Posteado por: arnaldomirabal | 16 junio, 2014

José Jacinto Milanés: ¿un poeta socialista?

jose-jacinto-milanesEs tan poderosa la fuerza de la costumbre, que de manera inconsciente casi incurro en el mal extendido de reducir la existencia de José Jacinto Milanés a los pormenores y avatares de su enfermedad, ignorando, miserablemente, sus logros y aportes como poeta, dramaturgo y periodista.

La posteridad nos legó a un poeta loco y atribulado. Muchos cubanos conocen el final de la vida de aquel bardo enloquecido por el amor. Hasta le mencionan con simpatía, porque como bien observara Juan Clemente Zenea: era muy querido, porque fue muy desgraciado.

Por suerte Zenea va al rescate de sus otras tantas cualidades. No titubea al afirmar que de no haber existido Heredia, José Jacinto de Jesús Milanés y Fuentes sería el primer poeta lírico de Cuba, porque “su poesía es la poesía de todas las épocas”.

Necesitó solo diez años para plasmar su nombre en el parnaso cubano. Precisamente en eso estriba su grandeza. Como bien señala Salvador Aria en su Antología Lírica, la madurez del bardo yumurino apenas pudo extenderse una década. Tiempo suficiente para rendir una ciudad a sus pies y granjearse el respeto de toda la Isla.

De formación autodidacta aprendió latín, francés e italiano, idiomas que dominó a la perfección. Su hermano Federico le describe siempre en compañía de libros, fieles amigos en su serena infancia. Los clásicos del Siglo de Oro español le orientaron el camino. Lope de Vega, entre otros.

La exigua economía familiar no le permitió realizar estudios regulares y superiores. Pero su continua sed de conocimientos enriqueció su cultura.

La llegada de Domingo del Monte a la ciudad de Matanzas, en 1833, marcó un antes y un después en la vida de Pepe, como le llamaban a Milanés sus allegados. Gracias a aquel, logra publicar y estrenar la pieza teatral El Conde Alarcos en la capital cubana, con éxito de público y crítica.

Justo ese acontecimiento anunciará su posterior enfermedad, tras no poder asistir a su estreno por la crisis nerviosa que le produce. Esto ocurre en 1838. Cinco años más tarde desembocará en un mutismo intelectual que lo silenció durante 20 años.

Regresando a Del Monte, para algunos especialistas, este vínculo va en detrimento de la obra de Milanés. Quienes dividen su trayectoria poética en tres etapas, advierten que la influencia demontina le insufla “un moralismo filantrópico que convierte a su verso en algo seco y enteco”. En esta época emergen de su pluma temas sociales como el ebrio, la cárcel, la ramera o el hijo del rico.

Por su parte, Salvador Aria, cree injusto el enjuiciamiento que cataloga este periodo poético de filosófico-moral, duramente criticado. Arias defiende composiciones sublimes como El mendigo o Invierno en Cuba.

A este periodo antecede su primer ciclo creativo con poemas de gran sencillez y delicadeza. La Madrugada, La ilusión, representan para los estudiosos el momento idílico del poeta.

Hacia 1840 retornará a su prístina inspiración con obras como De codos en el puente, El alba y la tarde, y la tan popular La fuga de la tórtola. Apenas tres años después sobreviene la enfermedad, con escasos momentos de lucidez.

ANTIESCLAVISTA, INDEPENDENTISTA, ¿SOCIALISTA?

Es cierto que Milanés le debe mucho a la influencia de Del Monte. Pero este vínculo no siempre fue de dócil resignación ante las opiniones del intelectual venezolano llegado a la ciudad. También existieron discrepancias de criterios.

Cintio Vitier señala que en varias ocasiones José Jacinto se defendió agudamente de los juicios delmontinos, como refleja la correspondencia entre ambos.

El matanceronunca se ocultó a la hora de criticar la onerosa situación de los africanos en poemas como el Negro alzado, abiertamente abolicionista.

