Posteado por: arnaldomirabal | 16 junio, 2014

Tejedor de tarrayas

20140605_100147 [640x480]Sentado en el portal de su casa, a pocos metros del mar, Jorge Luis González teje una tarraya, como quien desteje el tiempo. Cada puntada bien pudiera ser un suceso de su vida, un recuerdo que aflora con la fugacidad de la propia existencia, o quizás, con cada movimiento de la aguja, intenta dirigir el ir y venir de las olas, que desfallecen a orillas de Caletón en los días de calma.

En qué pensará este hombre de piel curtida por el sol y el salitre. Quizás en aquel huracán que lo sorprendió en alta mar, cuando trabajaba en la empresa pesquera.

Como su tez morena, entrelaza una red que también se calcinará con los años y el salitre. Todo pescador que se respete posee una, y ambos recibirán el golpe suave, constante y desgastador del sol y la sal.

“Para la pesca hay que nacer, puedes aprender uno o dos trucos de cómo sacar un pez, pero el verdadero pescador nace a orillas del mar, el resto siempre será aficionado”.

Cada puntada sucede a otra, en una faena que parece no tener fin. Paciencia y precisión, son los acompañantes perenes del buen tejedor, guiados por la destreza que se adquiere con los años.

“Las puntadas han de ser precisas para que al lanzar la red alcance un mejor vuelo. Son necesarios años de prácticas”.

El pescador entabla un vínculo casi místico con el Sol. Prefiere ser el primero en saludarlo y despedirlo; el astro rey corresponderá tanto respeto con el arribo de peces. Y hasta regalará un destello de luz, para advertir, por más oscura que sea la noche, sobre la presencia de cardúmenes.

“La mejor hora para pescar siempre será en el clarear de la mañana, o cuando cae la tarde. Las sardinas entran a la orilla en la madrugada y salen en la noche. En la oscuridad producen una luminosidad fosforescente, como una llamarada azul, y no hay pez que se le acerqué, le cogen miedo, y ahí nosotros aprovechamos”.

Luis continúa en su labor, pacientemente. Su padre le enseñó lo que sabe. Además de fabricar tarrayas, pesca con ellas, sobreviviendo un oficio milenario.

“Lanzarla no es fácil, también lleva años de ejercicio. Debes sostener bien el plomo, ser preciso al lanzarla porque te puedes golpear”.

La tarraya es como una extensión del cuerpo del pescador. Al arrojar la red, pareciera que pretende abrazar la inmensidad; amplitud azul que a veces se detiene tras el flash de una cámara. Hay imágenes hermosas donde el mar pierde protagonismo, ante el hombre que lanza la red, solo superada por quien la teje.

Para un pescador la tarraya es indispensable. Su resistencia depende de la calidad del nylon. Sin ella no obtendríamos carnada. Aquí capturamos dos tipos de sardinas: la Escamúa y la De ley. Debes proteger la red, enjuagarla tras culminar la captura y resguardarla a la sombra, así alargarás su vida”.

Sentado en el portal de su casa, a pocos metros del mar, Jorge Luis González teje una tarraya, como quien desteje el tiempo…

20140605_100355

 

 


Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión / Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión / Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión / Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión / Cambiar )

Conectando a %s

Categorías

A %d blogueros les gusta esto: