Posteado por: arnaldomirabal | 1 diciembre, 2014

Un guajiro agradecido

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Pedro Viera García es un guajiro robusto, que aunque roza las ocho décadas de existencia, asegura que no le duelen ni los callos. Y al parecer es cierto, porque lo hallamos a pie de surco limpiando un campo de ajo.

Pedro, o Kiko, como le conocen desde niño y ni el mismo sabe por qué, se siente un hombre afortunado. Nació en unos de los parajes más hermosos de la provincia, el Valle de Guamacaro, en el matancero municipio de Limonar.

Desde niño se dedicó a las labores del campo. Sin levantar un metro del piso se recuerda tirando caña con una carrera de bueyes.

“Esta región era eminentemente cañera. Todos vivíamos de ese cultivo. Junto a los surcos sembrábamos también guagüí, y debido al fertilizante y el abono verde de los plantíos, los suelos se enriquecían y las viandas alcanzaban varias libras”, rememora mientras la sacude la tierra a varios mazos de ajo recién extraídos.

“El valle siempre fue famoso por su belleza, pero sobre todo por las grandes zafras y la producción de malanga.” La fertilidad de los suelos logró que la finca de Kiko produjera hasta 187 mil arrobas de caña en una campaña.

Pero con la parada definitiva de los centrales de la zona las cosas cambiaron. Sin embargo, el hombre de trabajo nunca se cruza de brazos por el arribo de los buenos tiempos, va en su búsqueda a golpe de sudor y sacrificio.

En la finca de los Viera-son cuatro hermanos- se siembra ajo, cebolla, fríjol y maíz, mas Kiko seguirá siendo un apasionado del cultivo de la caña. En una porción de su sitio la atiende con celo para destinarla a alimento animal.

Asegura que mientras él viva, la gramínea crecerá en su finca. “Sirve para todo, antes mi vieja hacía hasta vinagre del guarapo. Tengo recuerdos de la caña pa’ mientras viva”.

Pero a veces el esfuerzo del guajiro no es suficiente. Los recursos no siempre alcanzan, y lo peor, el cambio climático hace de las suyas.

“Yo recuerdo que en fin de año apenas podías asar un puerco debido a la constantes llovizna. Hoy apenas llueve, y hasta puede suceder que a la extensa sequía, le proceda un torrencial de varios días que arrasará con todo”.

El veterano agricultor asegura que ya nadie habla de la mazamorra que crecía al borde del camino tras las continuas precipitaciones, y acababa con los dedos de los campesinos.

“Estas tierras negras y bajas siempre fueron muy fértiles. Se trabajaba mucho pero pa’ comer, los guajiros no teníamos dinero pa’más. Con la Revolución el cambio fue grande. Antes del Período Especial pedías cualquier cosa en el Central y te ayudaban, nunca te decían un ¡no!”.

“Hoy la vida está un poco más dura, pero quien trabaje obtendrá resultados. En el pasado vivíamos en bohíos de guano, y hoy tengo una casita en el pueblo. Yo soy un guajiro agradecido, que siempre se rompió el lomo, para no pasar trabajo en la vida”.

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 


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