Según advierte Aria, su actitud ante el problema negro marca un distanciamiento con las limitadas moderaciones de su mentor. Para el bardo yumurino los negros son “el minero de nuestra mejor poesía”, adelantándose, incluso, a Nicolás Guillén y Ballagas.

Vale señalar que en una época donde florece el reformismo y el anexionismo, Milanés permaneció independentista, arremetiendo contra los indecisos, lo cual se pone de manifiesto en la Epístola a Ignacio Rodríguez Galván, donde muestra una lucidez política nada común en aquel momento. Tres décadas antes de que Carlos Manuel de Céspedes decidiera alzarse, mientras otros pedían esperar un poco más.

Para sus contemporáneos una actitud tan radical como la suya asustaba. No por gusto Ramón de Palma le endilga el término socialista por su continuo encono contra el rico, y todo lo que representaba la riqueza. Y habrá que investigar un poco más, para conocer si el silencio de su familia en torno a su enfermedad, guardó relación con el desenlace funesto de la Conspiración de la Escalera.

ADELANTADO A SU TIEMPO

Lo que llama poderosamente la atención en el quehacer literario de este creador, es su idea clara del papel que debe jugar el arte en la sociedad. Tema sobre el que aún hoy existen posiciones encontradas.

En cierto momento Milanés le pide a Ramón de Palma que recuerde más la sociedad que llora, y olvide su lamentar de artista.

En su artículo Walter Scott y la novela histórica expresará que “el pueblo no debe ignorar nunca cómo y para quién existe”. Tesis que se entrelaza, desde mi humilde y atrevida opinión, con una idea expuesta en la novela de Alejo Carpentier El reino de este mundo, cuando al final el narrador asegura que “el hombre nunca sabe para quién padece y espera. Padece y espera y trabaja para gentes que nunca conocerá…”.

Esa percepción de la necesidad de educar al pueblo, para que sepa “cómo y para quién existe”, y el papel determinante del arte, la encontramos otras veces en su obra publicada, como en los incisivos versos de El Mirón Cubano, que se le escaparon a la censura de la época:

Los colegios, esos claustros/donde debiera aprenderse /la sacra ley del trabajo/no pueden estar seguros/de este apestoso contagio/que la esclavitud derrama/por todo el suelo cubano.

¡Tales palabras se redactaron en la primera mitad del siglo XIX! Dicen que las escribió un loco. El mismo poseso que me grita hoy, cuando mis amigos emigran, cuando hay voces que nos incitan a desmovilizarnos:

…nunca comiendo el pan del emigrado/ pensé cumplir con mi adorada Cuba/ Hijo de Cuba soy: a ella me liga/un destino potente, incontrastable:/con ella voy: forzoso es que la siga/ por una senda horrible o agradable.

Con ella voy sin rémora ni traba/ya muerda el yugo o la venganza vibre/ Con ella iré mientras la llore esclava/ con ella iré cuando la cante libre/…mas siempre voy contigo ¡oh Cuba hermosa!/y apoyado al timón espero el día.

Fueron necesarios 117 años para que un Enero convirtiera en realidad tales palabras; pero a 172 junios transcurridos, aún comunican y despiertan sentimientos.

Si bien al hablar del poeta nacido en la antigua calle Gelabert que hoy lleva su nombre, debemos defender el carácter intimista de su poesía, su criollismo, superior al de Heredia, o la peculiar manera de sentir la naturaleza, Milanés representa mucho más.

Su obra brota anunciadora de la necesaria e ineludible independencia cubana, abiertamente abolicionista, anticolonialista, incluso, tildada por sus contemporáneos de socialista.

Muchas de sus preocupaciones e ideas permanecen vigentes, patentizando la lucidez que le acompañó en una etapa de su vida, breve, pero decisiva. Ese es el otro José Jacinto Milanés que sin dudas también debemos rescatar.

 


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