentro de Mujeres Campesinas, para entender que se trataba de esos seres resueltos a dar batalla y plantarle cara a la vida.

En esas cosas pensaba cuando arribé al poblado colombino de Jigüe, en busca de la mejor productora de conejos del país, quien ha mantenido esa condición durante varios años.

Como era de esperar, a nuestra llegada, Dianelis se hallaba inmersa en sus disímiles faenas diarias. Bien nos habían advertido al indagar por ella: “esa muchacha es una productora de excelencia y no se detiene un segundo”.

También conocimos que fue por allá por 1992 cuando decidió dedicarse a la cría de conejos. Lejos estaba en pensar que con los años su nombre aparecería en periódicos, y su imagen se haría televisiva, gracias a sus más de 35 reconocimientos, entre ellos la de Mejor Mujer Rural de la nación.

Ella solo pretendía mitigar con su sacrificio aquellos duros años del Período Especial, y qué mejor que criar animales y cultivar la tierra.

Como todo lo que empieza, apenas tenía dominio de la labor a la que se enfrentaba, pero las ganas de hacer y la capacitación constante le convirtieron en referencia nacional en la cunicultura.

Ella siempre le lleva la delantera al Sol. Cada jornada suya comienza a la 5:00 a.m., revisando las conejeras por si alguna cría recién nacida cayó de la jaula.

Conoce a sus animales al dedillo. Por el brillo de los ojos sabe si están tristes o enfermos. Nunca le faltan los alimentos pues los cultiva, ya que aprendió a prescindir un poco del pienso por los continuos atrasos en la entrega.

En su finca de dos hectáreas plantó boniato, yuca, maíz y soya. “A los animales les encanta el bejuco de boniato, pero también le doy girasolillo, cangre de yuca trozeado, hojas de maíz, eso sí, no debes cambiarle la dieta de manera brusca, porque su sistema digestivo es muy delicado. En dos horas puedes perder un rebaño si no eres precavido”, comenta.

En el 2014 entregó a la Empresa de Ganado Menor(EGAME) del territorio dos toneladas de carne, lo que representa aproximadamente 4 mil ejemplares; esta producción tiene como destino principal el turismo y el consumo social.

De las razas de conejos, prefiere el Nueva Zelanda de Ojos Rojos. En un futuro espera generalizarla en su finca, dado el peso que alcanzan, y su resistencia a las enfermedades.

Nada le relaja más que estar cerca de los conejos y su silencio. Aunque también vale decir que no son del todo apacibles. En sus manos lleva cicatricez producidas por las recién paridas, y los sementales, muy celosos de sus hembras.

Si algo tiene embullada a esta fémina incansable, es el nuevo proyecto que implementarán en su finca, con el apoyo de la Estación Experimental Indio Hatuey.

Ya comenzaron las obras iniciales con el pisón y las vigas para la construcción de dos naves con una capacidad para 100 reproductoras. También le entregarán sistema de riego para el cultivo del alimento animal, y podrá extender la lombricultura, que se alimenta de los desechos. El proyecto comprende además la construcción de un biodigestor.

Dianelis solo espera que se “desestanque” este nuevo programa de desarrollo, y que no suceda como con aquel teléfono que le prometieron y nunca llegó.

Pero nada empalidece a esta mujer, rodeada de gallinas, patos, cafetales y arboledas de mango, y del amor de sus cuatro hijos que crió practicamente sola.

En secano atiende sus sembrados; y cuando uno cree que lo ha visto todo, descubre una miniindustria para extraer y procesar el puré, del tomate que cultiva en su propia finca.

Con su pantalón verdeolivo y botas de gomas se le ve de un lado a otro, porque siempre hay algo que hacer. Su fama (ella no se la ha creido del todo) como productora le ha llevado a recorrer toda la isla. Gracias a su entrega y sacrificio diario, desde un pequeño pueblito colombino su nombre irradió a todos los confines, para que se conozca bien la inmensidad silenciosa de esta mujer campesina.

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 


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