Posteado por: arnaldomirabal | 5 noviembre, 2014

Para supuestos enemigos que no están a la altura del conflicto

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La frase no es mía, es de un tema de Fito Páez que me fascina. A mí también me hubiera gustado permanecer al lado del camino, pero desde siempre decidí tomar partido, pedir la palabra y emitir mi criterio.

Aunque a veces mis ideas eran claras, pasaba cierto trabajo al articular una frase, por el terror a hablar en público, sin mencionar aquella tartamudez que siempre me acompañó de niño, y que a veces regresa cuando me pongo nervioso.

Con el tiempo descubrí que escribir era más fácil que hablar ante un auditorio, al final el mensaje cumplía su cometido: llevar al público mi parecer sobre diversos temas. Quizás por eso decidí abrir un blog al graduarme como periodista. Tenía muchas cosas que decir sobre Cuba y mi barrio, sobre la cizaña constante que florece en Miami, sobre mí, sobre aquel, sobre todos.

Y así fue creciendo mi blog sin grandes pretensiones, con el único fin de participar en la construcción de un país, sin pedir permiso, ni prebendas, y en honor a la verdad, más de una vez agachando la cabeza esperando un que otro cocotazo.

Gracias a mí mismo nunca he publicado una línea en la cual no crea; y sí, me he equivocado, y tengo derecho a hacerlo, nada en esta vida es infalible. Pero siempre viaja conmigo la honestidad, las ganas de hacer y de luchar.

Hoy algunos me acusan de ingenuo por enfrascarme en la más estúpida de las batallas a las cuales me he enfrentado; otros quizás se alegren; y mis amigos, los imprescindibles, me piden que me aleje de esa sosa discusión que no llevará a ningún lado.

Es cierto. Debería retirarme de tanta estupidez, con tanta necesidad que hay de aprovechar el tiempo en cosas sanas, y dedicárselo a gente buena. Solo me sorprende que por decir lo que pensaba, dos antiguos amigos se convirtieron, hasta donde veo, en claros enemigos.

Si en un principio les llamé hipócritas, reafirmo esa palabra, y la hago acompañar de otras, como falsos, fingidores, y me descubro entonces en una batalla personal donde emito ofensas hacia otras personas.

Pero la verdad es que nunca se trató de separar a las personas en dos bandos, los buenos y los malos. Nunca ha cambiado mi actitud hacia mis amigos que se fueron, y no quiere decir que estemos de acuerdo en todo, pero existe el respeto, aunque a veces los amigos deben decirse las cosas sin ambages, de ahí entonces llego a la conclusión que muchos antes de ese post sobre los Jimaguas, ya habían dejado de ser mis amigos.

¿Acaso olvidaron que al conocerme ya llevaba en mi hombro un tatuaje del Che? Que creía en el socialismo, a pesar de sus luces y sombras. Otra cosa quiero aclarar: yo no me considero discípulo de Nibaldo, no lo soy. En mi formación intervinieron personas mucho más determinantes, tampoco niego que me brindó apoyo cuando lo necesité, pero de ahí a erigirse en mi preceptor va un largo trecho.

Otro punto, muchas cosas que hoy dicen, las cuales enlazaban en mi muro de Facebook, y fue el detonante que me movió a escribir ese primer post cuyas líneas reafirmo, ¡nunca!, ¡pero nunca las dijeron en Cuba! Es muy fácil escribir desde la distancia. Y muy deshonesto exigirle a alguien que haga, o escriba, sobre lo que ellos nunca tuvieron el valor de hacer desde la isla.

Tanto ataque hacia mí me corrobora que no estaba equivocado cuando dije que no conocía a los jimaguas, y si algunos creen que se me fue la mano cuando los acuñé de anticubanos, así soy, y nunca me retractaré de una palabra. Para mí lo son, no porque se fueron. Por todos es sabido que Martí y Heredia, padres fundadores de nuestra cubanidad, vivieron la mayor parte de su vida en el exterior.

Para mí son anticubanos cuando solo logran ver toda la bazofia que nos asfixia, ignorando los tantos colores apacibles de una isla, y el aroma que ensanchan nuestros pulmones al recorrer un país donde aún la gente se ayuda, a pesar de todo; sin embargo para los jimaguas la única verdad sobre Cuba la trasmite Radio Martí, u otros sitios similares.

No creo que yo sea mejor que los hermanos jagüeyenses, eso sí, más noble, incapaz de lanzar una ofensa personal en una controversia, menos públicamente. Incluso cuando afirman que quise emigrar del país, algo que de ser cierto no me convertiría en un Arnaldo diferente, ¿o sí?

Ahora, como mismo el amor no entiende de fronteras ni ideologías, al igual que la verdadera amistad,  debo reconocer  que cuando amé a una mujer que vivía en el exterior lo hice público porque no tenía nada que esconder, pero siempre fui consciente de que mi discurso nunca sería el mismo, no podría ser tomado de la misma forma desde el extranjero que desde mi vetusto y querido barrio.

Cada vez que leo una opinión sobre Cuba recuerdo a los tabaqueros de Tampa, que con su sacrificio y esmirriado salario sostuvieron la idea de la independencia cubana. Siempre seré velador de esa independencia.

Creo con total convicción, sin importar que me tomen como un anticuado y hasta me llamen lamebotas, que nuestra independencia y soberanía solo se mantendrá mediante el socialismo.

También sé que este socialismo tiene muchas sombras, y nunca me adaptaré a convivir bajo un escenario umbroso, de corruptos y aprovecha’os, que desde un cargo viven a espaldas de las necesidades del pueblo.

Nunca he caído en el juego del poder y las palmaditas en el hombro, siempre he luchado por la autenticidad. Pero nunca permitiré que nadie, ni de dentro ni de fuera, me exija qué decir o escribir. Sin embargo, nunca he vacilado en decir lo que pienso, y creí, ingenuamente, que los jimaguas lo sabían.

Creo que en mi vida todo ha sido transparente. Y decidí hace mucho permanecer en Cuba, con mi tozudez de siempre, honesto, y como un escolar sencillo, atento a todo, y sin titubear cuando hay que enfrentarse a una injusticia, de donde provenga, lo que me ha regalado más de un problema. Hasta aquí mi perorata, la cual quería evitar. Pero a veces la vida te sorprende…


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