Posteado por: arnaldomirabal | 19 mayo, 2014

Herminia en la playa de Alfonsina Storni

playa La Perla

playa La Perla

Hay personas con gran facilidad para narrar sus historias vividas, sin embargo, tal parece como si el ajetreo cotidiano les ganara la batalla impidiendo que la lleven al papel. No se trata de egoísmo, porque con gran derroche de maestría y sencillez regalan una anécdota mientras dejan embobecidos al oyente. Herminia es de esas personas.

Lo mismo puedes escucharle hablar de cuando estuvo en el lugar donde mataron al Che, y sus peripecias para descender tan enrevesado e inhóspito terreno;  o cuando compró aquel atuendo boliviano que descansa en el espaldar de su sillón preferido.

Yo, que gracias a la providencia conozco algunos de sus sublimes relatos, que cuenta con tal naturalidad como si de algo tan cotidiano como comprar el pan en la bodega se tratara, decidí aguijonearla cuando tuve la oportunidad de visitar su casa.

Imaginé que cada pieza que descansa en su hogar atesoraba una historia, tanto aquellos objetos de alfarería andina, como el librero del cual no se pudo desprender al terminar sus estudios en la Unión Soviética, según me contó. Pero cuando uno cree que la va conociendo, ella, Herminia, te sorprende con un nueva narración contada con gracia casi infantil, pero que le logras entrever cierto sabor garciamarquiano.

Hace poco le escuché rememorar aquella vez, en el 2005, que se hallaba en Mar del Plata junto a un grupo de cubanos. Su estancia allí coincidió con la celebración de la Cumbre de las Américas, donde los pueblos del Sur sepultaron el Tratado de Libre Comercio que proponía Estados Unidos. El evento pasó a la historia por la célebre frase de Chávez: ¡AlCA…al carajo!

Pero en las costas de esa urbe argentina ocurrió un suceso poético que Herminia no podía pasar por alto. Allí murió Alfonsina Storni. Niña grande y valiente como es Herminia, tomó la decisión de no perder la oportunidad de visitar la playa La Perla, donde la Storni se adentró al mar. Había un solo problema: debía convidar a alguien para que la secundara en tamaña empresa. Una especie de cómplice.

Monumento a Alfonsina Storni

Monumento a Alfonsina Storni

Además, como en la Cumbre se encontraba Bush habían redoblado las medidas de seguridad en la ciudad. Algo que también hizo la delegación cubana para evitar cualquier suceso infeliz. Herminia que no es indisciplinada, solo quería visitar la playa de la Storni, y a quién mejor convidar a la aventura que otro niño grande como ella: Guillermo Cabrera, a quien no fue necesario convencerlo con muchas razones.

Como lo que intentaban hacer- separarse de la Delegación Cubana- les podía granjear un fuerte regaño, necesitaban más cómplices, porque cuando la reprimenda es entre muchos, toca a menos por cabeza. Dos nuevas reclutas defensoras de la poesía se inscribieron en el viaje, bueno, más bien una recluta y toda una alta oficial del verso: Rosa Mirian Elizalde y la Premio Nacional de Poesía Nancy Morejón.

Luego convocaron a un quinto personaje para que corriera con los gastos del taxi, (cosas de cubanos) y salieron rumbo a la playa, no sin antes convencer al taxista, quien se rehusaba a llevar a cinco personas en su auto. Argentino al fin estaba ajeno al Período Especial y los serios problemas del transporte en la isla caribeña.

El encargado de persuadir al conductor fue Guillermo, quien muy comedido pero con firmeza, según relata Herminia, dijo: ¡Nos llevas! Minutos después, cinco cubanos partían  hacia el último lugar que pisaron los pies de la Storni.

Era una playa gris, triste, y poco atractiva. Él último lugar que alguien escogería para morir, pero fue en esa, y no en otras aguas donde se adentró Alfonsina para no salir más. Allí el mar se adueñó de la poesía.

Una vez en la playa, Nancy Morejón propuso recitar varios poemas de la autora argentina, pero sucedió algo curioso, quizás producto de la emoción nadie recordaba uno íntegro, solo fragmentos. Y así, con retazos de poemas, armaron una especie de cadáver exquisito de la poesía de la Storni.

La profe Herminia

La profe Herminia

Herminia recuerda que Guillermo se dispuso a recoger conchas en la arena.  Ella por su parte, decidió adentrarse en la playa para sentir el agua, y no me lo dijo, pero quién sabe si también buscaba alguna conexión mística con su autora preferida.

Me comentó la profe que a las semanas o meses siguientes, Guillermo convocó a los lectores de su sección La Tecla Ocurrente en Juventud Rebelde, para que escribieran en una carta qué había significado la obra de Alfonsina en sus vidas. El jurado estuvo compuesto por los fugados a la playa: Nancy Morejón, Rosa Mirian Elizalde y la propia Herminia.

Para asombro de la profe, el premio consistió en las conchas que Guillermo había recolectado en aquella playa gris de muerte, poesía y fuga. Y así termina esta historia, quizás un poco rústica y defectuosa, al ser narrada por mí, pero juro que de la voz de la profe Herminia fue de las mejores narraciones que he escuchado.


Responses

  1. Las historias, la poesía, porque aquí también se respira poesía, y el respeto hacen pasar un buen rato… la crónica es un viaje que te hace ver diferentes paisajes y personajes….

    • Gracias amigo por tus palabras, te confieso que sentí un poco de agonía al escribir porque si nada se compara con escuchar el relato de la propia voz de la profe Herminia

      • Bueno… voy a tener que ir jajajaja… para que me cuente el relato y poder tener esa vivencia tan especial…

  2. Gracias, amigo. La historia vuelve a nacer contada por tí

  3. creo que necesito esa “playa gris de muerte, poesía y fuga”, para perderme un poco.


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