Posteado por: arnaldomirabal | 23 mayo, 2014

La vida, de mundial en mundial

 

Uno de los momentos más felices de mi mvida

Uno de los momentos más felices de mi mi vida

 

Mi pasión por el fútbol comenzó en el año 1998. De niño lo practiqué una que otra vez, sin más pretensiones que pasar un rato junto a los fiñes del barrio.

Antes de ese año, solo me llegan “flashazos” de escenas mundialistas desde mi viejo televisor Krim 218. Como un sonido lejano percibo la voz de un narrador afirmando que Maradona será el hombre más feliz del mundo. Tenía cinco años de edad cuando el pibe alzaba la copa en México 86.

Pasaron ocho años, y nuevamente escuché hablar de una Copa Mundial de la FIFA. Eran tiempos de fuertes transformaciones en Cuba y el mundo. Tras la caída de un muro en Alemania se hizo añicos la polaridad del planeta. La URSS dejaba de existir, provocando grandes cambios en mi barrio. Por primera vez en muchas décadas ese gigante país asistía con otro nombre a la magna cita deportiva.

Mientras, en Cuba sobrevivíamos a eso que se dio en llamar Período Especial. Entre las ausencias que trajo este proceso, no vi nunca más una lata de carne rusa.

Sin embargo, ahora la nueva diversión de los chamas del barrio consistía en recolectar latas de refresco, con la imagen de los países participantes en el Mundial de 1994. Bebidas gaseadas que se adquirían en otra moneda, hasta ese momento de prohibida circulación. Si bien reconozco que de no hacerlo hubiéramos sufrido el caos de las naciones de Europa del Este, el país ya no fue el mismo.

Resistimos. Atrás quedaron muchas cosas y surgieron otras nuevas. Descubrimos que Cuba no era el paraíso, pero siempre valdrá la pena asirnos a la utopía de un mundo mejor, con mejores personas, donde germine el hombre nuevo.

Recuerdo que entre las tantas alteraciones que sufrió la sociedad cubana en los duros 90, comenzamos a vestir diferente; con ropas que no provenían del extinto campo socialista, ni eran de factura nacional. Creo que por esa fecha adquirí, o más bien mi mamá me compró, un pullover de México 86. Los mayores elogiaban esa prenda mas yo no entendía de qué hablaban.

El año 1998 fue otra cosa. Como millones de seguidores del todo el planeta, me convertí al fútbol. Y fue por un hombre, lo digo sin sonrojarme. ¡Yo idolatré a un hombre! Lo adoraba. Al final no pudo competir con mi veneración por el Che, que siempre viaja conmigo en el hombro izquierdo. Pero Ronaldo Luís Nazário de Lima, marcó mi vida.

Lo conocí a través de la revistas de moda italiana que llevaban al Preuniversitario mis compañeras de aula. Las publicaciones, en gran despliegue fotográfico, mostraban al astro del balompié por las calles de Milán. No tuve que indagar por él, todos hablaban de Il Fenomeno. De esa manera, por Ronaldo, desde una islita del Caribe me hice hincha de Brasil.

Para mayor beneplácito, con la llegada de Francia 98 estrenamos en casa un nuevo televisor. Me frotaba las manos deseoso de ver a mi ídolo regateando, haciendo bicicletas, siempre acariciando el balón, batiendo a los porteros rivales, y finalmente, mientras la pelota golpeaba las redes, con una amplia sonrisa Ronaldo señala al cielo con el índice.

Pero en el 98 supe entre otras cosas, que el fútbol se vive, se disfruta, y también se llora. Conocí además que existía un jugador francés nombrado Zinedine Zidane, tan bueno como Ronaldo, capaz de provocarme un mar de lágrimas ante la mirada sorprendida de mi madre, quien no entendía la causa de tanta congoja.

¡Y llegó el 2002! El día 30 de junio disfrutaba del “pase” de mi Unidad Militar. Muchos de ustedes seguro recordarán qué aconteció esa jornada en el Estadio Yokohama. Ronaldo pasó a la historia como el mayor goleador de las fiestas mundialistas. Pudo más que el gran portero Oliver Kahn. ¡Dos golazos en una final! Mi mamá tampoco se explicaba mis lágrimas y alaridos… yo no podía creerlo: desde un humilde barrio matancero me sentí gigante, me sentí Campeón Mundial.

Sacando cuentas han pasado 16 años desde que me apasioné por este deporte, lo que representa cuatro convites mundialistas. Cuando llegue a los 50 años habré saboreado alrededor de ocho de estos grandes eventos. Hace algún tiempo ya no está mi ídolo brasileño. Surgieron otros. También aprendí a llevar conmigo la javita de ganar y perder.

Confieso que cada vez más, lloro menos por el fútbol, aunque sé que el día que mi equipo levante nuevamente la Copa, ahora, o dentro de 16 años, seré por unos instantes el hombre más feliz del planeta y hasta derramaré alguna lágrima. Espero vivir entonces en una Cuba próspera y socialista. Lo demás importa poco, el tiempo seguirá su curso, porque parafraseando un viejo adagio, la vida es eso que nos pasa por el lado, de Mundial en Mundial.

 

 

 


Responses

  1. Ojalá y pueda también tomarme unas cervezas y comerme algo ligero (como cualquier persona con estudios universitarios y asalariado) sin que deje a mi gente sin comer. Saludos miherma


Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión / Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión / Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión / Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión / Cambiar )

Conectando a %s

Categorías

A %d blogueros les gusta esto: