Posteado por: arnaldomirabal | 5 enero, 2015

¿Desprotegidos ante la empresa eléctrica?

apagónNo sé, pero de tanto leer, escuchar y escribir sobre los servicios a la población, he llegado a la conclusión de que las instituciones y empresas destinadas a estos menesteres perdieron la brújula hace mucho, y olvidaron, o dejaron de practicar aquella máxima de que servir es un placer, para convertirse en una molestia, donde en más de una ocasión sale perjudicado el pueblo.

Los ejemplos pueden ser interminables y se suceden a diario. Lo gracioso, por decirlo de alguna forma, es que cuando sus fallas salen a la luz pública, estas mismas entidades se preocupan más por arremeter contra el mensajero, que en entender las causas que provocaron el mensaje, o para que se lea más claramente: intentan cuestionar al periodista que publicó tal o mas cual historia, y pasan de soslayo a los verdaderos culpables: ellos mismos.

Me niego a creer -ya lo he dicho antes- que el salario sea el principal causante del problema. Yo antepondría la falta de exigencia de los superiores, y como escribí hace unos instantes, la pérdida de perspectiva de los prestadores de servicios, quienes ignoran que un servicio público de calidad y eficiente genera el entusiasmo y reconocimiento de los ciudadanos, y determinan el clima social y el estado de opinión en la población.

Pero desgraciadamente el párrafo anterior, que debería ser el abecé, el alfa y omega en el proceso del servicio público, resulta letra muerta para más de una entidad. Pongamos a maneras de ejemplo una historia acontecida recientemente entre un usuario y la Empresa eléctrica.

Resulta que a mediados de diciembre pasado un matancero recibe un importe de electricidad con un consumo muy elevado, distante de la realidad y la cantidad de equipos que este posee en su hogar.

De más está decir que se presentó en la oficina comercial de su localidad para tratar de resarcir el error, como otras tantas veces le ha sucedido.

Al llegar al lugar, exasperado, le contó la situación con lujos de detalles a una compañera que atiende el área de quejas; lo triste del caso fue escuchar la frase: “enviaremos un inspector, pero si él afirma que el contador realizó bien la lectura, debes pagar ese importe…”

Y es en ese punto donde crece la desconfianza hacia una institución, máxime si en este mismo Semanario se han publicado varios reportajes donde directivos han asegurado que más de un lector de contador ha sido separado de su centro laboral por ilegalidades u otras violaciones.

La falta de transparencia se hizo tangible cuando la víctima pidió revisar las lecturas de otros residentes de su barrio, a lo cual se opusieron tajantemente alegando no se cual Resolución.

Lo inconcebible vino después, cuando a los pocos días y sin la previa visita de un inspector o funcionario de la entidad, se presentó un equipo de la empresa eléctrica para retirarle el fluido. Gracias a la presencia de un vecino el desenlace de esta historia no fue peor para el cliente… ¡siempre para el cliente!

Las enseñanzas son disímiles y la desconfianza mayor, lástima que exista una sola empresa eléctrica, y que se arroje el derecho de desestimar un planteamiento o una inconformidad, olvidando que entre sus misiones principales debe recaer velar por la necesidades y expectativas de sus ciudadanos, donde prime siempre la transparencia y la credibilidad; solo entonces el título de este comentario será solo un golpe de efecto, y no la cruda y oscura realidad.

 

 

 


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