Posteado por: arnaldomirabal | 20 noviembre, 2014

La desidia no entiende de dolores ni muertes

llanto

Existen historias que se atragantan y te martillan los sentidos. Uno intenta esperar por el momento preciso, por aquello de “no darle armas al enemigo”, pero los días van pasando, y la desesperación crece.

No se trata de esa desesperación que embarga a ciertos colegas, con más ganas de trascender que de ser útil, más bien de la consternación que debe acompañar a los revolucionarios ante la indolencia que florece por doquier.

A veces no entiendo que más de uno prefiera el silencio al combate, sin entender que la mejor arma de un periodista, la que domina con más destreza, siempre será la palabra.

Por eso pienso, desde muy dentro de mí, que autorregulación o responsabilidad no se pueden confundir nunca con silencio, sobre todo en momentos que precisan de palabras enérgicas.

Al paso que vamos, perdiendo el tiempo en determinar en cuáles soportes ubicamos nuestros contenidos, diremos pocos o casi nada. Al menos así creo yo.

¿Cómo explicarme entonces que tras chocar de frente con la desidia, y esperar “el momento y lugar preciso” para denunciarla, solo conseguí estrellarme nuevamente con ella? Y comprendí que no respeta ni a la muerte.

Cómo entender que el dolor de una amiga ante la pérdida de su querida abuela, se vio agraviado por la irresponsabilidad de un grupo de personas que nada sienten ante el dolor ajeno.

Mientras mi amiga se desahogaba en mi hombro, no pudo contener la ira a pesar de sus lágrimas. Para ella resultaba incompresible que una doctora se negara a firmar el acta de defunción de su abuela.

Según me contó entre sollozos, el hogar de la anciana se ubicaba entre dos policlínicos, y al dirigirse al más próximo la doctora de guardia se negó a reportar la defunción. No vaciló en “pelotearla” en un momento tan difícil.

Se vio obligada a gestionar un auto, y tras recorrer media ciudad, y mientras su ser querido yacía sin vida, logró localizar a otra doctora que sin titubear accedió a emitir el acta de defunción.

Pero lo peor llegó después. Una vez en la funeraria descubrieron que el féretro, además de su pésima calidad, se hallaba atestado de hormigas.

Toda funeraria, según indagué después, cuenta con personal calificado para semejante contratiempo, en este caso el técnico de necrología. Pero no se encontraba en el recinto violando su horario laboral. Solo se apareció muchas horas después, a la mañana siguiente, para rociar un poquito de formol sobre el ataúd.

Creo que no resulta necesario explicar cuánto sufrimiento lleva mi amiga por dentro, al dolor de la pérdida sumemos otro, la negligencia, y peor aún, el silencio que solo consigue prolongar la desidia.

 

 

 

 

 

 

 

 


Responses

  1. Su nota no es creíble no da un solo dato que permita conocer la veracidad de los echos: “mi amiga ¿como se llama y en que barrio vive?”; “la abuela ¿como se llama, cual fue la causa de la muerte?”; “entre dos policlinicos ¿cuales son los dos policlinicos, y el médico de la familia que debe tener controlada a la anciana por ser de la tercera edad?, “la Doctora la peloteo” ¿como se llama la doctora, donde la denunció y que le respondieron?; “gestionó un auto, atravesó media ciudad y encontró una doctora que de inmediato resolvió” ¿como consiguió el auto y quien pagó la gasolina? ¿hay que felicitar a la doctora que de inmediato resolvió, como se llama y donde ejerce? ¿cual ciudad es, para tener una idea de todo lo recorrido ya que media ciudad parece mucho? ¿y la funeraria de las hormigas cual es?
    Parece raro que una doctora sin haber seguido un caso y sin una adecuada observación del cadáver haga y firme un certificado de defunción.
    Hasta aquí algunas observaciones sobre “La desidia no entiende de dolores ni muerte” con el solo animo de ayudar a combatir esta epidemia que cada vez mas aparece en diferentes esfer de la sociedad.

    • con el mayor respeto, mi nota no será creíble para usted, porque veo que no me conoce, nunca publicaría una mentira, y si no publiqué el nombre fue porque mi amiga periodista me lo pidió así, esto solo es un esbozo de un futuro e inmediato reportaje que publicaré en un medio de prensa, donde se se hace necesario publicar los nombres de las fuentes, pero hasta en un reportaje de un medio de prensa institucional, si la fuente pide el anonimato con todo el respeto tampoco publicaré su nombre, la historia es verídica. Usted pide especificidades que creo no son necesarias, para qué explicar cómo consiguió el auto; sobre la doctora que emitió el acta de defunción, lo realizó tras analizar el estado de la fallecida; como bien usted explica, resulta necesario combatir la desidia, epidemia que cada vez más aparece en diferentes esferas de la sociedad, incluso ante la muerte de un ser querido. Nada más concluya el reportaje lo publicaré en este espacio, es decir en mi blog personal

      • Con respeto y sin expresar que el relato es mentiras fueron mis observaciones. Le digo si lo conozco por eso sigo su blog y tambien sus trabajos y me llamó la atención su nota (no es su estilo). Estoy de acuerdo y que si la fuente pide el anonimato por respeto no se publica, sin embargo pienso que se puede publicar el nombre de la Doctora, el policlinico y el de la funeraria. Es verdad lo del auto es intrascendente.
        Compartí su nota y mis observaciones con una compañera que me dijo lo siguiente:
        “Algo así ocurrió cuando falleció mi cuñado la caja no tenía cristal, es decir primero no había caja y luego fueron a buscar una a otra funeraria y vino sin el cristal, me quejé y entonces fueron a buscar uno no sé adonde y con el muerto adentro empezaron a clavarlo y cuando vi eso ya tu sabes lo que formé, entonces lo sacaron de ahí. Luego porque no tenían carro querían atrasar el entierro y no se podía porque él había fallecido de cáncer y el mal olor era terrible esa fue otra bronca, eso fue en la funeraria de Playa, bueno yo me recordé en ese momento de la película La Muerte de un Burócrata.En fin que estas cosas pasan y representan una tremenda falta de respeto”.
        Como vez hay una realidad que ahoga en el día a día de nuestra querida Patria, que un grupo de burócratas oportunistas quiere que ignoremos.
        Saludos y espero tu nuevo trabajo.

  2. creo que los peores burócratas somos nosotros, por favor hagamos más y hablemos menos

    • De acuerdo.


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