Posteado por: arnaldomirabal | 29 enero, 2015

¿Ganado desganado?

Para Efraín el secreto de la ganadería reside en la siembra de abundante pasto y forraje.

Para Efraín el secreto de la ganadería reside en la siembra de abundante pasto y forraje.

Cada año el país se ve obligado a desembolsar millones de dólares para adquirir en el exterior la leche que bien se pudo producir en nuestro suelo; los incumplimientos parecieran algo habitual cuando se trata de ganadería y producción lechera.

En Cuba, antes que se extendieran los cañaverales ya pastaba el ganado vacuno. Las vacas arribaron a la Isla en las embarcaciones de los conquistadores. Cuentan que fue en tiempos de Diego Velázquez cuando se introdujeron las primeras reses.

En el siglo que precedió al descubrimiento, nuestro país se despobló ante el refulgir de los metales preciosos en el Potosí y el resto de la tierra firme de América.

Sin embargo, los pocos pobladores que permanecieron en la Mayor de la Antillas se dedicaron al comercio de ganado cimarrón que había escapado a los montes. Era tal su abundancia que los Reyes de España mostraban incredulidad al recibir documentos que hablaban de cifras superiores a las 10 mil cabezas.

Como bien refiere el historiador Eduardo Torres-Cueva, este crecimiento de la masa ganadera en el archipiélago en el siglo XVI, coincidía con el incremento de la demanda de cueros en Europa, en lo fundamental, con fines militares. Durante un largo periodo fue el principal renglón económico de Cuba, unido a la carne ahumada o salada; y antes que el tabaco, el café o el azúcar alcanzaran protagonismo.

Siendo así, podemos asegurar que la relación entre los hijos de esta tierra y el ganado vacuno data de 500 años. Pero desgraciadamente el tiempo transcurrido, no significa conocimiento adquirido, aunque rime.

Si se recorre la provincia de costa a costa, entenderemos que la cultura ganadera se esfumó, porque existen verdades de perogrullo que un criador avezado no puede obviar, si no será cualquier cosa menos ganadero: la importancia del forraje para mitigar la sequía, mantener los potreros limpios de marabú, un certero manejo del rebaño, las bondades de la inseminación artificial; aspectos que quizás muchos conocen, pero pocos ponen en funcionamiento.

¿INSEMINACIÓN ESTÉRIL?

Aunque en los años 80 del siglo pasado la radio popularizó un tema que preconizaba el gusto de la vaquita Pijirigua “por seguir a la antigua”, en la práctica se gestaban por inseminación tres veces más vacas que por monta libre.

Esta excelente perspectiva de desarrollo ganadero tuvo como gestor principal al compañero Fidel, quien clausuró el 12 de diciembre de 1961 la primera graduación de 200 técnicos inseminadores; de ellos 29 eran matanceros.

A 54 años de aquel suceso la realidad en el territorio deja mucho que desear. Algunos alegarán que el Período Especial nos obligó a retroceder, sin embargo, a veces la regresión se produce por la falta de ideas y la tozudez de más de uno, quienes prefieren darle la espalda al progreso, lo que redundaría en un mayor crecimiento vacuno.

Bien lo sabe Alfredo Darío Delgado, integrante de aquella primera camada de 200 inseminadores. Desde hace décadas, Darío se desempeña como Especialista en la Unidad Empresarial de Base de Inseminación Artificial, en el municipio de Jovellanos.

El centro presta servicio a toda la ganadería de Matanzas, tanto la estatal como en el sector cooperativo.

El veterano asegura que en el 2014 asistieron a 39 mil hembras, y se hallan en condiciones objetivas de duplicar esa cifra con el mismo personal, equipos y abastecimientos actuales.

“La provincia se encuentra distribuida en seis rutas, y existen condiciones reales de llegar a todo el territorio matancero. Sin embargo, reconocemos que no se ha masificado la inseminación artificial”, advierte el especialista.

“Cuando comenzamos esta práctica en el año 62, el 75 por ciento de la ganadería estaba en manos del Estado; los campesinos poseían solo el 25 %. Gracias a esa realidad cumplimos aquella tarea en tiempo récord”, recuerda.

“Modificamos la masa en muy pocos años, de una ganadería improductiva y famélica, obtuvimos una altamente productiva, pero llegó el Periodo Especial y retrocedimos”, comenta con cierto pesar.

Darío explica como la posesión del ganado se invirtió drásticamente: “hoy el 63 % de la reses están en manos de cooperativas, y solo un 38 al sector estatal. Perdimos las estrategias de inseminación trazadas durante años.”

