Posteado por: arnaldomirabal | 6 agosto, 2014

Pacheco, entre el deporte y mi barrio

pacheco
Cuando todavía no me recuperaba de la noticia de la partida de Antonio Pacheco, el “flamante” Capitán de capitanes de la pelota cubana, cae sobre mi rostro como un bloque de hielo, la llegada a Miami de Gabriel Pierre, recio toletero de aquel emblemático equipo del oriente de la isla, bautizado por todos los cubanos como la Aplanadora de Cuba.

En un inicio, como siempre me sucede, preferí callar y sumergirme en la introspección. Mientras desandaba mi ciudad añeja y derruida, que tanto amo, pensé en aquella derrota del equipo béisbol en la Olimpiada de Sydney 2000. Pueden decir lo que sea, y algunos quizás lo olviden, pero en los días posteriores a aquel choque de pelota Cuba entera enmudeció, aquello era un luto general. Los invencibles eran destronados, nada màs y nada menos que ante su eterno rival Estados Unidos

Algo muy distinto sucedió en el Primer Clásico Mundial, cuando nuestro equipo alcanzó la final en San Diago. La isla se convirtió en un hervidero de punta a cabo. Familias enteras salieron a la calle con calderos y latas al son de la rumba. Ni un solo pueblito quedó indiferente.

Sin temor a exagerar, si en ese momento a alguien se le ocurre convocar a una zafra de los 10 millones, creo que esa vez sí se cumple. ¡Era tal la efervescencia! Y es que el deporte siempre despierta las pasiones logrando desentumecer y contagiar a todo un pueblo.

Por eso me preocupa tanto que hoy, a no ser algunas excepciones, pocos hablen sobre la partida de Pacheco. Observo con desconcierto como las autoridades del INDER persisten en su silencio, como si se tratara de algo intrascendente. Y no lo es.

Alguien se ha preguntado cuáles serían los titulares de la prensa brasileña si en víspera del Mundial Brasil 2014, Neymar decide jugar con la camiseta de cualquier otro país. Quizás no lo definen como contrarrevolucionario o mal cederista, pero de que lo masacran con duros adjetivos, nadie lo ponga en duda.

Pregúntenle al futbolista Pepe, naturalizado portugués, cuánto sufren sus pantorrillas cuando el equipo luso se enfrenta a Brasil. ¿Por qué será? ¿Reminiscencia de nacionalismo? ¿Exceso de patriotismo de los jugadores brasileños?

Aunque en Cuba al parecer se ignore, cada vez se hace menos estrecha la relación entre deporte y nacionalismo. Por eso no quiero callar y menos mirar a otro lado.

El sentimiento por un país y todo lo que representa no es cosa del pasado. Es cierto, no hay peor ciego que el que no quiere ver, pero yo y todos los compinches de mi barrio observamos en la pasado Mundial de Fútbol a las distintas selecciones entonando sus himnos nacionales, secundados por un coro de miles de hinchas. En más de un jugador advertimos lágrimas en los ojos. Al parecer, en Brasil estaba en juego muchos más que la Copa de la FIFA.

Pero mejor echo mano a alguien que sabe más que yo de estas cosas. Como bien advierte el español Igor Filibi, especialista en Relaciones Internacionales, y quien ha profundizado en temas como el estrecho vínculo entre el nacionalismo y el deporte, este último no es sólo un pasatiempo, sino que cumple importantes funciones en cualquier sociedad. Por eso los seguidores se identifican con sus deportistas favoritos y llegan a considerarlos verdaderos héroes. Sentimiento que prevalece desde tiempos inmemoriales.

En la antigua Grecia detenían los conflictos bélicos para medir sus fuerzas por medio del deporte en los Juegos Olímpicos. Y tengo entendido que los ganadores alcanzaban el honor y la gloria, y hasta tenían derecho a una estatua en el Templo de Zeus. Y no menos importante, contaban con barra abierta en todos los bares y cantinas del país helénico a lo largo de su mortal existencia.

En la actualidad no sucede diferente. En todos los confines agasajan a los héroes deportivos, ya que sus nombres le otorga prestigio a sus naciones de procedencia.

Para entender mejor de lo que escribo, pongamos como ejemplo La Guerra Fría entre Estados Unidos y la URSS. Esta confrontación no solo se abarcó el espacio sideral; acá abajo también se hizo sentir. Unido al infantil y peligroso forceo militar, hallaron en el plano deportivo un importante escenario donde mostrar su superioridad.

En esa época, norteamericanos y soviéticos rivalizaban en cuanta competición se celebrara.

El deporte siempre ha sido útil para mostrar el poderío de las potencias. Eso muchos lo saben, hasta los chinos. La gran nación asiática se exhibió ante el planeta como seria candidata a potencia mundial, ya no solo económica o militarmente, sino también en las distintas competiciones deportivas.

Por eso mismo organizaron unos Juegos Olímpicos con gran derroche de recursos tecnológicos, y qué decir de la calidad de sus deportistas. Prácticamente pasearon las diferentes disciplinas en competencia, superando en 15 medallas de oro a su más cercano rival: Estados Unidos.

Igor Filibi, el citado estudioso, no duda en afirmar que desde siempre los estados han usado el deporte para aumentar su prestigio, demostrar su poder y cohesionar a sus sociedades alimentando el nacionalismo. Si no, preguntémonos por qué todos los países designan a un titular de deportes en sus gobiernos.

Para quienes piensen que solo en Cuba se politiza el Béisbol, les informo que en España, cuando hay un partido de la selección nacional de fútbol, aunque sea un amistoso intrascendente, se prohíbe cualquier otro partido en la televisión el mismo día, incluso aunque sea a otra hora. El deporte es algo sagrado, algo asì como un asunto de seguridad nacional.

Tales cuestiones me vienen a la mente mientras camino mi ciudad, intentando comprender la postura de los que hicieron mutis o justificaron al estelar pelotero Antonio Pacheco. Pero por más que entro en introspección no logro entender esas razones. Más me asusta la apoliticidad de algunos cubanos, y peor aún, de varios medios del país, porque a estas alturas no sé si apoyan o no la decisión de Pacheco.


Responses

  1. Mira chama, no creo que Pacheco haya desertado, traicionado o nada por el estilo, él es una persona que representa mucho para nuestro país pero simplemente quiso viajar, trabajar y hasta a lo mejor se queda a vivir fuera de Cuba y absolutamente nadie tiene razón en hacer juicios indebidos y que no le corresponden. Muchas personas tienen contratos de trabajo en ese pais y no se quedan, a ti mismo si te dieran uno, una empresa cualquiera, lo tomarías y por estar fuera no serías menos patriota. Es simple, Martí pasó casi una década viajando y viviendo en muchísimas naciones y es el más grande de todos nosotros. La compración está fuerte – lo sé- pero analiza, que no eres, es más, no somos quienes para hacer tiras de nuestro Capitán de capitanes. Lo de la política no lo inventaste tú, a ti y a mí nos condicionaron a hacer juicios de esa forma. ÉL NO ES UN TRAIDOR y me opongo a que la prensa lo ataque. Arnaldo, Pacheco nos dio a todos demasiados buenos momentos, no se merece que lo maldigan por una decisión propia o por sus propias razones. Abarzos Bro

  2. […] Via: Pacheco, entre el deporte y mi barrio […]

  3. Se mudó, permutó, solo eso…


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