Entiende que muchos ganaderos desconocen el abecé de esta milenaria práctica. Para él, los campesinos se contentan con extraerle al animal un poco de leche, sin más aspiraciones. “No les interesa el futuro de la ganadería”.

Eso sin obviar las potencialidades de la Inseminación. De la eyaculación de un semental pueden inseminarse 200 hembras, y de ese mismo animal, en un año, se podrán obtener más de 3 mil descendientes de alto valor genético.

A LA ANTIGUA…

Muy pocas personas llaman a Efraín Simón Moreira Borges por su nombre. Todos le conocen como Cano. Nació en La Conchita, poblado colombino.

Sostiene que cuando tuvo conciencia del mundo, de las primeras cosas que vio fue precisamente una vaca. Está tan apegado a ellas que sufrió un parásito que padece estos animales.

Cuando la Fasciola hepática se le alojó en el hígado, estuvo varios meses entre la vida y la muerte. Gracias al denuedo de los médicos recuperó la salud y regresó a la carga. Es decir, a su gran pasión, la cría de reses.

Destaca entre los productores de leche y pacta toda su producción con la industria. Para él lo más importante radica en la siembra de pastos y forrajes, y mantener los potreros limpios y segmentados por cuartones. En sus predios el marabú no existe.

“Antes las vacas daban menos leche, le llamamos vacas criollas y les extraíamos tres o cuatro litricos cuanto más, pero era la única que teníamos. Sin embargo, había más alimento que ahora: existía el heno, el afrecho, harina”.

Cano reconoce que el desarrollo ganadero llegó a Cuba con la Revolución. “Incluso creamos la raza Mambí aquí mismo en Matanzas, lechera por excelencia”.

Pero Efraín prefiere que sus animales se apareen para que se reproduzcan a la antigua. Según él, la Inseminación Artificial conlleva muchas atenciones. Aunque en ocasiones sí la ha aplicado en su finca.

“Me gusta la monta libre, de lo contrario debo estar velando cuando la hembra entre en celo. Prefiero soltarla con el toro”.

LA MEJORA DE LA GENÉTICA

Cuando la Empresa Pecuaria Genética de Matanzas marcha mal, la provincia también. Este complejo productivo acopia el 48 % de la producción del territorio. Luego de tres años con números rojos, dio un vuelco, y no solo cumplió el plan, sino que lo sobrecumplió.

Con más 29 mil cabezas y 140 vaquerías, alcanzó la cifra de más 12 millones de litros con destino a la industria.

Entre los artífices del despegue destaca Arelis Jiménez Odelín, administradora de la vaquería 65.

La encontramos voceando a sus vacas, quienes exhiben nombres de personas. Yaquelín, Idania, Melisa, son algunas de las ejemplares Mambí que responden a su llamado.

“Es difícil, pero llegas a disfrutar cuando ordeñas, o nace un animal, y sobre todo al cumplir el plan de leche”, comenta Arelis con una amplia sonrisa.

Sembraron suficiente alimento para enfrentar la escasez de precipitaciones de esta época del año, por aquello de que sequía avisada no mata a ganado, siempre que se siembre pasto.

No duda en reconocer la mejora que representa la puesta en marcha de la Fábrica de pienso criollo de Niña Bonita, cercana al poblado de Guanábana.

Esta planta, perteneciente a la Empresa Genética, echó a andar sus molinos tras casi 10 años enmudecida. En un día, contando con suficiente materia prima, pueden moler hasta 50 toneladas, a partir de residuos de cosecha que mezclan con cachaza o mieles, de gran valor nutritivo.

UBRES CON ORIFICIOS

Si bien es cierto que el cumplimiento de grandes unidades como las Genéticas de Matanzas y San Juan, la Empresa Agropecuaria Máximo Gómez, y la Gusev de Los Arabos significa un avance; los incumplimientos ensombrecen ese resultado.

En el 2014 la provincia incumplió la entrega a la industria en un millón 68 mil litros de leche. Entre los municipios incumplidores encabezan la lista Jovellanos, Cárdenas, Jagüey Grande y Calimete.

Las causas son varias, desde la falta de capacitación, las deficiencias en los contratos, el mal manejo del rebaño, hasta la falta de exigencia de los directivos del sector, porque quien no sepa criar ganado no debe poseer vaca alguna. De otra forma, estaremos hablando el próximo año también de incumplimientos.

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 


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